Lo más preciado que posee el ser humano es la vida. Se le otorga una sola vez y hay que saber vivirla de modo que al final de los días no se sienta pesar por los años vividos en vano, para que no exista una angustia por el tiempo perdido y para que al morir se pueda exclamar “toda mi vida y todas mis fuerzas han sido entregadas a la causa más noble de este mundo, la lucha por la liberación de la humanidad”. Nikolái Ostrovki.
Monterrey.- A 50 años del artero crimen nunca aclarado del camarada Raúl Ramos Zavala –como todos los que comete el ‘Estado’–, el domingo 6 de febrero le rendimos en la Ciudad de México un justo tributo, en reconocimiento a su lucha libertaria y con la convicción de que su sacrificio no fue en vano.
Como hemos aprendido en estos años de lucha, a los héroes y mártires del movimiento popular no se les sepulta, se les siembra en tierra fértil. Esa es la lección más grande aprendida para todas y todos quienes seguimos su ejemplo y mantenemos en alto sus banderas y sus principios.
A pesar de su corta trayectoria, su ideario por alcanzar una sociedad más libre, justa e igualitaria se mantiene vigente. Tanto los avances logrados en defensa de los derechos de las trabajadoras y de los trabajadores, como la beligerancia alcanzada por los actuales movimientos sociales, son posibles solamente porque en las décadas pasadas jóvenes visionarios y audaces, como Raúl, nos marcaron la senda de la liberación.
La Juventud Comunista (JC) liderada por Raúl en la década de los ‘60, fue un destacamento combativo y comprometido con la causa socialista y revolucionaria desde Monterrey, Nuevo León.
El estudio del marxismo en las Escuelas de Cuadros ‘Primero de Mayo’ y ‘Sábados Rojos’, cimentaron el activismo político-estudiantil, posicionando a la JC como la principal fuerza organizada, con una representatividad mayoritaria en las sociedades de alumnos de facultades y preparatorias de la Universidad. Al respecto, también es una gran lección que hereda nuestro compañero: estudiar para tener fortaleza política e ideológica.
Una agitada convulsión política-social caracterizó a esos años: la Guerra Fría entre Estados Unidos y Unión Soviética, la invasión norteamericana a Viet Nam, la invasión soviética a Checoslovaquia y las dictaduras militares en Argentina, Uruguay, Brasil, Chile y Perú, así como las movilizaciones estudiantiles en Europa, Estados Unidos y México en defensa de la paz y por las reivindicaciones democráticas.
Este escenario de confrontaciones se agudizó en nuestro país y después de las matanzas del 2 de octubre del ‘68 y del 10 de junio del ‘71, así como del recrudecimiento represivo y autoritario –la Guerra Sucia– contra las luchas por las libertades democráticas, Raúl, al igual que muchos militantes de izquierda, se plantearon el qué hacer y el cómo continuar con el proceso revolucionario en esas condiciones tan adversas.
Estas decisiones, tomadas con un elevado espíritu de compromiso, tuvieron un alto costo de asesinatos, desapariciones, torturas y cárcel, principalmente contra los grupos que radicalizaron sus acciones. Tal respuesta dejó en evidencia el carácter represivo y criminal que asume el sistema de gobierno en defensa de sus intereses de clase.
Pero también nos dejaron una herencia de compromiso militante y de coherencia entre la teoría y la práctica. Nos abrieron un camino de lucha, por el cual seguiremos hasta lograr que la justicia social, la equidad de género y la democracia popular se conviertan en victorias.
Antes de concluir quiero recordar un entorno muy especial que tuve el privilegio de compartir con Esthela, Raúl y Doña Mili, seres entrañables y excepcionales. Me refiero a la vida familiar de los Ramos Zavala en su casa, cuyos gratos momentos guardo con mucho amor, pese al terrible desenlace.
La “Madre”, como cariñosamente le llamaba Raúl a Doña Emilia, fue ejemplo de sencillez y valentía, que resistió estoicamente la tortura policiaca, tras ser ilegalmente detenida durante la persecución a Raúl. Dondequiera que se encuentren Doña Emilia, Esthela y Raúl, mi cariño y admiración por siempre.
Porque el color de la sangre no se olvida, evocando a los inmortales, concluyo diciendo: ¡Raúl Ramos Zavala es de los muertos que nunca mueren!
Creador de organizaciones campesinas, magisteriales y populares, Genaro Vázquez Rojas fue objetivo primordial de los instrumentos de persecución política del gobierno mexicano a través de sus órganos de inteligencia.
De sus movimientos por ciudades, poblados y rancherías a lo largo y ancho del estado de Guerrero, convocando a la explosión social para deshacerse de cacicazgos y gobiernos corruptos, dan cuenta puntual los expedientes de la Dirección Federal de Seguridad que yacen en el Archivo General de la Nación.
A partir de esos expedientes y de entrevistas a personajes de la época y estudiosos de las guerrillas mexicanas, TVUNAM y la Revista Proceso, reconstruyen en este programa la historia del maestro normalista que se volvió agitador, revolucionario, guerrillero y… leyenda.
(Nació en San Luis Acatlán, Guerrero, 10 de julio de 1930 – Morelia, Michoacán, 2 de febrero de 1972) fue un líder sindical del magisterio guerrerense que tras formar parte de la oposición política al gobierno de Guerrero, pasó a la clandestinidad y formó uno de los varios grupos armados que se desarrollaron en la Sierra Madre del Sur durante las décadas de 1960 y 1970.
Genaro Vázquez fue maestro normalista egresado de la Escuela Normal Superior, y formó parte de la disidencia magisterial que dominó las secciones del sindicato de profesores de México en Guerrero, Oaxaca, Chihuahua hacia la década de 1960. Durante el gobierno de Raúl Caballero Aburto en Guerrero, Vázquez fundó en 1959 la Asociación Cívica Guerrerense (ACG) y la Central Campesina Independiente (CCI), organizaciones políticas de oposición al oficialismo. Inmediatamente, Genaro Vázquez se puso a la cabeza de manifestaciones en repudio al gobernador, por lo que el 27 de abril de 1960 fue aprehendido en las cercanías de Teloloapan y liberado el 12 de mayo de ese mismo año. Luego de recuperar su libertad en junio de 1960 realizó una caravana a la ciudad de México, misma que fue recibida por Adolfo López Mateos.
En su entrevista culparon a Caballero Aburto de falta de garantías constitucionales en el estado; de despojo de tierra a los campesinos; de represión por parte de pistoleros y policía; de fraudes electorales en algunos municipios; y de robo en su favor y de algunos de sus familiares. Siendo todas estas acusaciones muy graves, pidieron la desaparición de poderes. Durante el Movimiento estudiantil-popular de 1960 en Chilpancingo fue detenido el 31 de octubre de 1960, acusado de injurias al gobernador y asociación delictuosa; fue liberado bajo fianza el 7 de noviembre de ese año. Por estas acciones fue preso en la Cárcel de Lecumberri (Ciudad de México).
Para el año de 1968, el 22 de abril, fue liberado en la ciudad de Iguala, Guerrero Salgado, “A sangre y fuego liberaron a su líder” en Los movimientos armados en México 1917 – 1994, t. II, p. 44, por un comando armado de la ACG, año en que pasó a la clandestinidad armada, para encabezar la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria.
La guerrilla de Genaro Vázquez fue combatida por el Ejército Mexicano, que primero penetró en la Costa Grande de Guerrero pretextando acciones sociales y luego emprendió una guerra de baja intensidad contra la insurgencia armada de Vázquez y Lucio Cabañas.
Al mismo tiempo, las autoridades mexicanas negaron la existencia de los grupos insurgentes, aunque posteriormente no les quedó otra alternativa que reconocer el problema. El 11 de noviembre de 1966, Genaro es detenido la policía de Guerrero, a las puertas de la Central Campesina Independiente, en la ciudad de México y conducido a Chilpancingo, capital de Guerrero.
