En los 36 años que transcurrieron en México de 1982 a 2018 sucedió lo que pasa en el experimento de la rana con el agua caliente. Si calentamos agua a punto de ebullición y aventamos una rana a la olla, ésta siente el agua hirviendo y salta hacia fuera; sin embargo, si la ponemos en agua fría y vamos calentándola gradualmente hasta que hierva, la rana no se sale, se va acostumbrando a que el calor vaya aumentando hasta que se cuece.
El saqueo y la destrucción que sufrimos durante este período negro del neoliberalismo en México, fue gradual y bien dosificado, combinado con la propaganda generalizada en los medios de información que se convirtieron en basura promocional al servicio de la causa oligárquica.
En este proceso de “calentamiento del agua” donde nos metieron a todos, fuimos pasando por cada uno de los gobiernos dedicados a cocer a la población mexicana convertida en ranas de experimento.
El mismo neoliberalismo que hoy vemos en su expresión más depurada destruyendo a Europa, aquí se aplicó parulatinamente a partir de las privatizaciones de bancos, ferrocarriles, líneas aéreas, ingenios azucareros, empresas paraestatales de todo tipo, medios de comunicación del estado, tierras para extracción minera, explotación de agua, playas y demás riquezas nacionales.
Sufrimos el drenaje permanente del presupuesto público por medio de contratos amañados para vendernos las medicinas, construirnos hospitales inexistentes, bardas en vez de refinerías, reclusorios cobrados como si tuvieran paredes de platino, monumentos a la corrupción en Reforma, concesiones para extracción de petróleo en las que nunca invirtieron un centavo, compras de toda índole a sobreprecios inimaginables.
Padecimos la destrucción de empresas públicas como la Compañía de Luz y Fuerza, el desmembramiento de la Comisión Federal de Electricidad para concesionar a empresas extranjeras, el robo de luz por parte de los supuestos socios de estas empresas, el endeudamiento innecesario y el abandono de Petróleos Mexicanos con miras a destruirlo para concesionar la producción.
La desintegración de las refinerías para tener que comprar la gasolina en otros países, el abandono del campo para importar los alimentos, el robo generalizado de combustibles, la proliferación de los cárteles de la droga, el incremento demencial de la inseguridad, la violencia y la impunidad.
La colusión del gobierno con bandas de delincuentes para proteger a una y combatir a las demás, mientras las autoridades se involucraban en el narcotráfico, el secuestro y demás delitos graves; los fraudes electorales apoyados por sus órganos autónomos como el IFE y el INE para mantenerse saqueando desde el poder.
Y así, mientras el agua se iba calentando hasta hervir en el sexenio de Peña, los medios de propaganda cómplices nos decían solamente lo que estos sátrapas voraces y muertos de hambre querían que supiéramos, para desorientarnos y convencernos de lo mucho que nos convenía todo esto.
En este proceso las ranas de mentes más débiles se cocinaron. Por fortuna la mayoría de las ranas mexicanas fuimos más resistentes de lo que esperaban y logramos saltar fuera de la cacerola para apagar la estufa, lo que también hemos podido ir haciendo gradualmente porque no se puede disminuir el calor del agua desde 100 grados a cero en poco tiempo.
Hoy, mientras el agua se va enfriando poco a poco, todavía quedan dentro del perol algunos millones de ranas con el cerebro cocido que por supuesto no alcanzan a entender nada; incluso extrañan el calor y lo piden a gritos, aunque los demás nos estemos encargando de que no se terminen de camuscar por completo.
Como dijo el filósofo holandés Baruch Spinoza: “La salvación del pueblo es la suprema ley a la que deben responder todas las demás, tanto humanas como divinas”.
Un junior del régimen neoliberal, con pretensiones de ser candidato presidencial en el 2024, presentó hace unos años la propuesta “Adopta un mexicano” como mecanismo para sacar de la pobreza a los millones de mexicanos que la padecen.
Vale la pena prestarle atención a la propuesta, ya que es una muestra de la ideología de las élites en momentos de disputa política como el actual.
El planteamiento es sencillo, pasa por un “cambio de actitud” y algunas acciones, pero el centro es que los mexicanos que no sufren pobreza “adopten” a un mexicano que la padece. Esta adopción parte en interesarse en el otro, ayudándolos de manera material, impulsándolos a que estudien y enseñándoles a acceder al mercado laboral. Para con ello, los pobres tengan las mismas oportunidades que gente como Enrique de la Madrid han tenido y claro está han aprovechado, según se explica en un emotivo video. En términos políticos y sociales es asumir la superioridad de la élite frente al pueblo y aceptar su dirección política, ética, educacional y económica.
La idea la retoma según cuenta el autor, en que ha vivido la solidaridad de las organizaciones de beneficencia en las que el mismo ha aportado. Una vuelta a la filantropía y a la superación de la pobreza a partir de ayuda externa. Pero en el título de su propuesta se encuentra el “discurso oculto” que comparte con la élite a la que pertenece. Su propuesta Infantiliza a los pobres, presentándolos como sujetos carentes de una racionalidad plena, sin voluntad y seres indefensos. Y a las élites las coloca como benefactoras y todo poderosas, sabedoras del que hacer.
Analizar de quien viene la propuesta la muestra como una reacción de clase ante la pérdida de una posición dirigente. Hijo del expresidente Miguel de la Madrid en cuyo sexenio campeó la corrupción y se instauraron las políticas privatizadoras, un rico ligado al poder político, diputado local y funcionario de altos vuelos de los gobiernos neoliberales, acaba de encontrar el hilo negro de lo que necesita el país. Enrique de la Madrid busca ser la figura “nueva” de la oposición neoliberal, una figura de las élites en la búsqueda por reconquistar el poder político.
El alejamiento entre las élites y el pueblo se hace más extenso. Hay abajo una consciencia clasista y plebeya que descubre la trampa. Y una incomprensión de las élites sobre lo que significa el actual proceso de transformación. Es por ello que ante una movilización como la del 27 de noviembre la respuesta sea tachar de “acarreados” al más de un millón de ciudadanos que participaron. Otra vez negando el carácter de sujetos y ciudadanos plenos a las mayorías.
En sus torres de marfil imaginan soluciones, sin dejar de sentirse superiores y con derecho a mandar. Se empeñan en atacar el gobierno de la 4T, invocan desastres y llaman a la defensa de las instituciones. Buscan banderas, son “demócratas” que desprecian al pueblo y hacen llamados a la justicia social que son insultos y paternalismo vulgar. Pero en democracia el pueblo tiene la última palabra.
Traducido del neerlandés para Rebelión por Sven Magnus
Según los principales medios de comunicación, la democracia ha triunfado en Estados Unidos, ya que Biden ha conservado una estrecha mayoría en el Senado en las elecciones de mitad de mandato. Pero es una lectura superficial. Si profundizamos, vemos una gran podredumbre del sistema político. Hoy más que nunc, la democracia está en peligro, especialmente ahora que Trump ha vuelto a declarar su candidatura para las próximas elecciones presidenciales.
En el Estado de la Unión en marzo de 2022 el Presidente Biden habló en respuesta a la guerra en Ucrania de la gran lucha entre países democráticos y autocráticos en todo el mundo. Pero es posible que la batalla entre democracia y autocracia tenga que librarse sobre todo dentro del propio Estados Unidos.
