El espectro de Donald Trump vuelve a agitar las aguas de la política mexicana. Con su retórica incendiaria y su obsesivo enfoque en el tema migratorio, el expresidente estadounidense y actual aspirante republicano a la Casa Blanca ha lanzado nuevas amenazas hacia México, poniendo en la mira la administración de Claudia Sheinbaum, quien, con su reciente llegada al poder, se posiciona como la primera presidenta de México y un símbolo del avance progresista de la Cuarta Transformación (4T).
En este contexto, es necesario analizar la situación desde múltiples ángulos: el político, el histórico, el social y el económico. Cada uno de estos aspectos nos permite entender la magnitud de las amenazas de Trump y, al mismo tiempo, resaltar la fortaleza del proyecto de la 4T para enfrentar estos embates con dignidad y firmeza.
La amenaza Trump: Una vieja conocida renovada
Desde su irrupción en la escena política, Donald Trump ha utilizado a México como un blanco cómodo para movilizar a su base electoral. La construcción del muro fronterizo, las acusaciones de “violadores” y “drogadictos”, y las amenazas de imponer aranceles fueron pilares de su primera campaña presidencial. Ahora, con un panorama político estadounidense polarizado, Trump regresa a sus viejas tácticas, prometiendo medidas más drásticas que incluyen operaciones militares contra los cárteles mexicanos.
El discurso de Trump no es solo una amenaza vacía; es una declaración de principios que pone en peligro la soberanía de México y busca presionar a la administración de Sheinbaum para que adopte posturas que podrían comprometer los valores fundamentales de la 4T: justicia social, combate a la desigualdad y respeto mutuo entre naciones.
Claudia Sheinbaum: un liderazgo probado
La llegada de Claudia Sheinbaum al poder no solo marca un hito histórico por ser la primera mujer presidenta de México, sino también por ser una figura clave de la 4T. Su gestión como jefa de gobierno de la Ciudad de México destacó por su enfoque en la movilidad sustentable, el acceso universal a derechos sociales y la transparencia.
Sheinbaum enfrenta ahora un reto que trasciende lo nacional. La presión externa de un posible gobierno de Trump podría desencadenar conflictos diplomáticos y una narrativa de constante confrontación. Sin embargo, su liderazgo sereno y su compromiso con los principios de la 4T la posicionan como una figura capaz de resistir estas amenazas sin perder de vista la transformación interna que México necesita.
Dimensiones históricas: El eterno intervencionismo
La postura de Trump no es nueva en la historia de las relaciones entre México y Estados Unidos. Desde la intervención militar en 1846 hasta las imposiciones económicas bajo el Tratado de Libre Comercio, el vecino del norte ha buscado influir en las decisiones soberanas de México. Sin embargo, cada momento de crisis también ha sido una oportunidad para que los liderazgos mexicanos afirmen su independencia.
La 4T se inscribe en esta tradición de resistencia. Al rechazar las recetas neoliberales y priorizar un modelo de desarrollo socialmente incluyente, el proyecto de Sheinbaum retoma el espíritu de Benito Juárez y Lázaro Cárdenas, quienes enfrentaron las presiones externas con determinación y visión de futuro.
La dimensión social: Migración y dignidad
Uno de los temas más sensibles en la relación bilateral es el tratamiento de los migrantes. Para Trump, el flujo migratorio es una amenaza que debe ser contenida con muros y medidas drásticas. Para la 4T, la migración es un fenómeno que debe abordarse desde sus causas: pobreza, violencia y falta de oportunidades.
El gobierno de Sheinbaum tiene la oportunidad de reafirmar la postura progresista de México al defender los derechos de los migrantes y trabajar en conjunto con los países de Centroamérica para crear condiciones que reduzcan la migración forzada. Esta estrategia no solo contrasta con la visión punitiva de Trump, sino que también refuerza el liderazgo moral de México en la región.
La economía: La integración como fortaleza
Trump ha amenazado con renegociar o incluso cancelar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), lo que podría tener consecuencias devastadoras para la economía mexicana. Sin embargo, la 4T ha avanzado en la diversificación de mercados y el fortalecimiento de la economía interna, reduciendo gradualmente la dependencia de México hacia su principal socio comercial.
El gobierno de Sheinbaum deberá continuar esta tendencia, apostando por el desarrollo tecnológico, la transición energética y la promoción de la pequeña y mediana empresa. Estas políticas no solo aumentarán la resiliencia económica de México, sino que también demostrarán que la 4T es un modelo viable frente a las presiones externas.
La Cuarta Transformación Como proyecto de resistencia
La Cuarta Transformación no es solo un programa de gobierno; es una revolución pacífica que busca transformar las estructuras de poder en México. Frente a las amenazas de Trump, la 4T representa una visión de desarrollo soberano que rechaza las injerencias extranjeras y coloca a las personas en el centro de las políticas públicas.
Claudia Sheinbaum, como continuadora del legado de Andrés Manuel López Obrador, tiene el reto de consolidar esta transformación. Su capacidad para enfrentar las amenazas externas sin descuidar las necesidades internas será clave para definir el rumbo de México en los próximos años.
Reflexiones finales
Donald Trump encarna una visión de política exterior basada en la coacción y el unilateralismo. Frente a esto, Claudia Sheinbaum y la Cuarta Transformación tienen la oportunidad de demostrar que otro modelo es posible: uno basado en la cooperación, el respeto mutuo y la justicia social.
La lucha no será fácil. Las amenazas de Trump son un recordatorio de que el camino hacia la soberanía y la justicia siempre estará lleno de obstáculos. Sin embargo, con liderazgo, visión y el respaldo del pueblo mexicano, la administración de Sheinbaum puede convertir este desafío en una oportunidad para reafirmar los principios de la 4T y avanzar hacia un México más justo, libre y soberano.
El futuro de México no debe estar dictado por las amenazas de un hombre que representa lo peor del populismo de derecha. Al contrario, debe ser definido por la voluntad colectiva de un pueblo que lucha por su dignidad y su destino.
¿Qué importancia podría tener un foro con un expresidente mexicano como el prófugo Felipe Calderón, e Isabel Díaz Ayuso, la Alcaldesa de Madrid? Ayuso es famosa porque, durante la pandemia de la COVID, dejó morir a más de siete mil adultos mayores encerrados en los asilos, sin autorización para trasladarlos a un hospital. Su hermano, Tomás, era el concesionario que le vendió al Gobierno de su hermana 1.5 millones de euros en cubrebocas. Ayuso y Felipe Calderón tienen en común los autopréstamos, el desvío de recursos que se hicieron desde sus gobiernos y haber robado de dinero público con construcciones que nunca se terminaron. Calderón tiene su media barda de una refinería en Hidalgo que costó nueve mil millones de pesos. Ayuso tiene el Hospital Zendal que costó 200 millones de euros, pero nunca tuvo quirófanos y nunca se ocuparon más del 17 por ciento de las camas. ¿Por qué, entonces, dedicarle tiempo a escuchar lo que tienen que decir estos dos rateros sobre la amistad entre México y España en un forito sin relevancia alguna? La respuesta más sensata es: para que ustedes se diviertan porque los fachos son divertidos cuando son tan ignorantes como los que ahí hablaron. Pero hay más cosas en este forito celebrado apenas hace unos días en Madrid. Una de sus atracciones es que intervino el periodista de Radio Fórmula, Ciro Gómez Leyva. Pero vayamos por partes.
