Las elecciones de 2024 en México están a la vuelta de la esquina, y la contienda entre Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez ha acaparado la atención de la nación. Sin embargo, mientras nos adentramos en las últimas etapas de esta campaña electoral, resulta cada vez más evidente que el destino de la presidencia está prácticamente sellado, con Claudia Sheinbaum encaminada hacia la victoria.
Desde el principio, la campaña de Xóchitl Gálvez ha sido una montaña rusa de desaciertos y desconexión con el electorado. Su falta de coherencia y claridad en las propuestas, sumado a una escasa experiencia política a nivel nacional, han debilitado su posición frente a una Claudia Sheinbaum que ha demostrado ser una líder sólida y visionaria.
Mientras que Claudia Sheinbaum ha logrado articular una campaña basada en propuestas sólidas y una visión clara para el futuro del país, Xóchitl Gálvez ha luchado por encontrar su rumbo y conectar con los votantes. Su falta de experiencia y su discurso vacío han dejado a muchos preguntándose si está realmente preparada para asumir la presidencia.
Además, la guerra sucia contra el presidente en funciones, Andrés Manuel López Obrador, ha demostrado ser ineficaz en estas elecciones. A pesar de los intentos de desacreditar su gestión y su imagen pública, AMLO ha mantenido un alto nivel de popularidad entre una parte significativa del electorado, lo que ha debilitado los esfuerzos de aquellos que buscan su reemplazo.
Por otro lado, el intervencionismo de grupos de extrema derecha española en el proceso electoral mexicano ha generado preocupación y desconfianza entre la población. Estos grupos han buscado influir en la opinión pública a través de campañas de desinformación y propaganda, con el objetivo de promover sus propios intereses políticos. Sin embargo, su impacto ha sido limitado, ya que la mayoría de los mexicanos rechazan estas prácticas y optan por respaldar a candidatos que representen sus valores y aspiraciones.
En medio de este panorama, Claudia Sheinbaum se alza como la candidata más preparada y confiable para liderar México en los próximos años. Su experiencia probada, su liderazgo firme y su visión progresista la convierten en la opción más sólida para los votantes que buscan un cambio positivo en el país.
A medida que nos acercamos al día de las elecciones, el triunfo de Claudia Sheinbaum parece cada vez más inevitable. Su victoria no solo representará un hito en la historia política de México, sino que también enviará un mensaje claro sobre el tipo de liderazgo que la población desea para el futuro del país: uno basado en la honestidad, la integridad y el compromiso con el bienestar de todos los mexicanos. En resumen, las elecciones de 2024 serán recordadas como el momento en que México eligió el camino hacia un futuro más brillante y prometedor, de la mano de Claudia Sheinbaum.
Es importante poner de nueva cuenta en la agenda pública el debate acerca de la reelección a cualquier cargo público, máxime que “sufragio efectivo, no reelección” representa una de las conquistas de la revolución mexicana, la tercera gran transformación del país.
Dra. Bárbara Leonor Cabrera Pantoja | Entre letras, con mi café y a un “x” de distancia me encuentran como @_BarbaraCabrera
“No a la reelección, nosotros somos maderistas. Sufragio efectivo, democracia efectiva ¡no reelección!
Doy comienzo esta Nornilandia compartiendo datos de Memórica, un esfuerzo del Gobierno Federal, que a partir del lema “México, haz memoria” divulga importantes pasajes de la historia, maestra de nuestros tiempos de transformación.
Hablemos del “Sufragio efectivo, no reelección”: consigna de la Revolución hasta nuestros días. La expresión adoptada por Francisco I. Madero para su campaña política en 1910 es, hasta la actualidad, un llamado a la soberanía y una clara exigencia de respeto hacia el voto popular reflejado en las urnas.
Este personaje consideró que el modelo ideal de nación debía obedecer la voluntad de la ciudadanía, pues nadie más que ella sabía qué era lo mejor para sí misma, y creyó que los procesos electorales justos llevarían al progreso de México. Con este lema, que incluyó la frase “no reelección” como afrenta al porfirismo, retomó los objetivos que el propio Díaz había enarbolado contra el gobierno a mediados de la década de los años setenta del siglo XIX. Así, pese a las dificultades que ha habido en algunos momentos de cambio de régimen, esta consigna ha sido respetada desde entonces y cada vez que se ha vulnerado el voto popular, los mexicanos han demandado su derecho a que se acate. Por ello es que el principio recuperado por Madero sigue vigente hasta nuestros días, recordándonos que las bases democráticas son guía y precepto fundamental de los Estados modernos.
Dicho esto, entremos de lleno a la temática central de esta entrega de columna Nornilandia.
Con antorchas encendidas gran parte del sexenio el grupo opositor ha gritoneando sin sentido y sin certeza que “López se quiere reelegir”, lo hizo apenas iniciaba el sexenio, también cuando se llevó a cabo la consulta de revocación de mandato. ¡Vaya, hasta cuando saluda en Las Mañaneras, lo acusan de querer perpetuarse en el poder!, ni que decir cuando se dan a conocer los altos porcentajes de aprobación que el mandatario ha mantenido durante todo el sexenio. Eso los desquicia. Los ronda y enloquece el fantasma de la reelección.
Llegó a tanto la histeria de la oposición moralmente derrotada que para apaciguarlos (si esto fuera posible) el Presidente Andrés Manuel López Obrador suscribió ante notario público el compromiso de que esto no ocurriría.
Fue así el 25 de julio de 2019, durante la habitual conferencia de prensa matutina, conocida como La Mañanera, donde López Obrador certificó ante Rafael Arturo Coello Santos, notario público número 30 de la Ciudad de México, su propósito de no reelección.