El factor Trump
La putrefacción del sistema político se inició hace mucho tiempo. Desde la Segunda Guerra Mundial el partido republicano ha estado coqueteando con figuras paranoicas, extremadamente conservadoras y derechistas (1). Personas como Joseph McCarthy (2), Barry Goldwater, Richard Nixon, Ronald Reagan, Newt Gingrich (3)y Pat Buchanan (4) prepararon el camino para una figura como Trump. En otras palabras, la podredumbre ya tiene décadas y está profundamente arraigada en el partido republicano.
En otros países la extrema derecha germina invariablemente junto a los partidos mayoritarios. Pero en Estados Unidos el sistema electoral no lo permite, por eso la extrema derecha tiene que echar raíces dentro de uno de los dos grandes partidos.
Trump prolongó el proceso de derechización y podredumbre que ya existe desde la década de 1950, pero hizo más que eso. Desde su llegada a la Casa Blanca aceleró el proceso de putrefacción y empezó a controlar el Partido Republicano.
Noticias falsas
El sello de Trump son las fake news. Durante su mandato lanzó una media de más de siete mentiras o declaraciones engañosas diarias. Y lo que es más grave, gran parte de sus base electoral las creó. Por ejemplo, tres cuartas partes de los votantes republicanos sigue convencido de que Biden robó las elecciones. La mitad de sus partidarios cree que luchó contra el abuso sexual infantil en altas esferas del Partido Demócrata (5).
Las noticias falsas y las teorías de la conspiración no son nada nuevo en Estados Unidos, pero Trump ha conseguido convertir estos inventos en una sola gran historia y darle legitimidad presidencial. El Partido Republicano ha dejado atrás la verdad y la realidad. Los hechos y la ciencia ya no cuentan.
Tres cuartas partes de los republicanos considera que una mala reacción a la vacuna es más arriesgado que contraer el propio covid-19. Martin Wolf de Financial Times cita a Timothy Snyders: «La posverdad es igual al prefascismo y Trump es nuestro presidente de la posverdad». Wolf añade: «Si la verdad es subjetiva, la violencia decide. Entonces no puede haber una verdadera democracia, solo habrá espacio para las bandas de matones rivales o para la banda dominante del líder».
Radicalización, polarización y violencia
Durante mucho tiempo proliferaron en Estados Unidos las creencias extremistas, odiosas y violentas, pero en la mayoría de los casos estaban confinadas a los márgenes del debate político. Durante la presidencia de Trump y a través de sus acciones se han “normalizado” opiniones como la “supremacía blanca”, la islamofobia, la homofobia o las teorías conspirativas salvajes. Se convirtieron en la corriente principal y cada vez más personas comenzaron a compartir y promover esos puntos de vista.
Tras la mortal actuación de grupos neonazis en Charlottesville en 2017 Trump como presidente habló de «gente muy buena» entre los manifestantes. Bajo su mandato, nunca hubo ningún problema con declaraciones abiertamente racistas o demostraciones de odio hacia las mujeres.
Foto: Manifestación de neonazis en Charlottesville en 2017 (Anthony Crider, Flickr / CC BY 2.0)
Los partidarios de Trump también se radicalizaron por la infiltración de grupos fascistas en canales pro-Trump, con el objetivo de empujar a sus partidarios hacia la extrema derecha. Aparentemente con éxito.
Trump ha logrado fusionar ideas extremistas y a veces marginales muy diferentes en un proyecto político único y claro. Un proyecto que hace que la gente se sienta parte de algo que trasciende a sí mismo y consigue movilizarlos. Ese movimiento y esa movilización también muestran rasgos cada vez más violentos. El asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 fue la culminación de cuatro años de escalada de violencia de la extrema derecha, desde los manifestantes con antorchas en Charlottesville que gritaban contra los negros y los judíos, milicias fuertemente armadas que se manifestaron contra el confinamiento, hasta los planes para secuestrar y posiblemente eliminar al gobernador de Michigan.
Se estima que actualmente hay cientos de grupos paramilitares que operan en Estados Unidos. Algunos poseen armas muy pesadas. Juntos cuentan con unos 50.000 miembros. Estados Unidos está saturado de 400 millones de armas de fuego, incluidos al menos 20 millones de fusiles de asalto, la mayoría de los cuales son propiedad de bribones de derechas. El gran apoyo electoral con el que cuenta Trump da vida a los grupos paramilitares de extrema derecha y los hace más audaces.
Los supremacistas blancos y otros extremistas de derecha fueron responsables de dos tercios de todos los atentados y complots terroristas en el territorio de Estados Unidos. La mitad de esa violencia se dirigió contra manifestantes. Los colegios electorales, las escuelas, los centros médicos y el personal de las bibliotecas en muchos lugares están siendo asediados por bandas neofascistas. Recuerda a las bandas de matones fascistas de la década de 1930.
Esta radicalización se traduce en una polarización extrema: o se está a favor de Trump o se está en contra. Su estilo provocador alimenta perfectamente esta polarización. Cada vez que se pasa de la raya y se le ataca por ello, puede gritar que sus adversarios intentan coartar su libertad de expresión.
Los medios de comunicación dominantes desempeñan un papel fundamental en esa polarización. Los arrebatos de fuerza de Trump garantizan el espectáculo y son buenos para las cifras de venta y, por tanto, para los ingresos publicitarios. La degeneración de figuras como Trump es un efecto secundario de lo que Thomas Decreus describe como democracia del espectáculo, pero que es extremadamente peligroso (6).
Una polarización tan extrema hace prácticamente imposible el funcionamiento democrático, sobre todo si se cuestiona hasta el propio resultado electoral. El antes citado Martin Wolf se pregunta con razón: «¿Cómo puede funcionar la democracia si la mayoría de los votantes de uno de los dos partidos principales cree que las elecciones que se han perdido son una selecciones que han sido robadas? ¿Cómo se puede obtener el poder de forma pacífica y mantenerlo de forma legítimo? En última instancia, ¿quién decide, aparte de la violencia?»
Control sobre el partido
En seis años Trump ha conseguido doblegar por completo al Partido Republicano a su voluntad. Muchos de los parlamentarios, gobernadores y alcaldes son acólitos fieles de Trump. Un 93% de los candidatos preferidos de Trump ganaron las primarias republicanas. Muchos de ellos no fueron elegidos en estas elecciones intermedias, pero eso no impide que los parlamentarios republicanos estén aún más en sintonía con él que antes.
Muchos miembros del partido que no están de acuerdo con él no se atreven a abrir la boca, por miedo de ser atacados en las redes sociales o a que en las próximas nominaciones pase por delante de ellos un aspirante que está más en la línea de Trump. Así, ocho de los diez republicanos que votaron en la Cámara de Representantes para destituirlo por el asalto al Capitolio se jubilaron o fueron expulsados en las elecciones internas del partido debido a su presión.
El Partido Republicano ya no se define por ideología o convicción, sino principalmente por lealtad a Trump. Quedó muy claro tras la negativa de la gran mayoría de su partido a pronunciarse contra su papel en el asalto al Capitolio.