El forito de la amistad eterna entre España y México evocó las telenovelas, y se llamó “Amigos por siempre”. Estuvo convocado por una Fundación Neos, cuyo lema es: “No todo se vale”. Bueno, al parecer sí se vale invitar a criminales y corruptos. Pero, ¿qué es lo que no se vale para la Fundación Neos? El aborto, la eutanasia, la condena al franquismo y al fascismo, la —así dice— “ideología de género”, las leyes LGBTI, la educación pública, al “ataque sistemático al idioma español” —así dice—, y el avance de una España “confederada”. Es decir, Neos está en contra de los derechos de los demás, excepto de los que sean católicos, fachos, o de los dominios de los Reyes Católicos. Hasta aquí, Neos es una más de las vertientes reaccionarias de Vox o El Yunque. De hecho, se ostenta como una organización de “raíces cristianas”, donde —suponemos— el fascismo de la Falange es parte del tronco. Neos está presidida por dos personajes con nombres de telenovela, Jaime Mayor Oreja y María San Gil. Uno declaró siendo eurodiputado del Partido Popular: “¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad?
Era una situación de extraordinaria placidez. Dejemos las disquisiciones sobre el franquismo a los historiadores”. Es decir, según Oreja, si hubo gente que se la pasó bien en una dictadura como la de Franco, Mussolini o Hitler, pues no se puede condenar. Pregúntenle a los muertos, desaparecidos, y ajusticiados por la milicia de Franco si la condena es una divagación de historiadores. Ah, pero, claro, la suculenta Transición española los metió a todos debajo de la alfombra. Se me olvidaba el olvido. El otro personaje, María San Gil, dice en su currículum algo insuperable por cualquier comentario extra: “Licenciada en Filología Bíblica Trilingüe por la Universidad Pontificia de Salamanca”. Es decir, es una beata con título. Fue responsable del Partido Popular en el País Vasco justo en los años en que Vicente Fox y Felipe Calderón perpetraron el fraude electoral en México. Pero la señora Gil, después de toda una vida en el Partido Popular, apenas en abril pasado, le dio su respaldo al partido del fascismo, del Atlas Network, y aquí en México, de los bots de Max Cortázar y Xóchitl Gálvez: Vox.
Estos personajes estuvieron adobados por una empresaria mexicana que dirige una compañía de tecnologías de la información, Doris Seedorf y por un exeditor de Letras Libres de Enrique Krauze, un mexicano, Ricardo Cayuela, cuyo bisabuelo fue el anarquista republicano que proclamó la República de Cataluña en octubre de 1934 y, más tarde, fue detenido por la Gestapo de Hitler en la Francia colaboracionista en 1940, y entregado a Franco para que lo torturaran y, más tarde, lo fusilaran. Este personaje de Letras Libres, bisnieto de aquel republicano español, está en un acto donde unos gachupines fachos se niegan a pedir perdón por los crímenes cometidos en la invasión a lo que hoy es México, pero su propio abuelo fue objeto de una disculpa pública del Presidente francés François Miterrand y del de Alemania, Helmut Kohl, porque sus países participaron en la detención y su entrega a la dictadura “plácida” de Franco. Esta disculpa sucedió en 1990. En 2019, el Gobierno de Pedro Sánchez le entregó en México a la mamá de este exeditor de Letras Libres una “restitución de la dignidad” en memoria del bisabuelo. Sólo Freud podría explicar estas cosas.
El otro aval, como dijimos, fue el conductor de un noticiero de Radio Fórmula, Ciro Gómez Leyva, que fue el que dio a conocer este forito que, sin duda pasó desapercibido por los demás medios, además de la cadena de radio mexicana. Para ubicarnos en este pequeño salón de la corte de Francisco Franco conviene leerles una breve compilación de joyas de sabiduría extraídas del “manifiesto” —así se llama— de la Fundación de Neos: “La verdad no depende del sufragio universal”; “Al Estado no le corresponde decidir el contenido de las verdades científicas o históricas”; “Para que haya matrimonio tiene que haber madre. Y para que haya madre, debe haber un padre. El matrimonio requiere la unión entre el varón y la mujer”; “El sexo no se elige”; “Nos oponemos a la llamada ‘memoria histórica’, en realidad, no hay tal cosa; la memoria es individual, no colectiva”; “Especialmente urgente es la garantía de la independencia del Poder Judicial frente a las intromisiones del Gobierno. La corrupción es un mal moral y jurídico, pero no puede convertirse en arma política”; “La democracia liberal y representativa frente a la llamada democracia popular y a los mecanismos de la acción directa —así dice, sin usar ningún verbo—. Alertamos contra el auge del radicalismo revolucionario y la posibilidad de una falsa democracia totalitaria”; “La Monarquía es una de las pocas instituciones que aún no ha sido contaminada por la política partidista. Además, ha sido y es la forma de Estado característica de la nación española a lo largo de los siglos”.
El acto empezó con uno de los Neos diciéndole a Calderón “Presidente” y “querido”. Se presentó a la Fundación Neos como “movimiento de la sociedad civil que defiende la hispanidad como un bien moral. Por eso nuestro símbolo es una brújula y Neos son las iniciales de los cuatro puntos cardinales”. ¿Qué hacemos hoy aquí?”, se preguntó el orador y se contestó: “Estamos para reivindicar una hermandad (entre España y México) por encima de coyunturas políticas porque compartimos religión, costumbres, apellidos”. Aquí hay que decir que no es “compartir” la palabra que se le aplica al sometimiento de las comunidades originarias a una religión extraña, con costumbres sin sostén, y a cambiarles los apellidos a los esclavizados, por vía de los bautizos masivos. Es más exacta la palabra “forzar”.
El orador de Neos, que se llama Javier Martínez-Fresneda y Barbasán, pasó a presentar a Ciro Gómez Leyva que dijo, con la agudeza que lo caracteriza: “Amigos para siempre. Siempre será siempre”. Pero siguió con su sagacidad: “Si hay crisis, me pregunto, les pregunto, ¿qué crisis es, es una crisis del Gobierno mexicano con la Corona Española? El Gobierno mexicano está en pleito con el rey, en serio, lo está el rey contra México, vaya estaría el rey de España, estaría de pleito con la Presidenta de México. ¿Estarían los mexicanos enfrentados con los españoles porque ustedes no se han disculpado con nosotros por la Conquista?”. Pero Gómez Leyva no aportó ninguna respuesta. Fue el de Letras Libres el que aseguró: “España es el chivo expiatorio porque no puede ser Estados Unidos, porque estamos atados a esa economía y con la que sí tendríamos disputas intelectuales filosóficas y culturales importantes, nos buscamos al chivo expiatorio más cómodo, que es España”.
O sea que, según él, no es “importante” la guerra contra los pueblos originarios ni los 300 años de Colonia. ¿Las “disputas filosóficas” con Estados Unidos serían acaso “la ideología de género” o el aborto, ajeno al hispanismo católico? ¿Son los lazos económicos los que impiden la disputa filosófica o más bien las groserías del rey al filtrar a la prensa la petición de López Obrador para armar un acto de reconciliación en 2021? ¿Es chivo expiatorio quien ha llamado “analfabeta e ignorante” a la Presidenta de México y que dijo, cito: “Jamás vamos a pedir perdón y mucho menos por hacer las cosas bien frente a tribus como incas, aztecas o mayas que venían de una cultura horripilante”, como dijo el vocero de Vox Alejandro Nolasco. De eso, pues nada. España es una víctima de los bárbaros aztecas de Claudia Sheinbaum. Y el exeditor de Letras Libres se despachó a incluso a Nuestra Madre Tonantzin al asegurar que la Virgen de Guadalupe era española, de la reconquista contra los árabes. Vaya ligereza. Ha de ser muy liviano vivir sin “memoria histórica”.
