Opinión

La rabia de los «gringos prietos»

Por Malthus Gamba.

Algo que distingue a buena parte de la clase conservadora, es su falta de cariño a México y a lo mexicano.

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Ellos dirán que esto es falso, que sus inversiones están en el país y que su trabajo diario hace crecer a México. Algo que tampoco es cierto del todo.

La clase acomodada que participa en la economía del país, lo hace pensando más que nada, en el beneficio propio. Poco o nada tiene que ver México en su actividad. Prueba de ello es que tratan a toda costa de evadir, o evitar el pago de impuestos, que es el mecanismo recaudador que permite dar verdadero impulso al país.

El ciudadano de a pie, que genera en mayor medida que el empresario la riqueza nacional, en base a su trabajo cotidiano, paga sus impuestos religiosamente y no intenta contratar a profesionales de la “contabilidad creativa”, para incumplir con una obligación ciudadana.

Para este segmento social, tan ajeno a las necesidades del país y de su gente, la acumulación de riqueza es lo importante. Sin que interesen mucho los mecanismos y medios usados para alcanzarla.

El nacimiento de la corrupción viene de ahí. Todo lo que pueda ser comercializado, debe ser considerado mercancía y fuente de riqueza.

Si los extranjeros quieren nuestro petróleo, hay que venderlo. Si quieren regresarnos ese petróleo convertido en gasolina, hay que comprarlo, siempre y cuando nos quede un pequeño margen de ganancia. Si nos piden que cerremos refinerías, porque eso afecta a la industria energética de otro país, hay que “quebrar” a PEMEX para que no sea competencia para nuestros socios.

Y así con la electricidad, los medicamentos, la educación, los trenes, etc. Con todo aquello que genere ingresos inmediatos en sus cuentas bancarias y sea de beneficio para intereses extranjeros.

Ese sector conservador es parasitario de la riqueza nacional. Pero ni por eso cuida la tierra donde pasa la mayor parte de su vida y de donde sale la riqueza que va acumulando en forma insultante.

Se trata de mexicanos que se sienten extranjeros en su propio país. Gente de piel morena muchas veces, que imita las formas y costumbres mercantiles, propias de la cultura norteamericana.
Prietos vestidos a la usanza “gringa”. Adictos a las comidas y bebidas propias de una cultura carente de verdaderos platillos nacionales. Comentando noticias que aparecen en revistas y diarios norteamericanos. Utilizando a la menor oportunidad una variante del inglés donde se notan lagunas gramaticales, arcaísmos y una fluidez vergonzosa.

Esa clase social “pro-yanqui”, que ha intentado por generaciones “blanquear” el color de su piel, se identifica más con la cultura popular del vecino del norte, que con la de nuestro país.
Lo de “prietos” no debería ser ofensa para ellos, porque en realidad lo son, aunque traten de ocultarlo.

A muchos de ellos les ha sucedido que al estar en tierras norteamericanas y tener que enfrentar su realidad en ese país, no son capaces de pasar la prueba social a que los someta gente de alguna comunidad “gringa”, siendo identificados y tratados de inmediato como mexicanos. Lo que para ellos resulta algo denigrante.

Ese pobre sector conservador en nuestro país, es el que grita actualmente, en contra de las políticas nacionalistas del presidente López Obrador.

Son los que defienden las quejas de las compañías petroleras norteamericanas, que acusan a nuestro gobierno de no respetar la letra del Tratado de Libre Comercio (T-MEC), en lo que respecta al sector energético. Los que ignoran que en ese tratado, el tema energético no figura, ni está a discusión, puesto que la soberanía de nuestro país, concierne exclusivamente a los mexicanos.

Hoy que el presidente López Obrador se encuentra en la Unión Americana, realizando una visita oficial, en la que tendrá encuentros con autoridades de aquel país, incluidos el presidente Biden y la vicepresidenta Kamala Harris, estos opositores intentan restar importancia al encuentro, señalando que la intención del presidente López Obrador al defender los derechos de migrantes y reafirmar el respaldo de nuestro gobierno a las grandes empresas nacionales, son políticas equivocadas.

México debería abandonar a su suerte a la Comisión Federal de Electricidad y a PEMEX. Comprar combustibles y demás energías en el extranjero, dejando al mercado la responsabilidad de llevar luz y gasolinas a las zonas más apartadas del país.

Que las refinerías texanas, se encarguen de todo y que las ganancias que deja esta industria, se queden en manos extranjeras.

Que no se hable mucho del problema migrante, para no enojar a los políticos demócratas y republicanos, que actualmente se encuentran enfrentados por la proximidad de las elecciones.
Que se condene a Rusia y se respalde a Ucrania. Que se aplican sanciones de todo tipo a los productos rusos y de ser posible se manden armas a los soldados de Zelenski.

La agenda conservadora es entreguista y profundamente antimexicana. Gente de piel morena como Ignacio Morales Lechuga, Mario Di Constanzo, Xóchitl Gálvez, Marko Cortés, Jesús Zambrano, Claudio X González, Gabriel Quadri que no da el gatazo ni de chiste, Alejandro Moreno y muchos otros, defendiendo los intereses norteamericanos, antes que los mexicanos.
Y lo peor de todo. Pensando y actuando como norteamericanos, a pesar de la sangre que corre por sus venas.

En esta visita que hace el presidente López Obrador, a su homólogo Joe Biden, las críticas conservadoras se centran en la descalificación pueril.

Les molesta que nuestro presidente viaje en forma austera. Que no haya conferencia de prensa con periodistas norteamericanos. Que el presidente se asome a la ventana de la habitación que ocupa en el hotel donde se hospeda, para saludar a paisanos que viven y trabajan en ese país. Que esa gente vitoree y aplauda a López Obrador.

Les irrita todo eso, porque el presidente representa al mexicano puro. Patriota. Con una solida cultura y formación nacional. Porque se asume ciento por ciento mexicano. Porque disfruta plenamente de nuestro país y por eso lo defiende. Porque es Pueblo y el Pueblo lo mira como uno de ellos.

Los “gringos prietos” no son así. Ellos son norteamericanos por fuera, aunque el exterior los delate.

Piensan, actúan y pretenden vivir como ciudadanos de otro país, pero dentro de tierras mexicanas.

De esta tierra sale la fortuna que acumulan y no les queda de otra, que seguir en México.

Renegando todo el tiempo. Intentando vender el patrimonio y los recursos nacionales. Viendo por los intereses de otras naciones.

Ricardo Monreal habla de una estúpida “reconciliación nacional” que no es posible.

Dos modelos de pensamiento y de nación están enfrentados.

Uno es servil y entreguista. El otro nacionalista y aunque respetuoso de todas las culturas, defensor pleno de lo mexicano.

Uno está representado en buena medida por los corruptos del pasado. El otro, por el presidente López Obrador.

Y el nacionalista, cuenta con el respaldo de un pueblo, que se cansó de ver como el país estaba siendo rematado sexenio tras sexenio.

Por eso la rabia de los “gringos prietos”. Porque saben que no van a regresar al poder.

Editor

Medio independiente de noticias relacionadas con la Cuarta Transformación de México.

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