En tal evento señaló “decirles a los conservadores acerca de este tema, que no nos comparen. Hay una historia breve que es importante que se conozca o que se refresque: Porfirio Díaz, que al final de cuentas es el ídolo, el guía del conservadurismo actual, se quedó 34 años en la Presidencia. Yo soy maderista y creo en el Sufragio efectivo, no reelección. Y por eso voy a durar el tiempo que el pueblo quiera. No me voy a aferrar a la Presidencia. Para que se serenen, se tranquilicen los conservadores; sufragio efectivo, no reelección y no corrupción”
Por su trascendencia en la historia contemporánea de nuestro país, transcribo el contenido de dicha carta:
AL PUEBLO DE MÉXICO
A lo largo de más de veinte años he declarado en diversas ocasiones que de llegar a un puesto público me sometería a la revocación de mandato. Así lo hice cuando fui jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal y en las tres campañas posteriores a ese cargo reiteré tal compromiso. Así, a mediados de mi mandato, en 2021, se deberá llevar a cabo una consulta para preguntar a los ciudadanos si quieren que continúe gobernando o que renuncie.
Ciertamente, fui elegido para ejercer la Presidencia durante un sexenio, pero según nuestra Carta Magna el pueblo tiene en todo momento el derecho de cambiar la forma de su gobierno; es decir, el pueblo pone y el pueblo quita.
Para cumplir este compromiso envié al Congreso una iniciativa de reforma constitucional para llevar a la práctica este mecanismo de democracia participativa. Sin embargo, mis adversarios políticos, los conservadores –que creen que soy como ellos porque su verdadera doctrina es la hipocresía-, vociferan que la propuesta de someterme a la revocación de mandato encubre la intención de reelegirme en 2024.
Ante este infundio, me es necesario reiterar mis principios y mis convicciones democráticas para asentar lo siguiente:
Soy maderista y partidario de los principios de Sufragio Efectivo y No Reelección.
Me inspiran los ideales y las convicciones, no la ambición al poder.
Creo que el poder sólo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás.
Considero que basta con seis años para desterrar la corrupción y la impunidad y convertir a México en una república próspera, democrática, justa y fraterna. No tengo duda que nos alcanzará el tiempo para consumar, entre todos y de manera pacífica, la Cuarta Transformación de la vida pública del país.
En consecuencia, reafirmo que no estoy de acuerdo con la reelección y que nunca, en ninguna circunstancia, intentaría perpetuarme en el cargo que actualmente ostento porque ello no sólo significaría ir en contra de la Constitución sino también traicionar mis principios y renegar de mi honestidad, que es lo más valioso que tengo en la vida.
Sepan pues, señores conservadores, que abandonaré la Presidencia el día preciso que marca la ley y que en 2024 me iré allá por Palenque. Pero también les digo con sinceridad y en buena lid, que deseo de todo corazón y con toda mi alma que lo logrado para entonces sea muy difícil de revertir y que el país no retroceda a los inmundos y tristes tiempos en que dominaba la mafia del poder.
Ciudad de México, 19 de marzo de 2019.
Andrés Manuel López Obrador
Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
No obstante, como la oposición moralmente derrotada no entiende razones siguieron vociferando la intención de quienes ellos consideran “un peligro para México” de que sí se va a reelegir.
Al respecto, veamos lo que dice la Constitución política de los Estados Unidos mexicanos respecto a la figura de la reelección, veamos quien sí y quién no puede acceder a ello.
El artículo 115 regula que “las Constituciones de los estados deberán establecer la elección consecutiva para el mismo cargo de presidentes municipales, regidores y síndicos, por un período adicional, siempre y cuando el periodo del mandato de los ayuntamientos no sea superior a tres años”. En tanto en el año 2014 se constitucionalizó la reelección legislativa. Donde el artículo 59 advierte que “los Senadores podrán ser electos hasta por dos periodos consecutivos y los Diputados al Congreso de la Unión hasta por cuatro periodos consecutivos”
Situación que no aplica a los gobernadores de los Estados y al Presidente de la República, es decir, la máxima maderista “Sufragio efectivo, no reelección” se mantiene intacta como un logro de los ideales revolucionarios, tratándose de los titulares del Poder Ejecutivo Federal y los de los Estados.
Lo que si está bien para la oposición moralmente derrotada es aplicar esta figura a legisladores y presidentes municipales, pues desde ahí están decididos a mantener el contubernio del poder político con el poder económico, para intentar regresar por sus fueros. A ellos les decimos, ¡somos mucho pueblo y no permitiremos que regresen!
A propósito de la reelección, recientemente, específicamente el 27 de febrero de 2024, la Doctora Claudia Sheinbaum, en entrevista con los periodistas Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela, expresó que impulsará una reforma constitucional para hacer efectiva una de las máximas de la revolución mexicana, la no reelección.
Situación que refrenda en sus eventos de campaña, donde habla con el pueblo y recoge sus sentimientos. La que además está plasmada en su Proyecto de Nación, en el capítulo dedicado a la República democrática, justa, honesta, libre, participativa y responsable, en específico en el punto 9, el cual dice: “Enviaremos una iniciativa de reforma constitucional para recuperar la consigna que dio origen a la Revolución Mexicana y quedó plasmada en la Constitución del 17: Sufragio Efectivo, No Reelección. No debe haber reelección a ningún cargo de elección popular a partir de la siguiente elección presidencial del 2030”
No se pierda de vista, el grupo opositor ha hecho suya esta figura para enquistarse en una curul o para hacer uso de prácticas caciquiles en los municipios, ya que no existen controles efectivos más allá del voto para rendir cuentas al pueblo soberano.
Es importante poner de nueva cuenta en la agenda pública el debate acerca de la reelección a cualquier cargo público, máxime que “sufragio efectivo, no reelección” representa una de las conquistas de la revolución mexicana, la tercera gran transformación del país.
De acuerdo con los más recientes estudios en la materia, en México la esperanza de vida al nacer actualmente ronda los 73 años. De modo que si la edad promedio de jubilación son los 65, el jubilado o pensionado puede tener esta condición durante los últimos ocho años de su vida.