Estuvo preso en la cárcel de Iguala, de donde es liberado por un comando armado, el 22 de abril de 1968, mientras era transportado por la policía para ser atendido en el centro de salud. Su grupo realizó diversos combates y secuestros, con rescate. Genaro era un hombre con una mayor preparación política e ideológica.
Un gran misterio rodea la muerte del entonces comandante Genaro Vázquez. En la madrugada del 2 de febrero de 1972, el auto en el que viajaba, acompañado del segundo al mando de la ACNR José Bracho Campos y otros tres militantes, se estrelló contra el alerón de un puente en la carretera México-Morelia. Según la versión oficial, murió en el Hospital Civil de Morelia por fractura en el cráneo debida a la contusión sufrida en el choque. Sin embargo, quienes viajaban con él aseguran que sus heridas no eran de gravedad y que lo más probable es que los soldados, al conocer su identidad, lo ultimaran ahí mismo o lo dejaran morir.
El 3 de febrero la noticia de su muerte era ya conocida en todo el país. Ese día, sus restos arribaron a San Luis Acatlán, el pueblo que lo vio nacer en 1931. Por la tarde, alrededor de 150 estudiantes marcharon por las calles de Chilpancingo lanzando vítores en su nombre. Fue sepultado el día 4 en su pueblo natal ante una concurrencia de más de 2,000 personas.
En la misma década de los setentas, el cantante y compositor mexicano Oscar Chávez grabó el corrido a Genaro Vázquez, el cual es una canción de protesta política y narrativa de su muerte. La letra de este corrido ha sido incluida en el libro “Corrido histórico mexicano” de Antonio Avitia Hernández. El cantautor José de Molina, en el álbum “Testimonios rebeldes” incluye la pista “Canto por Genaro Vázquez”. En la actualidad varios grupos guerrilleros recogen sus reivindicaciones y posturas políticas tales como el Comité Clandestino Revolucionario de los Pobres-Comando Justiciero 28 de Junio., Ejército Villista Revolucionario del Pueblo o el Ejército Popular Revolucionario.
El 2 de febrero del 2019 fue develada una escultura del guerrillero, durante la conmemoración del 47° aniversario realizado por el escultor jalisciense Alfredo López Casanova, recibido a través de Mario Saucedo Pérez, instalada en el centro de San Luis Acatlán, lugar de nacimiento de “El Comandante“, como es popularmente llamado en la región.
Desde noviembre de 1973 se había planteado en la Dirección Nacional de la LC23S, realizar Jornadas Nacionales de Agitación y Propaganda para convocar al pueblo de México a la insurrección y dar a conocer los ideales y principios de la lucha consistentes en hacer prevalecer la justicia, el socialismo, derrocar el gobierno de la burguesía e instaurar la dictadura del proletariado, un gobierno popular de los trabajadores y campesinos. Este mismo mes se llevó a cabo una gran movilización en la ciudad de Culiacán, Sinaloa como ensayo de una más amplia a realizarse el día 16 de enero de 1974.
En Culiacán, de inmediato empezamos los preparativos para cumplir con esta consigna de carácter nacional. Esta Jornada fue conocida como “El Asalto al Cielo”. En la reunión del Comité Militar de la LC23S, tres días antes de esta acción, definimos la Jornada, en ella se había informado que el número de guerrilleros que participarían podría llegar a 94, pero en el recuento final se contó solo con la participación de 64 elementos, la mayoría con un equipo armamentístico muy deficiente.
La orden del día fue empezar las movilizaciones a las seis de la mañana del 16 de enero y suspender acciones a las seis de la tarde, cuando todos tendrían que replegarse y resguardarse en lugares seguros previendo que la represión se daría con gran intensidad. Se inicio con acciones de lo más diversas: toma de camiones, mítines relámpagos, repartición de volantes, en el centro de la ciudad, en colonias, arriba de los autobuses urbanos, en las escuelas, principalmente las pertenecientes a la Universidad Autónoma de Sinaloa, en plazas públicas. Lo mismo se empezó a hacer en todo el valle de Culiacán, llegando hasta la costa y extendiéndose hasta Guamúchil y Guasave ubicadas a 100 y 140 kilómetros de Culiacán respectivamente. Cada coordinador asumiría la responsabilidad de tomar las decisiones pertinentes de acuerdo a las circunstancias particulares. Los activistas armados con pistolas de diferentes marcas y calibres, abastecidos con muy pocas municiones, suplían esta debilidad con entusiasmo y convicción inquebrantable de estar haciendo la Revolución.
Para medio día en el valle ya estaba la movilización en toda su intensidad. Se habían organizado y puesto en marcha tres columnas formadas por obreros y trabajadores de los múltiples campos agrícolas, cada una formada por aproximadamente diez mil personas. Esta jornada amenazaba convertirse en una verdadera insurrección campesina.
Las autoridades oficiales y sus fuerzas armadas fueron tomadas por sorpresa, totalmente desprevenidas. Desde el mediodía, cientos de paracaidistas fueron lanzados desde aeronaves Hércules DC3 cubriendo el cielo del Valle de Culiacán. Daba la impresión que esto era Vietnam. Una vez en tierra, los soldados organizaron sus contingentes. Sin embargo, para cuando el Ejército Federal estuvo listo para iniciar su ofensiva ya eran cerca de la seis de la tarde, la hora marcada para el repliegue, de tal manera que el Ejército no pudo encontrar a nadie, solo campesinos moviéndose de regreso a sus centros de trabajo.
Por otra parte, esta Primer Jornada coincidió con una huelga de trabajadores de la construcción quienes acudieron al llamado de la Liga, movilizándose, agitando y repartiendo volantes llamando a la insurrección. Por la tarde de ese día, los albañiles tomaron el acuerdo de marchar al Valle de Culiacán, para lo cual necesitarían armas. No faltó quien les informara que en la caseta de vigilancia de la Secretaría de Recursos Hidráulicos se tenían en resguardo varios rifles mosquetones calibre 7 mm. Estas instalaciones estaban ubicadas a un costado de la caseta de peaje del puente del Río Culiacán en la carretera Internacional. Hacia allá se dirigieron, realizaron el decomiso de armas y de paso se llevaron el dinero recaudado en la caseta de peaje, pero dado que las instrucciones originales eran replegarse a las seis de la tarde se les terminó el tiempo, por lo tanto, tomaron el acuerdo de regresar a sus campamentos sin ir al Valle.
Al siguiente día, todavía los aviones DC-3 estuvieron realizaron repetidos vuelos rasantes buscando a los guerrilleros que aún se encontraban en el Valle. Los activistas replegándose en ocasiones tenían que cruzar terrenos abiertos libres de cultivos donde no podían ocultarse. Hubo quienes se camuflaron tirándose al suelo de espaldas y cubriéndose con manojos de zacate que arrancaban imitando a las codornices y faisanes.
El recuento final aproximado fue de treinta mil personas movilizadas en tres grandes columnas, desplazándose por gran parte del Valle de Culiacán, la zona de Navolato, Altata, el Salado y otras comunidades. El objetivo no era entablar combate contra el ejército federal o las policías, al contrario, había que eludirlo para poder llevar a cabo la Jornada de Agitación y Propaganda. Acerca del número de bajas hay discrepancias, el gobierno dijo que fueron ocho guerrilleros abatidos y de las fuerzas armadas ningún caído o herido. Según los guerrilleros, el parte de ese día, fue un caído nuestro por arma de fuego y ningún herido ni detenido.
Una consecuencia de esta Jornada fue que, en el Valle de Culiacán y comunidades circunvecinas y en el mismo centro urbano se empezaron a realizar retenes por parte de las fuerzas armadas del gobierno: policías y ejército federal. Era un verdadero estado de sitio que duró varios días. También aumentó la represión, las detenciones arbitrarias, el hostigamiento y la persecución.