Pero nos estaba reservado el retorno de Ciro al podium. Hasta este momento entendí que estaba como entrevistando/moderando/opinando/juzgando, como suele hacerlo con su programa de radio. Se preguntó si realmente se habían ido las inversiones españolas en México con la actitud de López Obrador. Aquí hay que desmenuzar el clásico revoltijo que hacen los fachos con los sucesos. La carta que el rey de España, en vez de responder, filtró a los medios de comunicación es un asunto que se dio en 2019. Otro acontecimiento fue la revelación, con la Reforma Eléctrica, de que Iberdrola fue subsidiada con dinero público por los gobiernos de Calderón y Peña Nieto por 56 mil millones de pesos al año porque se les regalaba la transmisión, el porteo, y se les daba preferencia a la hora de conectarse, por encima de las hidroeléctricas del Estado. Ese asunto no guarda relación con la carta al rey de España, pero ya en la retórica de los fachos son lo mismo: como el rey no se quiso disculpar, entonces López Obrador la emprendió contra Iberdrola que acabó vendiendo sus plantas de viento.
De la carta al rey hay que recordar lo que escribió el entonces Presidente Andrés Manuel. Dice: “El 21 de septiembre de 2021 México celebrará 200 años de vida independiente. El Gobierno que presido quiere recordar ese acontecimiento construyendo la reconciliación con el pasado del país, por más remoto que parezca. Tal fecha coincidirá con los 500 años de la caída de Tenochtitlan y el inicio de la Colonia, y se establecerá el 21 de septiembre como Día de la Reconciliación Histórica. Ese día el Estado mexicano pedirá perdón a los pueblos originarios por haber porfiado, una vez consumada la Independencia, en la agresión, la discriminación y el expolio a las comunidades indígenas que caracterizaron el periodo colonial; el desagravio hará énfasis en las guerras atroces y genocidas emprendidas por el Gobierno mexicano en contra de los pueblos yaqui y maya (la «Guerra del Yaqui», en Sonora y Sinaloa, y la «Guerra de Castas», en la Península de Yucatán), así como en la persecución racista que sufrieron los chinos en el territorio de México durante las primeras décadas del Siglo XX y en otros agravios y atrocidades que diversas autoridades cometieron contra la población.
Para la Nación que represento es de fundamental importancia, señor, invitar al Estado español a que sea partícipe de esta reconciliación histórica, tanto por su función principalísima en la formación de la nacionalidad mexicana como por la gran relevancia e intensidad de los vínculos políticos, culturales, sociales y económicos que hoy entrelazan a nuestros dos países. Me alienta el propósito de superar en forma definitiva los desencuentros, los rencores, las culpas y los reproches que la Historia ha colocado entre los pueblos de España y de México, sin ignorar ni omitir las ilegalidades y los crímenes que los provocaron”.
“Con este propósito, el Gobierno de México propone a Su Majestad que se trabaje a la brevedad, y en forma bilateral, en una hoja de ruta para lograr el objetivo de realizar en 2021 una ceremonia conjunta al más alto nivel; que el Reino de España exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados y que ambos países acuerden y redacten un relato compartido, público y socializado de su historia común, a fin de iniciar en nuestras relaciones una nueva etapa”.
No obstante, lo que he leído de la carta, los fachos redujeron a “López quiere que el rey se disculpe” toda la idea de una redacción conjunta entre México y España de las atrocidades de la invasión española y de los 300 años de Colonia para reconciliar las memorias históricas rumbo a los siguientes 500 años. Caricaturizaron a tal grado la carta de AMLO que pareciera que no dice lo que dice, es decir, que le reconoce a España su función en la formación de la nacionalidad mexicana. Así, se explica que, a continuación, Felipe Calderón que acabó trabajando de empleado para una filial de Iberdrola, diga que México y España “comparten mucho más que la historia, un alma”. Y, a continuación pasó a caricaturizar las raíces mexicanas con el jitomate y los chocolates. Dijo: “A ningún español de ahora puede imputársele culpa de lo que alguna vez fue”.
Calderón no entiende el perdón de un Estado por las atrocidades en las que finca su propia existencia. Cree que es un asunto de culpa cristiana, no de la garantía de no repetir las barbaridades, de reconocer a las víctimas por parte de la autoridad que las engendró. Pero qué va a saber Calderón de eso, si a los muertos de su sexenio les llamó “daños colaterales”. Agregó este humanista: “No podemos construir el futuro si estamos anclados en la sombra de los resentimientos. No es lo que hemos sido sino lo que queremos ser”, dijo ya en pleno curso de superación personal. “Podemos construir un puente entre nuestros corazones”. De verdad, el licenciado le hizo a la poesía.
Ayuso, como es natural para una facha, se refirió a los enfriamientos por la prepotencia del rey y la molestia del Presidente López Obrador como “manipulaciones y polémicas inventadas”. Pero se fue de boca: “Son amenazas directas a nuestra prosperidad, a la libertad, y a las maravillosas posibilidades que nos deben de seguir uniendo”. Se atrevió a decir que ser súbditos ante el rey nos hizo iguales. De verdad. Lo dijo Ayuso sin miedo a la rechifla de los vasallos involuntarios. Pero siguió ya sin freno hacia el país de la reacción depravada. Dijo: “Los gobiernos que odian lo español acaban siendo todos tiranías, se convierten en narco-Estados, que fulminan la clase media, la pobreza y la inseguridad es lo que únicamente promueven”.
Y así terminó este forito que jamás reconoció nada. Ni siquiera que México no tuvo relaciones con España, desde el Golpe de Estado de Franco hasta 1977 en que les enviamos como Embajador al carnicero de estudiantes en 1968, Gustavo Díaz Ordaz. Pero ahí estuvieron muy contentos los que dicen que la memoria histórica nomás es pura evocación personal.
Estados Unidos, la industria armamentística y la incidencia en los conflictos globales
Charles Wright Mills escribió en 1956 La élite del poder (FCE), una obra que se convertiría en una de las primeras contribuciones al análisis de las formas en que el poder se ejercía en la cruda realidad. Para Mills, en la sociedad estadounidense que describió, el poder residía en los grupos dominantes en las esferas económicas, políticas y militares. El concepto de élite se fundaba en la similitud de origen y de visión y en el contacto social y personal entre los altos círculos de cada una de dichas jerarquías. No se trataba de una organización secreta, sino de la consecuencia de una tendencia estructural del sistema en el que las personas trabajan juntas y participan en las mismas organizaciones, en donde se produce una coincidencia de intereses objetivos. Las innovaciones científicas y tecnológicas patrocinadas desde el sector militar habían estimulado el crecimiento de la economía. De este modo, “los señores de la guerra, junto con sus voceros” intentaban “arraigar sólidamente su metafísica entre la población del país”.