La verdad, no parece mucho. Pero también es cierto que en México existen muchos ancianos que superan los 73 años. Hay quienes tienen más de 80, e incluso son numerosos los que llegan a cumplir 90.
Y así, mientras más se alarga la existencia, más necesaria se vuelve la pensión. Y es más urgente la necesidad de que el monto de las pensiones conserven su poder adquisitivo a lo largo del tiempo.
Hace poco se hizo público que en la culta y próspera Suiza fue derrotada una intentona del gobierno neoliberal de ese país por aumentar en dos años la edad de jubilación (de 65 a 67). Y que, en contrapartida, fue aprobada una nueva ley que aumenta la pensión de 12 a 13 mensualidades por año. O dicho de otro modo, a las doce mensualidades se adiciona una especie de aguinaldo equivalente a un mes de pensión.
La lección helvética es clara. La lucha social, es decir, la lucha de los trabajadores, debe encaminarse a impedir aumentos en la edad de jubilación, y debe procurar adicionalmente la reducción paulatina pero constante de ese límite.
Salvadas todas las proporciones que haya que salvar, en México hoy se siguen estas vías. Aquí, el gobierno del Presidente López Obrador está empeñado en garantizar constitucionalmente el mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones. Y en tiempos recientes ha reducido la edad de jubilación de 68 a 65 años.
En México, además, hay otros pendientes en la materia. A la pensión universal que, sin contraprestación alguna, ya se otorga a los adultos mayores de 65 años, es necesario y urgente incorporar al sistema pensionario de la seguridad social a millones de trabajadores que carecen de este derecho.
En este renglón hay que anotar a los trabajadores del llamado sector informal de la economía. No se trata, desde luego, de una tarea sencilla. Pero ya es un buen principio la pensión universal para los adultos mayores establecida desde el año 2000 por el gobierno obradorista en la Ciudad de México y que luego fue ampliado a todo el país. Primero, establecer el derecho, y más adelante convertirlo en realidad.
Fuentes: Scheerpost – Ctxt -Imagen: Julian Assange. / Luis Grañena
El periodista de investigación más importante de su época está siendo criminalizado y privado de libertad. Si EE.UU. consigue condenarlo, será más difícil y peligroso sacar a la luz la sórdida realidad de las guerras.
“Los que dicen la verdad necesitan un caballo rápido”, reza un proverbio estadounidense. O necesitan una sociedad que proteja la verdad y a sus mensajeros. Pero esta protección, que deberían ofrecer nuestras democracias, está en peligro. Como periodista, Julian Assange ha publicado cientos de miles de archivos que documentan crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos y sus aliados en Afganistán, Irak, Guantánamo y otros lugares. La autenticidad de los documentos es incuestionable. Sin embargo, ninguno de los responsables ha sido llevado ante la justicia ni condenado. En cambio, el mensajero lleva cinco años encarcelado en una prisión de alta seguridad en Londres, con problemas de salud que ponen en riesgo su vida, tras haber pasado siete años encerrado en la embajada ecuatoriana. No ha sido acusado de ningún delito en el Reino Unido, en ningún país de la Unión Europea ni en su país de origen, Australia. El único motivo de su rigurosa privación de libertad es que el Gobierno de Estados Unidos ha iniciado un proceso de extradición al acusar al periodista de espionaje, apelando a una ley que se remonta más de cien años, a la Primera Guerra Mundial: la Ley de Espionaje.
Nunca se había acusado a un periodista al amparo de esta ley. El proceso de extradición, por lo tanto, sienta un precedente peligroso. Si sale adelante, todos los periodistas del mundo que revelen crímenes de guerra de Estados Unidos habrían de temer que les depare el mismo destino que a Assange. Eso supondría el fin de la libertad de prensa tal como la conocemos. Porque se basa en poder sacar a la luz el lado oscuro del poder sin miedo a represalias. Si se acaba con esta libertad, no solo muere la libertad de los periodistas, sino la libertad de todos nosotros: la que nos libra de la arbitrariedad del poder. PUBLICIDAD
Solo por este motivo, los tribunales de un sistema jurídico funcional nunca deberían aceptar el proceso de extradición. Julian Assange no hizo de espía en modo alguno, sino de periodista, y como tal, está sujeto a protección especial. Casualmente, el testigo clave en la acusación de espionaje era el conocido estafador y pedófilo convicto Sigurdur Ingi Thordarson, que admitió en 2021 haber mentido por el FBI y haber conseguido inmunidad judicial.
Assange no hizo de espía en modo alguno, sino de periodista, y como tal, está sujeto a protección especial
Imaginemos el caso con los roles invertidos: pongamos que un periodista australiano hubiera publicado crímenes de guerra cometidos por las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia rusos y buscase protección en un país europeo occidental. ¿Considerarían seriamente los tribunales el procedimiento de extradición a Moscú por espionaje, máxime cuando el testigo clave es un delincuente condenado?
Assange se enfrenta a una sentencia descabellada de 175 años en Estados Unidos. Es de temer que no sobreviva a las durísimas condiciones del infame sistema penitenciario estadounidense. Por eso, el Tribunal de Magistrados de Londres detuvo en primera instancia su extradición en 2021. El Gobierno de Estados Unidos, entonces, publicó unos documentos que afirmaban que no someterían a Assange a régimen de aislamiento. Pero según Amnistía Internacional, esas declaraciones “son papel mojado”, porque la nota diplomática no vinculante reserva el derecho del Gobierno estadounidense a cambiar de postura en cualquier momento.Al Tribunal de Apelaciones, no obstante, le pareció suficiente el documento para dar vía libre a la extradición: una tergiversación de la justicia, como apunta Amnistía.