El día 15 subí a la sierra para encontrarme con el grupo guerrillero de la Liga que estaba operando en la región de Urique, Chihuahua. La noche del 16, desde lo más alto de la montaña con el grupo reunido escuchamos las noticias transmitidas por la radio de lo acontecido en esta Jornada. Por la altura en que nos encontrábamos se lograba captar en cualquier radiecito de transistores la señal de varias estaciones de radio, tales como la W de México, la EXT de Monterrey, una de ciudad Acuña y otra de ciudad Juárez. También se aprovechaba para escuchar la radionovela de Chucho el Roto.
No fue esta la única acción para cumplir con esta Primer Jornada Nacional, hubo otras también muy importantes en el noroeste, pero esa es otra historia relatada en mi Testimonio que se editará muy pronto.
Esta Jornada, que nos quede claro: fue acuerdo nacional: no nació en Culiacán; ahí se llevó a cabo la planeación y la organización de esta Jornada en la región, lo cual se discutió en el recién formado Comité Militar local. El responsable por el Buro Militar era Salvador Corral y estuvo presente y también quien escribe como responsable de las cuestiones militares en Sinaloa y Sonora y enlace con la guerrilla en la sierra (en los informes de la región, aparezco junto con el compañero Estanislao Hernández, también conocido como Manuel o Gerardo, como AA). No estuve presente el 16 debido a que el 15 tenía una cita con el comando de Urique, integrante del Comité político Militar Arturo Gamiz de la LC23S.
Nunca se pensó que esta Jornada seria el inicio del final de este gobierno, o que esta rebelión iba a triunfar este día: fue apenas un ensayo, una acción donde se probaron nuestras fuerzas y capacidades del movimiento revolucionario y su poder de convocatoria hacia las masas trabajadoras.
Textos tomados del Testimonio escrito de Juan Aguado Franco; Los Ríos Subterráneos o la Guerrilla sin Nombre, de próxima aparición.
Por Rosa María González Carranza y Tupac Amaro Gutiérrez Ortega – Desde mediados de diciembre esperábamos con mucho interés una reunión a la cual fuimos convocadas y convocados, por los representantes de nuestro colectivo Unitario de Jalisco, Enrique Velázquez Martin y Francisco Javier López Loza, sobre las acciones llevadas a cabo desde la conformación del Colectivo hasta la Instalación de “La Comisión de la Verdad” en la Ciudad de Chihuahua el 10 de diciembre pasado. Decir que independiente de esta reunión, ya habíamos tenido información a través de un chat en el que nos comunicamos con regularidad o por correo electrónico, así como por las redes sociales. Nuestra reunión fue en el populoso barrio de San Juan Bosco de esta ciudad de Guadalajara, en la casa que recuerda la lucha por los presos políticos y desaparecidos, allí precisamente sentimos la presencia de Don Luciano Rentería a través de sus paredes, sus muebles, sus plantas, esos espacios en donde nos inmortalizamos y donde las paredes hablan por sí solas de los recuerdos. Como puede verse acudimos un poco más de la mitad de quienes integramos el colectivo, lo que nos parece interesante ya que muchos están viviendo fuera de la ciudad sede, y desde luego que hicieron su esfuerzo por estar presentes, esperemos que la siguiente reunión se unan los demás.
Inicio por mencionar las emociones que se dieron al encontrarnos, había quienes teníamos hasta cuarenta y ocho años sin vernos, nuestras manos temblaron ligeramente al encontrarse y no sabíamos si abrazarnos o solo quedarnos con las ganas de hacerlo; algunos otros nos habíamos visto más seguido, pero todo era un gran acontecimiento, porque al menos durante los dos últimos años no nos habíamos comunicado. Hay quienes habíamos participado en algunos temas como la defensa del dinero público y el estado laico o fuimos de los que organizamos la marcha del fatídico 28 de mayo por las calles de Guadalajara, en fin en los últimos años hemos participado con algunos en diversos temas locales. Las emociones estaban tan a flor de piel que solamente faltaba un motivo para que nuestros ojos nos delataran, nuestras palabras salían entrecortadas.
A pesar de esto iniciamos aprobando el orden del día, y luego el compañero Enrique Velázquez tomó la palabra para dar información del camino recorrido desde que nos conformamos como colectivo, y de las gestiones para incorporarnos a la asamblea Nacional de Colectivos, desde donde se pudieron hacer algunas aportaciones al Decreto que permite el reconocimiento de las víctimas y que permitió nombrar La Comisión de la Verdad. Nos dijo que el camino no ha sido fácil desde este momento hasta la instalación de la Comisión de la Verdad en Chihuahua. Nos menciona a los cinco integrantes de la Comisión de la Verdad son: David de Jesús Fernández Dávalos, Abel Barrera Hernández, Aleida García Aguirre, Eugenia Alliert Montaño y Carlos Alonso Pérez Ricard. Nos habló de sus orígenes y trayectoria relacionada con su nombramiento para ser parte de esta Comisión.
En su intervención Francisco Javier López Loza, hizo referencia a la Reunión en la Ciudad de Chihuahua para la Instalación de la “Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de las Violaciones Graves a los Derechos Humanos cometidas de 1965 a 1990”; habló de lo importante del evento que fue presidido por el Presidente de la Republica Andrés Manuel López Obrador, Subsecretario de Derechos Humanos Población y Migración Alejandro Encinas Rodríguez, así como la Presidenta de La Comisión Nacional de los Derechos humanos Rosario Piedra Ibarra, Autoridades locales y otros integrantes del Gabinete del actual Gobierno de la República, además, Víctimas y familiares de Desaparecidos. Hizo mención entre lo más importante, de los mecanismos que se establecerán para el acceso a la Justicia y No repetición como son: Mecanismo de Esclarecimiento Histórico, Comité de Impulso a la Justicia, Programa Especial de Búsqueda de las Personas Desaparecidas, Programa Especial de Reparación y Compensación, y el Centro de la Memoria. Francisco nos habló de la importancia de valorar este esfuerzo y de tener confianza en que están puestas las bases para que encontremos la Justicia y Reconocimiento Histórico que hemos buscado.
Los compañeros Enrique y Francisco nos informan que derivado de este evento, se logró una reunión con la presidente de la CNDH Rosario Piedra Ibarra, con la cual establecieron compromisos para realizarse actividades de visitaduría en los lugares de origen de las víctimas. También se estableció una comunicación con Martha Yuridia Rodríguez Estrada de la CEAV, titular recién ratificada por el Senado. Concluimos que para trabajar en los compromisos adquiridos tenemos que hacer un esfuerzo de organización para unificarnos y trazar metas como colectivo.
Surge entre los participantes dudas que son aclaradas, Armado Rentería toma la palabra para decir que independiente de los recursos institucionales, es necesario que cada quién vaya escribiendo su propia narrativa sobre los hechos vividos, para lo cual, surge la idea de revisar una guía que tenemos para escribir y otra para la denuncia de los hechos, por lo que se reunirán en breve Tupac Amaru Gutiérrez Ortega y Enrique Velásquez Martín para arribar a una determinación, la cual será comunicada inmediatamente en el chat del CUJ. También hablamos de la necesidad de tener localizados los lugares de tortura y desde luego de las casas de seguridad que tuvimos. Se toma el acuerdo de nombrar una comisión encargada de revisar los documentos que nos sirvan para recabar datos y de acompañar a quienes lo deseen en la escritura de sus memorias, además esta comisión también tendrá la función de crear mecanismos de difusión de las actividades del colectivo y de realizar algunas actividades de logística y organización del colectivo, en comunicación directa con los representantes del colectivo Enrique Velázquez Martín y Francisco Javier López loza, los cuales son ratificados como nuestros representantes. Se nombra como integrantes de esta comisión a: Túpac Amaro Gutiérrez Ortega, Kyra Zaragoza Jiménez, Eduardo Cartagena López, Carlos Ramón Sepúlveda Luna, Leticia Pérez Rodríguez, Rosa María González Carranza, Luis Reus Núñez, Francisco Javier López Loza y Axel Uriel Pérez Hernández.