Su popularidad ha caído recientemente, pero sus seguidores siguen siendo numerosos. Entre los partidarios republicanos, puede contar con la aprobación de 65%. Para la próxima carrera a la Casa Blanca el 48% de los republicanos prefiere a Trump, es decir, casi el doble de su presunto oponente, Ron De Santis, el actual gobernador de Florida.
Control sobre las instituciones
Bajo el liderazgo de Trump los republicanos están trabajando para socavar y destruir la democracia desde adentro. Lo hacen infiltrándose en las más altas esferas de los estados y del gobierno federal.
Actualmente ya cuentan con la mayoría del poder judicial federal, incluido el superpoderoso Tribunal Supremo. En las elecciones de mitad de mandato también prevalecen en la Cámara de Representantes.
Actualmente controlan al menos la mitad de los gobiernos estatales más influyentes del país. Y quizás lo más importante, planean obtener el control de las comisiones electorales en los estados nombrando personal leal a Trump. En bastantes estados ya lo han conseguido, lo que en caso necesario facilitará la declaración de ilegalidad del resultado de las elecciones presidenciales de 2024.
Al fin y al cabo, Trump seguirá contando con una maquinaria propagandística muy potente, tanto a través de los medios de comunicación como de las redes sociales (alternativas), en parte gracias a Musk. También nombró a muchos jueces conservadores y convirtió el Tribunal Supremo en un bastión conservador.
Socavar la democracia
No sería la primera vez que un sistema parlamentario occidental es socavado y destruido desde dentro. Pensemos en gran parte de las democracias europeas de la década de 1930 y, más recientemente, en Turquía, Hungría, Filipinas, El Salvador…
En su libro Cómo mueren las democracias dos profesores de Harvard describen que la historia demuestra que ni siquiera es tan difícil. La eliminación del sistema democrático requiere una serie de cosas: conquistar el control del poder judicial, de los servicios de inteligencia y de las fuerzas policiales; dejar fuera de juego a la oposición política y, preferentemente, a los medios de comunicación; poner de su lado a la élite económica y cultural en la medida de lo posible; y, por último, doblegar el sistema electoral a su voluntad (7).
Está muy claro que Trump ya ha recorrido una buena parte de este camino. Si se vuelven a cuestionar las próximas elecciones presidenciales de 2024, podría provocar el caos y una grave crisis constitucional.
Según Robert Reich anterior ministro de Trabajo en Estados Unidos, «el protofascismo de Donald Trump representa la mayor amenaza interna para la democracia estadounidense desde la Guerra Civil» (1861-1865). Reich tiene más que razón, sin embargo, tenemos que profundizar un poco más.
Es cierto que Trump tiene una gran responsabilidad en el alto grado de putrefacción de la situación política actual en Estados Unidos, pero el problema es más profundo y no depende de su persona o carisma. En caso de que Trump se vea abatido por una enfermedad o tenga que abandonar por acciones legales, puede ser sustituido fácilmente por el gobernador protofascista de Florida Ron DeSantis, que potencialmente aún es más peligroso.
Hay al menos dos defectos fundamentales del sistema político estadounidense que permiten y perpetúan la actual podredumbre: la pésima condición social de gran parte de la población -de la que los demócratas son en parte responsables- y el control de las grandes empresas sobre la política.
El cementerio social y la responsabilidad de los demócratas
Un 58% de los ciudadanos del país más rico del mundo vive al día. A menudo deben aceptar dos o tres trabajos para no caer en la pobreza. Muchos mayores de 65 años tampoco pueden permitirse jubilarse y siguen trabajando, literalmente, hasta caer muertos.
Foto: Una pareja de indigentes en San Francisco (Franco Folini, Flickr)
Unos 130 millones de estadounidenses (un 40%) no tienen suficiente dinero en el banco para hacer frente a una emergencia de 400 dólares. De estos, 80 millones (el 25%) aplazan el tratamiento de una enfermedad grave debido a su coste. En este país de alta tecnología una de cada nueve personas se acuesta con hambre.
En ningún lugar del mundo occidental la brecha entre ricos y pobres es tan grande como aquí. El 0,1% de los ricos posee lo mismo que el 90% de los de abajo.
Los republicanos no son en absoluto los únicos responsables de esta situación. Los demócratas también aplicaron políticas de austeridad antisociales. Es imperdonable que un partido que se dice progresista haya permitido esta degradación social.
Las personas que retrocedieron socialmente en los últimos 40 años se sienten abandonadas por los demócratas y empiezan a buscar alternativas. Una proporción aterradoramente grande de la población de Estados Unidos está aparentemente tan perturbada quebusca de un líder fuerte, aunque ese líder diga las mayores tonterías e incluso vaya en contra de sus propios intereses.
No es de extrañar que Trump tenga muchos seguidores entre las capas sociales con poca educación, en este caso sobre todo de la población blanca. Las pasadas elecciones de medio término mostraron una vez más que los demócratas han perdido parte de su base tradicional de la población trabajadora.
La historia demuestra que un cementerio social es un excelente caldo de cultivo para que florezca la extrema derecha. Vemos que hoy ocurre lo mismo en otros países como Hungría, Brasil (Bolsonaro), Turquía, India…
Resulta imposible ignorar la conclusión: la putrefacción de la política ha tenido lugar sobre todo en el seno del partido republicano, pero los demócratas han contribuido a crear un terreno fértil para ello. Pero la podredumbre no se limita a los políticos, sino que hay que cavar una capa más profunda. Hay que ver quién controla esa clase.
El papel de la élite económica
En un país capitalista el alto grado de espectáculo hace que sea fácil tener la impresión de que el político es quien toma las decisiones políticas más importantes, pero entre bastidores son las grandes empresas quienes marcan las líneas y definen las principales orientaciones.
Un gobierno puede permitirse un cierto margen, pero tiene un margen de maniobra limitado. Cuando las fuerzas progresistas se hacen con una parte del poder del Estado, como por ejemplo en Grecia durante la crisis del euro, se acaba la partida (8).
La clase política está, por así decirlo, atada con una correa a los grandes grupos de capital. Ese control -o correa- en Estados Unidos es más obvio que en ningún otro país. En la crisis del coronavirus los gigantes farmacéuticos fueron los protagonistas y obtuvieron enormes beneficios. Ahora son los gigantes de la energía los que tienen secuestrada la crisis climática y están ganando dinero a costa de la ciudadanía con la actual crisis energética.
Y hoy es la industria militar la que alimenta la fiebre de la guerra y se hace con grandes beneficios. En 2008 fueron los grandes bancos estadounidenses los responsables de la crisis financiera, pero fueron las personas trabajadoras quienes pagaron el precio.
Ese control se hace aún más evidente en las campañas electorales. Para ser elegido en Estados Unidos, hay que contar con un presupuesto muy elevados para la campaña y este proviene principalmente del sector empresarial. Por ejemplo, Biden pudo contar con el apoyo financiero masivo de Wall Street en las últimas elecciones presidenciales, al igual que Hillary Clinton y Obama antes.
La élite económica selecciona así a «su» personal político. Ese mismo control férreo fue el que también impidió que el muy popular pero de izquierda Bernie Sanders fuera candidato presidencial de los demócratas. Para las grandes empresas una persona así es simplemente impensable.
