Opinión

Por qué es un acto desesperado la moratoria constitucional que propone la oposición en México

Por Javier Buenrostro.

El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el partido político que fundó López Obrador en 2014, está en su mejor momento político-electoral. Esto ha provocado que los sectores de derecha y conservadores de México hayan transitado del desdén y la molestia a la preocupación y la alarma causadas por un movimiento político-social que no comprenden, en gran parte, por el desprecio que sienten por todo lo que tenga raigambres populares.

En los últimos cuatro años, Morena ganó la presidencia (2018) y pasó de no tener una sola gubernatura a contar con 20 (más otras dos de sus aliados) de un total de 32 en 2022. Y todo parece indicar que llegará al proceso electoral por la presidencia en 2024 sumando otras dos gubernaturas y casi el 75 % de la población bajo su mandato. Cabe destacar que este número de gubernaturas es el más alto para cualquier partido político desde 1997, antes de la alternancia política en México.

Como todos sabemos, los juegos electorales son de suma cero. La ganancia de uno significa forzosamente la pérdida de otros. En este caso, el mayor perjudicado ha sido el PRI, antiguo partido de Estado que en ese mismo lapso perdió 11 gubernaturas, por 6 del PAN y las 5 del PRD que son los otros integrantes del bloque opositor.

El tsunami obradorista sigue arrasando electoralmente y ni siquiera el desgaste que significa estar en el ejercicio del poder ha detenido su exponencial avance. La oposición luce completamente desorientada y sin rumbo; no sabe qué artilugios utilizar para detener las derrotas. Su desesperación es tal que, aunque perdieron 4 de los 6 estados que gobernaban y en los que hubo elecciones el pasado 5 de junio, proclamaron como triunfo que Morena no los hubiera borrado del mapa y que «nada más» perdieron 4 gubernaturas, aunque las dos que lograron salvar fueran las de menor número de votantes. 

Pero las ocurrencias siguieron y, las y los diputados de la coalición opositora, declararon una moratoria constitucional. Esto quiere decir que en los dos años que le restan al Gobierno de López Obrador no se llevarán a cabo reformas que impliquen cambios constitucionales. Esto es, a todas luces, un despropósito. Como dice un refrán popular mexicano son «patadas de ahogado», es decir, esfuerzos inútiles por competir política y electoralmente.

Mapa electoral 2022.

Solo tratan de posicionar en la narrativa algo que ya se estaba dando en los hechos para que sirva de distractor ante las derrotas electorales. La propuesta es totalmente vacía y hueca en la vida real, dado que de todos modos iban a estar contra las únicas dos propuestas constitucionales que iba a mandar el Ejecutivo.

¿Por qué es un acto desesperado la moratoria constitucional? Principalmente, porque en la primera mitad de su sexenio López Obrador realizó la mayoría de las reformas constitucionales que más le interesaban. Las pensiones para adultos mayores y otros programas sociales están garantizados ahora por la Carta Magna; un sistema universal de salud gratuito; la revocación de mandato; la prohibición de condonación de impuestos; la corrupción como delito grave; la creación de la Guardia Nacional. En total, en la primera mitad del sexenio hubo 18 reformas constitucionales y 55 artículos modificados.

Para la segunda mitad de la administración, López Obrador consideraba proponer solamente tres reformas constitucionales: la eléctrica, la electoral y otra de seguridad. Por distintas razones, era imposible que la oposición accediera a la electoral y a la de seguridad. Por lo que la única que tenía alguna probabilidad y que fue discutida por casi un año fue la reforma eléctrica, que además era la que más le interesaba a López Obrador. La negativa de la oposición a aprobarla en abril pasado, a pesar de que se incluyeron varias modificaciones que habían demandado, dejó en claro que desde ese momento se había llegado a un impasse en el terreno legislativo.

Es decir, la llamada moratoria constitucional de la que habla la oposición es solamente tratar de posicionar en la narrativa algo que ya se estaba dando en los hechos para que sirva de distractor ante las derrotas electorales. Pero la propuesta es totalmente vacía y hueca en la vida real, dado que de todos modos iban a estar contra las únicas dos propuestas constitucionales (la electoral y la de seguridad) que iba a mandar el Ejecutivo. Nada cambia.

Por otra parte, los votos de la oposición sólo se necesitan para las reformas constitucionales, que son las que requieren una mayoría calificada (dos terceras partes) para ser aprobadas. Sin embargo, para todos los demás cambios sólo se precisa una mayoría simple (la mitad más uno) que es algo que tiene Morena sobradamente. Toda la oposición podría faltar al Congreso o podría votar completamente en contra y no pasaría nada, todo se aprobaría sin contratiempo alguno.

Por si esto fuera poco, la moratoria constitucional impulsada por el bloque opositor en la Cámara de Diputados fue boicoteada en el Senado por legisladoras y legisladores de esa misma coalición. Varios senadores de oposición, que suelen tener mucha más trayectoria y entendimiento político, se dieron cuenta del sinsentido y el ridículo que están haciendo en la Cámara de Diputados sus compañeras y compañeros de partido.

Sin propuesta y carente de argumentos, la derecha y los conservadores rehúyen el debate y esconden la cabeza cual avestruces. Piensan que si cierran los ojos la realidad desaparecerá por arte de magia cuando los vuelvan a abrir. Niegan los hechos, como si eso fuera suficiente para que se cambiaran a su capricho. No entienden que no entienden.

Lo que debería hacer la oposición es no cobrar salarios si no trabajan en lo absoluto y se contraponen por decreto a cualquier iniciativa (sin que esto cambie nada) con la única finalidad de nutrir una narrativa que ni siquiera las y los senadores de  coalición avalan. ¿O acaso la gente común cobra cuando no trabaja o se cruza de brazos?

La oposición se sigue dando un tiro en el pie porque no conoce el país ni a la gente que pretenden gobernar. Viven en su mundo, en una burbuja que no representa la vida cotidiana de millones de personas. Los legisladores que promueven la moratoria constitucional verdaderamente piensan que si la realidad no se adapta a sus creencias, peor para la realidad.

Es la necedad del loco que va en sentido contrario y cree que son todos los demás los que están equivocados y él es el único que tiene la razón.

@BuenrostrJavier

Editor

Medio independiente de noticias relacionadas con la Cuarta Transformación de México.

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