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Tributo a Raúl Ramos Zavala

Lo más preciado que posee el ser humano es la vida. Se le otorga una sola vez y hay que saber vivirla de modo que al final de los días no se sienta pesar por los años vividos en vano, para que no exista una angustia por el tiempo perdido y para que al morir se pueda exclamar “toda mi vida y todas mis fuerzas han sido entregadas a la causa más noble de este mundo, la lucha por la liberación de la humanidad”.
Nikolái Ostrovki.

Monterrey.- A 50 años del artero crimen nunca aclarado del camarada Raúl Ramos Zavala –como todos los que comete el ‘Estado’–, el domingo 6 de febrero le rendimos en la Ciudad de México un justo tributo, en reconocimiento a su lucha libertaria y con la convicción de que su sacrificio no fue en vano.

Como hemos aprendido en estos años de lucha, a los héroes y mártires del movimiento popular no se les sepulta, se les siembra en tierra fértil. Esa es la lección más grande aprendida para todas y todos quienes seguimos su ejemplo y mantenemos en alto sus banderas y sus principios.

A pesar de su corta trayectoria, su ideario por alcanzar una sociedad más libre, justa e igualitaria se mantiene vigente. Tanto los avances logrados en defensa de los derechos de las trabajadoras y de los trabajadores, como la beligerancia alcanzada por los actuales movimientos sociales, son posibles solamente porque en las décadas pasadas jóvenes visionarios y audaces, como Raúl, nos marcaron la senda de la liberación.

La Juventud Comunista (JC) liderada por Raúl en la década de los ‘60, fue un destacamento combativo y comprometido con la causa socialista y revolucionaria desde Monterrey, Nuevo León.

El estudio del marxismo en las Escuelas de Cuadros ‘Primero de Mayo’ y ‘Sábados Rojos’, cimentaron el activismo político-estudiantil, posicionando a la JC como la principal fuerza organizada, con una representatividad mayoritaria en las sociedades de alumnos de facultades y preparatorias de la Universidad. Al respecto, también es una gran lección que hereda nuestro compañero: estudiar para tener fortaleza política e ideológica.

Una agitada convulsión política-social caracterizó a esos años: la Guerra Fría entre Estados Unidos y Unión Soviética, la invasión norteamericana a Viet Nam, la invasión soviética a Checoslovaquia y las dictaduras militares en Argentina, Uruguay, Brasil, Chile y Perú, así como las movilizaciones estudiantiles en Europa, Estados Unidos y México en defensa de la paz y por las reivindicaciones democráticas.

Este escenario de confrontaciones se agudizó en nuestro país y después de las matanzas del 2 de octubre del ‘68 y del 10 de junio del ‘71, así como del recrudecimiento represivo y autoritario –la Guerra Sucia– contra las luchas por las libertades democráticas, Raúl, al igual que muchos militantes de izquierda, se plantearon el qué hacer y el cómo continuar con el proceso revolucionario en esas condiciones tan adversas.

Estas decisiones, tomadas con un elevado espíritu de compromiso, tuvieron un alto costo de asesinatos, desapariciones, torturas y cárcel, principalmente contra los grupos que radicalizaron sus acciones. Tal respuesta dejó en evidencia el carácter represivo y criminal que asume el sistema de gobierno en defensa de sus intereses de clase.

Pero también nos dejaron una herencia de compromiso militante y de coherencia entre la teoría y la práctica. Nos abrieron un camino de lucha, por el cual seguiremos hasta lograr que la justicia social, la equidad de género y la democracia popular se conviertan en victorias.

Antes de concluir quiero recordar un entorno muy especial que tuve el privilegio de compartir con Esthela, Raúl y Doña Mili, seres entrañables y excepcionales. Me refiero a la vida familiar de los Ramos Zavala en su casa, cuyos gratos momentos guardo con mucho amor, pese al terrible desenlace.

La “Madre”, como cariñosamente le llamaba Raúl a Doña Emilia, fue ejemplo de sencillez y valentía, que resistió estoicamente la tortura policiaca, tras ser ilegalmente detenida durante la persecución a Raúl. Dondequiera que se encuentren Doña Emilia, Esthela y Raúl, mi cariño y admiración por siempre.

Porque el color de la sangre no se olvida, evocando a los inmortales, concluyo diciendo: ¡Raúl Ramos Zavala es de los muertos que nunca mueren!

Lupita Rodríguez Martínez

Editor

Medio independiente de noticias relacionadas con la Cuarta Transformación de México.

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