Foto: Bernie Sanders (berniesanders.com)
La historia nos enseña que la élite económica prefiere líderes políticos voluntariosos y predecibles, pero si no hay alternativa, no duda en ofrecer un salvavidas al bufón más descarado o irresponsable, siempre que defienda sus intereses. Eso explica por qué Trump dispuso de un enorme presupuesto para ser elegido en 2016 y que al principio de su mandato pudiera contar con el apoyo de la gran mayoría de la élite económica gracias a los importantes recortes fiscales que aprobó (9).Incluso después de asaltar el Capitolio, Trump sigue contando con su generoso apoyo. En las pasadas elecciones parciales fue el mayor recaudador de fondos para su partido.
La situación se puede resumir de la siguiente manera: la élite económica no tolera una salida de izquierdas a la crisis económica, solo acepta una que se adapte a sus intereses. En un clima político polarizado esa salida va inevitablemente en dirección a la extrema derecha. Este es el destino de un sistema político en el que, en última instancia, quienes mandan son las grandes empresas.
¿Qué hacer?
Para invertir esa tendencia deben ocurrir varias cosas. Para contrarrestar la amenaza de la violencia armada hay que contener a las milicias paramilitares. Esto tendría que ir acompañado de una revisión y depuración de las fuerzas policiales y del ejército, así como de un cambio en la ley de armas.
Para eliminar el caldo de cultivo de la extrema derecha se necesita una especie de nuevo contrato social o, mejor dicho, un Marshall plan social. Sus principales ingredientes son una fiscalidad justa, una sanidad accesible, el aumento de los salarios (mínimos) y de las jubilaciones, y el abaratamiento de la enseñanza superior.
El propio sistema político también necesita un profundo reseteo, lo que implica varios aspectos que trascienden este artículo. Aún más fundamental es acabar con el control de la élite económica -no elegida- sobre la toma de decisiones políticas, lo cual solo será posible si se acaba con su poder desproporcionado.
Deshacer la polarización y recuperar un debate político sereno exigirá poner bajo control democrático los medios de comunicación y las redes sociales, ahora en manos de poderosos grupos de capital.
Así que queda mucho trabajo por hacer, pero la situación no es tan desesperada. Con la llegada de Bernie Sanders se ha conmocionado profundamente el panorama político de los partidos estadounidenses. Tras las campañas electorales de 2016 y 2020 ha comenzado un nuevo movimiento esperanzador. Como en muchos otros países del mundo, estas fuerzas progresistas se enfrentan a un reto enorme.
Notas:
(1) En la década de 1950 McCarthy organizó una caza de brujas de anticomunistas. En la década de 1960 fue el muy conservador Barry Goldwater -amigo íntimo del cazador de comunistas Joseph McCarthy- quieen fue candidato presidencial en 1964. A partir de la década de 1970 el partido republicano se dirigió deliberadamente a los votantes racistas de los estados del sur. Se aprovechó de sus temores y los avivó también para establecer allí, con éxito, un bastión republicano. Fue la llamada ‘estrategia sureña’ de Nixon y otros. Con el advenimiento de Ronald Reagan en la década de 1980 el gobierno fue calificado de inherentemente malo. En las décadas de 1980 y 1990 Newt Gingrich envenenó la cultura política de Estados Unidos. Utilizó teorías conspirativas e invectivas para desacreditar a sus oponentes políticos. Con una política de obstrucción hizo prácticamente imposible la cooperación entre ambos partidos.
(2) Joseph McCarthy fue un político de extrema derecha del Partido Republicano. En parte bajo su impulso, se desató a mediados de la década de 1950 una verdadera caza de brujas contra personas progresistas, que se presentó como una campaña contra el comunismo. La táctica utilizada para acusar a la gente sobre la base de pruebas débiles o incluso inexistentes recibió su nombre: mccarthyismo.
(3) Newt Gingrich fue miembro de la Cámara de Representantes de 1979 a 1999. Fue su presidente entre 1995 y 1999.
(4) Pat Buchanan es un republicano archiconservador que ha sido asesor de varios presidentes. Especialmente en la década de 1990 pasó a primer plano. Según él, la represión de la inmigración era demasiado laxa. Consideraba la homofilia «actos antinaturales». En un infame discurso advirtió de una guerra cultural: «Hay una guerra religiosa en este país. Es una guerra cultural, tan crucial para el tipo de nación que seremos como la propia Guerra Fría, porque esta guerra es sobre el alma de Estados Unidos».
(5) Se trata de la teoría de la conspiración totalmente demencial llamada QAnon. Sus defensores creen que los demócratas, los súperricos y los famosos de Hollywood controlan el mundo y se dedican a la pedofilia. Están convencidos de que Trump, como Mesías, está luchando contra estas fuerzas satánicas.
(6) Thomas Decreus: «En una democracia del espectáculo el conflicto político se crea o fomenta profesionalmente y luego se desata en la sociedad. El conflicto es un producto político-comercial y, por lo tanto, refleja cada vez menos las líneas de fractura que prevalecen en la sociedad, pero crea sus propias líneas de fractura adaptadas a un complejo mediático-político y a una audiencia de consumidores de medios. En la medida en que consiguen suscitar fuertes emociones en el público -y, por tanto, se convierten en productos mediáticos interesantes-, estas fallas creadas siguen resonando y, por tanto, son cada vez más reales”.
(7) Levitsky S. y Ziblatt D., Cómo mueren las democracias, Nueva York, 2018, p. 77v.
(8) En Grecia el gobierno de izquierdas liderado por Syriza y apoyado por una convincente mayoría en un referéndum quería una salida social a la crisis de la deuda. Sin embargo, el Banco Central Europeo lo hizo imposible al amenazar con cortar el suministro de dinero. En ese momento cambió el gobierno de Syriza.
(9) Sus guerras comerciales, sus políticas inconstantes y sus vínculos con la extrema derecha erosionaron ese apoyo. Una parte importante de los empresarios no apoyó su política antiinmigración. Sin embargo, Trump podría seguir contando con capitalistas de sectores como la energía, la agroindustria, el transporte y la construcción.
De las informaciones sobre la marcha popular del domingo 27 de noviembre convocada por el Partido de Regeneración Nacional (Morena) puede inferirse que el obradorismo está dando el primer paso en pos de imponerse en las elecciones generales de 2024. Este primer paso puede calificarse como “ganar las calles”.
El conservadurismo, como bien se sabe, ya hizo un buen esfuerzo con este mismo propósito. Pero el resultado, sin ser desdeñable, quedó muy lejos de un “ganar las calles”, que no es lo mismo que ganar las primeras planas de los diarios o una abrumadora presencia en los medios electrónicos de información.
Pero si la derecha estuvo lejos de poder dominar las calles, tampoco le va bien en ese otro parámetro de presencia e influencia políticas que son las encuestas de opinión. En este campo también Morena y el obradorismo van mucho más adelante. Porque encuesta tras encuesta los resultados favorecen muy ampliamente a Morena.
Por lo que toca a los antecedentes electorales, el obradorismo, igualmente, se muestra muy superior. Los comicios generales de 2018 se saldaron con las siguientes cifras: 30 millones de votos para Morena contra 16 millones de la derecha pripanista que, habiendo ido separada, se dividió los sufragios así: 9 millones para el PAN y 7 para el PRI.
De modo que en 2024, unida o separada, en cualquier caso la derecha quedaría muy lejos de la cosecha obradorista señalada.
