Durante el periodo de transición, en las conferencias de prensa matutinas que la entonces presidenta electa Claudia Sheinbaum ofrecía en su casa de transición, recuerdo que le pregunté sobre su estrategia de seguridad y si tenía previsto implementar algo similar a lo que hizo en la Ciudad de México, estableciendo un mando único. Esto, debido a las evidencias de que muchas policías municipales son fácilmente corrompibles y están al servicio de los presidentes municipales en turno.
En esa ocasión, la presidenta Sheinbaum me respondió que, si existían pruebas de que las policías municipales fueran corruptas, se deberían presentar las denuncias correspondientes. No obstante, parece que no fue necesario, ya que la mandataria ya tenía claro lo que se debía hacer.
No pasaron ni dos meses para demostrar que en este gobierno no habrá impunidad. Hace unos días, el operativo Enjambre sorprendió a propios y extraños, cuando, por primera vez y bajo el mando del secretario de seguridad federal, Omar García Harfuch, se detuvo a siete servidores públicos municipales del Estado de México, entre ellos presidentes municipales y secretarios de seguridad.
El operativo Enjambre estuvo principalmente vinculado a municipios del Estado de México como Amanalco, Santo Tomás, Tonatico, Chicoloapan, Ixtapaluca, Tejupilco, Naucalpan, Coacalco, Jilotzingo y Texcaltitlán. No es un secreto que, en esta entidad, una de las más grandes del país, la impunidad y el abuso de poder por parte de las autoridades locales han sido moneda corriente.
Municipios como Tlalnepantla de Baz, en el Estado de México, son un claro ejemplo de la influencia del crimen organizado en los gobiernos municipales. Según datos del Observatorio Nacional Ciudadano, en esta zona, gobernada por el priista Marco Antonio Rodríguez Hurtado, la incidencia de ocho delitos de alto impacto creció durante su administración. El robo a casa habitación fue el que más aumentó en los últimos tres años, con un incremento de hasta el 53%. Sin embargo, también se registró un aumento considerable en otros delitos como robo con violencia, robo de vehículos, robo a negocios, extorsión y robo a transeúntes.
Otro ejemplo claro de cómo el crimen organizado ha permeado la política mexiquense es el caso de Ecatepec de Morelos. La presidenta municipal electa para el periodo 2025-2028, Azucena Cisneros, ha sido señalada en diversas ocasiones por los habitantes del municipio debido a sus vínculos con grupos delictivos. Cisneros, quien fue respaldada por grupos criminales ligados a la extorsión, como el sindicato 25 de marzo y la organización La Chokiza, tuvo a estos grupos acompañándola en sus actos de campaña.
El caso de Ecatepec no es un hecho aislado. En el Estado de México, como en muchas otras partes del país, la presencia del crimen organizado en la política local ha sido un fenómeno constante. La relación entre ciertos políticos y grupos delictivos no es solo un rumor, sino una realidad que afecta la seguridad y el bienestar de los ciudadanos. Es urgente que el gobierno federal, en colaboración con las autoridades locales, logre erradicar estas prácticas para recuperar la confianza de la ciudadanía.
Un aspecto crucial de este proceso es la implementación de políticas que fortalezcan las instituciones de seguridad y promuevan la rendición de cuentas. Para ello, es indispensable no solo sancionar a quienes se coluden con el crimen, sino también garantizar que los cuerpos policiacos se encuentren bien entrenados, sean profesionalizados y no estén al servicio de intereses personales o criminales. La estrategia debe ser integral y a largo plazo, comenzando con la depuración de las fuerzas de seguridad.
La ciudadanía ha mostrado su hartazgo ante la impunidad y la violencia que azotan a muchas regiones del país. En este contexto, acciones como el operativo Enjambre son un paso importante, pero no suficientes por sí solas. Se requiere un cambio profundo en el sistema de justicia y en la forma en que los gobiernos municipales operan. Solo con un combate decidido y sostenido a la corrupción y el crimen organizado podremos aspirar a un país más seguro y justo para todos.
La lucha contra la corrupción y el crimen organizado no puede ser selectiva ni superficial. El reciente operativo Enjambre demuestra que hay voluntad para enfrentar este flagelo, pero la verdadera prueba de fuego será la capacidad del gobierno de Claudia Sheinbaum para mantener esta línea de acción, erradicar la impunidad en todos los niveles de gobierno y transformar la seguridad pública en un pilar fundamental para el desarrollo del país. Si esto no se logra, estaremos condenados a seguir viviendo bajo el yugo de la criminalidad que ha permeado hasta las instituciones más básicas de nuestra democracia.
Probablemente a una parte de la crítica intelectual mexicana le cueste trabajo aceptarlo explícitamente, sin embargo, parece existir cierto consenso implícito acerca de la idea de que la primera presidencia de Donald J. Trump fue benéfica para México en muchos aspectos, empezando por aquellos de los cuales depende la estabilidad sociopolítica en este país.
Y es que, en efecto, si se excluyen del análisis a las voces que desde la extrema derecha celebran el triunfo electoral de Trump porque en él ven la oportunidad de cabildear con el próximo presidente estadounidense la posibilidad de intervenir en México, en favor de sus propios intereses, entre las voces que quedan, no sería en absoluto falsario o impreciso afirmar que, ahí, la valoración del paso de Trump por la Casa Blanca de Estados Unidos no fue un acontecimiento tan sencillo de descalificar como un desastre para México.
Sin duda, una de las razones que explicaría esta especie de autocensura cómplice con el trumpismo hunde sus raíces más profundas en el pudor que aún genera la idea de aceptar que un personaje tan reaccionario y despreciable desde muchos puntos de vista, como él, pueda representar algo bueno o positivo para este país americano, cuando para el mundo (empezando por Palestina y Cuba) y hasta para su propia población (empezando por las mujeres, las diversidades sexuales y las clases trabajadoras) puede suponer, inclusive, un desafío existencial.
Puestas así las cosas, es indudable que resulta cuando menos comprensible que la renuencia de esa parte de la intelectualidad mexicana a reconocer en la nueva presidencia de Trump algo positivo para México se ancle en el temor a que dicho posicionamiento sea interpretado colectivamente, en la agenda pública y de los medios de comunicación, como un apoyo o una defensa velada, hipócrita o eufemística de Trump y de todo lo que él y su movimiento representan.
Tradicionalmente, en el contexto mexicano, después de todo, por lo menos desde la revolución conservadora de Nixon y la reacción neoliberal de Reagan y Bush, los mandatos presidenciales de extracción republicana en Estados Unidos han sido interpretados como coyunturas de profunda calamidad para este país y para el resto de América precisamente porque estos personajes han hecho política ondeando banderas y movilizando pasiones colectivas que entre las sociedades americanas también son consideradas parte de cierto ideario asociado con experiencias de profunda y extendida virulencia autoritaria. Por oposición, a cada nueva administración de signo demócrata se la pensó como la antítesis pura del republicanismo y de sus valores y, en consecuencia, como un referente en el cual las fuerzas políticas americanas podían fundamentar su propia lucha contra sus propias revoluciones conservadoras y reacciones neoliberales nacionales.
Así pues, con el paso de los años, en gran parte del continente americano, el republicanismo fue asociado con el intervencionismo descarnado, unilateral y egoísta de los intereses estadounidenses en la región, mientras que las presidencias demócratas fueron asimiladas, en general, con ideas de mayor cooperación, construcción de consensos y procesos de toma de decisiones multilaterales, negociadas. En ningún caso, por supuesto, desapareció la idea de que Estados Unidos es una potencia imperial, que no tiene aliados, sino socios coyunturales y/o circunstanciales, según lo indiquen sus intereses, y capaz de avasallar, por su poderío político, económico, militar y cultural, a cualquiera de sus contrapartes en el continente americano. Sin embargo, eso no evitó que, en el balance histórico que se hacía de cada administración presidencial estadounidense, las republicanas siempre aparecieran como presagios de una mayor conflictividad regional y de una mayor injerencia del coloso del Norte en el Sur.
La historia de las relaciones bilaterales y multilaterales de Estados Unidos con América y con otras partes del mundo, no obstante, demuestra que las cosas nunca han sido así de simples. Un demócrata, por ejemplo (y, además, uno de los que históricamente se considera más progresistas o corrido hacia la izquierda dentro del espectro ideológico estadounidense; no así en otras partes del mundo), Barack Obama, es responsable no sólo de radicalizar guerras que su antecesor republicano, George W. Bush, había desatado durante su mandato, sino que, aunado a ello, se encargó de dinamitar muchos más conflictos e intervenciones en África y Oriente Medio que los de sus tres predecesores juntos. En América, por otra parte, aun cuando las intervenciones directas fueron pocas (mayoritariamente ubicadas en El Gran Caribe), la estrategia estadounidense de intervención continental se siguió materializando, sólo que a través del despliegue de la lucha armada en contra del narcotráfico internacional, recurriendo a estrategias de contrainsurgencia que, en lugar de minimizar los saldos de la guerra y los niveles de violencia por ella generados, los incrementaron.
Y por si ello no fuese poco, cuando el mundo atravesó por una de sus depresiones económicas más agudas en casi cien años (la de 2008), los ajustes estructurales promovidos por su administración en la arquitectura financiera internacional fueron a tal grado hostiles para las clases trabajadoras del mundo que, a esas alturas, ya resultaban indistinguibles de las que en su momento promovieron expresidentes estadounidenses salidos del Partido Republicano para instaurar a sangre y fuego el neoliberalismo en varias partes del mundo.
John F. Kennedy, considerado por la historiografía estadounidense y occidental como otro de los grandes exponentes de los valores políticos profesados por el Partido Demócrata de Estados Unidos, a semejanza de Obama, también fue electo presidente en su momento en un contexto en el que su candidatura parecía representar una ruptura radical respecto de las políticas de guerra que hasta los años sesenta del siglo XX habían seguido republicanos como Eisenhower y demócratas como Truman. Y, sin embargo, para no variar, fue su breve presidencia la que más hizo por ahondar y ampliar la participación de Estados Unidos en las guerras coloniales de la región indochina. Para los pueblos de América, además, su paso por la Casa Blanca fue sinónimo del despliegue de varias ingeniosas estrategias de contención de las luchas sociales, populares, obreras y campesinas que en esos años bullían en distintas partes del continente (principalmente en el Istmo Centroamericano, el Gran Caribe y el Cono Sur).
