Tag: Opinión

  • Un fantasma recorre América Latina…

    Un fantasma recorre América Latina…

    Por Arturo del Bosque – Un fantasma recorre América Latina… frase que nos evoca al gran filósofo y revolucionario Carlos Marx y al Manifiesto Comunista, Marx para la mitad de la humanidad, el anticristo, para la otra, un redentor, a decir de la historia, un hombre que centro su atención y análisis en el HOMBRE, en la búsqueda constante de la emancipación del hombre del hombre mismo, sin que se pretenda ser patriarcal así lo consignaba la historia, ese fantasma llamado comunismo truncó su vuelo por incontables circunstancias, sin embargo el intento fraterno de igualar oportunidades y hacer que la justicia fuese un instrumento para enfrentar los abusos del poderoso en los ámbitos de los estados mismos y en las relaciones internacionales, es sin lugar  a dudas, uno de los más nobles intentos de que da cuenta la historia moderna y quizá la historia universal.

    En América Latina se vive un nuevo despertar, hay amaneceres teñidos del color de la esperanza, otra vez, otra vez  las alamedas que imagino Allende, hoy con Gabriel Boric, la dignidad de Cuba, blasón y valladar contra la fuerza del insolente imperio, Venezuela, Chavismo que resiste la embestida tiránica de las pretendidas hegemonías, Nicaragua y la memoria sandinista buscando enderezar y mantener el rumbo progresista, la Bolivia con quechuas, aimaras, un pueblo que como el cóndor ahora vuela alto, que si bien la conjura del malhechor que despacha en la OEA, el abominable Luis Almagro y la derecha clerical, reaccionaria y su brazo militar se cobraron con sangre de los hermanos bolivianos, la osadía de seguir en ese vuelo, de otorgar a un pueblo vejado, humillado y empobrecido, los horizontes económicos de prosperidad y justicia que el presidente indígena Evo Morales les alcanzó, decidieron seguir con el MÁS hacia el futuro, el viejo Cuzco, la memoria Inca con el compañero Pedro Castillo, el Perú que levanta el vuelo con el lastre de una legislación ladina que pretende escamotear un triunfo legitimo, que no prosperen los afanes golpistas que ya no son con fusiles ni bayonetas los golpes de estado, ahora son con representantes de los  poderes fácticos como viles marionetas.

    En Honduras vuelve la esperanza y se hace justicia a quien sufrió el ultraje de los poderosos, el patriota  Manuel Zelaya destituido por la vía de las armas y el escarnio de la derecha, hoy en su compañera Xiomara Castro, primer mujer presidente de ese país hermano, los catrachos, nombre heredado del general Florencio Xatruch Villagra que es considerado un héroe centroamericano, por luchar contra William Walker y los filibusteros yanquis e impedir que Centroamérica fuera anexada a los Estados Confederados, de nuevos dignos, hermanos, en la heroica republica de El Salvador, la patria del poeta Roque Dalton y su amor a los suyos, a los guanacos, sus compañeros, sus hermanos, con Nayib Bukele y la sombra vigilante de Farabundo Martí, El Salvador lucha y promete y se compromete a honrar la memoria del mártir, monseñor Oscar Arnulfo Romero cuya sangre tiño de vergüenza a la América toda mientras el hegemonía volteaba para otro lado, Panamá con Laurentino Cortizo,  agrupado bajo el ala del Gral. Omar Torrijos, general patriota que planto cara a los yanquis y recupero canal y dignidad al hermano pueblo panameño.

    El puente más largo y prometedor, el puente que une a la América toda y la hermana, del México a la Patagonia, del Aztlán a la pampa, a la Argentina de Alberto Fernández, con el kirchnerismo y los renuevos, con el movimiento de regeneración que en López Obrador ha encontrado compañero y líder, puente con pilares y gestas, donde cabalgaron Bolívar y San Martin, Hidalgo y Morelos, donde Sandino y Farabundo, puente que crisol de anhelos, la flor purpura de Monseñor Romero, los barbones  que en La Habana fueron luz y poesía grafica, Fidel, Camilo y el Che, Allende y el pensamiento que volaba, Allende y su estrella roja, la multicultural, la multiétnica, la digna Bolivia, el Inca Tupac Amaru, rebelde precursor de libertades, Chávez comandante, anhelante, junto a los elegidos, los que no caben en la muerte, la América que resiste y lucha, la que ha emprendió de nuevo, el andar, la marcha de los pueblos, los que de la utopía han hecho destino, hoy en la América la historia gira a la izquierda, izquierda que afloja y libera, no mas giros a la derecha, la que aprieta y amarra, la que en la verborrea del progreso a su Dios dinero se plega. Un fantasma recorre América Latina.

  • Capitalismo pandémico

    Capitalismo pandémico

    Foto The Conversation,”The US was not prepared for a pandemic – free market capitalism and government deregulation may be to blame”.

    Si el capitalismo es una sindemia, va a seguir produciendo virus y pandemias. Ese es el futuro y no es halagüeño. La política y la ciencia deberían estar luchando para liberar a la humanidad y a ellas mismas del capitalismo. Eso sí sería bueno para todos.

    Por Santiago Alba Rico – El pasado mes de septiembre, Richard Horton publicaba en la conocida revista The Lancet un artículo cuyo título puede resultar provocativo o sospechoso: No es una pandemia. Obviamente, no se trata de que uno de los medios científicos más prestigiosos del mundo hubiese colado entre sus páginas la opinión de un negacionista. Horton no negaba la existencia de la covid-19 ni alimentaba delirios conspirativos. Basándose en un concepto forjado en 1990 por el epidemiólogo Merrill Singer, Horton sostenía que no nos enfrentamos hoy a una pandemia sino a algo más complejo y, por lo tanto, más peligroso: una “sindemia”; es decir, un cuadro epidémico en el que la enfermedad infecciosa se entrelaza con otras enfermedades, crónicas o recurrentes, asociadas a su vez a la distribución desigual de la riqueza, la jerarquía social, el mayor o menor acceso a vivienda o salud, etc., factores todos ellos atravesados por una inevitable marca de raza, de clase y de género. La sindemia es una pandemia en la que los factores biológicos, económicos y sociales se entreveran de tal modo que hacen imposible una solución parcial o especializada y menos mágica y definitiva.

    El problema no es, pues, el coronavirus. El problema es un capitalismo “sindémico” en el que ya no es fácil distinguir entre naturaleza y cultura ni, por lo tanto, entre muerte natural y muerte artificial. El capitalismo es la “sindemia” Pensemos, de entrada, en la multiplicación muy reciente de nuevos virus (gripe aviar, SARS), inseparables de la industria agroalimentaria y de la presión extractiva sobre el mundo animal. En un libro inquietante y riguroso, Grandes granjas, grandes gripes, Rob Wallace describe un modelo de producción cárnica en el que todo el proceso –desde la alimentación de aves y ganado hasta la aglomeración en las granjas– no solo facilita sino que hace inevitable la generación de nuevas cepas virales y su transmisión a los seres humanos. No hace falta recurrir a teorías de la conspiración, dice Wallace; los nuevos virus han sido creados, por supuesto, en un laboratorio, pero solo en el sentido de que el capitalismo ha convertido la naturaleza misma en un laboratorio vivo, en permanente ebullición patológica, incontrolable incluso para sus gestores y beneficiarios. El término “iatrogenia” se utiliza en general para referirse a los muertos producidos, sin dolo ni finalidad espuria, por la institución médica: el caso, por ejemplo, de las infecciones hospitalarias, responsables todos los años de más muertes que las gripes comunes. Pues bien, si un hospital, concebido como una unidad de seguridad sanitaria y sometido, por tanto, a toda clase de garantías asépticas, produce, pese a todo, infecciones mortales, ¿qué no ocurrirá en granjas proyectadas expresamente para acelerar el crecimiento de los animales mediante cócteles antibióticos y en condiciones de concentración literalmente infernales? La voluntad podría, sí, desmontar la máquina, pero la máquina se mueve ya al margen de nuestra voluntad. Wallace dice: “Al hacer capitalista a la naturaleza se hace que el capitalismo sea algo natural”, y ello de tal manera que “las disparidades en nuestra salud surgen de nuestros genes o de nuestras entrañas, no de los sistema de apartheid”.