Estos guarismos y hechos indiscutibles han llevado al conservadurismo a una especie de resignación ante lo improbable que resulta ganar en 2024. Y la han llevado también a un cierto atrincheramiento en los tres ámbitos por ella dominados: los medios de comunicación, el Poder Judicial y los organismos autónomos.
Este atrincheramiento, sin embargo, no sirve para ganar elecciones, aunque sí es muy útil para estorbar, entorpecer y sabotear la obra de gobierno del obradorismo.
El entorpecimiento, si bien hace daño, no consigue aumentar la simpatía social en favor del conservadurismo. Y, por lo contrario, genera una mayor radicalización de los votantes morenistas que repudian con más fuerza posibilidad de un regreso de la derecha al poder presidencial.
Esto se observó con la marcha conservadora del 9 de noviembre pasado. Por un lado la derecha sacó sus peores cartas de presentación (Fox, la Gordillo, Madrazo), lo que aumentó la irritación popular contra el pripanismo. Y por otra parte incubó la contramarcha del próximo 27 de noviembre, la que será decisiva en la disputa por ganar las calles.
Las marcha del 27 de noviembre pasado, fue una marcha conmovedora, auténtica; una marcha de amor. Desde que el presidente López Obrador salió del Ángel de la Independencia y hasta llegar al Zócalo capitalino, miles de personas le gritaban muestras de amor como: “Andrés, eres un chingón”, “AMLO te amamos”, “AMLO eres el mejor presidente del mundo”, “AMLO reelígete”, entre muchas otras expresiones de cariño.
Era imposible tener una idea de cuanta gente había en la marcha, no eran ríos, eran océanos de personas gritando, “Es un honor estar con Obrador”, y miles de expresiones de amor y respeto al presidente. ¡Cuan diferente puede ser una marcha auténtica! a una marcha de odio como la que realizó la oposición el día 13 de noviembre. Ahí nadie le dedicaba palabras de cariño o amor a alguien, ahí nadie le decía a alguien “te quiero”. Ahí todo era maldecir, humillar, condenar y agredir.
Hoy sabemos que la cifra oficial de asistentes fue de 1.2 millones de personas. Por eso en esa marcha, era imposible que una persona pudiera ver el principio y el fin del contingente.
Es increíble que un presidente que hacia parte de un granito de arena, sea precisamente el centro de esa marcha, un hombre al que su pueblo lo ama incondicionalmente.
Es por eso que la derecha odia al presidente, porque ninguno de ellos es capaz de provocar tanta pasión y tanto amor. Y para aliviar su odio, la oposición y sus medios de comunicación dicen que los que estuvimos ahí, somos personas sin criterio, que no pensamos y que estuvimos ahí por “una torta y un frutsi”; que somos pobres y que no tenemos preparación alguna.
Los medios televisivos, radio, internet y columnistas tratando de desvirtuar la marcha, utilizando la bajeza que los caracteriza, la mentira vil, dicen que los que marchamos, fuimos a arreados y gente pagada, incluso, que fuimos obligados a asistir a la marcha.
Los políticos del PRIAN dicen que somos croqueteros, acarreados, indios, muertos de hambre, con primaria trunca, que vivimos de los impuestos que pagan ellos. Incluso fueron capaces de decir que la marcha del 13 de noviembre fue de los que pagan impuestos, y la del 27, fue de los que vivimos de lo que pagan ellos. Es increíble como pueden ofender a quienes necesitan que voten por ellos para no desaparecer.
La derecha y sus “intelectuales” sin ningún recato dicen que el pueblo es ignorante, que no analiza, que es fácilmente manipulable. Lo dicen sabiendo que las encuestas dicen lo contrario. Parametría demostró que los chairos de AMLO, son gente preparada, informada y con más altos estudios e ingresos que los votantes de derecha. Pero los medios de comunicación al servicio del PRIAN, quieren manipular la opinión pública, con la mentira de que las cosas son al revés.
Así como Parametría, el pueblo en la marcha demostró que contrario a lo que opinan los “intelectuales”, el pueblo piensa, razona, reflexiona, debate y se informa; el pueblo está consciente que es el protagonista de una gran transformación; por supuesto también se indigna por el racismo, la discriminación y el desprecio con el que la derecha nos ve.
La marcha del 27 de noviembre fue única y será irrepetible sin AMLO. La marcha no se centró en exigir, en lanzar consignas, la gente estaba esperando al presidente para demostrarle su apoyo y cariño. La macha fue una fiesta pro AMLO.
La primera marcha en la que participé, fue en 1991 y fue a lado del hoy presidente. Se llamó “éxodo por la democracia” y era una marcha distinta, una marcha contra el gobierno. Esta macha fue distinta, algo nunca antes visto, nunca vi a un contingente volcado en favor de un político. Nunca lo vi antes y creo que nunca más lo veré después de AMLO.
Seis horas de recorrido y el presidente en medio de la multitud. A cada paso que daba, había una multitud que quería abrazarlo, tocarlo, tomarse una foto con él, saludarlo, gritarle “presidente”, “no estás solo”, “te amlo”. La multitud lo miraba con una admiración desbordante, con una mirada de amor que envidiaría cualquiera. Y es que como México ama a su presidente, nunca más volverá a verse.
Al ver a la multitud esperándolo como cuando un enamorado espera a su amor, es cuando se comprende claramente la frase favorita del presidente: “amor con amor se paga”. Y a cada sonrisa respondía con sonrisa y lanzaba apretones de manos y abrazos y se podía notar la alegría en su rostro a pesar de su cansancio. Estoy seguro que el presidente ha de decir: ya me puedo morir tranquilo. Porque un país entero lo ama, lo cuida, lo protege con su propia vida. Yo nunca había visto a un presidente tan querido por la gente.
AMLO es el fenómeno del siglo, mucho más que rock star, mucho más que un predicador, es un héroe viviente. Y no es que yo así lo quiera decir, es que eso demostraba la gente que se conformaba con verlo, otros tenían la suerte de poder tocarlo.
Un presidente que recibe tanto amor de su pueblo, en un país donde los políticos, durante años, se han ganado el desprecio de la gente. Nadie hubiera pensado que hacer un muñeco de Calderón o de Peña Nieto sería negocio. Nadie lo hubiera comprado, o quizás sí, pero para quemarlos.
La oposición sabe que AMLO no pretende reelegirse, pero por miedo es que atacan con mentiras. Ellos saben perfectamente que AMLO es el mejor presidente que ha tenido nuestro país, pero no lo van a reconocer en público porque los haría desaparecer. Si AMLO se reeligiera, ganaría las elecciones abrumadoramente.
Varios compañeros periodistas entrevistaron a los asistentes y se podía ver gente conmovida hasta las lágrimas, porque habían podido estar cerca del hombre que vino s devolverles la dignidad, el amor a México.
La gente aprende con AMLO, entiende con AMLO, conoce historia y política con AMLO. No sólo es el líder, es quien muestra lo que sucede, es como un maestro al cual hay que ponerle atención.
Tonto es quien cree que el pueblo es tonto. Con el informe de Gobierno del presidente al terminar la macha, la gente comprobó una vez más que la oposición mientras gobernaba, se robaba billones de pesos que terminaban en las cuentas de unas cuantas familias de prianistas ratas.