¿De dónde, entonces, proviene esa sutil proclividad intelectual, en México y en el resto de América, a ver en las administraciones demócratas un menor riesgo a su estabilidad respecto del que se da por descontado con presidencias republicanas? Quizá tenga que ver con el hecho de que los presidentes republicanos tienden a privilegiar más en sus políticas exteriores a otras regiones del mundo, en general; y a enredarse mucho más profundamente en disputas de poder con otras grandes potencias (la Unión Europea, Rusia y, antes de ella, la URSS, China), en particular. O quizá, también, con el hecho de que, además de Kennedy y de Obama, los otros tres presidentes demócratas que gobernaron Estados Unidos entre esos dos mandatos (Lyndon B. Johnson, Jimmy Carter y Bill Clinton) brillaron más por su mediocridad y su torpeza o por los escándalos que los rodearon y los problemas en los que se sumergieron, que por sus logros en esa materia. Probablemente el motivo sea que el último de ellos (hasta antes de Trump), Obama, fue un presidente negro y el único que en más de medio siglo materializó la normalización de relaciones bilaterales con Cuba. Cualquiera que sea la razón, de lo que no parece quedar duda alguna es de que, al otro lado de la ecuación, a los republicanos se los percibe mucho más peligrosos, agresivos y desestabilizadores, sobre todo, por su violenta y virulenta retórica política, más allá de si cumplen con sus amenazas o no.
En el contexto actual, en México, éste (la retórica política republicana) parece ser precisamente el criterio que lleva a muchos y muchas intelectuales a renegar explícitamente de lo mucho que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) se benefició del paso de Donald J. Trump por la presidencia de Estados Unidos (2017-2021). Empero, hay algunos elementos que justifican esa apreciación: más allá de las dificultades que para la relación de ambos Estados supuso la pandemia de SARS-CoV-2 y de lo mucho que ésta obligó a ambas partes a replegar su política exterior, lo que parece ser incuestionable es que, a pesar de ser dos mandatarios inscritos en tradiciones políticas y tributarios de corpus ideológicos tan distintos y tan distantes entre sí (Trump ubicado en la extrema derecha; López Obrador, en la izquierda nacional-popular), el nacionalismo que uno y otro profesaban les hacía converger en la idea común de que a ambas naciones les iría mejor si ambos gobiernos se concentraba en atender primero sus agendas de política doméstica. Y fue ese ideario y esa apuesta programática nacionalistas, de hecho, lo que en última instancia condujo a que, ante el retroceso estadounidense, México pudiera aprovechar la oportunidad para fortalecer su propia política interior sin tener que lidiar con la resistencia de los intereses estadounidenses con presencia en territorio nacional. Es decir, desde el punto de vista del plan de gobierno de López Obrador, era el aislacionismotrumpista el que le estaba haciendo el favor de contener o de erradicar como un factor de oposición a sus políticas públicas la reacción que éstas pudiesen suscitar entre las corporaciones estadounidenses afectadas por ellas.
Piénsese, por ejemplo, en que una prioridad del gobierno de Trump, la repatriación de capitales para apuntalar la reindustrialización estadounidense, ofreció al primer gobierno mexicano de la Cuarta Transformación la oportunidad de sustituir viejas inversiones privadas gringas con capitales nacionales e, inclusive, con inversión pública; permitiendo a López Obrador apuntalar su agenda de fortalecimiento del Estado como agente rector de la actividad económica en el país y, de paso, también beneficiar económicamente a las élites empresariales mexicanas (la burguesía nacional), atenuando su rebeldía ante la política de redistribución de la riqueza emprendida por el obradorismo y calmando sus ansias de sabotear al gobierno federal en funciones por ser un auténtico desafío democrático. Las referencias cruzadas en las que uno y otro se referían a su contraparte como su amigo, un gran presidente, un hombre fuerte, de carácter o visionario, etc., lejos de ser la evidencia de que ambos personajes abrevaban de las mismas fuentes ideológicas, fueron la muestra de que lo que cada uno hacía para fortalecer a su Estado y a su economía en lo interno, el otro lo veía como una oportunidad de hacer avanzar su propia agenda.
¿Implican todas estas consideraciones, en consecuencia, que el segundo mandato de Trump (2025-2029) también será una oportunidad que pueda aprovechar el gobierno de Claudia Sheinbaum, en México, en lugar de suponer un riesgo de inestabilidad real y potencial? Aunque es muy pronto, aún, para adelantar cualquier tipo de pronóstico medianamente acertado, a estas alturas sí es posible, no obstante lo anterior, afirmar que las cosas no serán tan sencillas como parece que lo fueron para López Obrador. Y esto, fundamentalmente, por tres factores. A saber: en primer lugar, lo evidente: Donald Trump es un político y una persona sumamente sexista y el hecho de que Claudia Sheinbaum sea una mujer de con un liderazgo fuerte seguramente lo hará sentirse inseguro o, por lo menos, de vez en vez lo llevará a buscar formas de reafirmar su hombría y la superioridad natural que cree tener ante su homóloga cuando la presidenta mexicana no ceda dócilmente a sus exigencias (sobre todo porque las que resultan fundamentales para Trump son las que involucran a la relación bilateral con México y éstas, a su vez, sí suponen un riesgo de inestabilidad para este último país; empezando por la política de aranceles, el incumplimiento del Tratado de Libre Comercio y la militarización de la frontera). Claudia, a su vez, ante estas situaciones no podría darse el lujo de mostrarse débil y ni siquiera conciliadora, pues la reacción mexicana y sus amplias filas de opositores y opositoras harán de esos gestos su principal ariete para mostrarla como una mujer sumisa ante un macho bravucón.
En segunda instancia, algo que ya comienza a confirmarse es que en este segundo mandato, Trump se rodeó de personajes que, inclusive, lo rebasan a él mismo por la extrema derecha, lo cual no es poco decir. Perfiles como el de Elon Musk (ahora parte del Departamento de Eficiencia Gubernamental) y el de Marco Rubio —de confirmarse su nombramiento en el Departamento de Estado—, pero no sólo ellos, son indicativos de que, inclusive si Trump no llega a cumplir con todas sus amenazas y, en cambio, se comporta de nuevo como un presidente mucho más vociferante que actuante, mucho más ambiguo que preciso, la diplomacia mexicana no la tendrá fácil para lidiar con estos personajes que en distintas ocasiones han demostrado ser mucho más consecuentes y radicales que Trump en sus posicionamientos.
Habrá que ver, por supuesto, que tantos márgenes de maniobra gozarán y qué tanta incidencia directa tendrán en el trato bilateral con México (y multilateral con el resto de América), toda vez que, precisamente porque son hombres con su propia fortaleza política, el propio Trump podría sentirse opacado por su desempeño en los roles gubernamentales que les asigne. Sin embargo, al margen de eso, de lo que no queda duda es de que, por lo menos en este aspecto, el menor de los problemas que tendrá la política exterior de México hacia Estados Unidos es Trump. Y es que, dependiendo de los perfiles que al final encabecen carteras como el Departamento de Estado, el de Energía, el de Defensa y los servicios militares y de inteligencia, México podría verse ante un escenario en el que tendría que lidiar con varios frentes de tensión; sobre todo porque los nombres que hoy se barajan para asumir esas posiciones ven en la agenda soberanista de Sheinbaum una afrenta a los intereses nacionales de Estados Unidos.
Y ese es precisamente el tercer factor distinto: a pesar de que Sheinbaum y Trump comparten la matriz nacionalista que reguló las relaciones entre Trump y López Obrador, en este caso, ya no es tan claro que ese sólo factor sea capaz de hacer coincidir las agendas de gobierno de ambas administraciones. En el caso mexicano, además, mucho de esto tiene que ver con la visión de Estado que promueve Sheinbaum en materia de soberanía energética, alimentaria y de recursos naturales, pero también con el hecho de que, desde el sexenio de Andrés Manuel, México ha buscado en China a un socio con el cual pueda contrapesar las fluctuaciones de la economía estadounidense y, especialmente, su dependencia tecnológica. En este caso, por ello, no es sólo la disputa comercial con China por los carros que se exportan desde México hacia el coloso del Norte sino, sobre todo, la necesidad estadounidense de contener una mayor penetración de los desarrollos tecnológicos de punta en la economía mexicana.
Quizá a estos tres puntos habría que sumar, además, el que internamente la presidenta de México también tiene que lidiar con liderazgos al interior de la 4T que sólo esperan a las elecciones intermedias de 2027 para comprobar qué tanto desgaste ha sufrido su presidencia y, entonces sí, apostar por la conquista de mayores márgenes de autonomía política propia para ejercerla a lo largo de la segunda parte del sexenio, con miras, por supuesto, al relevo presidencial. Esa disputa interna, en particular, puede ofrecerle un ariete a la diplomacia estadounidense para comenzar a horadar la fortaleza de la presidenta de México desde distintos frentes. Y aunque Sheinbaum atinó a concentrar los tratos bilaterales con Estados Unidos en la Secretaría de Relaciones Exteriores, acotando las capacidades de la diplomacia estadounidense para sembrar en ellas enemistades potencialmente peligrosas para el gobierno en funciones, el paso del sexenio no asegura que esta estrategia se pueda sostener y mantener intacta. La disputa política interna, en México, la puede dinamitar según se reacomoden las correlaciones de fuerzas.