Mills consideraba que la fiebre de la guerra no permitía considerar a los Estados Unidos como una auténtica democracia porque la democracia supone la discrepancia y el desacuerdo, algo que desaparece cuando hay una visión militar predominante que demanda unanimidad. Como los políticos dependían del aporte de las empresas para financiar sus campañas, aumentaba el poder de las grandes corporaciones para definir los lineamientos generales de las políticas. En definitiva, el control de la élite del poder sobre la mayoría de las decisiones estratégicas confirmaba que, en su gran mayoría, estas se tomaban previamente, antes de ser aprobadas en el Parlamento. La descripción de Mills fue de algún modo refrendada en enero de 1961, cuando, al pronunciar su último discurso como Presidente de los Estados Unidos, el general Dwight Eisenhower advirtió que los ciudadanos deberían cuidarse “de la adquisición de una influencia injustificada, ya sea buscada o no, por parte del complejo militar-industrial. El potencial para el desastroso ascenso de un poder mal asignado existe y persistirá”.
El totalitarismo invertido
Las descripciones de Wright Mills fueron actualizadas por el profesor de la Universidad de Princeton Sheldon Wolin en un ensayo titulado Democracia S. A. (Ed. Katz, 2008) con un sugestivo subtítulo: “La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido”. Para el autor, “el totalitarismo invertido marca un momento político en el que el poder corporativo se despoja finalmente de su identificación como fenómeno puramente económico, confinado principalmente al terreno interno de la empresa privada, y evoluciona hasta transformarse en una coparticipación globalizadora con el Estado: una transmutación doble, de corporación y Estado. La primera se vuelve más política y el segundo, más orientado al mercado”. Por consiguiente, a diferencia del totalitarismo clásico, el cambio no surge de una revolución o de una ruptura, sino que de una evolución dirigida. Ya no se trata de la movilización de las masas, sino de su desmovilización, de modo tal que el poder de la ciudadanía se va reduciendo hasta quedar limitado al mero ejercicio del voto el día de las elecciones. Los ciudadanos se alejan de la política y dejan las manos libres a los gobernantes para que puedan imponer la agenda de las grandes corporaciones.
Wolin atribuía estos cambios a la creciente dependencia de los partidos políticos de las contribuciones de las corporaciones y de los donantes pudientes. Señalaba que la simbiosis de corporación e instituciones gubernamentales estaba encarnada en la industria del lobbismo. La proliferación de centenares de lobbistas en Washington indicaba un cambio radical en el significado de la democracia representativa y la derrota final del gobierno de la mayoría. Añadía que la timidez de un Partido Demócrata, hipnotizado por la concepción centrista, dejaba en evidencia que los pobres, las minorías, los ambientalistas y todos aquellos que se oponen al gobierno de las grandes corporaciones carecen de un verdadero partido de oposición que defienda sus intereses.
The Deep State
Peter Dale Scott, profesor de la Universidad de Berkeley, es autor de un ensayo que tituló The American Deep State (2017), en donde considera que la política estadounidense está diseñada en las agencias federales de seguridad e inteligencia como la CIA y la NSA. Scott reúne pruebas de que el Estado profundo también extiende su alcance a corporaciones privadas como Booz Allen Hamilton y SAIC, con las que el gobierno subcontrata el 70% de los presupuestos de inteligencia. Detrás de estas instituciones públicas y privadas está la influencia de los banqueros y abogados de Wall Street, que trabajan a las órdenes del complejo militar-industrial. Se estima que en 2023 el gasto militar mundial superó los 2,4 billones de dólares, de los cuales 900.000 millones (37%) corresponden a los Estados Unidos. Se considera que los señores de la guerra tienen a su servicio a 700 lobbistas en un Congreso de 600 integrantes entre representantes y senadores. La mayoría de los representantes dependen de contribuciones electorales hechas por los ricos y comités de acción política que pueden gastar dinero sin límites para apoyar u oponerse a un candidato. Se proyecta que el gasto total en las elecciones federales de Estados Unidos en 2024 puede alcanzar un récord histórico de 16.700 millones de dólares.
Sumándose a esta perspectiva crítica, Jeffrey Sachs, economista autor de numerosos libros sobre el desarrollo sustentable y las causas de la pobreza, ex director del Earth Institute de la Universidad de Columbia, también ha denunciado la existencia de un Deep State que controla la política exterior de los Estados Unidos. Señala que tras la caída de la Unión Soviética, los Estados Unidos consideran que son los únicos que están en condiciones de gobernar el mundo. Y se pregunta, ¿cómo puede intentar dominar el mundo un Estado que sólo representa el 4,1% de la población mundial? Añade que los Estados Unidos han gastado desde el atentado a las Torres Gemelas alrededor de cinco billones de dólares en guerras sin sentido que no han hecho al mundo más seguro sino todo lo contrario. Fueron altos funcionarios de George W. Bush quienes impulsaron Project for the New American Century, un proyecto del movimiento neoconservador estadounidense que alentó las guerras de Estados Unidos en Serbia (1999), Afganistán (2001), Irak (2003), Siria (2011) y Libia (2011) y que “tanto han hecho por provocar la invasión de Ucrania por parte de Rusia”. Considera que el sector de política exterior está dirigido por una camarilla pequeña, secreta y muy unida, que incluye a los altos mandos de la Casa Blanca, la CIA, el Departamento de Estado, el Pentágono, las comisiones de las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes y el Senado, y las principales empresas militares, como Boeing, Lockheed Martin, General Dynamics, Northrop Grumman y Raytheon. Atribuye el actual estado de guerras en el mundo al poder de veto repetidamente ejercido en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que ha impedido de este modo la resolución de los conflictos mediante la aplicación de la ley internacional.
La incógnita Trump
Curiosamente, quien se ha comprometido a combatir al Deep State es Donald Trump. En un acto de su reciente campaña electoral, Trump afirmó que si llegaba nuevamente a la Casa Blanca, expulsaría “a los belicistas” de su “Estado de Seguridad Nacional” y que llevaría a cabo “una limpieza muy necesaria del complejo militar-industrial para detener la especulación con la guerra y poner siempre a Estados Unidos en primer lugar”. Más recientemente, el hijo de Trump, sugiriendo una conspiración del Deep State, criticó al Presidente Joe Biden por el envío de misiles tácticos al gobierno de Ucrania. En un tuit del 18 de noviembre escribió: “El complejo militar-industrial parece querer garantizar el inicio de la Tercera Guerra Mundial antes de que mi padre tenga ocasión de lograr la paz y salvar vidas”.
La aparente determinación de Donald Trump de acabar con las guerras que puedan afectar su mandato para centrarse en su consigna América First resulta contradictoria con la alegría expresada por el ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, un colono ultrarreligioso que tradujo la llegada de Trump como la luz verde para la anexión de los territorios palestinos ocupados, el objetivo que explica la guerra de arrasamiento que se libra en Gaza. Trump ha anunciado que el próximo embajador de Estados Unidos en Israel será Mike Huckabee, ex gobernador de Arkansas y sionista declarado, que sostiene que los asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada no son ilegales, en contradicción con las resoluciones de Naciones Unidas. Su visión se corresponde con la de una rama del pensamiento evangélico cristiano basada en la creencia de que la existencia del Israel actual es una orden de Dios y que una guerra catastrófica en Israel y Palestina desembocaría en el segundo advenimiento del Mesías cristiano, lo que propiciaría la conversión de los judíos al cristianismo. De este modo, conecta con los partidos políticos de judíos ultraortodoxos de Israel que aspiran a desplazar a los pobladores originales de Cisjordania y Gaza, convencidos de que “Dios le dijo a Abraham que esta tierra pertenecería para siempre al pueblo judío”.