La audiencia, que se celebró el 20 y 21 de febrero en el Tribunal Superior de Londres y cuyo veredicto se espera en marzo, es la última oportunidad de Assange de recurrir la decisión de extradición. Sin embargo, existe un riesgo muy alto de que le vuelvan a dar la vuelta a las leyes otra vez. Según indica la plataforma de investigación Declassified UK, uno de los dos jueces, Jeremy Johnson, trabajó previamente para los servicios secretos británicos del MI6, estrechamente vinculados con la CIA y cuyas actividades ilegales se dieron a conocer gracias al trabajo de Julian Assange.
Para Julian Assange, el propio juicio ya se ha convertido en un castigo. En abril de 2020, el Relator Especial de la ONU sobre Torturas, Nils Melzer, concluyó tras minuciosas investigaciones que Assange llevaba años sometido a tortura psicológica sistemática. El hecho de que Estados Unidos estuviera preparado para ir todavía más allá salió a la luz en septiembre de 2021: según informaciones de The Guardian, altos cargos de inteligencia, incluido el entonces director de la CIA y posteriormente secretario de Estado Mike Pompeo, planearon secuestrar y asesinar a Assange en 2017. Pongámonos en antecedentes: Wikileaks había publicado documentos aquel año que se dieron a conocer como “Vault 7”. Estos revelan la ingente actividad de la CIA en el campo de la guerra cibernética y demuestran que los servicios secretos intervienen sistemática y exhaustivamente en navegadores web, sistemas informáticos de automóviles, smart TV y smartphones, incluso cuando están apagados. Fue una de las revelaciones de Wikileaks que más sensación causaron desde las filtraciones de Edward Snowden, que destapó la vigilancia ilegal y descomunal que ejercía la Agencia de Seguridad Nacional. La CIA no iba a perdonarle el golpe a Assange y no tardaron en clasificar Wikileaks de “servicio de inteligencia hostil no gubernamental”, un neologismo trascendental que permitía declarar a periodistas enemigos del Estado. Cuando Pompeo se convirtió en secretario de Estado en 2018, el Gobierno de Estados Unidos inició el proceso de extradición. Esta jugada sustituía el plan original de Pompeo de secuestro y asesinato, pero el objetivo seguía siendo el mismo: acabar con un periodista inoportuno.
Altos cargos de inteligencia en EE.UU. planearon secuestrar y asesinar a Assange en 2017
Las revelaciones de informantes como Edward Snowden y Chelsea Manning y periodistas como Julian Assange han demostrado que, a la sombra de la denominada guerra al terrorismo, ha surgido un vasto universo paralelo en las últimas décadas que está obsesionado con el espionaje ilegal a sus propios ciudadanos y el encarcelamiento, torturas y asesinato arbitrarios de adversarios políticos. Ese mundo se escapa en gran medida al control democrático, es más, está socavando el orden democrático desde dentro.
Sin embargo, el desarrollo de los acontecimientos no es del todo nuevo. En 1971, unas filtraciones revelaron un programa secreto del FBI para espiar movimientos de derechos civiles y en contra de la guerra, infiltrarse en ellos y reventarlos, conocido como COINTELPRO. Ese mismo año, The New York Times publicó “Los archivos del Pentágono”, filtrados por el informante Daniel Ellsberg, que demostraban que cuatro administraciones consecutivas de Estados Unidos habían mentido sistemáticamente a sus ciudadanos acerca del alcance y la motivación de la guerra de Vietnam y de los cuantiosos crímenes de guerra cometidos por el ejército estadounidense. En 1974, Seymour Hersh reveló los programas secretos de la CIA para perpetrar magnicidios contra dirigentes de Estado extranjeros y la operación encubierta para espiar a cientos de miles de opositores a la guerra, que operaron con el nombre en clave de Operación CAOS. Empujado por estas informaciones, el Congreso de Estados Unidos convocó en 1975 el Comité Church, que llevó a cabo un análisis exhaustivo de las operaciones secretas y condujo a un mayor control parlamentario de los servicios.
Portada de The New York Times en la que Seymour Hersh desveló los programas secretos de la CIA contra disidentes, el 22 de diciembre de 1974.
Julian Assange forma parte de esta venerable tradición periodística y ha contribuido de manera determinante a su renovado florecer. Sin embargo, hay una diferencia importante con los años setenta: hoy, el periodista de investigación más importante de su generación está siendo abiertamente perseguido, criminalizado y privado de libertad. Cuando los Estados declaran delictiva la investigación de crímenes, la sociedad cae en una peligrosa espiral, al final de la cual pueden surgir nuevas formas de totalitarismo. Ya en 2012, Assange señalaba en relación con el aumento del dominio de las tecnologías de vigilancia: “Tenemos todos los ingredientes para un Estado totalitario y carcelero”.
Si las autoridades estadounidenses consiguen condenar a un periodista por revelar crímenes de guerra, habría otra consecuencia grave. En el futuro, sería todavía más difícil y peligroso sacar a la luz la sórdida realidad de las guerras, sobre todo de las guerras que a los gobiernos occidentales les gusta vender como misiones civilizadoras con la ayuda de periodistas adheridos a la causa. Si no conocemos la verdad de las guerras, resulta mucho más sencillo librarlas. La verdad es la herramienta más importante para la paz.