Por el momento, en consecuencia, no queda más que agradecer que la extrema derecha republicana que ejercerá el control gubernamental y la dirección estatal de Estados Unidos a lo largo de los siguientes cuatro años por lo menos es lo suficientemente cínica en la expresión de sus intenciones como para que en México se puedan tomar cartas en el asunto. Con los gobiernos de extracción demócrata, por lo contrario, ese siempre ha sido un problema: sus discursos políticos y diplomáticos son refinados, a menudo con un elevado grado de complejidad y elegancia intelectual. Sin embargo, casi siempre dicen expresan lo contrario de lo que en verdad se termina haciendo. Acá, plausiblemente, ese quizá no sea un problema (el tener que descifrar la corrección política y los eufemismos que tanto fascinan a los demócratas), aunque sí lo serán las muchas variantes de extrema derecha que confluirá en una misma administración. Habría que esperar que sean las disputas internas en el republicanismo las que hagan el trabajo sucio de depurar las determinaciones que se tomen en política exterior. Pero si el trumpismo logra fagocitarlas a todas por completo, entonces los escenarios serán otros y serán mucho menos sencillos de calibrar.
Ricardo Orozco. Internacionalista y posgrado en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Miembro del Grupo de Trabajo sobre Geopolítica, integración regional y sistema mundial del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. https://razonypolitica.org/
El narcotráfico es un fenómeno de dimensiones globales que afecta a todos los eslabones de la cadena: desde los productores en América Latina hasta los consumidores en Estados Unidos, el mayor mercado de drogas ilícitas en el mundo. Sin embargo, más allá de las narrativas oficiales que culpan principalmente a los países productores, se abre un debate sobre el papel crucial de los países consumidores y su responsabilidad en esta crisis global.
El consumo en Estados Unidos y su impacto internacional
Estados Unidos lidera el consumo mundial de drogas ilícitas, con cifras alarmantes, especialmente en el caso del fentanilo, un opioide sintético que causa más de 100,000 muertes anuales. Según expertos, la demanda sostenida de drogas en ese país alimenta la producción y el tráfico en América Latina, incentivando la violencia y la corrupción en regiones ya vulnerables. Este panorama revela la incapacidad de abordar el problema desde una perspectiva integral que incluya la prevención del consumo y una regulación efectiva del mercado de sustancias controladas【8】【9】.
La narrativa de culpabilidad hacia América Latina: Orígenes y consecuencias
La narrativa predominante que señala a América Latina como la principal responsable del narcotráfico tiene raíces profundas en el discurso político y mediático de las potencias consumidoras, principalmente Estados Unidos. Esta perspectiva simplista culpa a los países productores y de tránsito, omitiendo deliberadamente el impacto de la demanda sostenida y el consumo descontrolado en las naciones desarrolladas. Este marco narrativo ha justificado, a lo largo de las décadas, políticas intervencionistas y ha perpetuado un enfoque punitivo que no aborda las causas estructurales del problema.
El papel de Estados Unidos en la construcción de la narrativa
Desde los años 80, con la proclamada “guerra contra las drogas” por parte de la administración de Ronald Reagan, se ha reforzado la idea de que el narcotráfico es un problema que debe erradicarse desde las fuentes de producción. Este enfoque trasladó la responsabilidad hacia países como Colombia, Bolivia y México, mientras Estados Unidos continuaba siendo el principal mercado de consumo. A través de acuerdos como el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida, los gobiernos estadounidenses canalizaron millones de dólares en recursos militares y tecnológicos para combatir a los carteles en la región, sin atender la raíz de la demanda interna.
La demonización de América Latina también se alimenta de representaciones mediáticas que muestran a los productores y traficantes como los únicos responsables de la crisis. Series y películas populares perpetúan estereotipos sobre los países latinoamericanos como “cunas del crimen organizado”, ignorando la complicidad de actores estadounidenses en la cadena de suministro, incluidos bancos que lavan dinero del narcotráfico y empresas que fabrican precursores químicos necesarios para la producción de drogas sintéticas.
Consecuencias de esta narrativa
La culpabilización de América Latina ha tenido consecuencias devastadoras para la región. En México, por ejemplo, la militarización de la seguridad pública, bajo el pretexto de combatir a los carteles, ha contribuido a un aumento significativo de la violencia y las violaciones de derechos humanos. Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, México es uno de los países más violentos del mundo fuera de zonas de guerra, con un promedio de 30,000 homicidios anuales relacionados con el crimen organizado. La narrativa también ha exacerbado el estigma hacia las comunidades rurales, que a menudo son vistas como cómplices del narcotráfico debido a la pobreza que las obliga a participar en la economía ilícita【9】【10】.
Por otro lado, esta visión unidimensional impide reconocer el papel que juegan las instituciones financieras y políticas en los países desarrollados. Investigaciones han demostrado que grandes bancos internacionales, como HSBC, han sido acusados de lavar miles de millones de dólares provenientes del narcotráfico. Estos casos, aunque conocidos, rara vez generan el mismo nivel de indignación que las noticias sobre decomisos en México o Colombia, perpetuando una percepción distorsionada del problema.
Hacia una narrativa más equilibrada
Romper con esta narrativa de culpabilidad exclusiva hacia América Latina requiere un cambio en el enfoque internacional hacia el narcotráfico. Esto incluye reconocer la corresponsabilidad de los países consumidores y fomentar políticas integrales que aborden tanto la oferta como la demanda. Además, es crucial visibilizar el impacto del narcotráfico en las comunidades más afectadas, no solo desde la óptica de la criminalidad, sino también como un problema de desarrollo económico y justicia social.
En última instancia, el narcotráfico no puede combatirse desde una perspectiva punitiva y centrada en la militarización. Necesitamos una narrativa más honesta que reconozca la complejidad del problema y promueva la colaboración internacional en lugar de perpetuar estigmas y culpas unilaterales【9】【10】.
El tráfico de armas y la apatía estadounidense
El tráfico de armas de Estados Unidos hacia México representa una de las principales fuentes de violencia en territorio mexicano, con consecuencias devastadoras para la seguridad y la estabilidad social. Cada año, miles de armas cruzan la frontera de manera ilegal, alimentando a los cárteles del narcotráfico y facilitando la comisión de crímenes graves. Según un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos (GAO), entre el 70% y el 90% de las armas recuperadas en escenas del crimen en México tienen origen en Estados Unidos. Estas incluyen rifles de asalto y armas de alto calibre, cuya venta es poco regulada en algunos estados norteamericanos, permitiendo su adquisición en grandes cantidades【9】【10】.
A pesar de la evidente relación entre el flujo de armas y el aumento de la violencia en México, las acciones de Estados Unidos para frenar este tráfico han sido limitadas. Las leyes laxas en materia de venta y registro de armas, combinadas con la resistencia política de grupos como la Asociación Nacional del Rifle (NRA), dificultan la implementación de medidas más estrictas. Además, programas fallidos como “Rápido y Furioso”, que permitió la entrada intencionada de armas a México con el supuesto objetivo de rastrear a los traficantes, terminaron armando indirectamente a los cárteles y agravando la situación【9】.
Este desinterés contrasta con la presión que Estados Unidos ejerce sobre México para combatir el narcotráfico. Mientras se exige que México tome medidas drásticas para frenar el tráfico de drogas hacia el norte, las acciones para controlar el flujo de armas hacia el sur son insuficientes. Esta doble moral no solo subraya la falta de corresponsabilidad, sino que perpetúa un ciclo de violencia que afecta de manera desproporcionada a las comunidades mexicanas
Políticas en México: avances y desafíos
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha priorizado el combate a la producción y distribución de drogas sintéticas. En su mandato, se reportó la destrucción de más de 2,400 laboratorios clandestinos, con un impacto económico significativo en las finanzas del crimen organizado. A pesar de estos logros, el presidente ha subrayado la necesidad de que Estados Unidos asuma su responsabilidad en la lucha contra el narcotráfico, no solo desde el ámbito de la seguridad, sino también abordando la raíz del consumo desmedido entre su población【10】.
Un problema estructural: corrupción y complicidad
Otro aspecto esencial en este debate es la corrupción dentro de las instituciones gubernamentales, tanto en México como en Estados Unidos. Casos como el de Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública de México, evidencian cómo altos funcionarios han colaborado con el crimen organizado, minando los esfuerzos por contener el narcotráfico. García Luna fue condenado en Nueva York por su colaboración con el Cártel de Sinaloa, revelando la intersección entre el poder político y las redes criminales【9】.
Hacia una estrategia global
La crisis del narcotráfico no puede resolverse con estrategias unilaterales ni culpando exclusivamente a ciertos países. Como señalaron líderes de México y Colombia, es necesario que las naciones consumidoras participen activamente en las soluciones, incluyendo políticas de salud pública y prevención. Asimismo, debe fomentarse una colaboración internacional que priorice el desarrollo económico y social en las comunidades más afectadas por la violencia del narcotráfico【8】.
El narcotráfico no es un problema de un solo país o región; es un desafío global que exige una responsabilidad compartida. Si bien los países productores tienen un papel que desempeñar en la reducción de la oferta, el combate efectivo requiere acciones integrales que enfrenten tanto la corrupción como las causas del consumo en los mercados más grandes del mundo.
La Revolución Mexicana, catalogada por el gobierno morenista como la tercera transformación en la vida pública de nuestro país, marcó un antes y un después en la historia de México. Este movimiento revolucionario permitió la creación de la Constitución de 1917, un documento crucial que estableció las garantías individuales que, con el tiempo, se ampliarían y evolucionarían para convertirse en los derechos humanos tal como los conocemos hoy, con base en Artículo 1 de nuestra Constitución Política.
Las luchas y sacrificios de innumerables héroes anónimos, junto con los esfuerzos de figuras revolucionarias emblemáticas como Francisco I. Madero, Gustavo A. Madero, Emiliano Zapata, Francisco Villa y Venustiano Carranza, sentaron las bases de los preceptos constitucionales, los ideales nacionalistas y las instituciones que, hoy en día, siguen siendo pilares fundamentales de la vida pública en México.
Estos ideales y principios no solo promovieron la reforma agraria y la justicia social, sino que también impulsaron una visión de democracia y libertad que ha guiado a los movimientos sociales y políticos en México durante el último siglo. La demanda de “Tierra y Libertad”, enarbolada por Zapata, sigue resonando en las luchas campesinas y en la búsqueda de equidad en el campo mexicano.