Uno de los más conocidos voceros e ideólogos de la ultraderecha mexicana, Enrique Krauze, aconseja a los ciudadanos practicar en la elecciones generales el llamado voto dividido: sufragar por el candidato presidencial de su preferencia, pero al mismo tiempo votar por los abanderados de un partido distinto al del candidato presidencial.
Como está claro para Krauze que en los comicios generales de 2024 será imposible vencer a Morena, a éste y al conservadurismo se les ha ocurrido la idea de evitar que el candidato presidencial de este partido obtenga la mayoría en el Congreso de la Unión, con el obvio propósito amarrarle las manos al presidente o presidenta morenista, quien no podría gobernar con el Congreso en contra.
Un Congreso opositor frenaría cualquier propuesta de beneficio popular y en favor de la nación. Sería una manera eficaz de frenar o descarrilar la transformación económica y política puesta en marcha por Morena desde diciembre de 2018.
Frente a la idea conservadora del voto dividido existe la propuesta contraria: el voto indiviso, es decir, sufragar por todos los candidatos de Morena, y darle así al presidente o presidenta morenista la posibilidad de continuar la obra transformadora en marcha.
La propuesta conservadora anunciada por Krauze es en realidad una trampa. Aconseja el voto dividido con el pretexto de evitar la acumulación de poder en un solo partido. Pero lo que en verdad busca es la dispersión del poder con el fin de evitar los cambios que han perjudicado a la derecha y beneficiado al pueblo.
Por ejemplo: si la sociedad hubiera dividido su voto en las elecciones de 2018, el Presidente no habría logrado hacer ley la prohibición de la condonación de impuestos. Ni hubiera conseguido elevar a rango constitucional las pensiones para los adultos mayores.
Como tampoco habría podido rescatar de manos privadas nacionales, pero sobre todo extranjeras, las industrias eléctrica y petrolera, lo que hubiera perpetuado la dependencia energética del país.
El voto dividido habría hecho imposible la recuperación del salario hoy presente, así como los significativos y constantes incrementos del salario mínimo que se han dado en los últimos cuatro años.
A la derecha, evidentemente, le conviene el voto dividido. Y al pueblo, por lo contrario, lo que le conviene es el voto indiviso, es decir, todos los sufragios, sin importar los nombres de los candidatos, para el programa democrático, popular y transformador de Morena.
Provocados por las derrotas electorales en América Latina e impulsados por la defensa de sus intereses la cumbre fascista Conferencia de Acción Política Conservadora, llega a México con la percepción de ser la sede del imperio progresista de la región.
La derecha simplista y la ultraderecha pragmática consideran que detener el avance de la democracia desde nuestro país serviría de dique de contención de esa enfermedad pandémica que siguen llamando socialismo desde su perspectiva decimonónica y su maniqueísmo añejo, producto de su visión revisionista de la historia contemporánea, pero sobre todo de su visión fanática que les distorsiona toda percepción de la realidad. Envalentonada la ultraderecha y la derecha iracunda ven que la mancha democrática en América Latina tiene más líderes que organización social, es por ello que llegan a México para sentar sus reales y crear una fuerza que vaya penetrando como la humedad hacia el sur del continente. Cuentan para ello con el respaldo de un empresariado resentido y una iglesia beligerante ansiosa de entrar al campo de batalla política a cualquier precio.
La aparente ingenuidad de la ultraderecha no debe menospreciarse, menos aun cuando han escogido México como puente para derrotar, a sangre y fuego, lo que ellos llaman el avance hacia el socialismo. Han vivido y vivido bien, con la amenaza permanente del fantasma del comunismo que hasta a ellos les estorba mencionarlo como herramienta de guerra. Ya ni mediáticamente el comunismo les funciona. Sólo infunden terror en una parte de la clase media poco ilustrada y con un individualismo tan exacerbado que no tiene contacto con la realidad como pudimos observarlos en la marcha en defensa del INE del 13 de noviembre.
Si bien la Conferencia de Acción Política Conservadora, así como sus ideas, tienen más pasado que futuro, el peligro radica en la mutación que los modernice y su política pueda permear en esa clase media que puede extenderse en círculos socioeconómicos cercanos a sus entornos. Pero también debe advertirse sobre una ultraderecha que al contar con el poder económico, regrese al pasado por el camino de la violencia. La Iglesia en México está dispuesta a todo con tal de rescatar sus privilegios, influir en la educación y adoctrinar a los jóvenes para convertirlos en soldados de la fe, cuando en realidad serían peones del neoesclavismo.
Aunque la Iglesia se ha deteriorado a sí misma, existe la posibilidad de un renacimiento con ayuda de empresarios y fanáticos obsesionados por figuras como Hitler, Mussolini y Franco. Cuyos pensamientos empiezan a hacer efecto en Europa, ya en Italia el poder lo posee Giorgia Meloni, de la coalición ultraderechista integrada por Hermanos de Italia, Liga y Forza Italia. La Liga, por ejemplo, tiene proyectos muy concretos que en pleno Siglo XXI, que parecerían propios de la Edad Media, como el hecho de que ofrece 20,000 euros a las parejas, menores de 35 años, que se casen pero, sólo por el ritual católico, a causa del crecimiento de los matrimonios unidos únicamente por lo civil. También en Italia, la nieta del dictador italiano Benito Mussolini, Alessandra, ocupará un espacio en el Parlamento Europeo, sin duda grandes victorias para una ultraderecha que se consideraba a sí misma agonizante.
Volviendo a México, una de las participantes en la Conferencia Conservadora, la exdiputada del Partido Encuentro Social y del PAN, Elsa Méndez, pidió a la derecha mexicana no temer anunciar candidatos que se confiesen abiertamente conservadores, recomendó no tener miedo. Una de las conclusiones que arrojaron a los medios los conservadores es el hecho de considerar al PAN, como “derecha cobarde” por no representar la esencia del conservadurismo. Estamos hablando de prácticas que representan un verdadero viaje a través del túnel del tiempo y un retroceso de siglos.
México puede tener un liderazgo en América Latina respecto al desarrollo, medidas rígidas para evitar alza de impuestos y nuevos créditos, pero como líder de las izquierdas que gobiernan esta parte del continente, como vanguardia ideológica, el liderazgo está más al sur, precisamente donde surgió la gran sorpresa reciente que les motivó a unirse a pesar de sus diferencias: Colombia.
Pudo observarse en las conferencias que a pesar de que aparecieron personajes con pensamiento uniforme, con ideas similares, con objetivos igualmente extravagantes, y proyectos parecidos, el origen de corrientes políticas de los conferencistas nunca había sido tan diverso y disperso. Ahora, han dejado de repelerse dentro de la derecha y la ultraderecha, y es ahí donde radica el mayor peligro. Se perdieron el asco entre los fascistas para poder combatir.
Si América Latina no se une en cuestiones económicas y políticas, con moneda común, bancos regionales, foros internacionales compartidos, apertura de fronteras, es decir, en términos reales y no sólo en el discurso, se corre el peligro de un regreso al pasado, a través de una invasión de ultraderecha que bien puede no contar con la voluntad de la mayoría de las sociedades latinoamericanas, pero sí con la manera de convencerlas a través de la religión, la educación y los medios.