Si no conocemos la verdad de las guerras, resulta mucho más sencillo librarlas
Julian Assange todavía no ha sido extraditado ni condenado. A lo largo de los años, se ha creado un movimiento internacional extraordinario para su liberación y la defensa de la libertad de prensa. Muchos parlamentarios en todo el mundo también se están pronunciando. El Parlamento australiano, por ejemplo, apoyado por el primer ministro Anthony Albanese, aprobó una resolución por amplia mayoría que exigía la liberación de Assange. Un grupo de más de ochenta miembros del Parlamento alemán se han unido. Aun así, el Gobierno alemán todavía se niega a ejercer ningún tipo de presión significativa sobre el Gobierno de Joe Biden, que continúa persiguiendo a Assange. La ministra de Asuntos Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, que como candidata a canciller del Partido Verde se había manifestado a favor de liberar a Assange, evita constantemente preguntas sobre el tema desde que se unió al Gobierno. Su Ministerio se pasa meses sin contestar las preguntas de los diputados sobre el caso, para luego limitarse a formular excusas retóricas y esquivas. Los políticos destacados de la coalición de gobierno alemana, que gustan de presentarse a bombo y platillo como los guardianes de la democracia y del estado de derecho, tienen que tomar cartas de una vez por todas en este asunto de justicia política y exigir inequívocamente la liberación de Julian Assange antes de que sea demasiado tarde. Pero claro, eso requeriría superar la actitud medrosa hacia el padrino en Washington y defender de verdad los valores tan cacareados de la democracia.
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Traducción de Ana González Hortelano.
Este artículo fue publicado originalmente en Scheerpost.
Al igual que México, Estados Unidos de América (EE.UU.) está en proceso electoral para la presidencia. Joe Biden, el actual mandatario, pretende relegirse, y su principal competidor es el expresidente Donald Trump. Ambas elecciones, la de México y la de EU, ocurrirán en un momento marcado por la guerra de Rusia contra Ucrania, y por el genocidio que Israel emprende contra el pueblo palestino. En ambos conflictos EU ha intervenido abiertamente en favor de Ucrania y del criminal Benjamin Netanyahu. A este escenario se suma la configuración de un mundo multipolar en el que Rusia y China son competidores.
Frente a este panorama de reconfiguración global, EE.UU. responde en América Latina con cambios significativos. Derrotados en sus intentos por imponer a Juan Guaidó como presidente de Venezuela, o por sostener a la golpista Jeanine Áñez, en Bolivia, EE.UU. combina la estrategia de mano dura y negociación frente una región con mayor influencia de China. Especial interés despierta el reciente nombramiento de Daniel P. Erikson, quien fue subsecretario adjunto de Defensa para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de EE.UU., y quien será a partir de marzo el director del Consejo de Seguridad Nacional para Asuntos de América Latina. Erikson conoce bien México, sabe de su importancia en las próximas elecciones y buscará incidir en favor de EE.UU., en general, y de Biden, en particular.
Aunque con narrativas, agendas y votantes distintos, ni Biden ni Trump representan un cambio sustancial en su política externa: Biden ha ido asumiendo parte del discurso antinmigrante con el que Trump atrae a miles de seguidores, al tiempo que ambos responden a los señores del dinero y de la guerra, es decir, al complejo militar industrial y sus intereses en el planeta.
En la pugna entre Biden y Trump, hay también aliados mediáticos. El periódico The New York Times, por ejemplo, es de los favoritos entre los seguidores del Partido Demócrata, mientras los republicanos sienten una mayor simpatía por medios como Fox News. Es importante identificar el mensaje y el mensajero, pero sobre todo el interés superior al que sirven los dueños.
El constante y en ascenso golpeteo del New York Times contra el Presidente de México, con reportajes que dejan mucho que desear, es un hecho que debe condenarse y también revisarse con cautela: ¿quién realmente es el emisor? ¿Cuáles son los efectos? ¿Cómo utilizan a favor y en contra el mensaje y sus efectos quienes compiten en el proceso electoral en México? Dos hipótesis habría que considerar: el emisor busca 1) incidir en el proceso electoral mexicano y reorientar las negociaciones regionales, y 2) presionar al gobierno mexicano a que tome partido también por alguna de las fuerzas políticas en EU. Trump, por ejemplo, ya suma abiertamente los apoyos de sus aliados en Argentina y El Salvador, apoyo manifestado abiertamente en la reciente Conferencia de Acción Política Conservadora.
En el actual sexenio, bajo el argumento de la cooperación no sólo se retomó, sino que se reforzó la agenda militarista que viene impulsando EE.UU. desde hace décadas. En materia económica la dependencia también se ha acentuado: La integración económica, con respeto a nuestras soberanías, es el mejor instrumento para hacer frente a la competencia derivada del crecimiento de otras regiones del mundo, en particular, la expansión productiva y comercial de China. No olvidemos que mientras Canadá, EE.UU. y México representamos 13 por ciento del mercado mundial, China domina 14.4 por ciento, afirmó el presidente López Obrador en noviembre de 2021 durante la novena Cumbre de Líderes de América del Norte. Dos años más tarde, para noviembre de 2023, México se había consolidado ya como el principal socio comercial y proveedor de Estados Unidos, logrando un intercambio comercial de 738 mil 400 millones de dólares, lo que representó 15.8 por ciento del comercio total de la principal potencia económica del mundo, de acuerdo con datos publicados en estas mismas páginas.
A lo anterior habría que sumar la numerosa infraestructura que el gobierno de México ha impulsado y que es fundamental para el capital de EE.UU., como el Corredor Interoceánico –deseado por el vecino del norte desde el siglo XIX– o el Tren Maya, proyectos visitados por Ken Salazar, embajador de EE.UU. en México. Los apoyos que la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) da a distintas dependencias del gobierno federal es también un dato a destacar.
Rechazar el intervencionismo imperialista pasa por denunciar los intereses que hay detrás de medios como TheNew York Times, sin vulnerar la seguridad de sus periodistas, pero pasa también por construir alternativas a la dependencia económica hacia EE.UU., rechazar la agenda militarista y antinmigrante y dejar de poner el territorio nacional y los recursos naturales al servicio de sus empresas e intereses. Ser antimperialista hoy también es luchar por detener el genocidio en Palestina.
Los del PRIAN creen que las elecciones se ganan en redes sociales.