    El capitalismo ha inscrito en la naturaleza sus propias leyes mortales pero el apartheid, más allá del trabajo de Wallace, sigue incidiendo de modo determinante en la distribución y en las consecuencias de las infecciones víricas. Es aquí donde nos interpela el concepto muy técnico de “sindemia” propuesto por Singer y Horton. Los nuevos virus, nacidos en los “laboratorios naturales” de las grandes granjas agropecuarias, sin intervención de ningún maligno conspirador, pasan a sociedades humanas muy estratificadas en las que las mujeres, las minorías racializadas y las poblaciones urbanas marginadas, más expuestas a contactos de riesgo y víctimas ya de enfermedades no infecciosas o crónicas, acaban sucumbiendo a la epidemia y justificando, además, aislamientos selectivos y discriminaciones adicionales que, en una nueva vuelta de tuerca, agravan sus condiciones sociales y multiplican los riesgos de contagio global. Los virus pasan de animales maltratados a humanos maltratados en una sinergia potencialmente apocalíptica.

    Ahora bien, si el capitalismo es una sindemia que convierte las granjas en laboratorios bioquímicos y las ciudades en focos de desigualdad epidémica, ¿cuál será la solución a la pandemia de covid? Anticipemos que una de las paradojas inseparables de esta dimensión “sindémica” es el hecho de que el mismo capitalismo que ha roto las fronteras naturales –y las sigue rompiendo sin parar– se sostiene sobre la ilusión de una “seguridad total”.

    Demos un rodeo. Desde que la OMS declaró el carácter pandémico –es decir, global– del coronavirus en marzo de 2020, el combate local contra su difusión ha adoptado formas diversas según regímenes y tradiciones. China apostó por el control social y tecnológico; Inglaterra, Brasil, EE.UU. por la inhibición neoliberal; la UE por una fórmula mixta en la que las medidas sanitarias se combinaban a veces con alguna medidas sociales que frenaban parcialmente nuestro modelo de trabajo y consumo, basado en la movilidad. El debate se ha centrado, en todo caso, en un presunto conflicto entre políticos y científicos. ¿Hay que hacer política o dejar decidir a los médicos y epidemiólogos? La pandemia, ¿pone fin a la intervención política, ya muy desprestigiada en un mundo presidido por la des-democratización global? ¿No es mejor dejar gobernar directamente a los científicos?

    El problema de este debate es que es falso, y lo es porque parte de un doble presupuesto erróneo: el de que en un sistema sindémico, como decíamos, puede haber una solución especializada y el de que, aún más, los políticos y los científicos siguen siendo poderes realmente determinantes. Tanto los políticos como los científicos están, si no secuestrados, al menos sí dirigidos o limitados por las mismas fuerzas económicas. Durante las cuatro últimas décadas, sobre todo tras la derrota de la URSS en la Guerra Fría, movimientos altermundialistas de renovación democrática recuperaron el concepto anticolonial de “soberanía” para reclamar la emancipación de la esfera pública –el Estado y sus instituciones– respecto de la economía y sus empresas; no es laico, desde luego, un Estado que confunde las esferas política y religiosa, pero tampoco lo es, o no lo es verdaderamente, el que confunde las esferas política y económica. En casi todos los países del mundo, como consecuencia de esta “falta de laicismo”, trágica en tiempos de crisis económica y gestión neoliberal, se llegó a la pandemia con una confianza muy deteriorada en los políticos y las instituciones públicas, y ello con los efectos de todos conocidos. Eso explica que, ante la eclosión inesperada de la catástrofe sanitaria, muchos ciudadanos dirigieran sus esperanzas hacia la ciencia. Ahora bien, lo que nos ha revelado la covid-19 es que la ciencia está no menos amenazada que la política por el capitalismo sindémico y sus espontaneidades destructivas.

    Históricamente las pandemias (desde la peste de Atenas a la gripe española de 1919) han generado reacciones de pánico individual y colectivo, caldo de cultivo muy propicio para las teorías conspiratorias. Por muy descorazonador que resulte, es antropológicamente normal defenderse de la ceguera del azar y de la arbitrariedad biológica buscando un culpable concreto: los judíos, los extranjeros, los pecadores, los curas, los chinos, Bill Gates. Nada nos da tanto miedo como la contingencia, que nos vuelve al mismo tiempo vulnerables e intercambiables, y por eso, frente a ella, nos inclinamos a concebir los destinos del mundo en términos de “voluntad”, aunque sea adversa y negativa, y no de aleatoriedad. Preferimos, en definitiva, un Dios malvado –un demonio providente– a un virus geométrico que no podemos controlar pero tampoco insultar o denunciar; nos aterra esa abstracción ciega que no reconoce nuestra existencia ni siquiera para matarnos. Preferimos siempre, sí, un relato en el que el Mal omnipotente tenga una identidad corporal, nombrable y visible, porque el odio es un ansiolítico muy poderoso; y en el que las víctimas tengan protagonismo, al menos como objetos de una persecución premeditada y sujetos de un saber superior, pues nada tranquiliza tanto, en una situación incontrolable, como justificar nuestra impotencia y afirmar nuestra autoestima. Pues bien, todos estos factores antropológicos se han conjugado del modo más favorable –es decir, más peligroso– en el contexto de una pandemia sindémica que venía socialmente precedida por la disolución de los vínculos comunitarios y la pérdida de credibilidad de los políticos y las instituciones.

    Lo que quiero decir es que, en el debate entre políticos y científicos, los delirios complotistas tienen el valor de señalar de un modo falso la falsedad de ese conflicto. Negando la existencia de un virus que no pueden ver, atribuyendo su aparición a una “mala voluntad” entre bastidores o denunciando en las vacunas una estrategia de ingeniería social y de control mundial, las teorías de la conspiración han iluminado la inconsistencia del conflicto políticos/científicos en la medida en que, errando peligrosamente el camino, han situado en otro marco, sin embargo, el origen y la solución de la pandemia. La han iluminado falsamente porque han elegido un marco tranquilizadoramente personal y, por lo tanto, narrativo y no sistémico. Pero la han iluminado a su manera. El covid, como he dicho, fue efectivamente creado en un laboratorio porque el capitalismo ha convertido la naturaleza entera en un laboratorio; las vacunas, por su parte, traducen efectivamente ambiciones de poder porque el poder económico penetra ya todas las esferas del conocimiento y, aún más, del conocimiento aplicado. Hay muchos motivos para desconfiar del origen “natural” del coronavirus y muchos motivos también para desconfiar de esas vacunas desarrolladas a velocidad sideral para contenerlo; pero ninguno de ellos tiene nada que ver con la maldad del gobierno chino o el afán de dominio mundial de Bill Gates. Ojalá fuera todo tan sencillo y tranquilizador.