Democracia es el nombre que se le da al pueblo siempre que se le necesita.
ROBERT PELLEVÉ, MARQUÉS DE FLERS.
Se dicen demócratas al tiempo que se niegan a reconocer y practicar los valores propios de ésta. Desconocen, aún hoy, el triunfo mayoritario que fue decidido hace cuatro años en «democracia». Por 4 años han gritado que quieren que se vaya el presidente pero cuando tuvieron la oportunidad -a través de la revocación de mandato- se negaron a participar democráticamente. Son golpistas por naturaleza y tienen el descaro de decir que «defienden la democracia»
Viene una próxima lección, una clase «en vivo» de lo que es la democracia. La marcha rosa opositora de hace unos días, al carecer de sentido argumental y de propuesta política, y, fingiendo que se trataba de la defensa de la democracia y no de la suma del odio del conservadurismo y del nouvelle aspiracionismo ignorante (como aquel al que se refiere Galeano), tendrá una magistral respuesta el próximo domingo 27 en donde se dará valor numérico a una de las primeras acepciones del término: el gobierno de las mayorías.
Cuando Felipe Calderón se convirtió en presidente después de aquél atroz fraude electoral en 2006, fue aplaudido cuando declaró que ganó «haiga sido como haiga sido» con (15,000,284 votos) un 0.56% de votos más que los 14,756,350 que se le reconocieron a López Obrador. La acostumbrada feligresía del conservadurismo y la rapacidad presupuestal en voz de sus portavoces festinó que el número de la votación le daba el triunfo, se jactaron en sesudos análisis que en «democracia», un voto hacía la diferencia.
Esos mismos portavoces y corifeos, a partir de que López Obrador se llevó el triunfo en el 2018 con 30,110,327 de votos, -lo que representa el mayor número porcentual de cualquier otra elección previa y ganada en todos los rangos medibles, por edad, por sexos, por educación, por localidad etc.- cambiaron su forma de pensar para poder llamarle «dictador».
Cuando en las votaciones en las cámaras, las propuestas del presidente, de la 4T, de la izquierda se alzan con un triunfo, de inmediato son consideradas (por la oposición) como imposiciones dictatoriales del indio patarajada de Macuspana. Cuando estos mismos opositores logran un triunfo oponiéndose a las propuestas de López Obrador, son triunfos en democracia.
Es decir, que con el vulgar acomodo del lenguaje, el conservadurismo que busca el regreso al pasado se justifica en su perversidad y, lo que sí me parece grave, dado que controla los medios de comunicación que se han conformado con repetir el dictado discurso de las élites a cambio de recursos, han adoctrinado a parte de la población, la más pobre intelectualmente en términos políticos y, afortunadamente, minoritaria, en repetir como loros sus exabruptos. La marcha reciente es prueba fehaciente de lo aquí dicho.
Si con la rosada caminata del domingo anterior, la oposición dejó claro que no tiene propuesta de gobierno, que no tiene un liderazgo y que su única motivación es el odio al presidente, gobierno y chairos que le acompañamos; y, que su «triunfo» radica en el número de personas que salieron a acompañarlos; como consecuencia directa tendrán la respuesta que les signifique que hasta en eso son perdedores. El próximo domingo saldrá a caminar junto al presidente, ahora sí, en la madre de todas las marchas, el número que multiplique por muchas veces cualquiera que haya sido el que realmente lo hizo en la reciente, incluso el de los sueños guajiros de cualquier descerebrado que osó medirse en esos términos con el arraigo popular de este gobierno.
Si quieren jugar con el número en democracia, tendrán en unos días el número correcto. Una vez más serán sobajados por no haberse atenido a las reglas que ellos mismos pusieron.
Hasta hace poco tiempo yo pensaba que el trabajo en la 4T era convencer a algunos ciudadanos opositores de los logros alcanzados en este gobierno; del manejo macroeconómico, del manejo de la pandemia, de la importancia de las obras de infraestructura, de las políticas sociales y laborales, del programa Sembrando Vida, y sobre todo de la importancia del reparto de becas y subsidios a los más marginados para que hubiera una base mínima que les pusiera en la vía de desarrollo. Sin embargo, es tal la cooptación mediática del discurso de odio que les han fomentado, que es como intentar hablar con la pared; la cerrazón mental a que les han obligado en una idea de aspiracionismo inentendible, de blanquitud forzada como sinónimo de privilegio, de primermundismo y de aceptación de un discurso (éste sí polarizante) en donde a la mayoría de los ciudadanos (rangos del 70%) se nos trata como brutos, corrientes y que no deberíamos tener derecho a votar. Pero, como lamentablemente para estas minorías, sí lo tenemos, entonces la democracia deja de gustarles para convertir sus acciones en un golpismo blando.
Mientras parte de la ciudadanía no entienda el sentido profundo de la democracia y crea que es sólo trabajo de las élites -poderosas pero minoritarias- decidir el rumbo del país; habrá que darles el trato justo que su número en las urnas les den, ni más ni menos.
La democracia no es como el sexo en donde no importa estar arriba o abajo, ambos se la pasan bien; en democracia o se busca un piso parejo que sirva a todos o alguien se la pasa mal. Llama mucho la atención que el típico «wanabi» whitexicanizado no entienda esto.
El presidente López Obrador, menciona con frecuencia que, no podemos quejarnos, estamos viviendo tiempos interesantes, vaya que sí.
Atendiendo a la tercera ley de Newton que establece que “a toda acción se opone una reacción igual, pero en sentido contrario”, Newton hablaba de la física, pero su enunciado es igualmente valido para las ciencias sociales, Así que cada acción o respuesta suele provocar otra de signo contrario.”
Así tenemos que, en nuestro país, se esta llevando una profunda transformación que ha tenido como respuesta o reacción de los grupos que se sienten agraviados o que por ideología y conservadurismo reaccionan ante este fenómeno, una masa amorfa, vociferante y falta de propuesta, la letanía que como mantra reproducen en forma estridente es, QUE SE VAYA MORENA, como si el solo hecho de desearlo fuese suficiente, parcos de ideas recurren a la mentira, la calumnia y la desinformación un día si y otro también, la prensa, el hampa del periodismo que, como ha señalado el presidente, tienen como máxima aquello de que la calumnia cuando no mancha, tizna.
La reacción en México, para fortuna de todos, va desnuda, es decir, la ciudadanía les conoce, les ha padecido por años y gracias a los fenómenos digitales de las redes sociales, han sido expuestos en su banalidad, corrupción y lo mas lesivo, las muestras cada vez mas evidentes del clasismo, racismo y discriminación que, por naturaleza, les es inmanente a estos grupos reaccionarios y retrogradas, por mas que, disfrazados con falsos atuendos se presenten como paladines de la justicia y la democracia.
Estamos siendo testigos de comportamientos que podrían parecernos absurdos y lindando en el ridículo, el antecedente ominoso del comportamiento electoral en el vecino estado de Nuevo León nos debe llevar a hacer algunas reflexiones, la elección consecutiva de dos perfiles a todas luces incapaces y populacheras en la figurea del Bronco y Samuel García han sido posibles debido a la vulnerabilidad en que se encuentra esta sociedad neolonesa, un estado de gran pujanza económica pero con una tendencia ideologizada hacia el aspiraciónismo, la diversión banal, el fervor deportivo alentado por una prensa mordaz y vulgar, les tiene justo donde les quieren tener, desinformados, ideologizados y presas de campañas en donde se insertan estos personajes, sin ninguna propuesta más que el ridículo, el histrionismo y desde luego, el apoyo de importantes grupos empresariales del país. Renglones torcidos.