Por: Argenis Martínez
@MXSEnLaPolitica
Cada vez que en Twitter me preguntan en un nuevo post “¿Qué estás pensando?”, y respondo, lo que pienso es que la derecha y sus seudo comunicadores, así como sus políticos, empresarios y seguidores corruptos, creen que el pueblo es ingenuo.
Piensan que difundiendo noticias falsas, odio y división ganarán las elecciones. La oposición cree que se puede conquistar a la gente y las elecciones a través de las redes sociales, y que México se gobierna desde ellas, por ejemplo, X. Pero así se comportan y se quejan de que AMLO, líder mundial, es quien divide a México.
En realidad, la oposición, moralmente derrotada, carece de argumentos y por eso recurre a la guerra sucia. Incluso los supuestos líderes van al extranjero para solicitar la intervención de otros países en nuestra soberanía nacional, y eso se les cobraremos en las elecciones del 2 de junio.
La derecha tergiversa, miente como respira, difama, expone los datos personales de los ciudadanos, propaga noticias falsas y siembra el miedo. Afortunadamente, tenemos una democracia donde todos pueden expresar su opinión y participar.
Incluso los de derecha afirman que vivimos bajo una dictadura y que el gobierno los censura. Así de confundidos están. Pero recuerden que vuelvo a repetir: nos vemos en las urnas. Elecciones el 2 de junio de 2024, nos vemos allí. ¡Todos por el plan C ya está en marcha!
Falsean al enarbolar la bandera de la democracia, ya que su lenguaje y acciones son de exclusión, racismo y clasismo; antivalores que nada tienen que ver con la democracia.
Dra. Bárbara Leonor Cabrera Pantoja | Entre letras, con mi café y a un “x” de distancia me encuentran como @_BarbaraCabrera
“La única democracia que está en riesgo es la de la oligarquía, la del corrupto. La democracia del pueblo está a salvo”
Presidente Andrés Manuel López Obrador
Recientemente publiqué en la revista Quaestionis un artículo denominado “El lawfare en México y América Latina”, donde proporciono al lector elementos necesarios para tener un panorama teórico-práctico acerca de las consecuencias de esta figura en el escenario socio-político y con ello tener elementos para contribuir a que no prolifere.
Apunté que uno de los primeros casos de lawfare documentados en el continente lo encontramos en el 2005, con el desafuero contra Andrés Manuel López Obrador, quien en aquel entonces era Jefe de Gobierno del Distrito Federal; luego se sumaron a este la destitución de Dilma Rousseff, así como la persecución y encarcelamiento de Lula da Silva, en Brasil; el caso de Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina; la persecución al correísmo, en Ecuador; y así podríamos seguir sumando. Sin duda, se trata de eventos desafortunados en la vida pública latinoamericana, que es importante no olvidar y no perder de vista.
En el apartado de conclusiones de dicha contribución al mundo del conocimiento aludí que “es imperativo crear mecanismos de defensa preventivos desde la ciudadanía, para no permitir estos golpes de estado por goteo, promovidos desde la guerra judicial; los cuales se logran organizándonos, movilizándonos y asumiendo el poder del pueblo”
De esta manera llegamos al primer punto que abordo en esta Nornilandia: la expedición de una ley para combatir el lawfare, lo cual ocurrió en el Estado Plurinacional de Bolivia.
Bolivia está dando ejemplo a América Latina acerca de cómo combatir al corrupto, mafioso e impune Poder Judicial.
Esta situación no tiene que pasar inadvertida, así que los pongo en antecedentes.
Luego de que el poder del pueblo se hiciera manifiesto el 22 de enero de 2024 a través de un bloqueo de carreteras en 36 puntos de Bolivia, principalmente en el departamento de Cochabamba, donde cocaleros y campesinos exigieron una ley de elecciones para renovar los principales cargos del poder judicial, además de rechazar a los jueces que conforman el Tribunal Constitucional, los cuales inhabilitaron a Evo Morales para postularse nuevamente a la presidencia en 2025; la lucha y resistencia, rindió frutos.
Dichas manifestaciones duraron dos semanas, y culminaron después de que el Congreso aprobara la Ley número 1549, llamada “Ley transitoria para las elecciones judiciales 2024”, promulgada por el Presidente Luis Arce y publicada el 6 de febrero de 2024 en la Gaceta Oficial del Estado de Bolivia,
Dicha Ley está estructurada en cinco capítulos, asimismo incluye disposiciones adicionales y disposición final.
El primer capítulo es de disposiciones generales, y abarca su objeto, finalidad, marco legal, principios; publicidad y transparencia, así como los mecanismos de comunicación y verificación electrónica. El segundo capítulo es “Garantías de objetividad y transparencia del proceso”; el capítulo tercero está dedicado a la “Organización del proceso”; el cuarto capítulo, que resulta ser el más sustancial puesto que regula el “Desarrollo del proceso”, incluye desde la etapa de preselección, la ruta crítica y cronograma; la convocatoria pública; la recepción de postulaciones, lo cual incluye plazos, requisitos y su verificación; además de impugnaciones, recurso de revisión, resoluciones; evaluación de méritos, temáticas del examen escrito, calificaciones, preselección de candidatos antes de su remisión al órgano electoral, entre otros temas. Finalmente, el capítulo quinto regula lo relativo a la preselección de candidatos y candidatas. (El texto completo de esta ley, es posible consultarlo en el siguiente enlace http://www.gacetaoficialdebolivia.gob.bo/normas/listadonor/10)
Según una proyección del contenido de la legislación, así como de las propias Instituciones de aquel país, las elecciones judiciales podrían estarse celebrando el 22 de septiembre de 2024. Estemos atentos, pues este caso representa un parteaguas en América Latina y ¡un gran logro para combatir el lawfare!