Cuando ya parecía que terminaba la reunión el compañero Francisco nos dijo a quienes conducíamos la mesa que hacía falta que cada quien se presentara, sentimos que eso tendría que ser al principio, pero si vimos que era muy necesario, ya que no todos nos conocíamos por la edad o por las condiciones de nuestra participación o de las zonas geográficas donde realizamos nuestra actividad. Iniciamos esta presentación pidiendo fuéramos breves y pues hubo quienes lo fueron, pero otros que ni siquiera podíamos interrumpir por la riqueza del contenido de sus palabras. Escuchamos algunos relatos muy breves de varios integrantes de una misma familia quienes se unieron al movimiento, ahora sí que desde la Madre, por invitación de su hijo; hubo quienes solo dijeron soy el hermano o el sobrino del “Tenebras” y con ello nos dimos cuenta de todo lo que implicó: Formé parte de los tres grupos que se fundaron en Jalisco: LC23S, FRAP, Unión del Pueblo y tuve oportunidad de conocer a militantes del movimiento en varios lugares del Pais…; Fui el padrino de “Fulgencio” y de “Camilo”, y supe de la manera de torturar de Nassar Haro…; Fui integrante del grupo de barrio en Santa Tere, militante del FER y luego el abogado designado para la defensa de la mayoría de los presos políticos…; estuve en la LC23S y participe en la etapa de la rectificación…; Fui fundador de las FRAP y estuve desde su inicio hasta su etapa concluyente…; Fui fundadora de la LC23S y llegué a tener varias comisiones a nivel nacional…; Soy Historiador y quiero estar con Ustedes para conocer el estado del conocimiento de este movimientos sociales…; Obtuve mi graduación en las Juventudes comunistas desde los 14 años, después fui integrante de la LC23S, después de ser preso político estudié en Cuba una licenciatura y Maestría…; Estuve en algunas importantes acciones de las FRAP, como estudiantes de las Normales rurales y ETA…; Soy hermano del “Guaymas”; Finalmente concluye el Compañero Rubén con un reconocimiento a dos Camaradas que tuvieron una militancias digna de mencionar por su entrega y ante eso se quiebra su voz y solo pudo continuar ante los aplausos de quienes lo escuchábamos. Además, agradece la noble labor del abogado solidario.
Realmente fue un momento sublime, como la hubieran disfrutado las historiadoras que me ha tocado conocer, en donde algunos tuvimos la oportunidad de ver los acontecimientos desde la otra cara de los acontecimientos no vivida, analizamos también de qué forma fuimos victimas desde diferentes perspectivas, a la distancia vemos lo que muchas personas nos han dicho, sobre todo quienes analizan la historia de manera sistemática, ¡que valiosa etapa de la historia de México digna de no ser olvidada! Y sobre todo de lograr el reconocimiento histórico que merecemos, así como el impulso a la Justicia por los delitos graves a nuestros Derechos Humanos, que tanto hemos buscado por diferentes medios.
Finalmente decir a los integrante de esta recién constituida “Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de las Violaciones Graves a los Derechos Humanos” y los mecanismos creados para obtener resultados, así como a las integrantes de este colectivo, que acá en Jalisco hay mucho trabajo por hacer, mucho tejido social que reconstruir, que esperamos entre otras demandas nos digan donde están los desaparecidos de esta Comunidad de familiares y amigos, seguiremos CAMINANDO HASTA QUE LA JUSTICIA SE SIENTE ENTRE NOSOTRAS Y NOSOTROS.
Las esperanzas de lograr el cambio democrático por la vía pacífica se disuelven el 10 de junio de 1971, cuando el gobierno de Luis Echeverría, por medio del grupo de choque conocido como “Los Halcones”, reprime violentamente una manifestación estudiantil de la UNAM y el Politécnico.
El Presidente no se responsabiliza de la masacre, y ese punto de quiebre establece la radicalización del FER, que decide armarse y prepararse militarmente, eligiendo así el camino del clandestinaje.
Comienzan las “expropiaciones” de armas y de recursos por parte de las células guerrilleras para sostener al movimiento. Para 1973, el FER finalmente se divide en tres grupos: la UP, (Unión del Pueblo), las FRAP, (Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo) y la Liga Comunista 23 de Septiembre. La brigadas de estos grupos se preparan estratégicamente para iniciar “La Revolución”.
Pedro Orozco Guzmán Camilo, responsable del buró militar de la Liga, cae herido y es detenido el 24 de diciembre de 1973, asesinado y torturado por miembros de la DFS y militares.
…”Camilo (Cienfuegos) y los otros Camilos (los que no llegaron y los que vendrán) son el índice de las fuerzas del pueblo. -Che Guevara
24 de diciembre de 1973, una nochebuena… muy mala para el movimiento revolucionario: cae “Camilo”.
Juan Antonio Castañeda Arellano
“Compas:
Ha muerto otro gran Camilo: Pedro Orozco Guzmán pasó a la historia como parte de la ofrenda que el proletariado hace de algunos de sus mejores hombres para hacer posible el desarrollo de la revolución. El 24 de diciembre en Guadalajara se dio un combate más de los múltiples que están librando en todo el país la burguesía y el proletariado, un combate entre las fuerzas represivas de la burguesía y Pedro Orozco Guzmán “Camilo” o “Clemente”, dirigente revolucionario del proletariado, un enfrentamiento entre el poder militar de la burguesía y un miembro del (en estos momentos embrionario) poder militar del proletariado. La superioridad táctica, numérica y de poder de fuego de las fuerzas de la burguesía en este combate en particular, le permitieron infringirles una derrota a las fuerzas del proletariado, liquidando a un revolucionario.
La burguesía decadente se defiende como bestia acorralada, la hora en que los expropiadores serán expropiados se acerca a un ritmo acelerado, el edificio del capitalismo siente crujir sus cimientos y aparecer cuarteaduras en sus muros, el proletariado revolucionario ha empezado a levantar la cabeza, mirando hacia lo que tiene futuro: hacia la revolución comunista, preparándose para arrebatarle violentamente la dirección de la sociedad a su clase enemiga, la burguesía…”
En estos términos iniciaba la carta con la que el Frente Estudiantil Revolucionario y la Liga Comunista 23 de Septiembre daban a conocer al pueblo de México, el 10 de enero de 1974, la muerte del valeroso combatiente Pedro Orozco Guzmán, miembro de Buro Político de la LC23S, ocurrida el 24 de diciembre de 1973; hoy hace 48 años. Camilo había nacido en Ignacio Allende, Zacatecas el 28 de junio de 1948. Cursó sus estudios de primaria en la escuela Miguel Hidalgo en su pueblo natal, la secundaria en el Teul de Gonzales Ortega y la preparatoria en la Prepa #3 de la calle Gómez de Mendiola, en Oblatos; antes de ingresar a la Escuela de Agronomía de la Universidad de Guadalajara y el campo de Experimentación Agropecuaria de “Los Belenes”, en Zapopan.
Su participación en los grupos de resistencia estudiantil en Guadalajara, contra los abusos del gobierno contra el pueblo y el control de la universidad por medio de grupos de porros gansteriles, inició durante el movimiento de los camioneros; y más tarde se a las Juventudes Juaristas, participando en la lucha por la democratización de las escuelas universitarias, la que al fundirse con el grupo politizado de los Vikingos de San Andrés y otros grupos locales daría origen al Frente Estudiantil Revolucionario.