Los principios e Ideales de la Revolución Mexicana siguen teniendo eco en la actualidad, como grandes referentes de las demandas sociales del pueblo mexicano, por ejemplo: Tierra y Libertad: Este lema, popularizado por Emiliano Zapata, encapsula la lucha por la reforma agraria y la redistribución de tierras a los campesinos, una demanda que sigue siendo relevante en la actualidad.
Justicia Social: La Revolución Mexicana fue una respuesta a la profunda desigualdad y explotación que sufrían las clases trabajadoras y campesinas. Este principio sigue siendo una guía para las políticas públicas en México.
Democracia: El deseo de poner fin a las dictaduras y establecer un gobierno representativo y democrático fue uno de los motores de la Revolución. Este ideal ha influido en la configuración del sistema político mexicano.
En cuanto al desarrollo de los Derechos Humanos en México, la influencia de la Revolución Mexicana en la Constitución de 1917 no solo estableció derechos laborales, agrarios y civiles, sino que también sentó las bases para el desarrollo de un marco jurídico que protege los derechos humanos. Las reformas y avances en este ámbito han sido cruciales para garantizar la justicia y la igualdad en la sociedad mexicana.
Desde la Revolución Mexicana hasta la Cuarta Transformación, México ha visto una continua lucha por los derechos humanos y la justicia social. Los ideales revolucionarios siguen siendo una fuente de inspiración y un pilar fundamental en la construcción de un México más justo y equitativo y aunque los gobiernos de la derecha capitalista han marcado el freno de las luchas sociales y han sometido a nuestro pueblo a la pobreza, la corrupción y la privatización de los bienes nacionales. La revolución mexicana ha impulsado grandes cambios sociales en nuestro país, pero lamentablemente también fue aprovechada en sus resultados por grupos de intereses ruines que se hicieron con el poder político para llenar sus bolsillos y mantener el control de nuestra nación y de su noble pueblo.
La Revolución Mexicana no solo transformó a México, sino que también inspiró movimientos sociales en todo el mundo. Fue un evento adelantado a su tiempo, que puso de manifiesto la importancia de luchar por la justicia, la democracia y la libertad. Su influencia se extendió más allá de nuestras fronteras, sirviendo de ejemplo para numerosos movimientos revolucionarios en diversas naciones.
Por ejemplo: La Revolución Mexicana sirvió como inspiración para una amplia variedad de movimientos sociales y revolucionarios en diversas naciones del mundo. Algunos ejemplos de estas naciones incluyen:
Rusia: La Revolución Mexicana antecedió a la Revolución Rusa de 1917. Los eventos en México demostraron que era posible derrocar un régimen autoritario y establecer un nuevo sistema basado en la justicia social y la redistribución de la tierra.
China: La Revolución China liderada por Mao Zedong en 1949 también tuvo resonancias con las luchas campesinas y la reforma agraria promovida por la Revolución Mexicana.
Cuba: La Revolución Cubana de 1959, liderada por Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara, encontró inspiración en los principios de justicia social y resistencia contra la opresión que caracterizaron la Revolución Mexicana.
Vietnam: Durante la lucha por la independencia y posteriormente en la Guerra de Vietnam, el liderazgo de Ho Chi Minh se inspiró en movimientos de resistencia y justicia social similares a los de la Revolución Mexicana.
Otros países de América Latina: La Revolución Mexicana inspiró movimientos en países como Nicaragua (con la Revolución Sandinista), El Salvador y Guatemala, donde los campesinos y trabajadores lucharon por derechos y justicia social.
La influencia de la Revolución Mexicana es un recordatorio poderoso de cómo un movimiento por la justicia y la libertad puede resonar a nivel global, fomentando cambios en diversas sociedades y contextos históricos.
El anti-lopezobradorismo es un movimiento amplio y con gran poder, conformado a la par del ascenso del liderazgo político de izquierda de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
Poco a poco el rechazo a su figura se ha vuelto en la parte constitutiva de la identidad de la derecha neoliberal en México. El arsenal y recursos del anti-lopezobradorismo son amplios, uno de ellos, son las mentiras.
Mentir como estrategia política es parte de las prácticas recurrentes de la derecha cuando es confrontada y cuando se le resiste. Este arsenal de mentiras tiene como blanco la izquierda en todas sus formas, ya que de lo que se trata es de desacreditar las opciones de cambio. La mentira como parte del discurso político, no tiene que ver con errores de apreciación o equivocaciones, son parte de una estrategia planificada, son campañas financiadas con el fin de denostar, deslegitimar y preparar el terreno de la represión.
Andrés Manuel López Obrador ha sido con mucho el político más atacada por medio de campañas sucias y del uso de la mentira como estrategia política, son ya cuarenta años y contando. Intelectuales, comentaristas, periodistas y políticos se han encargado de crear y difundir mentiras en su contra, con el fin de descarrilar su liderazgo y evitar que pudiera llegar a la presidencia. Claro está que no es un asunto personal en contra de AMLO, sino un asunto político contra el proyecto de trasformación que él representa.
El gran mérito de Héctor Alejandro Quintanar y su libro “Un peligro para México y otros cuentos” es compilar y analizar las mentiras más importantes que se han dicho sobre Andrés Manuel López Obrador a lo largo de su trayectoria política. Por sus mentiras los conoceréis, este libro permite acercarse a la derecha neoliberal mexicana y sus intelectuales orgánicos. Una derecha empantanada en sus odios y discursos cercanos a la guerra fría, víctima de los fantasmas que ellos se han empeñados en crear.
La mentira es un arma peligrosa, con base en mentiras se han legitimado guerras, se ha encarcelado y reprimido. Con mentiras se han impuesto gobiernos y saqueado a los pueblos. La mentira oculta las verdaderas intenciones, la mentira no se va con la democracia. Como un caza-mentiras profesional y con un equipo de erudición y memoria notable, Héctor Alejandro Quintanar, presenta las mentiras contra AMLO, las destroza con un análisis fino y señala la falta de escrúpulos de importantes personajes de la vida pública mexicana.
El libro logra presentar una visión panorámica de la trayectoria de AMLO y al mismo tiempo mostrar el actuar de sus contrarios en las principales coyunturas políticas de las últimas décadas. “Un peligro para México y otros cuentos” abre caminos para seguir reflexionando sobre el actuar de la derecha política en México y en el mundo. Habrá que preguntarnos después de leer el libro de Héctor Alejandro Quintanar: ¿Por qué la derecha no puede decir la verdad? ¿Qué es lo que ocultan con sus mentiras?
Sirvan estas palabras como invitación para leer “Un peligro para México y otros cuentos” de Héctor Alejandro Quintanar.
“El conservadurismo del Poder Judicial tiene un repentino momento de lucidez y le pegan en la frente las verdades de Perogrullo. Se da cuenta lo que todos vemos, de tiempo atrás: que ni uno de ellos tiene cara para pedir apoyo de la gente. Se entera que no basta declararse en resistencia; que no es suficiente con que Norma Piña se pare en una marcha y levante el puño; que no se toman edificios públicos como lo hacen los huelguistas de verdad y ya, con eso se tiene la solidaridad de la gente. Las verdades de Perogrullo duelen de tan obvias. La derecha, que tiene en el Poder Judicial un bastión nada despreciable, entiende en apenas un verano por qué no se le quiere y trata de remendarlo con galletitas gratis”.
“Para el conservador, la igualdad entraña algo más que una redistribución de recursos, oportunidades y resultados, aunque eso también le desagrada. Lo que la igualdad significa en último término es la rotación en el poder”.
–Corey Robin. La mente reaccionaria
Una nota
Fue en un evento de otro membrete de la derecha, la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), en el Hotel Camino Real de Polanco, Ciudad de México. Estaba reunido, vía remota o con presencia física, el conservadurismo regional: Desde María Corina Machado y Edmundo González hasta Lourdes Mendoza, Martín Moreno y el magistrado Juan Pablo Gómez Fierro. Varios anfitriones, entre ellos la sobrina de Felipe Calderón, Mariana Gómez del Campo. Crucifijos bajo la ropa, hipocresía, ríos de tinte rubio y kilos de corrector facial (o como se llame); enviados del Partido Popular español, del Conservador de Colombia, de Acción Nacional y de varias de las gusaneras regadas por todo Latinoamérica.
(Las nuevas mascotas de Claudio X. González y Calderón, los experredistas que quieren regresar a los fondos públicos registrando otro partido, tuitearon el evento con alegría. No creo que los hayan invitado, por aquello de que dan vergüenza en la derecha tanto como en la izquierda).
Patricia Aguayo, quien ganó notoriedad como vocera de los trabajadores del Poder Judicial durante el paro que Norma Piña financió con dinero público, fue ponente en este evento de derechas. Allí habló de algunas razones por las que se les ve distante de los mexicanos y presentó ideas para ganarse el corazón que las mayorías que nunca acompañaron su lucha en defensa de los privilegios de sus jefes, magistrados, jueces y ministros.
“Esto me acaban de mandar”, dijo. “Sugiero acercarnos a la ciudadanía. Si podemos cambiar la percepción que ellos tengan de nosotros, si ven que nos acercamos y los ayudamos, estarán de nuestro lado. La gente real, la de los mercados; los que viven al día; esos que no leen los periódicos, a ellos hay que acercarnos. Montar un stand de asesoría jurídica gratuita; resolver sus dudas con un café y con galletitas gratis se pueden unir a nosotros, litigantes, y defensoría pública. Hacer una lotería jurídica con regalos para la gente; hacer música, ya tenemos compañeros que hacen música del movimiento; llevar bocinas y poner esas canciones para que las escuche la gente; hacer trípticos y explicárselos a la gente, con explicaciones muy sencillas; hacer una colecta para donar: recaudar ropa, cobijas, juguetes y llevarlos a las personas de menos recursos poniendo un letrero de donación y que tomen lo que necesiten y dándoles explicaciones de lo que está pasando en el país”.
Luego, en un punto de emoción profunda, la voz de Aguayo se quebró. “Tienen que ver que el Poder Judicial de la Federación los sirve, y es por amor a nuestro trabajo”, dijo. Vinieron los aplausos.