Veamos lo que el historiador Daniel Cosío Villegas escribe en su libro “La Constitución de 1857 y sus críticos”. Da comienzo de manera contundente al apuntar que “la edificación crítica acerca de la Suprema Corte de Justicia arranca de la afirmación espectacular de que el Poder Judicial nunca es poder, porque la administración de justicia no depende de la voluntad nacional de un país; sus resoluciones toman en cuenta lo que esa administración debe hacer en nombre de la ley, y no en nombre del deseo, del bien o de la voluntad del pueblo” (Cosío, 2013: 91)
Continúa diciendo Daniel Cosío Villegas, “la Corte en que el magistrado era electo popularmente y por sólo seis años, resultó independiente de los otros dos poderes y de cualquier grupo de presión en que pueda pensarse, el militar, el clerical o el de la burguesía adinerada. No sólo fue independiente la Corte de 1867 a 1876, sino que sentía el orgullo, hasta la soberbia de su independencia: la Corte como cuerpo y cada magistrado como individuo” (Cosío, 2013: 98)
Entonces, ¿acaso no vale la pena que en México se lleve a cabo una profunda reforma al poder judicial, comenzando porque los elija el pueblo? Lo dejo a la reflexión.
Dicho esto, voy ahora a hablar acerca de la “Marcha Nacional por la Democracia”
18 de febrero de 2024 fue la fecha en que la oposición a la Cuarta Transformación decidió concentrarse en el zócalo de la Ciudad de México. Una cita a la que convocaron con bastante anticipación y lo hicieron con un póster donde se veían incontables membretes. Luego, se dieron a conocer las reglas, entre ellas, una muy curiosa: “no hables con la prensa” (¿qué tienen que ocultar, acaso que los congregados no tenían la mínima idea de que hacían ahí?); y otra más, “para evitar sanciones electorales no podemos llevar ningún símbolo relativo a Xóchitl ni a ningún partido. La frase #FuerzaRosa es marca registrada de Xóchitl y no podemos usarla en esta ocasión” (lo bueno es que era una “marcha apartidista”)
Desde el inicio todo fue engaño, ya que no fue marcha, se trató de una concentración, a pesar de señalar que irían del Monumento a la Revolución al Zócalo.
Mienten al apuntar que era ciudadana, pues claramente fue en apoyo a la desdibujada candidata del sector opositor, donde estuvieron dirigentes de partidos políticos, políticos, así como representantes populares. Además, el orador único fue el recién salido presidente del INE, quien, como supuesto árbitro electoral, tomo partido del lado opositor.
Falsean al enarbolar la bandera de la democracia, ya que su lenguaje y acciones son de exclusión, racismo y clasismo; antivalores que nada tienen que ver con la democracia.
En suma, se trató de una marcha del odio, la ignorancia y los membretes, donde los insultos fueron sus consignas. Se reunieron a hacer catarsis: gritaban lo de siempre: ¡vivimos en una dictadura! ¡queremos votar en libertad! ¡fuera López! ¡narco presidente! ¡nos coartan la libertad de expresión! ¡seremos Venezuela! ¡nos quieren quitar nuestras casas! ¡malditos chairos! ¡la democracia no se toca! ¡no queremos comunismo!
La oposición imagina una dictadura, cuando la libertad de expresión y las movilizaciones están garantizadas.
La oposición construye narrativas basadas en mentiras y las propaga por todos los medios posibles. Caen presas de las noticias falsas y sin más, las viralizan.
La oposición corre, grita y empuja. Insultan, agreden, se saltan la fila. Están en la constante búsqueda de un beneficio o privilegio.
La oposición ve un país en ruinas, cuando en este sexenio se han hecho más obras de infraestructura en beneficio del pueblo, como jamás ocurrió durante la larga noche neoliberal.
La oposición se congrega en la sociedad civil, desconociendo e insultando al pueblo, al que creen ignorante. Bien lo dice el Presidente Andrés Manuel López Obrador “El pueblo no es tonto, todo es el que piensa que el pueblo es tonto”
La oposición no tiene ideario, los mueve la animadversión y el desprecio a aquello que no les es afín.
La oposición no defiende causas, se aglutinan para preservar sus privilegios.
Antes marchaba el pueblo, hoy marchan los que añoran las prebendas del poder a modo.
No hay duda, lo de la oposición moralmente derrotada es el poder sin pueblo, cratos sin demos. Esa es la democracia del grupo opositor.
No obstante, si algo hay para celebrar es que los que ahora son oposición, quienes desconocían el derecho a las manifestaciones y hasta las acallaban; ahora salen a tomar la plaza pública al grito de “el zócalo no es de López”
¡Bienvenidos a un país de libertades! Donde ante una época de cambio de régimen, cada quien sabrá a que causas se abraza. Es tiempo de definiciones y de decir ¡fuera máscaras!
Este 2 de junio, acudamos a las urnas, para mostrar nuevamente el poder del pueblo: ¡vamos por el Plan C para que siga la transformación y mantener a raya a los corruptos, conservadores, oligarcas y entusiastas del neoliberalismo!
No se olvide, solo el pueblo puede salvar al pueblo.
Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, en los últimos seis años, el gobierno de México ha retomado el control y aumentado su participación en muy vastos e importantes sectores de la economía, los llamados grandes medios de producción. Aquí se cuentan, en primer término, las industrias petrolera y eléctrica.
Y también, desde luego, ha crecido la participación del Estado en el sector bancario y financiero. Hoy el Banco del Bienestar, institución pública, cuenta con el mayor número de sucursales en todo el país.
Y no sólo eso. Cuenta igualmente con el mayor número de usuarios o cuentahabientes. Se trata de los beneficiarios de los programas de beneficio social y popular del gobierno mexicano, los que suman varias decenas de millones de personas.
Todo esto ha sido logrado sin acudir al expediente de las expropiaciones. Se ha conseguido por la vía de la inversión pública, es decir, por la utilización del presupuesto gubernamental.