Resulta difícil imaginar que con estos mimbres se pueda construir el cesto de la paz. Estamos asistiendo a una cruel guerra de destrucción masiva que se abate día tras día sobre una población indefensa en Gaza y Cisjordania. El Tribunal Penal Internacional ha dispuesto el arresto del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu y de su ex ministro de Defensa, Yoav Gallant, por considerar que ambos tienen responsabilidad criminal por crímenes de guerra y contra la humanidad, cometidos en Gaza al menos desde el 8 de octubre de 2023. Los jueces han atendido la petición formulada por el fiscal, Karim Khan, que consideró que las pruebas reunidas demostraban que Israel “ha privado de forma intencionada y sistemática a la población civil de Gaza de objetos indispensables para la supervivencia”. En Israel, políticos de la oposición y del gobierno han intentado eludir su responsabilidad formulando una acusación ridícula contra el TPI por “antisemitismo”. Estados Unidos, principal aliado de Israel y proveedor de las bombas que se arrojan sobre la población civil, también ha rechazado la decisión de los jueces de La Haya por considerar injustificadas las órdenes de detención.
El antropólogo y sociólogo francés Didier Fassin ha publicado recientemente Una extraña derrota (sobre el consentimiento al aplastamiento de Gaza), ensayo todavía no traducido al español, en donde analiza la “derrota moral” de Occidente ante el genocidio que se está cometiendo en Palestina.
Fassin critica el consentimiento de la mayoría de los países occidentales en la aniquilación de un pueblo, de su historia y de su cultura a manos de un Estado cuya voluntad de llevar a cabo una limpieza étnica ha sido afirmada desde los primeros días de la guerra. La violación de los derechos humanos, el desafío a las resoluciones de los organismos internacionales, el uso cínico del presunto antisemitismo de cualquier cuestionamiento, serán estigmas que la historia no podrá borrar y que afecta no solo a los autores materiales, sino también a los que han guardado un silencio cómplice frente a la mayor catástrofe humanitaria de este primer cuarto del siglo XXI.
¿A donde vamos? Antes como antes, ahora como ahora1
Reflexiones iniciales para diálogos para el qué hacer…
¡AHÍ LES VA!
Al paso del tiempo el sistema capitalista sigue vivito y coleando, pero la contraparte y las resistencias también.
Solo el estudio y análisis de la realidad del mundo en sus distintos periodos de desarrollo nos dará ideas claras para el que hacer. Es necesario considerar la revisión crítica de las experiencias pasadas en la búsqueda de lograr una alternativa al sistema capitalista actual, y poder crear un nuevo modo de vida que se pueda desarrollar.
Muchos luchadores sociales reconocemos que las experiencias dan cuenta que la transformación de fondo es un proceso de largo tiempo, que las resistencias y formasde lucha han sobrevivido en los ríos subterráneos, se nutren de las diversas luchas de resistencia que buscan alternativa. Hay que estudiarlas y ejercitando cambios posibles en y desde el propio sistema como lo hace el pueblo.
Hace 50 años planteábamos la necesidad de hacer un ejercicio permanente de deslinde y desideologización de las posiciones de la clase dominante, que se conduce a favorecer intereses de la clase capitalista. Requerimos deslindarnos del pensamiento neoliberal, que impone cultura individualista y patriarcal todos los días.
La recuperación de las memorias de las luchas de resistencia nos da idea que es posible crear y construir bases para una nueva civilización desde ahora. Requerimos ser parte de la construcción de un nuevo sujeto social, políticamente maduro con visión y conciencia social de clase, capaz de lograr la organización política y social del pueblo y con el pueblo desde abajo.
Hay que romper mitos: la transformación de la sociedad no se dará solo mediante la lucha de los procesos electorales, tomando espacios de poder desde arriba; se requiere y se puede construir dialécticamente las relaciones entre los que luchan desde abajo y a la izquierda con los que luchan por abrir espacios de poder y lograr la lucha por un cambio sistémico de rumbo a una sociedad llámese como se llame que hay que empujar rumbo a ese horizonte de carácter socialista, definido también como el GRAN ANYU universal.2
Por ahora enfoquemos nuestra reflexión al Periodo de 1960 al 2018 y del 2018 a la fecha. Un análisis histórico económico político y social de la realidad nacional enmarcado en el contexto global. Periodo que nace de un proceso anterior del desarrollo capitalista, de sus contradicciones, en que se enfrentaron a las resistencias y luchas que buscan transformar el mundo a una nueva y mejor civilización. Se requiere visión integral, con memoria histórica a escala mundial y nacional, por ahora solo abordemos el presente reciente de 1971 a la fecha.3
El ciclo del modelo neoliberal dominó al mundo y en México se desarrolló fuertemente de 1971 hasta 2018, y se resiste a desaparecer.
En 1971, en la ciudad de Monterrey, se expresó con claridad el inicio del proceso del ciclo neoliberal que pretendía la privatización del proceso educativo en la Universidad de Nuevo León. La movilización estudiantil contra ese proceso fue de carácter nacional, entrelazándose con las luchas de trabajadores del campo y la ciudad. La represión fue la constante a todas las luchas de resistencia y dio condiciones de la insurrección armada de carácter socialista.
1971/1982/ 1989/ 2017/2024. En 1982 el modelo neoliberal se desarrolló con Miguel de la Madrid, y con Carlos Salinas de Gortari se implementan las ideas centrales para su desarrollo, con Fox, Calderón y Peña se fue consolidando.
El modelo potenció la hegemonía de Estados Unidos y ocurrió en la medida que se pasó del patrón oro (patrón monetario metálico) al financiamiento global bajo el patrón monetario Fiat, patrón de impresión de papel, del dólar. Se formaron los Bloques emergentes y el saqueo por apropiación de recursos naturales fue la constante hasta nuestros días, expresándose en un mundo de guerras de conquista en los siglo XX y XXI, guerras por concentración de poder y riqueza impulsados por el uno por ciento de la población mundial.
En México, en el año 1994, se empezó a desarrollar el modelo neoliberal, a pesar de la oposición. Los neoliberales mexicanos educados en las universidades gringas y con los partidos PRI y PAN lograron subscribir el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) y el 2003 con la ayuda de los del PRD lograron imponer con el llamado Pacto por México los cambios constitucionales y reformas estructurales, reglas legales para el robo y saqueo de los recursos naturales de México. Legales pero ilegitimas.
De esta manera se logró la privatización de empresas públicas que operaban en manos del estado: incluidas aquellas empresas de carácter estratégicos, como la industria del petróleo y las generadoras de electricidad. El sector privado desplazó al estado mexicano en su papel de conductor de las políticas económicas, sociales y jurídicas. Para lo cual impusieron los cambios necesarios en las leyes y en la misma Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. El desarrollo independiente y soberano de México fue truncado y se detonaron en todo el país procesos de desindustrialización con el TLCAN hoy TEMEC. México ofreció mano de obra barata como país maquilador, los salarios fueron a la baja y el desarrollo y crecimiento del país no ocurrió.
Los esfuerzos por lograr imponer los procesos de economía abierta en América Latina, por medio del tratado del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) se toparon con las resistencias de los pueblos agrupados en el ALBA. El foro que se llevó a cabo en Río de la Plata, Argentina en 2005 al grito de “El ALCA AL CARAJO” fue derrotado el intento de lograr el control de los países del ALBA, por el imperialismo norteamericano.