Y de esa manera, Patricia Aguayo enteraba a los asistentes que había entendido verdades del tamaño de una montaña; verdades de Perogrullo: que para un caldo de gallina se requiere al menos una gallina; que quizás una canción de protesta sirva a la protesta y que tal vez su movimiento no hubiera fracasado si antes escucha a la gente. Aunque el despertar de la señora Aguayo y de sus representados haya llegado un poco tarde porque la protesta ya fue y concluyó en una derrota épica; aunque la derrota se diera desde años antes y ridículamente no se hayan enterado.
Cualquiera podría recomendarle, humildemente, que si la idea es fingir que el Poder Judicial de la Federación le sirve a los ciudadanos lo mejor sería guardarse las galletitas y sugerir a sus patrones del Poder Judicial de la Federación que le sirva a los ciudadanos. Porque, además, ese es su mandato constitucional.
Cualquiera podría decirle que cuando se cumple un mandato y se sirve por vocación a la gente no hay necesidad de loterías ridículas o de stands todavía más ridículos de asesoría jurídica gratuita. Si le hubieran servido a la gente y no fueran tan corruptos podrían evitarse el repartos de ropa, cobijas y juguetes porque eso ya lo hace Santa en Navidad. Si hicieran su trabajo, por el que se les paga además, se ahorrarían sus molestas bocinas y sus canciones; las colectas e incluso ir a los mercados, donde un juez y sus achichincles podrían llevarse unos buenos tomatazos o hasta unas patadas de gente que no conoce de justicia y que entiende al Poder Judicial como un desfile de camionetas negras blindadas y último modelo en las que va gente arrogante, corrupta, vividora, buena para nada y administradora de todas las injusticias.
Verdades de Perogrullo. “Expresar lo evidente o lo comúnmente sabido”, dice el diccionario. El conservadurismo del Poder Judicial, el que se niega a que le muevan las plumas del nido, tiene un repentino momento de lucidez y le pegan en la frente las verdades de Perogrullo. Se da cuenta lo que todos vemos, de tiempo atrás: que ni uno de ellos tiene cara para pedir apoyo de la gente. La derecha se entera, de mala manera, que no basta declararse en resistencia; que no es suficiente con que Norma Piña se pare en una marcha y levante el puño; que no se toman edificios públicos como lo hacen los huelguistas de verdad y ya, con eso se tiene la solidaridad de la gente.
Las verdades de Perogrullo duelen de tan obvias. La derecha, que tiene en el Poder Judicial un bastión nada despreciable, entiende en apenas un verano por qué no se le quiere y trata de remendarlo con galletitas gratis.
Dos notas
Pobreza, desigualdad; cifras récord de adicciones y el promedio salarial más bajo del país. Violencia. León, como Guanajuato, representa lo que está mal y lo que, como sociedad, nos duele. Es otro bastión del conservadurismo mexicano y uno siente la obligación de preguntarse si la gente común, el guanajuatense de la calle, sabe que se le pone como “ejemplo de la resistencia”.
No se olvide nunca que esa entidad fue entregada sin elecciones al PAN para compensar su lealtad a Carlos Salinas de Gortari. Desde aquella concertacesión no gobierna otro partido. Y nunca debe olvidarse que es allí, en Guanajuato, donde la iglesia tiene más poder que en ninguna otra parte de la República. Los curas dominan la economía, la sociedad, el gobierno –de eso tengo varios datos– y no me extrañaría que se relacionaran directamente con los cárteles locales, ¿por qué no? Y al mismo tiempo, es allí, en esas tierras tomadas por maldiciones apocalípticas, donde el culto a la “Santa Muerte” tiene un crecimiento exponencial, según leo en el portal Zona Franca. Curioso.
Tampoco hay que confundirse. Es cierto que el panismo (y su versión más imbécil: el foxismo) parasita allí desde hace tres décadas, pero no hay que echarle toda la culpa por la actual decadencia de Guanajuato. Destaco también el papel que han jugado otros parásitos profesionales: los curas, por ejemplo; y una sociedad empresarial mezquina que se enriqueció al tiempo que se profundizaban las desigualdades.
Hay muchos estudios sobre la materia y hay datos suficientes para ubicar ese mismo comportamiento de las élites (política, religiosa, empresarial) en regiones igualmente depredadas en las últimas décadas y (por lo tanto) socialmente caóticas. El caso Ciudad Juarez es emblemático. Allí también floreció el PRIAN y un tipo de empresario prianista depredador, mezquino y socialmente irresponsable como Federico Barrio Terrazas (hermano de Francisco), Jaime Bermúdez Cuarón y otros de la misma calaña maquiladora.
La pregunta es: ¿por qué Chihuahua y Guanajuato sigue votando por el PRIAN?
Yo digo que son inercias generacionales. Es el hijo que siente orgullo por su padre, el vendedor de drogas del barrio. Es el parásito del Poder Judicial que invita a su suegro a parasitar junto a él en algún juzgado. Les parece bien y defienden su forma de vida, como un votante de Guanajuato o de Chihuahua defiende su decisión de votar por los que tienen hundido a su estado.
Son inercias ridículas que, sin embargo, se abandonan de golpe. Lo que vivió México en los últimos años es eso: la gente termina asqueada y ya no respeta ni su propia costumbre de votar por la derecha. Sobre todo si esa derecha hace todo por pelearse con la gente.
Tres notas
Lo que me queda claro es que el conservadurismo de derecha abrió la fuga de su propio tanque de oxígeno. (Piense en el PRIAN para que lo entienda mejor, aunque no me refiero exclusivamente al PRIAN).
Se plantó contra los derechos de los trabajadores, los indígenas y las mujeres; atacó el Estado de bienestar, la seguridad social y hasta la acción social. Se volvió (con ayuda de intelectuales y académicos de élite) un rabioso enemigo del nacionalismo y permitió que fluyeran el clasismo, el racismo y el machismo y cualquiera puede encontrar en la academia o el periodismo ensayos y tesis amplias contra el nacionalismo mexicano (sea revolucionario o no) pero batallará en hallar algo de esos mismos intelectuales y académicos encumbrados a favor de las comunidades indígenas, por ejemplo.
En bibliotecas y hemerotecas pueden encontrarse ríos de burlas y descalificaciones contra los que se atrevieron a defender el movimiento obrero o condenaron el uso de la fuerza del Estado contra los movimientos sociales durante el neoliberalismo, y los autores de esas burlas, al mismo tiempo, le negaron unas líneas a la segregación racial, al despojo de las comunidades indígenas o al clasismo imperante en la sociedad mexicana.
Pues ese discurso antipopular tuvo consecuencias. Como dije: el conservadurismo abrió más y más la fuga en el tanque de oxígeno. La asfixia, para una fuerza en ejercicio del poder, es perder a las mayorías. Las perdió. Lleva años asfixiándose. Pero el causante de tal debacle no es sólo el personaje bobo de Marko Cortés o su antinacionalismo caduco, rancio y agotado. Son todos los líderes de derechas que vinieron antes que él. Es cierto que la evidente falta de inteligencia de Cortés aceleró el derrumbe de la derecha y también es cierto que se antoja mucho concentrar en él las críticas porque es una delicia hasta para los caricaturistas, pero no es sólo él, Marko, quien debe cargar la culpa. La derecha, toda, debe buscar raíces de su fracaso si es que quiere ir más allá de las galletitas gratis para recuperar al electorado.
Ahora el PAN se llama a sí mismo “la resistencia”. Resistencia la de los franceses, los comités de liberación italianos o los partisanos yugoslavos, soviéticos o polacos contra los nazis en la II Guerra Mundial. Resistencia la de México durante todo el siglo XIX a las tentaciones de las potencias extranjeras, o la de los mexicanos y chicanos ante el racismo y la explotación de los granjeros estadounidenses. Hay muchos ejemplos de resistencia en la Historia y todos tienen la dignidad como combustible. Ninguna resistencia que conozca se asemeja a “la resistencia” que vende el PAN, que sabe a justificación.
En todo caso es resistencia a reconocer que la corrupción, el abuso y la falta humildad hundieron al PAN y al conservadurismo en su conjunto. Es resistencia a entender que la gente celebra su derrota porque tiene más claro que nunca quién es su enemigo, qué es la derecha. Y la derecha es ese poder pedante y explotador que venera la injusticia y se aprovecha de la desigualdad; que usa la pobreza para conquistar y al mismo tiempo llora porque, dice, es una pobre e inocente víctima.
Se terminó el primer gobierno de la 4T con AMLO como máximo líder y la oposición en México nunca logro entender, cómo a pesar del apoyo de la derecha internacional principalmente de EU y España, de la oligarquía nacional, de la clase media aspiracionista de México, de la Banca, de la alta jerarquía de la Iglesia, de los subsidios ilegales del Dpto. de Estado de EU a varias de sus organizaciones (Mexicanos contra la corrupción y la impunidad, Inmobiliaria Coapa, Consorcio Metropolitano, etc.), de la guerra judicial que freno 30 reformas, cientos de amparos para impedir la realización de las grandes obras del Obradorismo (El Tren Maya, La Refinería 2 Bocas, la construcción de 2 Aeropuertos el Felipe Ángeles y el de Tulum y etc….) de la guerra sucia mediática y sus boots, a través de la cual difamaron, tergiversaron y mintieron absolutamente en todo, como el periodista norteamericano Tim Golden (2 veces premiado con el premio Pulitzer), que publicó en el portal norteamericano ProPublica donde difundieron durante 6 semanas antes de la elección presidencial del 2024 la falsa noticia “AMLO narco presidente” sin presentar ninguna prueba que la sustentara, retuiteada 31 millones de veces (replicándose en todos los medios de México, EU y España). Sin embargo a pesar de todo eso, nada les funcionó, porque ya la sociedad mexicana está muy politizada y los medios tradicionales ya sólo impactan en el 20% de la población nacional (La Mentira. Fabrizio Mejía M. Sin Embargo. 17 enero 2024).
