Opinión

Humberto y Rubén Moreira, los hermanitos odio

Por: Eduardo Rodríguez

Dedicado ahora a sus negocios inmobiliarios y, a sus 55 años no muy bien llevados, a juzgar por el gran cambio físico que muestra, Humberto Moreira reapareció en un acto público en Saltillo, el pasado 18 de mayo, sólo para ratificar lo que la mayoría de la gente no cree en Coahuila: que la relación con su hermano mayor, Rubén, es de odio; una historia cainita que viene desde hace por lo menos 10 años.

Humberto pareció salir a pasear sus odios y rencores, personales y políticos, que lo mantienen en la desgracia política desde que fuera presidente nacional del PRI, en lo que fue la campaña por la presidencia de la república de Enrique Peña Nieto, al que ahora llama traidor y, por lo menos en eso, vaya que tiene razón en más de un sentido.

Pero lo que llamó la atención de los medios fueron las declaraciones familiares del muy controvertido exgobernador, quien se dio a la dulce tarea de declarar que su cuñada: Carolina Viggiano Austria, esposa de su hermano Rubén y candidata a la gubernatura del estado de Hidalgo, va a perder contra el candidato de Morena por un margen de dos a uno, nada más, y, para amarrar el agravio, llenó de virtudes y elogios a Julio Menchaca, candidato de Morena, quien se convirtió así en inteligente, honrado, preparado y demás adjetivos, con lo cual la ofensa para la cuñada fue con abundancia de adjetivos.

Eso, por sí solo, es bastante escabroso, tratándose de su cuñada, pero añadió más veneno a la relación de odio con su hermano, afirmando que a las cuñadas no se les escoge, que él escogió a su esposa y su esposa lo escogió a él, pero que ni a los mismos hermanos se les escoge.

Así o más feo.

Dice San Agustín que el rencor envenena el alma y sólo hace daño al que lo sufre, y debe ser cierto, porque este Humberto Moreira que reapareció en el evento luctuoso del exgobernador Eliseo Mendoza Berrueto, no es ni la sombra de aquel joven que asumió la gubernatura hace un poco más de 16 años, cuando todavía no debería tener ni 40 años.

Todo en él parece haber envejecido, aunque sólo tenga 55 años de edad, pero finalmente cada quien carga las consecuencias de sus actos, lo que no es sino justicia poética.

RevistaCoahuila

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