Camilo fue un miembro destacado del FER en la lucha contra la FEG, y cuando ésta, financiada por el gobierno y armada por la V Zona Militar y la Dirección Federal de Seguridad iniciaron la cacería de estudiantes opositores; los miembros del FER se radicalizan y pasan a la clandestinidad.
Pedro Orozco Guzmán fue uno de los dirigentes del movimiento durante la etapa de lucha clandestina y en 1973 al fusionarse varias organizaciones para dar origen a la Liga Comunista 23 de Septiembre, pasa a formar parte del Buro de dirección.
Entre otras acciones, “Camilo” tuvo participación organizativa y activa en los secuestros político de Anthony Duncan Williams y Fernando Aranguren, (cercano al grupo Monterrey), que tenía como propósito liberar a presos políticos, recabar recursos para continuar la lucha y publicar un manifiesto a la nación para dar a conocer los motivos de nuestra lucha. Esta acción desato una casería brutal en la ciudad de Guadalajara, el gobierno federal y estatal impusieron el estado de sitio principalmente en el sector oriente de la ciudad, todas las fuerzas represivas del estado salieron catear colonia por colonia ,casa por casa con apoyo de helicópteros volando sobre la zona, ya eso daba por hecho que no habría negociación, Camilo asumió, en acato a la directriz del buró político militar, la responsabilidad de la ejecución de este último y la liberación de Duncan Williams para que leyera el manifiesto, como así fue.
El 24 de diciembre de 1973 Pedro Orozco Guzmán cae emboscado por la policía; recibe dos impactos de bala no mortales y es trasladado al Hospital Civil de donde horas más tarde lo ponen en manos del ejército para ser sometido a crueles torturas hasta la muerte, la cual pudo ocurrir el 25 o 26 de diciembre. Su cuerpo ya sin vida y mutilado es entregado a su madre y a Juan Antonio Castañeda, su tío, para ser sepultado en el Panteón Municipal de Guadalajara.
A menudo se dice, o lo que es lo mismo, es muy común escuchar, que todos los hombres somos iguales, y también a menudo llegamos a más, al afirmar, sobre todo en los discursos políticos, que los revolucionarios luchamos por la igualdad. La primera afirmación es una mentira, la segunda es una utopía. Es la primera afirmación una mentira porque vivimos en una sociedad divida en clases, y es la segunda una utopía, porque si bien es cierto, que los revolucionarios luchamos por una igualdad social, cuando arribemos a la sociedad sin clases, los hombres de esa sociedad, desarrollarán integralmente sus capacidades, siempre en beneficio de esa sociedad; es decir, desarrollarán su individualidad integralmente en aras de una humanidad sin clases.
Este desarrollo integral de la individualidad en función social, le dará un carácter a cada persona que la diferenciará de las demás. Esto de la diferenciación de las personas no lo digo al acaso, lo digo porque así lo enseña la vida en los momentos más álgidos de la lucha de clases. Así como se dice que en la enfermedad y la cárcel se conoce a los amigos; podría decirse que en la lucha de clases el proletariado descubre a sus dirigentes; añadamos también, que en los combates se conoce a los combatientes.
Aquellos quienes luchamos, en el seno del FER primero, y posteriormente en distintas organizaciones revolucionarias; aprendimos esto. Aprendimos que, en la lucha, la humanidad produce hombres de otra pasta, mejor dicho, de otra conciencia; de una conciencia, que una vez adquirida, es capaz de llevarlos a empeñar todos los minutos de su vida en pos de una causa; que en el caso que nos ocupa no era otra que la abolición de la sociedad divida en clases. Hombres de una conciencia así no abundan, sin embargo, en el FER tuvimos la fortuna de conocer a varios; hablo de dirigentes como “El Compa”, “El Clark”, “Camilo”, “El Sebas”, “El Tenebras”, Héctor Eladio, etc. y de combatientes de la talla del “Borre”, “El Richard”, “El Wences”, Héctor Rodríguez y sobre todos “El Tom de Analco” (para mí el mejor combatiente del FER y de la LC23S). Todos ellos merecen honra porque fueron héroes, héroes no por participar en la lucha de clases, sino por participar en la misma, como ellos lo hicieron; luchando por sus ideales hasta el último aliento de sus vidas. En este acto en que estamos recordando a Pedro Orozco Guzmán, honremos la memoria de todos ellos.
Este homenaje a “Camilo”, aunque sea tan modesto, a 48 años de su muerte, acaecida el 24 de diciembre de 1973; para esta omisión, en algo ha contribuido la fecha tan señalada en que ocurrió su muerte; sin embargo, esto no puede eximirnos del “pecado” si así puede llamársele a esta negligencia de parte nuestra; pues con el hecho de no recordarlo públicamente, le hemos dado vía libre a la reacción para ensuciar uno de los nombres más limpios del movimiento revolucionario en México en la década de los años setentas. El nombre de Pedro Orozco Guzmán “Camilo”.
Concretamente me estoy refiriendo a la ejecución del Sr. Fernando Aranguren por parte de la LC23S en Octubre de 1973. La prensa ha dicho, y por desgracia algunos exguerrilleros le hacen caso, que “Camilo” lo asesinó. Yo no tengo elementos probatorios para confirmar o negar que Camilo haya sido el ejecutor de una sentencia de la LC23S. Lo que sí voy a negar es que la ejecución haya sido un asesinato.
Esta negación que a muchos les parecerá temeraria, o que al menos está en el aire, sin sustento, quizá no les aparezca tan huérfana y desamparada si situamos el hecho histórico en el contexto social en que este aconteció, es decir en el contexto de la lucha de clases en México en los años setentas.
Actualmente la sociedad mexicana en general acepta que en ese tiempo existió una guerra en México, hasta le han puesto nombre (muy desafortunado, por cierto): “La Guerra Sucia”. En esa guerra se enfrentaron dos poderes con intereses opuestos, el de la burguesía representado militarmente por el ejército mexicano y todas las policías al servicio del gobierno y el estado; y el del proletariado representado por las diferentes organizaciones guerrilleras. Ganó la burguesía, perdió el proletariado.
Con la derrota militar del proletariado en esta etapa histórica el estado burgués permaneció intacto y junto con él, el derecho instituido que lo sustenta legalmente, es decir, la legalidad en que descansa la propiedad privada de los medios de producción y la explotación de la fuerza de trabajo por el capital. Es este el derecho y la legalidad que condenan a “Camilo” y junto con él a todo el movimiento revolucionario. Este derecho es el mismo que condena al proletariado y a sus hermanos de clase, el campesinado pobre, a la explotación permanente dentro del sistema capitalista de producción.
Honor a nuestros mártires caídos. ¡¡Hasta la victoria siempre, Venceremos!!
En este primer episodio se habla sobre los orígenes de la guerrilla en México y el caso especial que se da en Guadalajara, Jalisco, con “Los vikingos”: una pandilla que surge sin mayores pretensiones que reunir socialmente a los jóvenes del barrio de San Andrés, y que poco a poco va tomando poder en las colonias aledañas, identificándose por ser un sólido grupo de combate que se protegían entre sí y se mantenían unidos siguiendo las normas morales dictadas los valores familiares de la gente de campo. Esta aguerrida lealtad los llevaría a ser el perfecto aliado para aquellos movimientos estudiantiles que estaban fraguándose en la ciudad, y que pretendían competir por el poder universitario que estaba controlado por la FEG.
La hija de Rosendo Radilla Pacheco, líder social desaparecido durante la llamada “guerra sucia”, confía en que la Comisión de la Verdad sobre ese periodo, cuya creación anunció el presidente hace unos días, permitirá saber qué sucedió con sus familiares desaparecidos.