Hagamos un poco de historia. En julio de 2018 los grandes poderes económicos, políticos y fácticos se llevaron una desagradable sorpresa, perdieron la elección y llegó al poder un movimiento que venía de mucho tiempo atrás, de las grandes luchas por la demanda de los derechos de los trabajadores: ferrocarrileros (1959), trabajadores de la salud (1964-1965), maestros (1958), estudiantes 1968, 1971, 1986, 1999, fraudes electorales 1988, 2006, 2012) y su ola poderosa de millones de ciudadanos cansados de los abusos de los poderosos arrasó, al último gobierno neoliberal, cerrando así su ciclo siniestro de 36 años en el poder. Con AMLO a la cabeza se produjo una revolución sin violencia, durante su sexenio, se separo al poder económico del poder político, se instauro un gobierno democrático de bienestar, justicia social para las mayorías y el gobierno se sujetó al mandato del pueblo, logrando una gran trasformación en la vida de las personas y cambiando el rumbo histórico del país. El pueblo sabe, que todo lo dicho por la derecha en el pasado era mentira y que lo que dicen hoy nada es verdad. Los conocen bien, saben quiénes son, AMLO los orilló a salir y decir lo que piensan y lo que sienten por el pueblo, un gran desprecio. A través de la historia han aprendido, que en los momentos más difíciles de nuestra patria (las anteriores 3 Trasformaciones de nuestra patria: La Independencia, La Reforma y La Revolución), el pueblo es el que siempre ha salido a defender a la nación, la derecha por el contrario, siempre se han aliado con los invasores, traicionando a México y a sus pueblos. En este sexenio el pueblo de México recuperó el orgullo y la dignidad de ser mexicanos, saben que son herederos de un pasado glorioso por nuestras culturas prehispánicas y de una historia excepcional y fecunda. Este sexenio ha demostró que sólo los pueblos con conciencia pueden detener a la derecha, a pesar de enfrentarse a un enemigo muy poderoso. Actualmente el Pueblo de México está politizado, informado, democratizado y sabe perfectamente que El pueblo solo puede salvar al pueblo. (Toledo, Víctor M. La 4T: ¿ejemplo de México en el mundo? La Jornada. 16 julio 2024).
El gobierno de López Obrador se caracterizó por proteger a los más pobres, los indígenas, los vulnerables, los excluidos, demostrando con hechos contundentes, su gran amor al pueblo, a través de todos los programas del Bienestar, muchos de ellos elevados a rangos constitucionales como derechos (apoyos para: adultos mayores, discapacitados, madres solteras, jóvenes construyendo el futuro, becas a estudiantes pobres de todos los niveles, apoyos a todos los estudiantes de escuelas públicas del nivel medio superior, en zonas rurales se crearon 202 universidades del Bienestar Benito Juárez y ya han egresado 7,755 estudiantes, un logro importante fue reducir considerablemente la deserción escolar. Todos los pueblos indígenas y comunidades afroamericanas son los primeros en recibir los apoyos del gobierno, a los pueblos Maya y Yaqui el gobierno les pide perdón por todos los agravios cometidos en contra de ellos por parte de gobiernos pasados y les devuelve tierras y agua que les habían robado. Para los trabajadores del campo se creó el programa Sembrando Vida, pagando a pequeños ejidatarios 5 mil pesos mensuales, precios de garantía para sus productos, semillas y fertilizantes gratuitos, el objetivo fue recuperar el campo y restituir el tejido social perdido. En todos estos programas se invirtieron 19.3 billones de pesos que benefició a 30 de 35 millones de familias, que contaron con al menos un apoyo. Nunca un gobierno había dado tanto a los más pobres, en tan poco tiempo. A los trabajadores asalariados del 2018-2024 el salario mínimo aumentó 182% (de 88.36 en 2018 a 248.93 en el 2024) y al doble en la frontera norte con EU. Se canceló la subcontratación o Outsorsing y se rebajaron las comisiones de los bancos en las cuentas de las Afores. La OCDE informa que México es el segundo país en el mundo con menos desempleo, 2.7 de la fuerza laboral (Becerra, Jessika. En 6 años dejan…La Jornada. 5 de septiembre 2024).
Durante el gobierno de la 4T se realizaron casi 500 obras a pesar de: 2 años de parálisis mundial de la economía por la pandemia del covid-19, la desastrosa situación en que los neoliberales dejaron a nuestro país, la peor sequía en el 80% del territorio nacional, el peor huracán (Otis categoría 5) que tocó tierras mexicanas en Acapulco destruyendo casi la totalidad de la zona hotelera y 250 mil viviendas afectadas, hoy todo rehabilitado por el gobierno. Ésta obra titánica fue posible, porque López Obrador es un estadista y un líder fuera de serie. Inició su carrera política en 1977 con los indígenas Chontales de Tabasco y su éxodo por la democracia, es el primer político latinoamericano al que se le aplica la Guerra Jurídica (LawFare) cuando fue Jefe de gobierno de la Ciudad de México, encarcelándolo en abril del 2005 para impedirle su participación en las elecciones presidenciales del 2006. Sin embargo el pueblo lo libera. En 3 ocasiones le robaron las elecciones: 1995 la gubernatura de Tabasco, 2006 y 2012 la presidencia de la república. El 2 de octubre del 2011 integra a varias organizaciones de izquierda en una asociación civil llamándola Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), posteriormente el 9 de julio del 2014 el INE le otorga el registro como partido político nacional con el que gana la presidencia en 2 ocasiones, AMLO en 2018 y Claudia Scheinbaun en el 2024. En su discurso de toma de posición como presidente de la República anuncia que en el país durante su gobierno se pondrán los cimientos de la Cuarta Transformación (4T) de la República, iniciándose un nuevo pacto social y de desarrollo para el país, en la cual el pueblo será el principal motor y protagonista de esta transformación y a él le correspondería ser el conductor de ese movimiento. Para darle al movimiento de la 4T una ubicación histórica, después de una marcha realizada el 27 de noviembre de 2022 el presidente López Obrador declaró que la 4T se basa en el “Humanismo Mexicano” con los valores éticos y morales de los procesos revolucionarios de nuestro país. Aunque son muchos los aportes y obras de AMLO mencionaré sólo algunos de ellos.
El primer aporte innovador de este gobierno es que: Su postura anti neoliberal la edifica a partir de la historia del país y de sus principales personajes: Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero, Zapata, Villa y el presidente Lázaro Cárdenas. La riqueza de su pensamiento plasmada en sus 20 libros, escritos y publicados entre 1986 y 2024 rompen con la geometría convencional de izquierda y derecha, siendo difícil su clasificación. Sus decisiones y acciones de gobierno tienen como referentes, sucesos del pasado, con lo cual obtiene en primer lugar, que los mexicanos consoliden su orgullo nacional en nuestras antiguas culturas prehispánicas y los grandes héroes, en segundo lugar, el gobierno norteamericano ante esta declaratoria, se vio impedido de acusar al gobierno de México de comunista o socialista.
Segundo aporte: “Las Mañaneras” foro de comunicación directa con el pueblo, en donde se ejerció por primera vez, la libertad de expresión, espacio que le permitió al presidente desmentir en corto tiempo las grandes mentiras de la derecha, imponer la agenda política, informar al pueblo de todas las acciones de gobierno, el avance de los programas y la denuncia ciudadana, este ejercicio aceleró la concientización política y cultural logrando en poco tiempo la revolución de las conciencias. Las Mañaneras se convirtieron en una gran escuela de información, de identidad, y de cohesión, realizándose poco más de 1mil 500 en el sexenio.
Tercer aporte: Colocar a la Economía Moral como la política económica de la 4T y que por sus principios éticos y morales inicia una lucha frontal contra la corrupción, el gasto suntuario de los funcionarios públicos y la evasión fiscal (la recaudación de impuestos aumentó 120.2 % en relación al sexenio anterior, porque hoy los grandes contribuyentes pagan impuestos), estás medidas le permitieron recuperar importantes cantidades de dinero para destinarlo a los programas sociales y la realización de las grandes obras del sexenio, siendo innecesario aumentar impuestos o solicitar préstamos durante su sexenio. Cuarto aporte: El presidente Andrés Manuel López Obrador sabiendo la importancia de tener medios de comunicación que enfrenten a las grandes agencias de comunicación neoliberales, propuso e inauguró el Primer Encuentro Continental de Comunicadores Independientes,realizado el 29 y 30 de agosto del 2024 con el propósito de promover la libertad de prensa, crear una nueva red de medios alternativos para contrarrestar con su trabajo veraz, al falso periodismo mercenario manipulador que prevalece en todo el mundo. Asistieron 300 periodistas de México, Estados Unidos, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Argentina, Perú y España. AMLO es el único presidente de izquierda en el mundo que logró vencer al 80% de los medios de comunicación convencionales opositores a su gobierno. AMLO ha manejo de una manera genial la política nacional e internacional, con una convicción inquebrantable de sus principios ideológicos y con una visión única del juego político. Quinto aporte: La construcción del corredor interoceánico del Itsmo de Tehuantepec (alternativa al Canal de Panamá), así como la recuperación de la Soberanía energética (CFE, PEMEX), hospitalaria, ferrocarrilera, aduanal, aeroportuaria, minera, carcelaria, etc. (en proceso), perdidos en el periodo neoliberal. Sus grandes críticos de derecha e izquierda no le dan ningún acierto a su gestión, aunque fue mucho lo logrado, falta mucho por hacer, no entienden que este primer piso fue para poner los cimientos de este gran movimiento impulsado por el pueblo, que el segundo piso permitirá consolidar muchos de los programas y que nacerán otros, son ingenuos o mienten al pensar que la 4T resolvería todas las carencias en un sexenio, para que sea realmente notorio tendrán que pasar poco más de 20 años. Ni unos ni otros reconocen, que lo que se inició con la 4T en el 2018, fue “la construcción de un Estado humanista que lucha día a día para que cada persona tenga el derecho a tener una cuna para nacer, un pupitre para estudiar, una mesa para comer, un puesto para trabajar, un techo para habitar, un consultorio para curarse, una cama para dormir y para amar y una tumba para descansar” (Miguel, Pedro. El hombre que me arruinó la vida. La Jornada. 27 septiembre 2024). El Banco Mundial reconoce que durante el sexenio de AMLO, la pobreza en México disminuyó en 9.5 millones de personas y la desigualdad entre ricos y pobres disminuyó 18%, cumpliendo así con hechos, su lema de campaña “Por el bien de Todos primero los pobres” (Expansión. AMLO: el sello que dejara su sexenio…@expansionmx. 29 sep. 2024).