    Los virus pasan de animales maltratados a humanos maltratados en una sinergia potencialmente apocalíptica

    Queremos creer en los políticos y resulta que la política está secuestrada por los índices bursátiles, la prima de riesgo y los límites draconianos de déficit público. Queremos creer en los científicos y resulta que la ciencia está secuestrada por las farmacéuticas. El mercado, en efecto, es la sindemia. Fijémonos en lo que significa “ciencia”: la idea hermosísima de una comunidad efectiva de intercambio transparente y generalizado en la que el progreso, necesariamente lento, sólo puede ser garantizado por la colaboración entre sus miembros y el apoyo de la ciudadanía exterior a través del Estado. Esa comunidad existe y sigue produciendo resultados epistemológicamente fundados; si no fuera así, si las farmacéuticas sólo vendieran aire y humo, habrían patentado y comercializado el cuerno de rinoceronte, el bálsamo de Fierabrás y los abracadabra de las magias blanca y negra. Esa comunidad existe y trabaja sin parar, pero ha sido intervenida, fragmentada y redirigida por un mercado paradójico que necesita verdadera ciencia y científicos convencidos, pero que sólo puede funcionar, al contrario que la ciencia y sus científicos, con opacidad, insolidaridad y precipitación; es decir, que sólo puede funcionar violando las reglas íntimas de la comunidad científica. El mercado, digamos, necesita vender verdadera ciencia y necesita disolver, al mismo tiempo, las únicas condiciones en las que la humanidad puede producir verdadera ciencia; necesita una comunidad científica universal y efectiva y necesita –y no sólo en el ámbito de la ciencia– destruir todos los vínculos comunitarios universales y efectivos. Cuando no somos capaces de advertir y afrontar esta contradicción, acabamos cediendo sin remedio a una de estas dos tentaciones: la de confiar en el mercado, confundiéndolo con la ciencia, o la de desconfiar de la ciencia, confundiéndola con el mercado. Una y otra tentación alimentan la sindemia; la primera, la de los consumidores pasivos, porque acepta sin protesta la pérdida de transparencia, universalidad y eficacia médica; la segunda, la de los conspiranoicos totalitarios, porque no deja ninguna grieta por la que pueda colarse la verdadera política y la verdadera ciencia. La verdadera política, por cierto, nada tiene que ver con la gobernanza neoliberal y la verdadera ciencia no se agota ni en las enfermedades ni en los remedios que reconoce y rentabiliza la farmacéutica privada o el “sistema médico” en general.

    La cuestión es la siguiente: la producción y distribución de vacunas –cuya existencia hay que celebrar con alborozo– reproduce el modelo sindémico de la producción y distribución del virus. Es decir: hay presión sobre la comunidad científica desde las farmacéuticas como hay presión sobre los animales y sobre la naturaleza desde las empresas agroalimentarias; y hay desigualdad social –y por lo tanto geográfica– en la distribución de las vacunas como la hay en la distribución e incidencia de la enfermedad. Eso es, en realidad, lo que quiere decir “sindemia”.

    Lo que nos ha revelado la covid-19 es que la ciencia está no menos amenazada que la política por el capitalismo sindémico y sus espontaneidades destructivas

    Como sabemos, la velocidad con la que se han desarrollado las primeras vacunas contra la covid-19 (Moderna, Pfizer, Oxford) no tiene precedentes en la historia de la medicina. Siguiendo a la profesora Charlotte Summers, podemos aceptar que eso se debe en parte a los conocimientos acumulados en los últimos años, que garantizan a los hallazgos un mínimo de seguridad epistemológica; es decir, el mínimo de fiabilidad que los hace vendibles en el mercado. Pero esa velocidad despierta también justificadas reservas dentro de la propia comunidad científica, algunos de cuyos miembros consideran, con no menos fundamento epistemológico, que la presión sindémica ha impedido agotar los plazos cautelares aplicados a investigaciones anteriores, de manera que –como explica Els Torreele, fundadora de la iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas– no tenemos ninguna certeza acerca de la duración de la cobertura inmunológica de estas vacunas ni está claro que los vacunados no puedan transmitir el virus. Esta incertidumbre, añade la científica belga, está asociada a la competencia entre empresas farmacéuticas rivales que han mantenido en secreto sus investigaciones, contraviniendo las reglas de la práctica científica misma; así que al final las agencias sanitarias de los Estados han autorizado muchas veces estos productos “sin más datos que una nota de prensa de la empresa”. La velocidad, pues, es inseparable de la opacidad y de la falta de colaboración y genera un resultado inseguro que –añade Torreele– puede acabar siendo contraproducente, no sólo por los eventuales efectos colaterales para la salud sino porque puede minar además la confianza en la vacunación en general, alimentando las peligrosas teorías de la conspiración. La urgencia ha estado, sin duda, justificada, pero no conviene ignorar los riesgos potenciales –incluso para la credibilidad de la ciencia– de esta precipitación inducida extramuros de la comunidad científica.

    ¿Y por qué esta velocidad? Las presiones, externas e internas, son obvias. Las internas tienen que ver con el hecho de que, aunque buena parte de la financiación es pública, las patentes de explotación comercial son privadas. El capitalismo sindémico, que ha seleccionado siempre y sigue seleccionando qué enfermedades son curables y cuáles no en virtud de criterios puramente económicos, ha encontrado la más fabulosa oportunidad de negocio en un mercado literalmente global que convierte a 7.600 millones de seres humanos en potenciales clientes de sus productos. La misma lógica extractiva que se aplica a otros sectores –del petrolero al agroalimentario– se ha aplicado aquí para extraer fondos de los Estados y conocimientos de la comunidad científica. En cuanto a las presiones externas, cabe señalar dos orgánicamente asociadas: la de los gobiernos nacionales a los que ha tocado gestionar la pandemia y que –incluso por razones electorales– tienen que responder ante sus ciudadanos; y la de la población mundial, sobre todo la clase media occidental, a la que se prometió “seguridad total” y que, por eso mismo, temblorosa y levantisca, exige una solución inmediata y definitiva. Ni el capitalismo sindémico ni sus víctimas humanas –al menos en Occidente– pueden aceptar la idea de la muerte y la fragilidad. La paradoja es que, para satisfacer la demanda de inmortalidad individual, una vacuna insuficientemente testada puede aumentar, al contrario, la vulnerabilidad e inseguridad generales.

    La producción de vacunas remeda, pues, la del propio virus. Ahora bien, eso mismo ocurre en el ámbito de la distribución farmacéutica, donde la velocidad de la rivalidad empresarial impide la falta de colaboración; es decir, la universalización de los beneficios. Como recordaba Juan Elman en un reciente artículo “la gran mayoría de los países no tienen garantizadas las dosis necesarias para vacunar a su población”. Mientras que Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, la UE, Australia y Japón tienen ya aseguradas entre 4 y 8 dosis por persona, son muy pocos los países de renta media que llegan a una sola dosis (cuando se necesitan dos para la inmunización) y ninguno de los más pobres ha firmado acuerdo alguno para acceder a la vacuna. La propuesta inicial de India y Sudáfrica para liberar las patentes y suspender cualquier derecho intelectual sobre medicamentos o vacunas –al menos hasta que el 70% de la población mundial estuviera inmunizado– fue rechazada en la OMS por los países europeos, Estados Unidos, Canadá y Brasil. Por otro lado, el fondo Covax, supervisado por la propia Organización Mundial de la Salud y destinado a vacunar a poblaciones de bajos recursos, no ha sido apoyado por Estados Unidos y no recibe más que migajas de los países que acordaron su creación. Las vacunas, como vemos, reproducen, en lugar de interrumpir, el movimiento en bucle, articulado y sin salida, de la sindemia capitalista.

    En definitiva, si el capitalismo es una sindemia, va a seguir produciendo sin parar virus y pandemias; y va a seguir produciendo, también sin parar, vacunas y medicamentos selectivos y mal distribuidos. Ese es el futuro y no es halagüeño para la humanidad. Pero si el capitalismo es una sindemia, entonces la política y la ciencia, hoy cautivas, deberían estar luchando para liberar a la humanidad y a ellas mismas del capitalismo. Eso sí sería bueno para todos.

  • Revocación de mandato, un derecho de participación ciudadana

    Revocación de mandato, un derecho de participación ciudadana

    Ciudadanos que apoyan al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, recaban firmas para la ratificación de su mandato. Foto CuartoOscuro.

    Por José María González Lara – Contralorías en los tres niveles de gobierno, auditorías del poder legislativo federal y estatales, institutos de transparencia ciudadanizados, sistemas anticorrupción, entre otros organismos y dependencias en la estructura jurídica para evitar la corrupción y ésta permanece astutamente y opera “tan campante”; baste decir que los organismos autónomos se componen por ciudadanos con jugosos sueldos, generalmente designados por legisladores de partidos políticos en acuerdos de cuotas.

    Por otra parte, aún que erráticamente se da seguimiento a la aplicación de los recursos públicos para evitar su mal uso y desvío, no se verifica que con dicho ejercicio presupuestal se logren los objetivos trazados y se obtengan beneficios concretos para la ciudadanía, es decir que no se contrastan los objetivos y acciones de la previa planeación con los resultados de los gobiernos federal, estatal y municipal, tampoco en los poderes legislativo y judicial, ni en los señalados organismos ciudadanos.