Cartón de Jerge Monero.
El caso de la senadora Lili Téllez y sus desplantes, los insultos, gritos y actuación dramática cada vez que acude a la tribuna del senado de la república, obedece a una estrategia mercadológica que le ha sido diseñada por asesores que, con estudios de mercado entienden a quien van dirigidos estos comportamientos vergonzantes, no podrían establecer otro tipo de estrategia mas que la de la estridencia y el escándalo, la senadora adolece de una preparación académica consistente y no se ha cultivado en lo cultural y mucho menos en el respeto a sus congéneres, es entendible pues su comportamiento por mas que, a vistas parecería efectivamente, un renglón torcido.
En una más de las estrategias de la oposición se han creado o impulsado plataformas como latínus, y el par de renglones torcidos que se regentean ahí, Chumel, que ya venía de antaño, la plataforma digital de Carlos Alazraki acompañado de Beatriz Pages y Javier Lozano, cínicamente Alazraki ha dicho qué, mientras mas mentiras digas acerca de morena, mas bien te va en la proyección y aceptación de los conservadores, estos tres renglones torcidos son , a mas de patéticos, totalmente inútiles, mas les valiera a sus patrocinadores el observar las tendencias y aceptación del proyecto de nación que encabeza el presidente López Obrador.
No extenderemos la lista de los tantos y tantos renglones torcidos qué desde el bloque opositor y el conservadurismo, reptan en la bajeza moral, la discriminación, el clasismo, el racismo y un profundo desprecio por los ciudadanos de a pie, es decir, las mayorías.
Sin embargo, una experiencia propia que en lo particular me causo a mas de indignación, una enorme tristeza al ser testigo del grave daño que, por años, se ha causado a personas de baja espiritualidad, reactivos y coléricos, una verdadera vergüenza para cualquier sociedad, sin exagerar.
En la campaña federal del 2021, estábamos apoyando una candidatura a diputado federal; por una circunstancia familiar en la cual los sobrinos y nietos tomaron banderas de morena y decidieron marchar por toda la casa al grito de morena, morena, morena, sugirieron participar en un brigadeo real en la campaña que estábamos apoyando, no parecía una mala idea y se buscó una colonia de poco tráfico y ciertamente segura, a los sobrinos y nietos se agregaron hijas e hijos pequeños de vecinos de la colonia, conocidos todos del candidato y de quienes le apoyábamos, así que una tarde iniciamos con los niños alegres y ruidosos se integraron los vecinitos y aquello fue una fiesta para ellos, la gran emoción que les causaba entregar y que les recibieran un volante, se les iluminaba la cara por la satisfacción del volante entregado y recibido, en todos los hogares se les atendió con simpatía y se les recibía el volante; no así en una casa en donde un señor de mediana edad, sentado en el pórtico de su casa, rechazo en forma casi despectiva el volante que le ofrecía uno de los niños, el impacto visual de la escena fue para quien escribe, terrible y lamentable, al niño le importo un cacahuate el miserable personaje y siguió en el jolgorio y la fiesta, uno se pregunta, que pasaba por la cabeza, por el alma de ese sujeto vil, enajenado y lleno de rencor, como pudo tener tal comportamiento con el menor, la explicación no es sencilla, pero los causantes si, son todos los renglones torcidos que, como dice la canción, convierten el aire en gas natural, los Ferriz de con y su prole, la Denise, Dóriga, Brozo, Loret, Ciro, Lili Téllez, Kenia López, Gabriel Quadri, renglones torcidos que, sin ser egoísta, era mucho mejor que no hubiesen sido paridos.
La oposición vive hoy en una especie de torbellino interno que los hace tambalearse con un simple testereo. Su propia naturaleza traidora los mantiene desconfiando uno del otro, acusándose entre ellos de falsas lealtades y juego sucio. Todos ellos se saben capaces de traicionar a los demás si esto implica recibir una ventaja y las miradas de sospecha se cruzan mientras mantienen sus cinco sentidos alerta, vigilándose entre todos.
La publicación de una lista con 42 precandidatos imaginados por el Presidente López Obrador alborotó la gallera. Los egos terminaron de inhibir cualquier vestigio de razón que pudiera quedar en aquellos que portan los cerebros más atrofiados, explotando en entusiasmo mientras confirmaban sus intenciones de convertirse en presidentes de México.
Otros, en quienes la hipocresía natural ayuda a aparentar mesura, no dijeron nada pero deambulan por el pasillo de su casa imaginándose accediendo pomposamente a los salones de Palacio Nacional. Los más estultos agradecían orgullosos las felicitaciones de sus cercanos por haber sido nominados.
Esta sola revelación pública desmadejó cualquier posibilidad real de que actuaran en una búsqueda sincera de los intereses de grupo. Todos hablan del asunto, mientras van confirmando uno a uno sus intenciones de ser candidatos.
El PRI ya cuenta con 8 destapados, uno de ellos ni siquiera estaba en la lista. El PAN cuenta con dos, además de una declinación formal y otras dos que prefirieron destaparse para la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, entorpeciendo las aspiraciones de alcaldes y alcaldesas mafiosos. El PRD ya tiene a uno y Movimiento Ciudadano a otro, además de Colosio, a quien tanto han ponderado en sus ilusiones demoscópicas.
Pero en un escenario tan expuesto, donde todo tiende a hacerse público y a difundirse en las redes sociales, el principal problema de los miembros de la oposición son sus secretos, sus tratos inconfesables e incluso sus acuerdos confidenciales sobre temas hasta triviales. Acostumbrados a esconderlo todo para buscar alguna ventaja personal sobre los demás, la mayoría vive en la paranoia permanente.
En este contexto de inestabilidad emocional, cualquier cosa que pueda sugerir la búsqueda de ventajas para unos por encima de otros, genera encontronazos que no pueden ocultar porque se saben traidores. Hoy cualquier declaración que sugiera un posible coqueteo de alguno de ellos con alguien fuera del grupo cercano, se considera una amenaza real que altera los ánimos de todos.
Así por ejemplo, una declaración del secretario de gobernación insinuando que están negociando con priistas y panistas la aprobación de la Reforma Electoral, es motivo suficiente para que el PAN y Movimiento Ciudadano se increpen sobre supuestas traiciones, o una pifia de Lorenzo Córdova y su pandilla, genera ya críticas públicas de panistas, priistas y hasta emecistas señalando la torpeza con la que manejan las cosas en el INE, en general cualquier tropezon los saca de su zona de confort.
Los egos descontrolados reaccionan con histeria ante el miedo que les provoca terminar de ser desenmascarados, sin darse cuenta que ya lo fueron y que hoy lo único que puede sucederles, es seguir cayendo en la obviedad del ridículo porque la sociedad ya los conoce y nadie espera que actúen traicionando su naturaleza, aunque por las evidencias son capaces de hacerlo.
Como dijo el escritor francés La Rochefoucauld: Más traiciones se cometen por debilidad que por un propósito firme de hacer traición.