Sin duda, el gobierno del presidente López Obrador cierra con broche de oro el último tramo de su gestión, además de sentar las bases de la revolución de las conciencias, construir obra pública sin par y alcanzar bienestar social con estabilidad política y económica. Gracias a su extraordinario trabajo como presidente de la república logra la victoria de Claudia Sheinbaum Pardo (líder estudiantil, académica, científica y política de izquierda) el 2 de julio para sucederlo en la presidencia de la república, ganando de una forma contundente con 30 puntos de diferencia del segundo lugar (59.35% del total) con una derrota contundente de la derecha. La presidenta electa será la primera mujer en ocupar el máximo cargo, después de 200 años de ser república independiente y la responsable de continuar con el segundo piso de la 4 Trasformación. Gracias a la grandiosa votación reciba en la pasada contienda, se logra que a pocos días de terminar su mandato sean aprobadas 2 importantes Reformas Constitucionales, el Reconocimiento a las Culturas Indígenas para otorgarles el derecho de ser sujetos de derecho, personalidad jurídica y patrimonio. Y su reforma más insigne, la Reforma del Poder Judicial, con ella el pueblo logra obtener el último poder que poseía la oposición (el ejecutivo, el legislativo y el judicial son los máximos poderes de la república), gracias a esto, se podrá elegir a través del voto popular a jueces, magistrados y ministros, rescatandola justicia que estaba privatizada, secuestrada por los grandes intereses trasnacionales y la oligarquía nacional que operaron permanentemente día y noche en contra la democracia.
Al término de su mandato, AMLO será recordado entre muchas otras cosas por haber recorrido 4 veces a ras de tierra, todos los municipios del país (3 como candidato y 1 como presidente). Durante su presidencia trabajó sin descanso de 12 a 14 horas diarias, para dejar lo más avanzado posible, el proyecto de la 4T. Hoy gracias a él, México es más justo, soberano y libre. El 15 de septiembre en el último grito de Independencia del presidente AMLO, con el Zócalo lleno, lágrimas en los ojos, gritos de “No te vayas, no te vayas” y “es un honor estar con Obrador”, millones de personas le dijeron adiós. El pueblo de México, le dio las gracias por haber dedicado la mayor parte de su vida (casi 50 años) a luchar incansablemente por la transformación del país, inspirado en su gran amor al pueblo, a la nación, la democracia, la justicia, la libertad y la igualdad para todos los mexicanos (Adiós AMLO. Aunque usted no lo vea. Capital 21. 30 sep.2024).
Al término de su mandato se retira de la política y se dedicará a escribir e investigar sobre la grandeza Cultural de México, demostrando que no le tiene apego, ni al poder, ni al dinero. Esto demuestra porqué AMLO, es actualmente en el mundo, el líder político más aprobado y querido por su pueblo. Andrés Manuel López Obrador terminará su sexenio con el 80% de aprobación de los ciudadanos del país, esto dicho por Gallup Inc. empresa encuestadora reconocida mundialmente en mediciones de opinión pública, análisis y asesoría mundial con sede en Washington D. C. fundada por George Gallup en 1935. (Villegas, Lizeth. Presidente AMLO termina su mandato con niveles récord de aprobación… Sinlinea.mx.com. 31 mayo 2024).
Posdata.
Los mexicanos vivieron un sexenio espectacular, en una guerra sin cuartel entre la derecha y la izquierda cada día del sexenio, México se convirtió en el campo de batalla de ambas visiones del mundo, los mexicanos no se perdieron ni un solo minuto de todo lo que se vivió durante éste sexenio. Queda a los investigadores, estudiar sobre el movimiento pacífico de izquierda más exitoso e importante del mundo de los últimos tiempos, en un mundo convulsionado por el fascismo y la guerra en diferentes partes del mundo. La lucha y la esperanza continúa con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Los BRICS revelan que la guerra comercial es también una guerra de clase.
La reciente cumbre de los BRICS en Kazán dejó decepcionados a quienes esperaban una señal clara de desdolarización. A pesar de las iniciativas y las reuniones estratégicas, el bloque aún no parece dispuesto a desafiar de manera frontal la hegemonía del dólar. Esto no debería sorprender, la idea de que los BRICS avanzaran hacia una desdolarización inmediata resulta poco realista, al menos a corto plazo, tal como argumentamos en nuestro artículo de septiembre, ¿La desdolarización es sólo cuestión de tiempo?
La cuestión de fondo gira en torno a si a China le conviene realmente abandonar el sistema dominado por el dólar. La respuesta parece ser negativa, al menos por ahora. En 2023, China registró un superávit comercial de 814 mil millones de dólares, centrado en bienes intermedios de exportación, que sostienen a más de 120 millones de trabajadores. Si China no logra redirigir su excedente de exportaciones –dado que ningún otro país tiene la capacidad de consumo de Estados Unidos–, ni puede absorber estos bienes en su mercado interno, ¿Cómo mantendría esos millones de empleos en caso de que el dólar perdiera su hegemonía? Es poco probable, entonces, que China lidere una ofensiva contra el dólar en el corto plazo.
De todos los indicadores en que los BRICS han sobrepasado al G7, el sector financiero es el mayor talón de Aquiles, aunque tiene una explicación simple. El acuerdo que propusieron las elites americanas a las chinas en las relaciones económicas y comerciales tiene, según el economista Yanis Varoufakis, al menos, un punto oscuro. Desde el shock de Nixon en 1971, cuando el dólar dejó de estar respaldado por el oro, Estados Unidos ha utilizado su moneda para reciclar los excedentes de países exportadores como Japón y, más tarde, China.
En este esquema, Estados Unidos trató a China como a un “Japón más grande”, en palabras de Varoufakis. Los productos japoneses, chinos y coreanos inundaron Walmart, y las ganancias resultantes permitieron a los capitalistas asiáticos invertir en dólares, bonos del Tesoro, propiedades y otros activos en Wall Street. Sin embargo, esta dinámica vino con un costo para la clase trabajadora: en Estados Unidos, la desindustrialización y el traslado de empleos a Asia deterioraron las zonas industriales del país, mientras que en China la rápida industrialización trajo consigo explotación laboral en sus centros urbanos, donde millones de campesinos emigraban en busca de salarios bajos y condiciones de trabajo precarias.
Esta situación refleja un mismo fenómeno, el reciclaje global de excedentes en el que el dólar desempeña un papel crucial. La dependencia de la demanda estadounidense de importaciones sigue siendo un motor fundamental para el crecimiento de muchas economías en el Sur Global. Aunque las exportaciones de China a Estados Unidos representan solo el 2,3% de su PIB, su dependencia de las reexportaciones a Estados Unidos ha aumentado considerablemente desde 2020.
Mientras que las exportaciones de China al Sur Global aumentaron más del doble, pasando de unos 60.000 millones de dólares al mes a 140.000 millones de dólares mensuales, las importaciones estadounidenses desde el Sur Global crecieron de unos 60.000 millones de dólares al mes a 100.000 millones de dólares mensuales durante los últimos cuatro años. Vietnam y México, los dos lugares favoritos para la reubicación de la producción de China en países que EEUU considera aliados o «amigos», en lugar de competidores como China.
Entre 2020 y 2023, las importaciones de México de productos chinos aumentaron de 323 mil millones de dólares a 476 mil millones de dólares, mientras que las importaciones de Vietnam aumentaron de 79 mil millones de dólares a 114 mil millones de dólares, lo que pone de relieve la creciente vía de transmisión del gigante asiático de exportaciones a estas economías, mientras EEUU pone aranceles a los productos chinos.
Por lo tanto, los superávits comerciales, como el de China o Alemania, convirtieran su exceso de producción — sus exportaciones netas— en rentas en Estados Unidos: bienes inmuebles, bonos del gobierno estadounidense o cualquier empresa que Washington les dejara adquirir. Sin el dólar como andamio del comercio global, países como China y Alemania no habrían podido acumular esa plusvalía colosal generada por sus trabajadores ni guardarla en activos seguros, como propiedades y bonos en EE.UU.
Por lo tanto, suponer que solo Estados Unidos defiende la hegemonía del dólar es una falacia. Si alguien intentara eliminar el dólar de su posición dominante, enfrentaría la resistencia de poderosos intereses: industriales alemanes, jeques saudíes, banqueros europeos y, en el corto plazo, las élites chinas.
En el libro “Las guerras comerciales son guerras de clases”, Michael Pettis y Matthew C. Klein exploran cómo el libre comercio ha beneficiado principalmente a los países más ricos y a los sectores de mayor poder adquisitivo, promoviendo un sistema económico desigual, como mostró el acuerdo entre élites.
Las guerras comerciales no son simplemente conflictos entre naciones por el dominio económico, sino que, en esencia, son conflictos entre clases sociales, donde las decisiones comerciales y políticas responden principalmente a los intereses de las élites económicas y políticas. El comercio y la economía global no son esferas neutrales, más bien, están moldeados por relaciones de poder y desigualdad que favorecen a ciertos grupos a expensas de otros. La hipótesis sugiere que, aunque se presenta como una estrategia de crecimiento y desarrollo, el libre comercio beneficia desproporcionadamente a los ricos y perjudica a los trabajadores y sectores de menores ingresos.
El sistema económico global protege principalmente los intereses de los países más poderosos y sus élites económicas, mientras que los trabajadores de todo el mundo sufren las consecuencias, como la pérdida de empleos y la caída de salarios. En este sentido, las guerras comerciales son manifestaciones de un conflicto más amplio y constante entre clases sociales, exacerbado por un sistema que protege el capital y desestima los derechos y el bienestar de la clase trabajadora.