CIUDAD DE MÉXICO – “Nosotros vivimos una guerra. Las tanquetas estaban ahí y a las comunidades las amenazaban con bombardearles los cerros, desplazando a muchísima gente. Desaparecieron pueblos, cientos de personas y torturaron a muchísimas más”.
Así recuerda Tita Radilla, hija de Rosendo Radilla Pacheco —líder social al que desaparecieron el 25 de agosto de 1974, en Atoyac de Álvarez, Guerrero—, la “guerra sucia” en México, un periodo en el que la policía y las fuerzas armadas se dedicaron a combatir toda disidencia política.
Para la vicepresidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos en México (AFADEM), organización fundada en 1978 que ha documentado unas 1,200 desapariciones forzadas durante las décadas de los 60, 70 y 80, el Estado mexicano tiene una deuda pendiente con los sobrevivientes y los familiares de las víctimas de la represión. Personas que fueron detenidas y nunca volvieron a ser vistas.
Ya es necesario que se esclarezcan estos crímenes. Mucha gente se ha ido sin conocer el paradero de su familiar y eso es demasiado doloroso. Nosotros estamos esperando, pero ya estamos enfermos, viejos, y aunque todavía están nuestros hijos, nietos y bisnietos, que ya están ahí integrándose a la lucha, se trata de que esto se resuelva”, dice Tita Radilla en entrevista. Ella empezó su lucha cuando tenía 24 años, hoy tiene 71.
Radilla
El pasado 30 de agosto, Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció, a través de un tuit, la creación de una Comisión Presidencial de Verdad, Justicia, Reparación, Memoria y No Repetición de las violaciones graves a los derechos humanos cometidas por el Estado mexicano entre los años de 1965 y 1990, una propuesta que cuenta con el respaldo de diversos colectivos de familiares y sobrevivientes.
Tita Radilla, en representación de las víctimas de Guerrero, ha participado en las mesas de trabajo que se han tenido con las autoridades mexicanas.
Hoy que se conmemora el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas nos reunimos con familiares y sobrevivientes de la guerra sucia. Llegamos al acuerdo de crear una comisión presidencial de verdad, justicia, reparación, memoria y no repetición. pic.twitter.com/dERsRGlFbd
Uno de los lugares más afectados por la “guerra sucia” fue Guerrero, y en especial Atoyac de Álvarez: el 40% de las personas que desaparecieron durante ese periodo en el país, proviene de este municipio. “Como dicen los compañeros [de AFADEM]: ‘nos refregaron’. Trataron de exterminar a la población”, explica Tita Radilla.
El deterioro de las condiciones socioeconómicas en ese estado, y la falta de espacios de participación ciudadana llevaron a que el descontento de la población creciera a lo largo de las décadas de los 50 y 60, al grado que se fueron articulando diversos movimentos populares con reivindicaciones por el territorio y en abierta oposición al modelo de desarrollo caciquil que no permitía el aprovechamiento inclusivo de la producción de café, la copra (pulpa seca del coco) o las concesiones forestales.
A pesar del tono pacífico y legal de esta primera etapa de insurgencia social, la respuesta de las autoridades fue desproporcionada, militarizando la región y apostando por el control de la población civil: plantones y mítines convocados para buscar una salida política fueron reprimidos por la policía y batallones del Ejército mexicano; algunos de los líderes de las organizaciones populares fueron encarcelados y decenas de campesinos fueron masacrados por agentes a sueldo (35 fallecidos y 150 heridos fue el saldo de la Masacre de la Coprera, en agosto de 1967).
En respuesta, comenzaron a surgir grupos guerrilleros con fuerte base social, como el Partido de los Pobres liderado Lucio Cabañas Barrientos (activo entre 1967 y 1974), y la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria de Genaro Vázquez Rojas (activo entre 1968 y 1972), ambos profesores normalistas egresados de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa.
A partir de este momento, las desapariciones forzadas se volvieron parte de lo cotidiano. Con la intención de aniquilar a la guerrilla, que se extendía sobre todo por la Costa Grande —región donde se encuentra Atoyac de Álvarez—, se realizaron al menos 14 campañas militares, se instalaron retenes en los caminos rurales y las comunidades comenzaron a sufrir incursiones, sitios y saqueos.
La familia Radilla, tras la instalación de un campamento militar a un lado de su casa, no tuvo más opción que desplazarse a Chilpancingo. Rosendo, el padre de Tita, se quedó en Atoyac para cuidar a su madre enferma y conservar su trabajo, a pesar del recrudecimiento de la represión, que ahora se valía de detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales.
Ejemplo de ello fue lo sucedido en agosto de 1972 en el pueblo de El Quemado, donde fueron desaparecidas de forma transitoria y torturadas, al menos, 40 personas por supuesta pertenencia o simpatía con la guerrilla. Se les acusaba, además, de haber participado en las dos emboscadas tendidas contra elementos del Ejército ese mismo año en la sierra cafetalera de Atoyac, eventos que explican en parte por qué este municipio se convirtió en el foco nacional de las acciones de contrainsurgencia y de las desapariciones forzadas llevadas a cabo por las agencias del Estado.
Familiares de víctimas de desaparición forzada en Atoyac, Guerrero. Crédito: Thelma Gómez.
La Comisión de la Verdad para el estado de Guerrero (2012-2014), una de las instancias creadas para esclarecer ese periodo por mandato del Congreso local, dio cuenta de ello en su momento. En su informe final, sus integrantes llegaron a la conclusión de que en muchas comunidades lo que se vivió fue la “suspensión de las garantías individuales y un verdadero estado de sitio”.
Nos tuvimos que salir, todo el pueblo se salió porque el gobierno nos quemó las casas con todo: mis animales, gallinas, puercos y burros, todo se perdió y yo me salí con mis dos hijos y mi mujer embarazada de cuatro meses”, narra uno de los 409 testimonios recogidos por la comisión, integrada por dos defensoras de derechos humanos, dos académicos y un ex combatiente.
La represión no se limitaba a la guerrilla. Ser profesor, estudiante, activista social, indígena, campesino, familiar o incluso llevar el apellido de algún guerrillero, se menciona en el informe final, era más que suficiente para ser considerado como una amenaza para el Estado.
Bajo el supuesto de cortar el abastecimiento a los grupos guerrilleros, el Ejército limitó la compra de alimentos y artículos de primera necesidad a la población civil, la salida de sus comunidades e incluso la atención de sus parcelas.
Te daban un papelito si ibas a Atoyac. Te decían a qué hora te ibas y a qué hora tenías que regresar. No era si querías. Te controlaban la comida, solamente podías llevar un kilo de frijol y dos kilos de maíz por persona a la semana; decían que si llevábamos más íbamos a alimentar a la guerrilla”, narra otro de los testimonios.
Quizá un diez por ciento de las personas que desaparecieron, dice Tita Radilla, eran guerrilleros. “No sabemos por qué le ocurrió a quienes no tenían nada que ver, por qué se los llevaron. A veces los líderes [de la guerrilla] pasaron, les pidieron de comer y les dieron, pero también pasaban los militares y les daban de comer porque iban armados”, explica.
Especial atención merece la represión dirigida hacia las mujeres, cuyos casos se conocen poco. A decir de la vicepresidenta de AFADEM, las escasas denuncias y la cultura machista del momento, impidieron saber quiénes eran y qué pasó con las mujeres que estuvieron detenidas con personas sobrevivientes que posteriormente ofrecieron sus testimonios.
La Comisión de la Verdad del estado de Guerrero documentó 239 desapariciones forzadas, incluidas las de 16 mujeres, una de ellas menor de edad; además de 209 desapariciones forzadas transitorias, incluidas 16 mujeres, dos de ellas menores de edad.