En el contexto actual se está observando una transformación global que está enfrentando al mundo neoliberal: la hegemonía representada por un solo polo. En 1989, con la caída del bloque soviético, la fuerza hegemónica de los Estados Unidos se consolidó como principal fuerza imperialista y el mundo bipolar pasa a ser un mundo unipolar. En los años noventas, en los 2000, 2008, se vivió una crisis financiera global a nivel sistémico, estructural, lo que impactó al mundo.
En el 2017 por primera vez EEUU reconoció a China como su competidor comercial más fuerte, le consideró su enemigo, se generó entonces una guerra económica contra China. La guerra de aranceles para inhibir capacidad productiva e industrial de China y del Sur Global la desarrolla. En 2005 surgieron los países agrupados en el bloque conocido como Bricks (Brasil, Rusia, india, China y Sudáfrica) ampliándose para otros países como Arabia Saudita, Irán, agrupando hoy a más de 36 países. De esta manera se está abriendo paso un proceso multilateral. Los BRICS Expresan que su agenda principal es el proceso de la desdolarización: un cambio de patrón monetario y actual. Con acciones económicas de conjunto, está promoviendo la multilateralidad, en donde el respeto a la soberanía de los pueblos, característica esencial en ese bloque.
Se va definiendo como una alternativa al mundo basándose en principios de cooperación, aplicando en la realidad un modelo transaccional en el Marco del propio capitalismo.
En México, en el marco del contexto de transformaciones que a partir del siglo XXI ocurrieron en el mundo, se dio inicio a un nuevo modelo económico, que está en proceso de desarrollo y construcción a partir del triunfo ciudadano popular del 2018. Un nuevo modelo de reindustrialización, de reorganización, expresándose en acciones que marcan la diferencian con el modelo neoliberal. Acciones que van dando cuerpo a una nueva teoría económica en México y en el mundo4, con carácter social y de soberanía (MRSS).5 A seis años de su implementación nos permite observar las diferencias substanciales frente a las políticas del modelo neoliberal.
La cuarta transformación está desarrollándose como un nuevo modelo de desarrollo y reorganización industrial y social.
Se recupera el papel del estado como conductor de la economía.
Se busca lograr un proceso de reindustrialización con soberanía alimentaria, energética, y social.
Se defienden los derechos, derechos económicos, políticos y sociales de las mayorías del pueblo trabajador.
Se da importancia a la recuperación del valor del trabajo.
Se reordena el espacio público instalando la estructura básica.
La Austeridad republicana reduciendo gasto corriente a proyectos productivos, sociales y necesarios. Organismos autónomos es tema de estudio y análisis de su función, de manera principal el debate debe de estudiarse la autonomía del Banco Central,6 ya que tiene que ver con el impedimento del manejo soberano de la moneda por el gobierno de México.
Combate a la corrupción y la evasión fiscal.
Importancia de la educación pública, salud pública, el medio ambiente, los derechos de los niños y la mujer y la igualdad en donde la filosofía guía está centrada en una visión colectiva del humanismo mexicano.
Ciertamente la tarea de transformación sistémica sigue vigente, como sabemos: la vieja civilización no acaba de morir y la nueva no acaba de nacer.7
¿Qué elementos consideramos esenciales para describir lo que es el neoliberalismo? ¿Qué elementos consideramos que están ocurriendo que definen el modelo de la 4T que a partir del 2018 al 2024 y al 2030? ¿Qué somos y hacia a dónde vamos?
¿Cuál es la perspectiva de economía en MEXICO?
¿Qué tipo de economías se pueden construir en el siglo XXI?
Cuáles son las características generales y necesarias para la reestructuración en este contexto, y que es necesario para terminar con el monopolio del dólar?
¿Que es necesario para reproducirnos?
¿Cómo superar el dominio del dólar y el control militar y fin de las guerras de saqueo y conquistas?
Todo indica que viviremos por un buen tiempo bajo el sistema dominante capitalista en medio de sus ciclos y sus contradicciones en una intensa lucha de clases.
María de la Paz Quintanilla Vargas Monterrey, N.L, Noviembre 16 de 2024
Notas
AMLO
Álvaro García Linera retoma el pensamiento de Carlos Mariátegui, definiendo el futuro socialista de la humanidad.
Cada tema y cada ciclo deben estudiarse de manera integral.
El Instituto de Formación Política de Morena y jóvenes en redes sociales están documentando este periodo y sus comparaciones con modelos anteriores.
Propone esa definición el Dr. Oscar Rojas, “el economista de azufre” del Instituto de Formación Política de Morena
Tema central en la gobernanza de la 4T es el tema de los organismos autónomos de manera central de la autonomía del Banco de México, autonomía impuesta por el FMI para favorecer interés de capital financiero.
Teóricos marxistas entre ellos, Antonio Gramsci han dado ideas similar en la batalla cultural a lo largo del tiempo.
Durante el periodo de transición, en las conferencias de prensa matutinas que la entonces presidenta electa Claudia Sheinbaum ofrecía en su casa de transición, recuerdo que le pregunté sobre su estrategia de seguridad y si tenía previsto implementar algo similar a lo que hizo en la Ciudad de México, estableciendo un mando único. Esto, debido a las evidencias de que muchas policías municipales son fácilmente corrompibles y están al servicio de los presidentes municipales en turno.
En esa ocasión, la presidenta Sheinbaum me respondió que, si existían pruebas de que las policías municipales fueran corruptas, se deberían presentar las denuncias correspondientes. No obstante, parece que no fue necesario, ya que la mandataria ya tenía claro lo que se debía hacer.
No pasaron ni dos meses para demostrar que en este gobierno no habrá impunidad. Hace unos días, el operativo Enjambre sorprendió a propios y extraños, cuando, por primera vez y bajo el mando del secretario de seguridad federal, Omar García Harfuch, se detuvo a siete servidores públicos municipales del Estado de México, entre ellos presidentes municipales y secretarios de seguridad.
El operativo Enjambre estuvo principalmente vinculado a municipios del Estado de México como Amanalco, Santo Tomás, Tonatico, Chicoloapan, Ixtapaluca, Tejupilco, Naucalpan, Coacalco, Jilotzingo y Texcaltitlán. No es un secreto que, en esta entidad, una de las más grandes del país, la impunidad y el abuso de poder por parte de las autoridades locales han sido moneda corriente.
Municipios como Tlalnepantla de Baz, en el Estado de México, son un claro ejemplo de la influencia del crimen organizado en los gobiernos municipales. Según datos del Observatorio Nacional Ciudadano, en esta zona, gobernada por el priista Marco Antonio Rodríguez Hurtado, la incidencia de ocho delitos de alto impacto creció durante su administración. El robo a casa habitación fue el que más aumentó en los últimos tres años, con un incremento de hasta el 53%. Sin embargo, también se registró un aumento considerable en otros delitos como robo con violencia, robo de vehículos, robo a negocios, extorsión y robo a transeúntes.
Otro ejemplo claro de cómo el crimen organizado ha permeado la política mexiquense es el caso de Ecatepec de Morelos. La presidenta municipal electa para el periodo 2025-2028, Azucena Cisneros, ha sido señalada en diversas ocasiones por los habitantes del municipio debido a sus vínculos con grupos delictivos. Cisneros, quien fue respaldada por grupos criminales ligados a la extorsión, como el sindicato 25 de marzo y la organización La Chokiza, tuvo a estos grupos acompañándola en sus actos de campaña.