Nadie niega que la forma natural de la evolución económica y financiera termina descartando o compartiendo el comercio con el dólar, pero como vimos, la biología no acompaña a los deseos. Además de sus estrategias monetarias, los BRICS están explorando nuevas formas de cooperación en áreas clave, como el comercio de cereales ideando una bolsa de cereales, demostrando que se están transformando en algo más que un mero “club” de países con ideas afines en una asociación que apunta a incorporar plataformas prácticas para promover los intereses económicos y el desarrollo.
Los países miembros del BRICS producen una cantidad considerable de cereales; las estimaciones de diversos agregadores de datos sobre producción de materias primas oscilan entre el 40% y el 54% de los suministros mundiales. Y como los nueve estados miembros del BRICS representan el 45% de la población mundial, constituyen una porción significativa del consumo mundial de granos, casi el 45%.
Establecer precios de granos “justos y predecibles”, así como proteger a los países participantes de la especulación de precios, la escasez artificial de alimentos, resguardar los mercados nacionales de cereales de las interferencias externas y facilitar el comercio de cereales en monedas nacionales, es un buen inicio para derivar en una bolsa de materias primas.
Más allá de las exageraciones, los BRICS ven el mundo como un “orden mundial justo” y un sistema global “más justo”, basado en el respeto mutuo, pero hay demasiadas interacciones entre la división de ambos mundos creada. Por ahora, aunque se quieran destruir, se necesitan más que su mutua desaparición.
En las últimas semanas, luego de que el segundo piso de la 4T lograra consolidarse con distintas reformas que privilegian la democracia y el bienestar de las y los ciudadanos, ha salido a relucir un adjetivo que se usa para describir a quienes buscan mantener sus privilegios, aunque no logren hilar ideas claras: “facho”. Así se les ha llamado, pero, ¿qué significa realmente este término?
“Facho” es un adjetivo derivado del fascismo, una ideología política autoritaria que surgió en Europa en la primera mitad del siglo XX, principalmente en Italia con Benito Mussolini y en Alemania con el nazismo de Adolf Hitler. El fascismo se caracteriza por su rechazo al liberalismo, al socialismo y, en general, a cualquier forma de pluralismo político. Para el fascismo, lo que piensan las mayorías no importa, porque se cree que solo las élites tienen la razón; como la historia nos ha mostrado, quienes se adhieren a esta ideología son capaces de agredir y hasta matar con tal de mantener sus privilegios.
En México, este fenómeno ha encontrado eco en ciertos sectores de la política y el poder. Algunos jueces del Poder Judicial, por ejemplo, se resisten a perder sus beneficios, incluso cuando esta postura afecta a miles de personas. El reciente paro en el Poder Judicial, promovida por un grupo que defiende privilegios, es una clara muestra de este conflicto de intereses. Esta postura, que en el fondo desprecia el bien común, parece tener como único objetivo proteger los intereses de una minoría.
Pero quizá la mejor expresión del fascismo en nuestra política se encuentra en personajes como Lilly Téllez y Alejandro Moreno. Ambos políticos han mostrado un desprecio evidente hacia quienes no comparten su visión y no dudan en agredir o descalificar a sus opositores. Esta semana, en el contexto de la reforma de supremacía constitucional, Moreno subió a la tribuna del Senado para intimidar al presidente de la Cámara, Gerardo Fernández Noroña, en un acto que muchos vieron como un intento de imponer su voluntad a través de la confrontación.
Este tipo de actitudes no se limita a episodios individuales, sino que refleja una ideología que rechaza el diálogo y busca imponerse por la fuerza. Lo más preocupante es que, tras este incidente, algunos voceros del conservadurismo y ahora también del fascismo mediático, difundieron las imágenes una y otra vez, elevando a Moreno a la categoría de “salvador de la patria”. Incluso le crearon una campaña de imagen, proyectándolo como una figura heroica cuando, en realidad, representa los mismos intereses que han mantenido al país en la desigualdad y la injusticia.
No podemos dejar de lado que el resurgimiento de estas actitudes fascistas es también un intento por frenar el avance de los cambios impulsados por la 4T. Los sectores que se sienten amenazados por las reformas buscan convencer a la ciudadanía de que sus intereses particulares son los intereses de todos, cuando en realidad solo responden a una minoría que se ha beneficiado históricamente del poder y los recursos públicos.
La estrategia es clara: mantener sus privilegios a toda costa, recurriendo a discursos de odio, miedo y polarización para desviar la atención del verdadero propósito de las reformas. Estos líderes han aprendido a manipular la opinión pública y a presentarse como víctimas de una supuesta tiranía, cuando, en realidad, buscan perpetuar un sistema injusto.
En tiempos de cambio, es fundamental que la ciudadanía se mantenga alerta y no caiga en la trampa de quienes defienden sus propios intereses disfrazándolos de “libertad” o “patriotismo”. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad más justa y equitativa, donde los privilegios de unos pocos no se impongan sobre los derechos de las mayorías.
El magnate Claudio X. González Guajardo no es el único junior en problemas por tantas derrotas acumuladas en tan poco tiempo por todas partes como jefe de la oposición —lo de menos es el calificativo de “tóxico” que le endilgó la presidenta Claudia Sheinbaum—, porque en su infortunio lo acompañan otros dos herederos de clanes cuyas fortunas acumuladas por las complicidades con el poder político y mediante la corrupción también los hermanan: Ricardo Salinas Pliego y Emilio Azcárraga Jean, los dueños de los emporios mediáticos Televisa y Televisión Azteca.
Este trío de juniors la está pasando mal por sus propias decisiones y, sobre todo, porque México cambió. El país ya no es el mismo de cuando ellos o sus oligarcas padres obtuvieron tantas concesiones del Estado dominado por el PRIAN, sobre todo con Carlos Salinas de Gortari, y ahora los tres están en quiebra económica, política y/o moral.
Por primera vez en la historia de Televisa, que nació formalmente en 1973 y antes fue Telesistema Mexicano, no será presidido por un miembro de la familia Azcárraga, debido a que el tercer Emilio de la dinastía tuvo que separarse de la presidencia del grupo para enfrentar en Estados Unidos la investigación por corrupción en la que está directamente involucrado junto con la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA).
El derrumbe del precio de las acciones de Televisa, casi a nivel basura, exhibe la decadencia de este poderoso emporio mediático que creció exponencialmente mediante los privile
gios otorgados por el Estado mexicano a cambio de una connivencia ampliamente documentada fincada en la manipulación, el ocultamiento y la mentira informativas.
Un ejemplo: Un mes antes de irse el priista Enrique Peña Nieto de la Presidencia de la República, en noviembre 2018, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) extendió 20 años las concesiones de Televisa y TV Azteca hasta el 2042, que les permiten seguir ganando dinero con la telebasura que producen en un entorno en el que cada vez menos personas prefieren sus productos.
La crisis del Grupo Televisa es también de Televisión Azteca, el segundo emporio mediático de México que preside Salinas Pliego, un junior que ha hecho crecer el Grupo Salinas y el Grupo Elektra con prácticas que hasta otros empresarios también sinvergüenzas abominan y por las que evitan asociarse con él.
Heredero del Grupo Elektra que nació para no pagar impuestos —como lo confesó en su libro de memorias el propio jefe del clan, Hugo Salinas Price—, y las concesiones de televisión que le dio Salinas de Gortari, Ricardo Salinas Pliego deberá pagar en semanas o meses por lo menos 35 mil millones de pesos, la mitad de su inmensa deuda con el fisco de México, lo que compromete la viabilidad de su emporio económico y mediático.
También Salinas Pliego deberá pagar los 400 millones de dólares, más intereses —más de 8 mil millones de pesos—, que pidió prestados en Estados Unidos en 2016 y que dejó de pagar en 2021, con el apoyo del Poder Judicial de México cuyo Estado ha sido demandado para que responda por ese adeudo. Bonita cosa: Todos los mexicanos debemos pagar lo que él no quiere.
Miembros de la misma oligarquía de México, Azcárraga Jean y Salinas Pliego tienen vasos comunicantes para la defensas de sus intereses económico con González Guajardo, quien se convirtió, desde 2020, en el jefe de la oposición partidaria, mediática, intelectual y académica de México al gobierno de Andrés Manuel López Obrador y ahora de Sheinbaum.
Aunque González Guajardo fue vicepresidente corporativo de Televisa y presidente de la Fundación Televisa a gracias a que su papá, Claudio X. González Guajardo, era accionista y miembro del consejo de administración, su relación con Salinas Pliego se ha estrechado políticamente, como lo manifestó expresamente con la adhesión que éste hizo de su diatriba con la Presidenta de México.
“¡No te dejes, Claudio!”, escribió Salinas Pliego en su cuenta de X, el viernes 25, luego de que el magnate que se dice filántropo y activista social rebatió el calificativo de “junior tóxico” que le endilgó Sheinbaum por llamarla autoritaria e inepta.
González Guajardo y Salinas Pliego tienen en común, además de ser hijos de papis millonarios, decirse filántropos. En realidad, han hecho de la caridad un negocio, con base en los multimillonarios recursos públicos y privados para defender intereses facciosos y de paso lavarse la cara.
González Guajardo ha fundado los negocios Unión de Empresarios para la Tecnología de la Educación (UNETE), México Primero, Despacho de Investigación y Litigio Estratégico, y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad para impulsar las agendas del sector empresarial, mientras que Salinas Pliego, con su Fundación Azteca, Festival de las Ideas y Atlas Network, propaga prácticamente la misma propaganda del primero.
Con Azcárraga más discreto, la convergencia política de los juniors Salinas Pliego y González Guajardo seguramente se intensificará ante el gobierno de México, como es muy claro con la reforma al Poder Judicial de la Federación que ha sido y es defensor de sus intereses económicos.
Las crisis de estos tres junior representan, en realidad, la decadencia del viejo régimen corrupto que se hace llamar “la resistencia”.