Cuatro mujeres de este último grupo sufrieron violencia sexual, según consta en su informe final, en donde también se da cuenta de la presión a la que fueron sometidas algunas mujeres detenidas y trasportadas en los llamados “vuelos de la muerte” (vuelos para tirar al mar a las personas desaparecidas), esto para intercambiar sexo a cambio de su vida o la de sus esposos.
Rosendo Radilla. Crédito: Foto familiar, publicada en el micrositio de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) dedicado al caso Rosendo Radilla.
EL CASO ROSENDO RADILLA
“¡Ni vivo ni muerto aparece Rosendo Radilla Pacheco!”, gritaba un vendedor de periódicos a un costado de la casa de la familia Radilla aquel año de 1974. De esta forma, la madre de Rosendo se enteraría de la desaparición forzada de su hijo a manos del Ejército mexicano.
El motivo de su detención: componer corridos alusivos a Lucio Cabañas.
“El señor Lucio Cabañas, hombre de resolución, quiere salvar a su pueblo y se opone la reacción, han muerto muchos hermanos sin piedad ni compasión. Arriba Lucio Cabañas, el pueblo ya está contigo, a conquistar la justicia y a terminar al enemigo”, dice una de sus canciones más conocidas.
—¿Y eso es delito? —le preguntó Rosendo al militar que estaba al mando del retén que paró el autobús en el que viajaba.
—No, pero mientras ya te chingaste —le contestó, según recuerda su hijo Rosendo Radilla Martínez, presente al momento de la detención.
A Rosendo padre, cafeticultor y destacado líder social del municipio de Atoyac de Álvarez —del que fue presidente—, no hizo falta que se le comprobara militancia alguna; bastó su simpatía por los clamores de justicia que recorrían aquellas tierras para ser considerado una amenaza.
Lo último que se supo sobre su paradero —de acuerdo con un informe especial de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) que recupera un documento de la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS), con fecha 8 de agosto de 1975— es que Rosendo, luego de ser detenido, “quedó a disposición de la [27] Zona Militar” del estado. En ese entonces, su hija Tita tenía 25 años.
La DFS, creada en 1947 por el presidente Miguel Alemán y dependiente de la Secretaría de Gobernación, fue la policía política del gobierno mexicano; disuelta en 1985, se convirtió en la Dirección General de Investigación y Seguridad Nacional y, en 1989, en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), recientemente señalado por espiar, durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, a periodistas y personas defensoras de derechos humanos.
Ficha de la Dirección Federal de Seguridad sobre Rosendo Radilla. Crédito: Biblioteca “Archivos de la Represión”
La búsqueda de Rosendo, por parte de su familia, no se limitaría al ex cuartel militar de Atoyac, ni a las oficinas de gobiernos locales y cárceles de Guerrero y la Ciudad de México, siguió su camino por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en 1990, la entonces Procuraduría General de la República (PGR), en el año 2000, y el Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH), a partir de noviembre de 2001.
En 2007, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó un informe de fondo sobre el caso Radilla y en 2009, ante la falta de cumplimiento de las primeras recomendaciones, por parte de las autoridades nacionales, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) emitió su histórica sentencia, la primera que reconoce la responsabilidad directa del Estado mexicano por la violación de ciertos derechos humanos (libertad personal, integridad personal, reconocimiento de la personalidad jurídica y a la vida), y la primera en el tema de desaparición forzada.
Entre otras cosas, el fallo obligó a que se reformara el Código de Justicia Militar y, junto con otros casos emblemáticos, contribuyó a la eventual reforma constitucional de 2011, que puso en primer plano los derechos humanos contenidos en los tratados internacionales.
La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH), organización que acompaña el caso, explica que el fallo también contribuyó a la adecuada tipificación del delito de desaparición forzada y a que las víctimas puedan exigir copias de sus averiguaciones previas/carpetas de investigación.
Sin embargo, recuerda Tita, “de Rosendo aún no se sabe nada”, ni de él ni de las otras personas que fueron desaparecidas de manera forzada. Esto sin mencionar que las medidas de reparación previstas por la Corte Interamericana, a casi 12 años de la sentencia, no han sido cumplidas en su totalidad, comenzando por la identificación y sanción de los responsables, así como la búsqueda de Rosendo.
Cabe recordar que una de las medidas de reparación, referente al reconocimiento público de responsabilidad internacional por parte del Estado mexicano, se dio por cumplida en noviembre de 2011, en el gobierno de Felipe Calderón, pese a que el acto se realizó sin la presencia de los familiares.
Bordados realizados por familiares de personas desaparecidas en Atoyac, Guerrero. Crédito: Thelma Gómez.
UNA NUEVA COMISIÓN DE LA VERDAD
En la entrevista, al hablar sobre la creación de la Comisión Presidencial de la Verdad anunciada por López Obrador la semana pasada, Tita Radilla se mostró esperanzada de que ese mecanismo permita el acceso a los archivos oficiales y a las instalaciones militares para conocer qué sucedió con los desaparecidos.
Incluso confía en que las familias están dispuestas a ofrecer, una vez más, su testimonio: “Creemos que se puede lograr. Tenemos ansias, hambre de saber qué pasó con nuestros familiares. Lo hemos dicho una y otra vez, y lo volveremos a decir. Al menos en la organización que yo represento están dispuestos a seguir luchando y a seguir hablando todo lo que sea necesario”.
En el caso de la familia Radilla, lo han dicho “una y otra vez” ante las autoridades de justicia locales, estatales y federales, la CNDH, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp), la Comisión de la Verdad para el estado de Guerrero. A la fecha no hay una sola sentencia y aunque se han realizado seis excavaciones en el ex cuartel militar de Atoyac entre 2008 y 2019, Rosendo continúa desaparecido.
Aunque la desaparición forzada como delito no prescribe, según la tesis de 2004 de la Suprema Corte de Justicia (SCJN) y diversos instrumentos internacionales en la materia, el tiempo sí ha cobrado factura, tanto en las víctimas como en los perpetradores.
Ante la posibilidad de saber qué pasó con su padre a 47 años de su desaparición, independientemente de las sanciones que puedan imputárseles a los responsables, muchos de ellos de edad avanzada, Tita comenta: “En otros países ha ocurrido que les han rebajado las sentencias o incluso se les ha otorgado el perdón [si colaboran]. La cuestión de la justicia, de las sanciones, es responsabilidad del Estado; nosotros sí les otorgaríamos el perdón [con tal de conocer la verdad]”.
Este proceso de esclarecimiento no sólo es para las víctimas y los sobrevivientes de lo que también se conoce como “terrorismo de Estado”, dice, es para las familias de los perpetradores –“para que sepan lo que han heredado”–, y para la gente que no vivió en carne propia la represión, se entere de lo sucedido. “La gente tiene que saberlo porque es su historia; terrible, pero es su historia”.
Cuarta Brigada Nacional de Búsqueda de Personas en el estado de Guerrero.
LAS DESAPARICIONES DEL PRESENTE
¿Y qué pasa entonces con las desapariciones posteriores a 1990, con los crímenes cometidos o tolerados por el Estado mexicano desde entonces? ¿Qué diferencia hay entre la persecución, los toques de queda y la violencia desmedida que atestiguaron Tita Radilla y su familia durante la “guerra sucia”, y la violencia del presente que ha resultado en la desaparición de más de 90 mil personas? ¿Por qué no extender el mandato de la Comisión Presidencial hasta nuestros días?
Tita, quien ha acompañado junto con AFADEM las luchas emprendidas por familiares de personas desaparecidas cuyos casos ocurrieron en las últimas dos décadas, entiende las críticas que puedan elaborarse en ese sentido. Sin embargo, insiste, los casos de la “guerra sucia” son responsabilidad directa del Estado mexicano: “es algo que el Estado hizo, es el responsable de esas detenciones y desapariciones, y de todos los hechos aberrantes que sucedieron en aquel momento”.