El caso de Ecatepec no es un hecho aislado. En el Estado de México, como en muchas otras partes del país, la presencia del crimen organizado en la política local ha sido un fenómeno constante. La relación entre ciertos políticos y grupos delictivos no es solo un rumor, sino una realidad que afecta la seguridad y el bienestar de los ciudadanos. Es urgente que el gobierno federal, en colaboración con las autoridades locales, logre erradicar estas prácticas para recuperar la confianza de la ciudadanía.
Un aspecto crucial de este proceso es la implementación de políticas que fortalezcan las instituciones de seguridad y promuevan la rendición de cuentas. Para ello, es indispensable no solo sancionar a quienes se coluden con el crimen, sino también garantizar que los cuerpos policiacos se encuentren bien entrenados, sean profesionalizados y no estén al servicio de intereses personales o criminales. La estrategia debe ser integral y a largo plazo, comenzando con la depuración de las fuerzas de seguridad.
La ciudadanía ha mostrado su hartazgo ante la impunidad y la violencia que azotan a muchas regiones del país. En este contexto, acciones como el operativo Enjambre son un paso importante, pero no suficientes por sí solas. Se requiere un cambio profundo en el sistema de justicia y en la forma en que los gobiernos municipales operan. Solo con un combate decidido y sostenido a la corrupción y el crimen organizado podremos aspirar a un país más seguro y justo para todos.
La lucha contra la corrupción y el crimen organizado no puede ser selectiva ni superficial. El reciente operativo Enjambre demuestra que hay voluntad para enfrentar este flagelo, pero la verdadera prueba de fuego será la capacidad del gobierno de Claudia Sheinbaum para mantener esta línea de acción, erradicar la impunidad en todos los niveles de gobierno y transformar la seguridad pública en un pilar fundamental para el desarrollo del país. Si esto no se logra, estaremos condenados a seguir viviendo bajo el yugo de la criminalidad que ha permeado hasta las instituciones más básicas de nuestra democracia.
Probablemente a una parte de la crítica intelectual mexicana le cueste trabajo aceptarlo explícitamente, sin embargo, parece existir cierto consenso implícito acerca de la idea de que la primera presidencia de Donald J. Trump fue benéfica para México en muchos aspectos, empezando por aquellos de los cuales depende la estabilidad sociopolítica en este país.
Y es que, en efecto, si se excluyen del análisis a las voces que desde la extrema derecha celebran el triunfo electoral de Trump porque en él ven la oportunidad de cabildear con el próximo presidente estadounidense la posibilidad de intervenir en México, en favor de sus propios intereses, entre las voces que quedan, no sería en absoluto falsario o impreciso afirmar que, ahí, la valoración del paso de Trump por la Casa Blanca de Estados Unidos no fue un acontecimiento tan sencillo de descalificar como un desastre para México.
Sin duda, una de las razones que explicaría esta especie de autocensura cómplice con el trumpismo hunde sus raíces más profundas en el pudor que aún genera la idea de aceptar que un personaje tan reaccionario y despreciable desde muchos puntos de vista, como él, pueda representar algo bueno o positivo para este país americano, cuando para el mundo (empezando por Palestina y Cuba) y hasta para su propia población (empezando por las mujeres, las diversidades sexuales y las clases trabajadoras) puede suponer, inclusive, un desafío existencial.
Puestas así las cosas, es indudable que resulta cuando menos comprensible que la renuencia de esa parte de la intelectualidad mexicana a reconocer en la nueva presidencia de Trump algo positivo para México se ancle en el temor a que dicho posicionamiento sea interpretado colectivamente, en la agenda pública y de los medios de comunicación, como un apoyo o una defensa velada, hipócrita o eufemística de Trump y de todo lo que él y su movimiento representan.
Tradicionalmente, en el contexto mexicano, después de todo, por lo menos desde la revolución conservadora de Nixon y la reacción neoliberal de Reagan y Bush, los mandatos presidenciales de extracción republicana en Estados Unidos han sido interpretados como coyunturas de profunda calamidad para este país y para el resto de América precisamente porque estos personajes han hecho política ondeando banderas y movilizando pasiones colectivas que entre las sociedades americanas también son consideradas parte de cierto ideario asociado con experiencias de profunda y extendida virulencia autoritaria. Por oposición, a cada nueva administración de signo demócrata se la pensó como la antítesis pura del republicanismo y de sus valores y, en consecuencia, como un referente en el cual las fuerzas políticas americanas podían fundamentar su propia lucha contra sus propias revoluciones conservadoras y reacciones neoliberales nacionales.
Así pues, con el paso de los años, en gran parte del continente americano, el republicanismo fue asociado con el intervencionismo descarnado, unilateral y egoísta de los intereses estadounidenses en la región, mientras que las presidencias demócratas fueron asimiladas, en general, con ideas de mayor cooperación, construcción de consensos y procesos de toma de decisiones multilaterales, negociadas. En ningún caso, por supuesto, desapareció la idea de que Estados Unidos es una potencia imperial, que no tiene aliados, sino socios coyunturales y/o circunstanciales, según lo indiquen sus intereses, y capaz de avasallar, por su poderío político, económico, militar y cultural, a cualquiera de sus contrapartes en el continente americano. Sin embargo, eso no evitó que, en el balance histórico que se hacía de cada administración presidencial estadounidense, las republicanas siempre aparecieran como presagios de una mayor conflictividad regional y de una mayor injerencia del coloso del Norte en el Sur.
La historia de las relaciones bilaterales y multilaterales de Estados Unidos con América y con otras partes del mundo, no obstante, demuestra que las cosas nunca han sido así de simples. Un demócrata, por ejemplo (y, además, uno de los que históricamente se considera más progresistas o corrido hacia la izquierda dentro del espectro ideológico estadounidense; no así en otras partes del mundo), Barack Obama, es responsable no sólo de radicalizar guerras que su antecesor republicano, George W. Bush, había desatado durante su mandato, sino que, aunado a ello, se encargó de dinamitar muchos más conflictos e intervenciones en África y Oriente Medio que los de sus tres predecesores juntos. En América, por otra parte, aun cuando las intervenciones directas fueron pocas (mayoritariamente ubicadas en El Gran Caribe), la estrategia estadounidense de intervención continental se siguió materializando, sólo que a través del despliegue de la lucha armada en contra del narcotráfico internacional, recurriendo a estrategias de contrainsurgencia que, en lugar de minimizar los saldos de la guerra y los niveles de violencia por ella generados, los incrementaron.
Y por si ello no fuese poco, cuando el mundo atravesó por una de sus depresiones económicas más agudas en casi cien años (la de 2008), los ajustes estructurales promovidos por su administración en la arquitectura financiera internacional fueron a tal grado hostiles para las clases trabajadoras del mundo que, a esas alturas, ya resultaban indistinguibles de las que en su momento promovieron expresidentes estadounidenses salidos del Partido Republicano para instaurar a sangre y fuego el neoliberalismo en varias partes del mundo.