    A final de cuentas, es la ciudadanía la que puede constatar los resultados y beneficios de los gobiernos, tanto en la operatividad de la aplicación del erario público, como en su logros y alcances concretos.

    Precisamente, la “revocación de mandato”, como un derecho individual y social, impulsaría la necesidad de que el poder ejecutivo cumpliera aspectos gubernamentales imperativos: transparencia en la aplicación del presupuesto; resultados tangibles que favorezcan el bienestar personal, comunitario y social; austeridad republicana para evitar dispendios y despilfarros del dinero del pueblo; cercanía del gobernante con los gobernados; relación estrecha de gobernanza para consensar decisiones que afecten a la ciudadanía; impacto positivo del gasto público como multiplicador de la economía; entre otras.

    La democracia representativa delega las decisiones en los representantes, por eso la democracia participativa impulsa el desarrollo armónico de la sociedad, porque obliga a que los gobiernos estén siempre al tanto de sus responsabilidades con sus gobernados; como un ejercicio de participación democrática para revocar o ratificar, la revocación de mandato puede garantizar ejercicios gubernamentales eficientes, efectivos y eficaces.

    El concepto democracia participativa hace referencia al conjunto de espacios y mecanismos donde ciudadanas y ciudadanos pueden incidir y decidir sobre asuntos públicos de su incumbencia, más allá de la actividad propia de los representantes.

    La derecha conservadora no aprecia este ejercicio como un fortalecimiento de la democracia, por el contrario, argumenta que es un gasto inútil, que se generaría ausencia de gobernabilidad, con enfrentamientos estériles entre las fuerzas políticas, el poder económico y los medios masivos de comunicación. Lo que temerosamente pretende la oposición actual es la permanencia de la democracia representativa, para que, en caso de retornar al gobierno federal, las decisiones sólo se tomen en las cúpulas políticas y económicas, sin un directo escrutinio ciudadano; en todo caso, su oposición a la revocación de mandato es una postura previsora, porque al realizarse un solo ejercicio de este tipo, se sentaría el precedente -o jurisprudencia- para llevarlo a cabo en el futuro y extenderlo, con sus particularidades, a los gobiernos estatales y hasta municipales.

    Es deber de las y los demócratas impulsar la participación ciudadana en la vida pública de la sociedad mexicana, defender la revocación de mandato como un derecho democrático, con argumentos sólidos en el discurso y acciones particulares para persuadir a muchas personas que aún dudan que ahora sí se les esté tomando en cuenta.

  • Estrategias complementarias para contener la inflación e impulsar el crecimiento

    Estrategias complementarias para contener la inflación e impulsar el crecimiento

    Por José María González Lara – De noviembre del año 2020 al mismo mes de este año, en México el incremento de precios al consumidor registró 7.37% anual, acumulado desde enero en 7%, lo cual es efecto de dos fenómenos, uno mundial y otro regional.

    Como ya se ha mencionado en otras entregas de esta columna, la pandemia distorsionó las cadenas globales de valor, es decir los vínculos productivos y distributivos de bienes y servicios entre países; al recuperarse paulatinamente la inversión y el empleo, tendencialmente ha aumentado la demanda, pero cuando dichos encadenamientos aún no se recuperan del todo, sobre todo porque se incrementa la demanda de materias primas, incluidos gas y petróleo, y productos agropecuarios. Esta es una de las causas de la inflación en la mayor parte del mundo, incluido nuestro país.

    Por otra parte, en los años del gobierno de Donald Trump en Estados Unidos se inyectaron recursos a empresas y hogares por un monto de 2.9 billones de dólares (millones de millones de dólares), pero sin recaudación tal que sostuviera dicho gasto público (los impuestos se redujeron drásticamente, sobre todo el ISR que pasó de 37 a 25%), lo cual se sostiene con deuda pública y emisión de dinero.

    Asimismo, a lo anterior deben añadirse los programas del presidente Joe Biden, de gasto público en infraestructura productiva y educativa, los cuales, si se aprueban, generarían inversión y empleo, con el consecuente aumento de demanda y consumo intermedio y final.

    En el país vecino norteño esto ha traído como consecuencia una inflación anual de 6.8% -de noviembre de 2020 al mismo mes de este año- y acumulada de 6.7% -de enero a noviembre de este año-, la más elevada desde hace más de 30 años.

    Por lo anterior, las importaciones provenientes de ese país para los procesos productivos elevan los costos de producción de manera directamente proporcional y, por ende, el precio final, esto es lo que se denomina “inflación importada”.

    La economía mexicana sigue enfrentando numerosos retos en lo relativo al virus y otros factores macroeconómicos.

    Según INEGI, el índice de precios al productor se situó en 9.90 anual, es decir que las empresas pagan en promedio 3.1% del incremento de precios en materias primas y energéticos, lo cual no podría sostenerse por mucho tiempo.

    ¿Cómo enfrentar el problema sin que se afecte la recuperación económica en tiempos de Covid y, previsiblemente, ya en postpandemia? En México se ha optado por algunas políticas económicas estratégicas complementarias: la monetaria, con el aumento de la tasa de interés de referencia a 5%, para que paulatinamente se incentive el ahorro y se inhiba el crédito, por tanto, tendencialmente menos demanda; la fiscal, con el sostenimiento e incremento en el gasto en infraestructura productiva y las transferencias a los programas sociales que sostienen el consumo componente de la demanda agregada, es decir el gasto público como efecto multiplicador; la laboral, con el incremento en 22$ al salario mínimo para el año 2022, acordado por las cúpulas obrero-patronales y la Secretaría del Trabajo. Las últimas tres estrategias para aumentar la demanda agregada e impulsar el crecimiento.

    Ante la inflación global, el Fondo Monetario Internacional ha reconocido que los Bancos Centrales tienen poco margen de maniobra y sus decisiones impactarán la recuperación, sin embargo, se sostiene que el fenómeno de aumento de precios no será permanente, hasta en tanto se restablezcan las cadenas de valor y no se agudice una cuarta ola de contagios del virus con sus nuevas variantes. Se reconoce, hasta ahora, que el efecto inflacionario es escalonado, pero no generalizado, así que la hiperinflación no está a la vista, además que el desempeño de la economía mundial y particular en los países continuará al alza, aunque con menor ritmo.

    No faltan las voces –o gritos- de alarma de la derecha política, académica y mediática, que culpan al gobierno federal mexicano del movimiento inflacionario por omisión de estrategias de contención, pero no es así. Por lo pronto, se prevé que los aumentos de precios se contraigan hasta el segundo trimestre del año próximo. Veremos.

  • Esquizofrenia

    Esquizofrenia

    Vicente Fox Quesada, también conocido como Homo Stupidus Esquizofrenicus.

    Por Arturo del Bosque – A mediados del sexenio de Vicente Fox, la señora Martha Sahagún, esposa del entonces presidente, ambicionaba la silla que ocupaba su marido, es decir, albergaba serias aspiraciones para suceder en la presidencia a Vicente Fox, para tal electo mando realizar una encuesta para medir sus posibilidades reales en una futura e hipotética contienda presidencial, el resultado fue que el político que en ese entonces aparecía como primero en dicha encuesta era el licenciado Andrés Manuel López Obrador, que se desempeñaba como jefe de gobierno del lo que era el Distrito Federal, a partir de ese resultado y con lo obsecuente y dócil que se mostro el presidente Vicente Fox, a este último se le volvió una obsesión la figura del Lic. López Obrador y fue el inicio de una de las más obscuras, calumniosas y fracasadas campañas de odio o guerra sucia de que se tenga memoria en México, alineados con los poderes del estado, los medios de comunicación, la minoría rapaz que controlaba y mandaba en el PRI, el PAN y en las mas altas esferas del gobierno, en un afán o con un objetivo único, descarrilar, destruir y eliminar de la escena política al que, según los resultados de la encuesta y de todas la encuestas, encabezaba las tempranas preferencia electorales en el país.