Hechos que, por otro lado, guardan estrecha relación con la violencia de nuestros días, que suele atribuirse al crimen organizado. No tanto por las raíces castrenses que puedan tener algunos de los cárteles o la participación directa de agentes del Estado en las desapariciones recientes, dice Tita, más bien porque debido a la impunidad en la que han permanecido los crímenes cometidos durante la “guerra sucia”, como la desaparición forzada de su padre, es que los perpetradores de hoy pueden actuar con total libertad.
“Yo creo que si nosotros logramos tener verdad y justicia, también de ahí podrían desprenderse otros procesos que atiendan los hechos que ocurren actualmente”.
El 2 de diciembre de 1974, Lucio Cabañas Barrientos muere en combate contra el ejército mexicano en el paraje del Otatal, Guerrero: La mañana del 2 de diciembre del año de 1974, José Isabel Ramos Ruiz, oriundo de Los Corales, municipio de Tecpan de Galeana, Guerrero, conduce a un grupo de nueve batallones del ejército mexicano hacia el paraje del Otatal, lugar donde Lucio Cabañas en compañía de otros tres guerrilleros: Marcelo Serafín Juárez, Lino Rosas Pérez, y Esteban Mesino, se encuentran acampando después de haber padecido intensos días de persecución y enfrentamientos tratando de escapar del estrecho cerco tendido por el ejército.
Ramos Ruiz se ofrecería para guiar al ejército hacia lo posición de Lucio a cambio de la libertad de cuatro jóvenes de su familia que habían sido detenidas por los militares el día anterior. A las 7 de la mañana da inicio la operación, rodeando el ejército toda el área para evitar que Lucio y sus acompañantes escapen. Con el pretexto de ir a entregar víveres, Ramos Ruiz iría al campamento para cerciorarse que Lucio aún permaneciera en él.A las 8:15, un total de doscientos elementos de la 27 Zona Militar al mando del General de Brigada Elíseo Jiménez Ruíz, agrupados en los grupos Avispa 1, Bonora, Vallecitos, Isaías, Barraza, Coral, Lasso, Patrullas 3° uno y dos, así como la Sección Ocho al mando del Comandante del 19° Batallón de Infantería avanzan hacia la posición. A las 8:40, los guerrilleros se percatan del movimiento de los soldados e inicia el enfrentamiento.
El tiroteo tiene una duración aproximada de 20 minutos. Hacia las 9:00 de la mañana cesan definitivamente los disparos. Del lado del ejército se registran dos bajas y cinco heridos. Por parte del Partido de los Pobres, Lucio Cabañas Barrientos y Lino Rosas Pérez yacen muertos en el lugar. Esteban Mesino y Marcelo Serafín son capturados con vida; Esteban sería fusilado en el lugar de los hechos y Marcelo Serafín es fotografiado al momento de su detención-desaparición. Los cadáveres de Esteban Mesino y Lino Rosas son enterrados por los soldados a ras de tierra en el Otatal, siendo rescatados por pobladores de El Guayabito y enterrados en una sola tumba en el panteón del pueblo. Los pobladores mencionarían que ambos tenían la cara destrozada a balazos y que Esteban Mesino, se encontraba con las manos atadas a la espalda con una agujeta.
Sobre la muerte de Lucio Cabañas existen dos versiones. La primera de ellas menciona que Lucio moriría en combate a causa de una herida de bala en el maxilar derecho infringida por el Capitán Pedro Bravo Torres. Sin embargo, el soldado Emiliano de la Cruz alegaría ser el verdadero responsable al infligir en Lucio un disparo en la espalda, herida que, de acuerdo con el dictamen médico, también sería mortal por necesidad.
La segunda versión menciona que Lucio, al verse acorralado por el ejército gritaría: “¡Hasta que se les hizo!… ¡Pero les aseguro que no les voy a dar el gusto de que me maten ustedes!”, acto seguido, colocaría el cañón de su M-2 en la mejilla y jalaría el gatillo. Sobre la teoría del suicidio de Lucio Cabañas existen también dos versiones. La primera de ellas es recogida por el periodista Juan Miguel de Mora en su libro Lucio Cabañas: Su vida y su Muerte. De Mora rescata un artículo de Sergio Von Nowaffen publicado el 5 de diciembre de 1974 en el diario La Extra, donde se menciona que Mariano Santiago Vázquez, supuesto delator de Lucio, vio como este se daría un disparo en la cara con una pistola para evitar ser capturado por el ejército. Posteriormente, en el año de 2002 en la edición número 1355 de la revista Proceso, la periodista Gloria Leticia Díaz menciona la existencia de una carta escrita por el soldado Benito Tafoya Barrón, donde relata que, al estar herido, Lucio gritaría la frase mencionada anteriormente y se daría el disparo con su rifle. Acto seguido, el capitán Bravo Torres le daría el tiro de gracia.
En su momento, De Mora pondría en duda la versión del suicidio, argumentando que, en base a lo consignado en el dictamen forense, por el ángulo de entrada, las heridas de bala que Lucio tenía en la espalda y hombro fueron infringidas cuando este se encontraba de pie, mientras que la herida en el maxilar derecho pareciera ser infringida cuando él se encontraba en el piso, indicando que se trataría del tiro de gracia.
El cadáver de Lucio Cabañas sería exhibido como trofeo de cacería por los soldados participantes en el ataque. Posteriormente, el cuerpo es trasladado al cuartel militar de Atoyac de Álvarez en donde se le practica la autopsia y se realiza un reportaje dando el dictamen forense. Dicho reportaje originalmente iba a ser transmitido por televisión, pero a última hora se decidió cancelar, probablemente para evitar que los grupos afines a Cabañas en todo el país tomaran represalias.
El gobierno mexicano, temiendo que el pueblo guerrerense que simpatizaba con la lucha del Partido de los Pobres saliera a las calles a despedir a Lucio en un sepelio masivo a similitud del que tuvo Genaro Vázquez en 1972, decide esconder el cuerpo. A las primeras horas del día 3 de diciembre, el cuerpo de Lucio es sepultado clandestinamente en una tumba sin nombre en el panteón de Atoyac. Sin embargo, Hilda Flores Solís, quien había sido compañera de magisterio de Lucio, obtuvo gracias a un soldado el dato sobre la ubicación de la tumba de Lucio, dejando recurrentemente flores sobre la sepultura.
El secretismo con el que el gobierno mexicano sepultó a Lucio Cabañas, y la negativa de este a dar acceso a sus familiares y amigos al cadáver, fue motivo de sospecha por muchos años, llegándose a creer que en realidad Lucio no había muerto o que en su defecto la sepultura estaba vacía. La señora Rafaela Gervasio Barrientos, madre de Lucio, exigiría hasta el final de sus días al gobierno mexicano la información sobre la ubicación de la tumba de su hijo.
Finalmente, en el año 2002, a petición de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, se realizaría una exhumación en el lugar, recuperando una osamenta a la que se le realizarían pruebas de ADN, confirmando finalmente que los restos ahí enterrados pertenecían a Lucio Cabañas Barrientos. Actualmente, sus restos reposan en el obelisco erigido en su memoria en la plaza de Atoyac.*Fuentes de Referencia:- México Armado 1943-1981: Laura Castellanos- Lucio Cabañas: Su vida y su muerte: Juan Miguel De Mora- Lucio Cabañas y el Partido de los Pobres: Alberto Guillermo López Limón- “Un documento que refuta al ejército: Lucio Cabañas se suicidó”: Gloria Leticia Díaz, Revista Proceso No 1355, 20 de octubre de 2002- “La historia secreta de la ejecución de Lucio Cabañas”: Carlos Marín, Milenio Semanal No 170, 11 de diciembre de 2000.- “Identifican restos de Lucio Cabañas”: Revista Proceso, 13 de agosto de 2002.