Como es bien sabido, éste se forma básicamente con los impuestos que pagan todos los agentes económicos, es decir, todos los ciudadanos. Lógicamente, a mayor número de contribuyentes mayor será el presupuesto. En tiempos recientes la insuficiencia presupuestal era el pan nuestro de cada día. De modo que el camino para aumentar el presupuesto era y es el incremento de la recaudación fiscal.
Y para lograr ese incremento no se optó por el aumento de impuestos ni por la creación de nuevos gravámenes ni por el incremento de las tasas impositivas. Se optó, simplemente, por el combate a la evasión fiscal en sus varias modalidades: el clásico e ilegal fraude al fisco y diversas maneras de evasión legales, como la condonación y la devolución de impuestos y otros privilegios.
Tampoco se acudió a la contratación de nueva deuda pública. Y esto por la sencilla razón de la históricamente novedosa autosuficiencia fiscal, es decir, la holgura fiscal.
A más recursos fiscales, más obra pública, más gasto social, más y mejor redistribución de la riqueza social, de la riqueza de todos. Más educación, más caminos, más agua potable, más hospitales, más medicinas.
Nada de esto tiene gran ciencia. Es cosa bien sabida en el ámbito personal y social. Solo es necesaria, adicionalmente, una buena y honrada administración. O, dicho en otras palabras, nada de raterías y privilegios. Con esto, la receta está completa.
La iniciativa de reforma al sistema de pensiones ya enviada al Congreso de la Unión por el Presidente López Obrador establece que un trabajador jubilado reciba como pensión un monto igual a su último salario devengado cuando se encontraba activo.
Nadie, por supuesto, se atreve en público a cuestionar la justeza de la propuesta obradorista. Ah, pero en privado, las derechas se oponen a ella con el falaz argumento de la falta de dinero para poder pagar las pensiones.
Pero además de mentiroso, el argumento es hipócrita, porque a la derecha lo que en verdad no le gusta es la redistribución de la riqueza social. Preferiría apropiarse, como en la época neoliberal, de esos recursos, aunque los ancianos sobrevivan en la miseria.
Porque, en general, un anciano jubilado sólo recibe un tercio del último salario devengado. Y si bien es cierto que hay pensionados que perciben más que eso, también es verdad que muchos viejos no alcanzan ni siquiera esa raquítica tercera parte.
El problema no es, como lo prueban la teoría y la experiencia económicas, la carencia de recursos. La clave del asunto está en la esfera de la distribución de la riqueza social. O, como se dice en lenguaje popular, del mismo cuero salen todas las correas.
En última instancia una pensión digna es la condición de una vida digna. Pero aunque diga lo contrario, a la derecha le tiene sin cuidado la dignidad de la vejez del pueblo.
Es más: si por la derecha fuera, no debería haber pensiones. Llega incluso a sostener que la longevidad es una carga social insostenible. Y que el problema básico es que la gente vive hoy demasiados años.
La alternativa sería entonces el abandono de los ancianos. No atender sus enfermedades, no darles atención médica, es decir, dejarlos morir. Quién no recuerda aquel filme distópico “Cuando el destino nos alcance” que plantea el suicidio asistido de ancianos abandonados o sin recursos para vivir como condición de sobrevivencia en una sociedad con muchos pobres y un puñado de ricos.
Decir, contra toda evidencia, que la sociedad no dispone de los recursos para darles una vida digna a sus ancianos es una gigantesca mentira. Y, finalmente, una muestra de canibalismo.
En las próximas elecciones de México el pueblo decidirá sobre el asunto. De un lado PAN, PRI y PRD, los partidos de la derecha, con su propuesta caníbal. Del otro, el obradorismo con su proyecto popular, científico, humano y solidario.
La candidata Xóchitl Gálvez fue a presentarse como candidata de una República bananera del siglo pasado, a suplicar que los vecinos del norte vengan a México a salvar a esa oposición traidora.
Por: Jorge Barrientos
Sabiendo que tienen la campaña perdida y con el temor de verse arrasados en las elecciones del primero de junio próximo, la oposición en México hizo lo último que le faltaba para confirmar a los mexicanos lo poco que les importa México, enviaron a su candidata a Estados Unidos a pedir a gritos una intervención en las próximas elecciones mexicanas.
La candidata Xóchitl Gálvez fue a presentarse como candidata de una República bananera del siglo pasado, a suplicar que los vecinos del norte vengan a México a salvar a esa oposición traidora, y a cambio les ofreció las riquezas de México, abrir la industria petrolera, eléctrica, entregarles el litio y el resto de la soberanía que con esfuerzo se ha intentado recuperar estos seis años.
De los migrantes y con los migrantes poco o nada hizo, salvo mostrar su desprecio como siempre lo hicieron los gobiernos de los partidos que representa; ahí están las imágenes de ella reuniéndose con todo tipo de grupos, menos mexicanos de los que los que cruzan la frontera corriendo toda clase de riesgos y quienes con su sacrificio, trabajo y esfuerzo han logrado ganarse el respeto y admiración de los norteamericanos, ahí se ven también a gente de su equipo de trabajo humillando migrantes mexicanos con groserías, agresiones y hasta enviando a la policía.
Se le olvidó a Xóchitl que el mayor espacio de influencia que tiene México en Estados Unidos se ha logrado gracias a esa llamada minoría étnica que ella despreció.
Ahora, después de su ridículo papel en Estados Unidos, va a España a continuar con su plan de traición a los mexicanos y a mostrar al mundo que hay quienes en este país siguen teniendo una mentalidad de colonia si con ello mantienen sus negocios y poder.
Veamos entonces los desfiguros y las patéticas actuaciones teatrales que hará ahora en Europa alentada por sus titiriteros la candidata de la derecha, ya la veremos sumisa ante reyes de papel y con líderes de derecha que creen que México sigue siendo tierra de conquista.
Y a los extraterrestres, primero investiguen, después opinan.