    Los intentos fueron el linchamiento mediático, la descalificación de sus obras, de los programas sociales, hasta la fabricación de expedientes judiciales como lo fue el caso del Paraje de San Juan según el cual al gobierno y la ciudad se le obligaba a indemnizar a un particular, un vivales, con una suma millonaria, caso que se desvaneció por falta de pruebas ,los llamados video escándalos, en los que se exhibe a su secretario de finanzas Gustavo Ponce jugando en un casino de las Vegas, a la entrega de fajos de billetes a René Bejarano entonces asambleísta por el PRD y antiguo secretario particular del jefe de gobierno, Lic. López Obrador, hasta el vergonzoso caso del desafuero.

    Ninguna de estas maquinaciones y artimañas del poder pudieron descarrilar el proyecto que si bien lideraba el compañero Andrés Manuel López Obrador, tenía un enorme respaldo popular que fue capaz de recuperase de dos fraudes electorales y de una guerra permanente de desprestigio y descalificaciones a nuestro actual presidente.
    El día de hoy, este vigoroso movimiento que resistió los embates del poder, ha logrado desplazar del centro político y de la toma de decisiones, a las minorías rapaces que por años fueron rabiosos adversarios del hoy presidente y del movimiento que le acompaña en este proceso de transformación.

    Al igual que sucedió en el sexenio de Fox y la ambición pueril de su esposa por sucederle en la presidencia, hoy tenemos reacciones similares en cuanto al encono y la estridencia, por motivos similares, aunque hay que agregar algunas circunstancias que no estaban presentes en aquel entonces, la publicación en casi todos los medios informativos y las casas encuestadoras que reportan un apoyo de más de dos terceras partes de la sociedad al presidente de la republica.

    Aprobación que adquiere una enorme relevancia si consideramos que se da en medio de una gran crisis de salud, aparejada con una caída en la actividad económica producto de la misma y de una rabiosa y permanente campaña de difamación y descalificaciones de parte del hampa del periodismo, de una multimedia falaz y cínica, que a diario descalifica las acciones del presidente, de organismos autónomos abiertamente facciosos destacando el INE, un instituto que se ha sumado en forma cínica e irresponsable al bloque opositor, todos ellos han reaccionado de una manera visceral ante esta realidad y en voz de personajes de la intelectualidad orgánica y de seudo dirigentes sociales, han manifestado una serie de opiniones que rayan en la esquizofrenia, si entendemos que esta enfermedad se caracteriza por pensamientos o experiencias que parecen estar desconectados de la realidad, veamos el caso de tres personajes que presentan estos rasgos, vale decir que sus opiniones tienen un mercado muy focalizado, las minorías aspiracioncitas y rabiosas que, sin serlo, se sienten de una élite que, a su vez, les ve con sumo desdén.

    El 22 de noviembre del año en curso, en uso de sus facultades, el presidente publica en el Diario Oficial de la Federación lo siguiente:

    ACUERDO por el que se instruye a las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal a realizar las acciones que se indican, en relación con los proyectos y obras del Gobierno de México considerados de interés público y seguridad nacional, así como prioritarios y estratégicos para el desarrollo nacional.

    Este acuerdo de carácter interno y eminentemente administrativo fue calificado por Denise Dresser, una opinadora de pensamiento corto y conservador de un GOLPE DE ESTADO, lo manifestó de la siguiente manera,
    “Nos acaban de dar un golpe de Estado. El decretazo presidencial implica rendición del poder civil ante el poder militar. Para proteger/perpetuar su visión, AMLO institucionaliza co-gobierno con las fuerzas armadas. Y será un gobierno más opaco, más discrecional, menos democrático.”

    Denise pasa directamente al diván del siquiatra, sabemos de sus personales motivaciones, es indudable que la desconexión de su pensamiento con la realidad se entiende únicamente por el dinero que ingresa a su cuenta cada vez que publica una de estas mafufadas.

    En otro caso esquizoide, a partir de la designación que, en uso de sus facultades hace la directora del CONACYT, María Elena Álvarez Buylla del director del CENTRO DE DOCENCIA E INVESTIGACION ECONOMICA, el CIDE, en la persona de José Romero Tellaeche, hay una inconformidad de investigadores que estudian y se forman en ese centro de investigación y docencia, la directora ha accedido al dialogo con los inconformes, los cuales han dilatado tales conversaciones y en un acto teatral y mediático se han instalado fuera de las oficinas del CONACYT, obvio con una amplísima cobertura mediática, cabe destacar que de este centro de investigación y docencia, se recuerda como lo único, tristemente relevante y de trascendencia nacional el haber promovido la liberación de todos, todos los implicados en la matanza de ACTEAL perpetrada por grupos paramilitares afines al régimen de entonces, acción vil y lamentable que evidenció la servidumbre de este centro con el régimen opresor y que ha derivado en un pensamiento conservador acomodaticio y de élite.

    Esta inconformidad de una parte de los estudiantes del CIDE prefiguró en la mente obnubilada y esquizofrénica del engolado Sergio Aguayo, intelectual orgánico con cariz de progre, las siguientes e infortunadas declaraciones:
    “Ecos del 68. Hay similitudes y diferencias entre el Movimiento del 68 y el conflicto del CIDE. Quitarles legitimidad por razones ideológicas justificará la manera como los tratan las autoridades.

    “Antes del Movimiento del 68 el presidente Gustavo Díaz Ordaz ya desconfiaba de los estudiantes. Los veía como los ‘tontos útiles’ del comunismo internacional que buscaría aprovecharse de las olimpiadas de aquel año para lastimar a su gobierno. La fijación del Presidente actual es con los neoliberales”.

    En descargo del presidente está el cambio total en el modelo de seguridad para el logro de la paz, que no la guerra, la atención a las causas y no combatir solo con la fuerza, los efectos de las mismas, ante eventos abiertamente provocadores, la actitud del presidente ha sido de respeto absoluto a los derechos humanos y la renuncia a utilizar la fuerza policiaca o militar en contra de quienes han llevado a cabo tale acciones, recordemos el caso de los maestro que por meses bloquearon vías de ferrocarril en el estado de Michoacán, producto de la irresponsable actitud el hoy ex gobernador SILVANO AUREOLES, la retención del presidente por más de dos horas por maestros de la CNTE en Chiapas y la respuesta mesurada del presidente al permanecer las dos horas que duro tal retención en su vehículo sin que se haya ordenado ninguna acción de represalia o uso de la fuerza, únicamente se señala de parte del presidente un justificado, NO SE VALE.

    Sergio Aguayo pasa al igual que Denise Dresser, al diván de los especialistas en salud mental mientras palpa su premio en constante, premios nimios que como adiestrado can le ponen a ejecutar piezas musicales al gusto de impresentables amos. El último caso es el de Javier Sicilia, un gambusino extraviado que en busca de fama y fortuna ha devenido en una figura patética, decorativa de un pensamiento que se calza de progresista y justiciero y qué no es más que un farsante filibustero, veamos.

    En un ejercicio de comunicación masiva y con un alto contenido político, el presidente convocó a una concentración en el zócalo capitalino, a la ciudadanía que apoya este proceso de transformación y a la figura de quien encabeza tal esfuerzo, la respuesta fue multitudinaria y colmó la plancha del zócalo y calles adyacentes, algo nuevo e insólito, no, se han realizado como esta concentración, quizá un centenar a lo largo del nacimiento, desarrollo y consolidación de este movimiento de regeneración nacional, por tal las palabra de SICILIA no son más que bufonadas en busca de una magra recompensa y el aplauso de un número muy reducido de personas, la coprofagia política que les aqueja les permite deglutir cualesquier clase de heces, sin hacer gesto y pareciera que hasta con deleite.

    En el espejo de Hitler

    Guardando sus debidas proporciones, lo que vimos durante el tercer informe de gobierno de AMLO es una lógica semejante a la de Hitler. A semejanza del Führer, AMLO ha construido y sostenido su poder con la masa. Conoce sus mecanismos, sus deseos, los símbolos que la concitan y la reproducen…

    “Nada, sin embargo, es más excitante para este fanático del poder que ver encarnado un fragmento de esa masa en la inmensidad del Zócalo capitalino. “Yo me asomaba (desde Palacio Nacional) –dijo al día siguiente del 1 de diciembre– y veía desde las siete de la mañana a mucha gente ya sentada en la plaza”

    La respuesta del presidente fue mesurada y hasta en tono divertido, tampoco se trata de darle tribuna a estos despropósitos, en el diván de los esquizoides, Javier Sicilia ocupa un lugar de preeminencia, más patético aun si consideramos que, una desgracia familiar, una tragedia que como a él, enluto por similitud de circunstancias a millones de mexicanos, fue utilizada como plataforma para iniciar lo que prometía una repuesta vigorosa y gallarda ante la criminal política de guerra de Felipe Calderón que acabo con él, según poeta, repartiendo besos a aquellos que de manera directa fueron responsables de la tragedia nacional iniciada en el sexenio de Calderón, el hoy presidente fue renuente a recibir el ósculo del falsario poeta y sentenció desde entonces lo que muchos, millones constatamos después, LO SENTI FALSO dijo el presidente y no me equivoque, los besos de SICILA es la única estampa mediática que se le recordara.

    En el sexenio de Fox, el poder del estado, todo el poder, los medios, los poderes facticos, la Suprema Corte de Justicia de la Nación y los institutos electorales, no fueron capaces de descarrilar el proyecto de regeneración nacional, solo pospusieron la inminente llegada y consolidación del mismo, ahora, con un presidente legitimado por una insurrección cívico electoral, con un bono democrático nunca visto en la historia moderna del país, un empaque moral que le hace inmune a la mendaz y cínica multimedia, con un pueblo que se ha echado a andar con él, ya pueden rumiar y conspirar los conservadores, tal como al Patricio de Oaxaca, al presidente le harán lo que el viento le hizo a Juárez.

  • Los enemigos de López Obrador y el síndrome de Vasconcelos

    Los enemigos de López Obrador y el síndrome de Vasconcelos

    La santísima trinidad de la mafia del poder.

    Por Víctor Orozco – En 1929 José Vasconcelos fue candidato a la presidencia de la República y “perdió” las elecciones contra un aparato electoral del gobierno recién creado, el Partido Nacional Revolucionario. Convocó entonces a las armas contra el fraude y se marchó del país. Nadie hizo caso al patético llamamiento, por angas o por mangas y su autor se hundió en la amargura política, denostando las mayorías, considerando que el pueblo mexicano no lo merecía. Sus frustraciones pronto lo llevaron al fascismo.

    Traigo a colación esta actitud, a raíz de que he leído varios artículos y escuchado distintas intervenciones de intelectuales tenidos por los más lúcidos críticos del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y me da la impresión de que se les está agotando el arsenal de argumentos. Advierto un empobrecimiento del discurso y hasta un dejo de resignación a la derrota. Cada vez incurren más en lo que llamaría el “síndrome Vasconcelos”, consistente en culpar al pueblo de México por lo que estiman sus erradas y erráticas decisiones. Héctor Aguilar Camín por ejemplo dice que contra toda evidencia, el presidente siempre afirma “que tiene otros datos”, pero, ha llegado a la conclusión que no es propiamente  él quien los tiene sino la sociedad misma. Es decir, López Obrador no hace sino recoger “los otros datos” de las mayorías. Son éstas las culpables de negarse a ver la realidad.

    La credulidad de los mexicanos hacia los dichos del López Obrador, dice Castañeda tiene en el fondo una explicación antropológica, una especie de  distintivo connatural de los votantes. Agrega que contando apenas con 24 años de democracia representativa, a partir de 1997, no hemos aprendido a comportarnos como ciudadanos, no sabemos como ser críticos. Macario Schettino, quien es autor de furiosos e insolentes artículos contra López Obrador, dice que los mexicanos somos como las ranas que colocadas en agua tibia, van cociéndose gradualmente sin advertir el aumento de la temperatura.

    He leído innumerables escritos, desde los que contienen simples infundios o injurias (tipo Fernández de Ceballos) hasta aquellos que integran observaciones o comentarios de mayor calado por sus preocupaciones y fundamentos, como los que aluden al creciente papel de las fuerzas armadas en la administración pública. No he encontrado miga nueva, sino repeticiones y desmesuras.  Muchas veces, afirmaciones gratuitas y aflojeradas  como las del jurista Sergio García Ramírez.

    Cartón de El Fisgón.

    Arrastrados por la inquina y el odio, estos intelectuales críticos han sido incapaces de leer y advertir las transformaciones que vive México. Algunos de ellos, los que no estaban comprometidos con los regímenes del pasado reciente, podrían haber jugado un papel destacado como impulsores de los cambios, pero prefirieron plantarse en una cómoda oficina para señalar y magnificar errores, denunciar imaginarios atentados contra las libertades (de expresión, de cátedra, etcétera), presagiar catástrofes, dictaduras  y hacerse las víctimas de persecuciones inventadas.

    Les ha pasado de noche que en el país han sucedido y están sucediendo cosas importantes  para la mayoría del pueblo mexicano en ámbitos muy variados: la ejecución de  magnas obras  por vez primera en más de medio siglo, el inicio de una nueva etapa en las comunicaciones por ferrocarril,  la elevación a rango constitucional de novedosos derechos sociales, el progreso en la aplicación de políticas públicas con perspectiva de género e inclusión, la elevación de salarios reales, la democratización de los sindicatos, la lucha contra la corrupción institucional, el respeto invariable a las libertades, el inicio de un sistema bancario orientado al servicio popular, para mencionar sólo algunas de ellas.  

    ¿Qué cada una de estas transformaciones y realizaciones enfrenta problemas y desafíos enormes?  Sin duda, pero no suficientes para arredrar. ¿Qué en la ejecución de cada iniciativa y proyecto se han cometido y se cometen errores? Es cierto con evidencia y no podría ser de otra manera. Pero, estos críticos aludidos, utilizan las fallas para descalificar la obra en su conjunto y buscar su fracaso.  Es ésta una razón por la cual encuentran cada vez mayor aislamiento político, a pesar de su aparición constante en los medios de comunicación.

     Andrés Manuel López Obrador se ubica, según mi parecer, en el sitial de los estadistas, gobernantes con un proyecto de largo aliento y vocación transformadora,  condición que desde Lázaro Cárdenas, no alcanzaba ningún presidente mexicano. Ignoro cual será el balance de su obra al término del mandato en 2024. Pero, de lo que sí estoy seguro es que los mexicanos vivimos tiempos de cambios positivos y de esperanzas, no de frustraciones y desánimos como ocurría hasta hace menos de un  lustro. Estos sentires, lo entiendo, no son compartidos por todos  y menos aún por aquellos analistas o actores políticos que al final, no pueden deshacerse del síndrome de Vasconcelos: si el pueblo no los sigue es porque constituye un rebaño incapaz de comprender, porque “tiene otros datos”.

  • Lo Público y lo Privado

    Lo Público y lo Privado

    Por Lizbeth Ogazón Nava – Los pasados días 1 y 6 de diciembre, en cumplimiento a la glosa del informe que debe presentar el titular del ejecutivo ante el congreso del Estado, se presentaron en las comisiones respectivas los secretarios de gobierno, Fernando de las Fuentes Hernández, así como el de Inversión Público Privada, Gerardo Berlanga Gotes.

    Ante los cuestionamientos qué hice en ejercicio de la función como representante popular, al primero sobre los depósitos millonarios que realizó en paraísos fiscales y si estos los obtuvo en el tiempo que él fue alcalde de Saltillo, y al segundo sobre el monto también millonario de la boda de su hija celebrada el pasado 20 de noviembre (calculado por la prensa en 30 millones) cuyo gasto según las fuentes periodísticas, sólo por arreglos florales fue de un millón de pesos.

    Ambos respondieron que eran actos de su vida privada. Entiendo que un personaje del mundo del espectáculo o de la farándula puede escudarse ante esa respuesta, sin embargo, no opera lo mismo tratándose de servidores públicos. Desde la construcción misma del derecho en época de los romanos, existe una división entre el derecho público y el derecho privado. Al efecto decían que el derecho público era lo que afectaba la “cosa romana”, lo que ahora denominamos cosa pública, (que nos afecta a todos) mientras que en el caso de lo privado eran asuntos de interés y utilidad particular.

    Luego de los escándalos del sexenio de José López Portillo, en la década de los 80, la legislación administrativa mexicana estableció una serie de medidas para evitar la corrupción, el peculado, el dispendio de recursos a través de medidas como: responsabilidades a los servidores públicos, sanciones y la obligación para declarar sus bienes e ingresos.

    Posteriormente hasta 2002 con la Ley de Transparencia y acceso al información gubernamental, los sistemas administrativos fueron transitando para evitar la opacidad y el secreto. Esto es, no bastaba con hacer pública la declaración de los bienes sino que había que incidir en todos los datos alrededor de la rendición de cuentas de los servidores públicos y en ese sentido, se razonan las preguntas que formule’.

    No hay nada económico dentro de la cosa pública ni de la vida de los servidores públicos en ejercicio que pueda ampararse ante la excusa de ser parte de “su vida privada.”

    Una vida política democrática y participativa, las acciones de buen gobierno y la buena administración tienen como base el principio de transparencia en el actuar moderno de la administración pública. Su interrelación constituye un conjunto de derechos y esta vinculación estrecha de su ejercicio implica beneficios para la legitimación de la democracia.

    Puede afirmarse, que las políticas públicas de transparencia y su implicación en la lucha contra la corrupción y la transformación de la administración pública constituyen en este momento la más efectiva garantía para el ejercicio de los derechos fundamentales.

    Y ahí nos van a encontrar, siempre luchando por ellos.

  • ¿Acuerdo o decretazo?… Tordos y caracoles

    ¿Acuerdo o decretazo?… Tordos y caracoles

    AMLO y Durazo analizan construcción de parque de energía solar en Sonora. Foto: Especial

    Por José María González Lara – Sistemáticamente y sin excepción la derecha política, mediática, académica y religiosa, se opone sistemáticamente a toda decisión del gobierno federal.

    Aplauden y aprueban el supuesto “jalón de orejas” del gobierno de Estados Unidos al presidente López Obrador por la Reforma a la Industria Eléctrica -asunto de seguridad nacional para poner orden en la generación y distribución de electricidad y garantizar el abasto y precios justos a empresas y familias, 54% CFE, 46% privados-, así como ridículamente criticar hasta la postura corporal

    Ridículo, criticaron hasta la postura corporal del ejecutivo en la reciente reunión cumbre de los países integrantes del T-MEC. Un columnista conservador afirmó que a dicha cumbre asistieron “dos líderes y un mendigo” (Sergio Negrete, El Financiero, 11-09-21), cuando es evidente los resultados positivos de la reunión trilateral. Así se las gastan quienes se oponen al cambio de régimen y pretenden recuperar los privilegios perdidos.

    Atribuyen la inflación a las decisiones de política económica y social, cuando está demostrado que el gasto público, los incrementos salariales y los programas sociales no son causa del aumento de precios, sino que éste es un fenómeno global causado por la recuperación económica mundial en la paulatina superación de la pandemia.

    Ante el carrusel de amparos otorgados por jueces confeti para entorpecer, suspender o hasta impedir las obras de infraestructura, el lunes 22 de noviembre se publicó en el Diario Oficial de la Federación un Acuerdo para que las dependencias federales involucradas administrativamente atiendan como asunto de “seguridad nacional” el cumplimiento en tiempo y forma en la entrega de dichas obras a la sociedad mexicana (Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, Refinería Dos Bocas, Tren Maya, Corredor Transístmico, entre otras).

    Dichos proyectos se consideran “prioritarios y/o estratégicos” para el desarrollo nacional, dada su importancia “… para incrementar la derrama económica del turismo, crear empleos, impulsar el desarrollo sostenible y proteger el medio ambiente”.

    No se dispensa la gestión de permisos, dictámenes y licencias, mucho menos se exenta de la transparencia y rendición de cuentas a través de dependencias y organismos autónomos.

    Para detener el sostenido avance político y administrativo del actual gobierno federal, la derecha sostiene que la decisión es un Decreto -o “decretazo”- equivalente ¡a un golpe de Estado! (Denise Dresser, 23-11-21). Los eruditos del Derecho Constitucional y los leguleyos discutirán y analizarán este asunto, por lo pronto las obras deben agilizarse.Las y los opositores de la 4T no reconocen la situación deplorable en que la derecha ideológica dejó al país en todos sus ámbitos; ante el nivel de aceptación ciudadana de AMLO, el malestar, la ira y la estridencia no les permiten analizar a profundidad por qué 30.3 millones de electores -¿equivocados?- demandan otro régimen político, transición nada sencilla que se extendería, si la misma sociedad lo decide, por mucho más de seis años. A la derecha nada le preocupa el juicio futuro de la historia sobre su postura para denigrar al presidente y desacreditar el proyecto de transformación ¿Quién polariza a la sociedad? La pieza poético-musical “Tordos y Caracoles” de Joan Manuel Serrat (álbum 1978) se suscribe pertinente para quienes corresponda.

    No atienden ese alboroto de tordos

    a cuestiones de patria y de frontera,

    de próceres, de aniversarios y banderas,

    ni aún hoy que es día de fiesta nacional,

    cuando irrumpe en la canción del sol,

    de la charca en donde abrevan,

    del árbol que esconde el nido

    y la compañera, picando olivos, hurgando en mieses…

    si el territorio le pertenece.

    Les contemplaba una procesión de caracoles

    murmurando su falta de consideración,

    a ras de suelo y babeando…

    Demasiado ocupados en las palabras

    para poner a salvo de ellas las cosas,

    demasiado obligados en sus pesadas corazas

    como para poder entender a aquél

    que lo deja todo para poder ser él.

    Demasiado preocupados en palpar con los cuernos

    y en mandar Christmas de Navidad, en prepararse un hermoso entierro.

    Joan manuel serrat
  • No camina solo el Presidente

    No camina solo el Presidente

    AMLO rodeado de simpatizantes durante su gira en Jalisco.

    Por Arturo del Bosque – No camina solo el presidente, es un pueblo entero el que se puso a andar, no es esto una lírica ni zalamería, es un pueblo que ha entendido que en la movilización, la conjunción de anhelos y la irrenunciable búsqueda de la libertad y la justicia, han de conseguirse a fuer de andar, de andar veredas, andar alamedas, poblar plazas públicas, poblados, costas, montañas, han de ser los pasos la estrategia, no detenerse nunca, menos retroceder, anclados en la terca memoria que nos remite a pasadas glorias, a un cura que de Dolores partió con la virgen como estandarte y la libertad como horizonte, a Morelos que del sur hizo travesía, rutas y caminos, sin más aspiración que la de honrar su condición voluntaria, ser siervo de la nación, igual que el benemérito, el presidente Juárez que en un carruaje monto patria y corazones, que por desiertos, parajes hostiles y la persecución constante del enemigo, de los conservadores que en Miramón encontraron su Macabeo.

    Luego el letargo de 30 años bajo la bota del dictador fratricida, el Porfirio que la paz decía, se encontraba en los sepulcros, es luego que Madero y su andar, el exilio, la cárcel, la asonada cruel, el festejo absurdo de los otrora fifís, el cruel martirio del hermano Gustavo Madero, uno de los más vergonzosos episodios en la historia de México, anduvo el presidente Madero y Villa y en Morelos Zapata, el centauro que educación y justicia pedía para los suyos, el indio sureño que la tierra reclamaba como condición de libertad.

    Otra vez el país en un letargo, los manes de la revolución que parcos fueron para las mayorías, hasta que de nuevo andando con el general Lázaro Cárdenas, y andando y movilizados se recupera para la nación el más preciado bien, la industria petrolera, se lega seguridad social, instituciones educativas de carácter popular y se reparte la anhelada tierra que demandaba Zapata, luego la contra, quizá un destello con Don Adolfo López Mateos que termina los contratos de riesgo para la explotación del petróleo y nacionaliza la industria eléctrica, esa, esa industria que los hoy conservadores ofrecen de cubito supino a los extranjeros abusivos y soberbios.

    La céntrica plaza de el Zócalo, en la Ciudad de México, estuvo abarrotada de gente hasta altas horas de la madrugada durante el triunfo histórico del 2018.

    Luego se convirtió el andar en figuras retóricas, en gobiernos autoritarios, quizá sí, quizá con un proyecto de país, con el lastre de la endémica corrupción y el despotismo, presidentes de cuchillo y horca, presidentes imperiales, uno fue que ensangrentó la plaza, la plaza de las tres culturas, lugar de tránsito hacia los afanes libertarios, malhadado presidente, sanguinario como quien le sucedió en el trono, luego la frivolidad, el que nos conminaba a acostumbrarnos a la abundancia, la gris figura del que fue rebasado cuando el terremoto del 85, luego, luego la larga noche neoliberal, 30 años de saqueo, de inmovilismo, de pasmo de un pueblo que engañado y deslumbrado por la televisión se creyó el cuento que loros y canarios le cantaban mañana y noche, la vena conservadora que en la televisión y la prensa se dibujaba con el rostro de la modernidad y abominaba de cualquier asomo de un estado responsable y patriota, hacer a un lado la historia que solo añoran los que no le saben al mercado.

    Es así que la historia nos va construyendo y nos construimos con la bella Clío, es así que juntos decidimos hacer historia, un andante que del sur, del edén tabasqueño entendió que es caminando, que es andando los caminos como se teje la historia, hermanados en los pasos, caer y levantarse decía el hoy presidente y si vuelves a caer volver a levantarse, que no ha de ser para débiles ni timoratos las glorias que la historia nos habrá de reconocer, con blasones de libertad y gallardía, un pueblo que andando encontró líder y guía, andando troco la noche en luminoso día, hacer camino, amplias alamedas, hemos ando la legua, habremos de seguir en la brega.

    Comités de base conformados por obreros, campesinos y estudiantes.

    Andar para que, para sembrar conciencia, simientes de libertad, se derroto a la burocracia legislativa que dóciles y plegados ante el presidente falaz,  Vicente Fox, llevaron la aplicación  del derecho al absurdo, al  desafuero que fortaleció, lejos de debilitar, la presencia y proyección del entonces jefe de gobierno, andar de millones, derrotados los conjurados acudieron al engaño y al fraude, un presidente espurio que de malva tiño caminos y veradas, quizá lo peor que le ha pasado al país, antes de Calderón, solo Santa Anna, aves de mal agüero, el intento de desaparecer  y silenciar las voces, el escarnio, la burla y el desprecio de los poderosos, doce años de saqueo y pillaje, doce años en los que secaron los veneros, petróleo que engordo billeteras de pillastres y trúhanes.

    No dejamos de andar aun y cuando éramos unos cuantos, no cejo en su periplo el terco dirigente, que si eran diez en la plaza,  a esos diez se les conminaba, se les arengaba a la organización, a la revolución de las conciencias, al protagonismo del cambio, si solo diez a diez se les hermanaba, luego fuimos cien y el pinche gobierno que no nos  contaba bien, luego miles, luego millones, mayorías sociales que en mayorías políticas le han dado piso al andar de la historia, un presidente que sembrando árboles, que en la construcción de futuros y trenes, aeropuertos, universidades,  de los más vulnerables ha hecho destino de esfuerzos y recursos, de los jóvenes que se le han arrebatado a los criminales, andando se enfrentó a la pandemia, a la terrible crisis de salud y económica, el presidente  ha entendido, habremos de entenderlo todos, solo movilizados, será que no camine solo el presidente, no caminara solo si un pueblo entero, si como uno nos damos puerto, destino  y derrotero.

  • Revocación de mandato: Democracia participativa y compromiso histórico

    Revocación de mandato: Democracia participativa y compromiso histórico

    El día que AMLO se convirtió en el presidente de México. Foto: Archivo.

    Por José María González Lara – Una de las causas históricas de la izquierda, entre muchas, es la participación democrática de la sociedad en la toma de decisiones del Estado, con el gobierno en turno electo, para efecto de que las decisiones públicas no privilegien intereses personales o de grupo, para que se privilegie lo que mejor corresponda a todas y todos, es decir la democracia participativa y no sólo la democracia representativa de “votas y te vas”, para que las élites políticas y oligárquicas no decidan lo que mejor les convenga a ellas y ellos. La “revocación de mandato” es uno de estos aspectos que la Cuarta Transformación ha colocado en la ley para efecto de operar la decisión popular de continuidad del presidente de la República, lo que deberá, paulatinamente, extenderse a los niveles estatal y municipal.

    Los argumentos de la derecha académica, mediática y política (PRIANRD y MC) son dos fundamentalmente: el costo en, según lo manifiestan, más de 4 mil millones de pesos; y, no menos importante, el riesgo de ingobernabilidad dado que las fuerzas políticas centrarían sus fueros en denostar y derrocar a un adversario o enemigo.
    Aparte de lo anterior no exponen más argumentos, y se respaldan en las decisiones cupulares de siempre, es decir, que, en las cámaras de diputados y senadores, y a través de los “causes legales”, los “representantes de la sociedad” harán saber al gobierno en turno los errores y desaciertos en que incurra.

    La “revocación de mandato” a mitad del ejercicio de gobierno no tan sólo es un ejercicio democrático en el que se obliga a cumplir un plan de gobierno con legalidad y transparencia, sino también es un derecho individual y colectivo, una atribución de la sociedad para no tolerar gobernantes ineptos y corruptos.

    Porcentaje de aceptación de AMLO de acuerdo a las últimas encuestas. Foto: El Financiero.

    Al inicio del actual gobierno del cambio, la derecha histérica y desquiciada apuntó sus tiros al desprestigio del presidente López Obrador y su gestión, con la mentira, la intriga y la descalificación sin argumentos, inclusive hicieron campaña con el casi extinto Frente Nacional Anti AMLO para que éste renunciara, lo cual no impactó en la población y el nivel porcentual de aceptación permanece sobre 58%, inclusive hasta 68%.

    La alianza derechista Va por México, comandada y dirigida por el junior corrupto Claudio X. González, ahora desacredita la revocación y ampliamente llama a la población a no participar.

    En el fondo lo que pretenden es que no se realice el ejercicio democrático para no sentar antecedentes -o jurisprudencia- para que, en caso de que el poder económico retome el poder político (“todo madera”) con sus partidos títeres aliados o por separado, no se opere este ejercicio de participación social, obvio, para retomar la ruta de la corrupción que la 4T ha suspendido. Entre otros, algunos argumentos a favor de la “revocación de mandato” son:

    • Es un ejercicio que fortalece la democracia participativa y no sólo la democracia cupular representativa
    • Es un derecho individual y colectivo para no tolerar y soportar por obligación a gobernantes ineptos y corruptos.
    • La perspectiva de revocación obligará a los gobernantes a cumplir su plan de desarrollo, a transparentar efectivamente la aplicación de los recursos públicos y a dar resultados efectivos a la población en los aspectos económico, social y cultural.
    • Progresivamente, efectuar la consulta para revocación o ratificación, se evitará la corrupción en todos los niveles de gobierno, ya que las instancias de transparencia deberán revisar detalladamente la aplicación de recursos como información en la decisión individual de cada ciudadano que emita su opinión el día del este ejercicio democrático.
    • Este ejercicio de participación social amplia impulsará a que también se opere en los Estados y en los municipios del país, para evitar frivolidades y corruptelas en los gobiernos locales.
    • Esta participación democrática de la sociedad sentará precedente para que permanentemente se lleve a cabo en la vida pública del país y que los gobiernos de los tres niveles estén dispuestos al escrutinio público.
    • Es la construcción de la democracia participativa y una herencia para las futuras generaciones, es un compromiso histórico que se debe asumirse responsablemente.

    ¡Construyamos la historia!

    ¡Impulsemos la democracia participativa!

    ¡Empujemos la Revocación de Mandato!