John F. Kennedy, considerado por la historiografía estadounidense y occidental como otro de los grandes exponentes de los valores políticos profesados por el Partido Demócrata de Estados Unidos, a semejanza de Obama, también fue electo presidente en su momento en un contexto en el que su candidatura parecía representar una ruptura radical respecto de las políticas de guerra que hasta los años sesenta del siglo XX habían seguido republicanos como Eisenhower y demócratas como Truman. Y, sin embargo, para no variar, fue su breve presidencia la que más hizo por ahondar y ampliar la participación de Estados Unidos en las guerras coloniales de la región indochina. Para los pueblos de América, además, su paso por la Casa Blanca fue sinónimo del despliegue de varias ingeniosas estrategias de contención de las luchas sociales, populares, obreras y campesinas que en esos años bullían en distintas partes del continente (principalmente en el Istmo Centroamericano, el Gran Caribe y el Cono Sur).
¿De dónde, entonces, proviene esa sutil proclividad intelectual, en México y en el resto de América, a ver en las administraciones demócratas un menor riesgo a su estabilidad respecto del que se da por descontado con presidencias republicanas? Quizá tenga que ver con el hecho de que los presidentes republicanos tienden a privilegiar más en sus políticas exteriores a otras regiones del mundo, en general; y a enredarse mucho más profundamente en disputas de poder con otras grandes potencias (la Unión Europea, Rusia y, antes de ella, la URSS, China), en particular. O quizá, también, con el hecho de que, además de Kennedy y de Obama, los otros tres presidentes demócratas que gobernaron Estados Unidos entre esos dos mandatos (Lyndon B. Johnson, Jimmy Carter y Bill Clinton) brillaron más por su mediocridad y su torpeza o por los escándalos que los rodearon y los problemas en los que se sumergieron, que por sus logros en esa materia. Probablemente el motivo sea que el último de ellos (hasta antes de Trump), Obama, fue un presidente negro y el único que en más de medio siglo materializó la normalización de relaciones bilaterales con Cuba. Cualquiera que sea la razón, de lo que no parece quedar duda alguna es de que, al otro lado de la ecuación, a los republicanos se los percibe mucho más peligrosos, agresivos y desestabilizadores, sobre todo, por su violenta y virulenta retórica política, más allá de si cumplen con sus amenazas o no.
En el contexto actual, en México, éste (la retórica política republicana) parece ser precisamente el criterio que lleva a muchos y muchas intelectuales a renegar explícitamente de lo mucho que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) se benefició del paso de Donald J. Trump por la presidencia de Estados Unidos (2017-2021). Empero, hay algunos elementos que justifican esa apreciación: más allá de las dificultades que para la relación de ambos Estados supuso la pandemia de SARS-CoV-2 y de lo mucho que ésta obligó a ambas partes a replegar su política exterior, lo que parece ser incuestionable es que, a pesar de ser dos mandatarios inscritos en tradiciones políticas y tributarios de corpus ideológicos tan distintos y tan distantes entre sí (Trump ubicado en la extrema derecha; López Obrador, en la izquierda nacional-popular), el nacionalismo que uno y otro profesaban les hacía converger en la idea común de que a ambas naciones les iría mejor si ambos gobiernos se concentraba en atender primero sus agendas de política doméstica. Y fue ese ideario y esa apuesta programática nacionalistas, de hecho, lo que en última instancia condujo a que, ante el retroceso estadounidense, México pudiera aprovechar la oportunidad para fortalecer su propia política interior sin tener que lidiar con la resistencia de los intereses estadounidenses con presencia en territorio nacional. Es decir, desde el punto de vista del plan de gobierno de López Obrador, era el aislacionismotrumpista el que le estaba haciendo el favor de contener o de erradicar como un factor de oposición a sus políticas públicas la reacción que éstas pudiesen suscitar entre las corporaciones estadounidenses afectadas por ellas.
Piénsese, por ejemplo, en que una prioridad del gobierno de Trump, la repatriación de capitales para apuntalar la reindustrialización estadounidense, ofreció al primer gobierno mexicano de la Cuarta Transformación la oportunidad de sustituir viejas inversiones privadas gringas con capitales nacionales e, inclusive, con inversión pública; permitiendo a López Obrador apuntalar su agenda de fortalecimiento del Estado como agente rector de la actividad económica en el país y, de paso, también beneficiar económicamente a las élites empresariales mexicanas (la burguesía nacional), atenuando su rebeldía ante la política de redistribución de la riqueza emprendida por el obradorismo y calmando sus ansias de sabotear al gobierno federal en funciones por ser un auténtico desafío democrático. Las referencias cruzadas en las que uno y otro se referían a su contraparte como su amigo, un gran presidente, un hombre fuerte, de carácter o visionario, etc., lejos de ser la evidencia de que ambos personajes abrevaban de las mismas fuentes ideológicas, fueron la muestra de que lo que cada uno hacía para fortalecer a su Estado y a su economía en lo interno, el otro lo veía como una oportunidad de hacer avanzar su propia agenda.
¿Implican todas estas consideraciones, en consecuencia, que el segundo mandato de Trump (2025-2029) también será una oportunidad que pueda aprovechar el gobierno de Claudia Sheinbaum, en México, en lugar de suponer un riesgo de inestabilidad real y potencial? Aunque es muy pronto, aún, para adelantar cualquier tipo de pronóstico medianamente acertado, a estas alturas sí es posible, no obstante lo anterior, afirmar que las cosas no serán tan sencillas como parece que lo fueron para López Obrador. Y esto, fundamentalmente, por tres factores. A saber: en primer lugar, lo evidente: Donald Trump es un político y una persona sumamente sexista y el hecho de que Claudia Sheinbaum sea una mujer de con un liderazgo fuerte seguramente lo hará sentirse inseguro o, por lo menos, de vez en vez lo llevará a buscar formas de reafirmar su hombría y la superioridad natural que cree tener ante su homóloga cuando la presidenta mexicana no ceda dócilmente a sus exigencias (sobre todo porque las que resultan fundamentales para Trump son las que involucran a la relación bilateral con México y éstas, a su vez, sí suponen un riesgo de inestabilidad para este último país; empezando por la política de aranceles, el incumplimiento del Tratado de Libre Comercio y la militarización de la frontera). Claudia, a su vez, ante estas situaciones no podría darse el lujo de mostrarse débil y ni siquiera conciliadora, pues la reacción mexicana y sus amplias filas de opositores y opositoras harán de esos gestos su principal ariete para mostrarla como una mujer sumisa ante un macho bravucón.
En segunda instancia, algo que ya comienza a confirmarse es que en este segundo mandato, Trump se rodeó de personajes que, inclusive, lo rebasan a él mismo por la extrema derecha, lo cual no es poco decir. Perfiles como el de Elon Musk (ahora parte del Departamento de Eficiencia Gubernamental) y el de Marco Rubio —de confirmarse su nombramiento en el Departamento de Estado—, pero no sólo ellos, son indicativos de que, inclusive si Trump no llega a cumplir con todas sus amenazas y, en cambio, se comporta de nuevo como un presidente mucho más vociferante que actuante, mucho más ambiguo que preciso, la diplomacia mexicana no la tendrá fácil para lidiar con estos personajes que en distintas ocasiones han demostrado ser mucho más consecuentes y radicales que Trump en sus posicionamientos.
Habrá que ver, por supuesto, que tantos márgenes de maniobra gozarán y qué tanta incidencia directa tendrán en el trato bilateral con México (y multilateral con el resto de América), toda vez que, precisamente porque son hombres con su propia fortaleza política, el propio Trump podría sentirse opacado por su desempeño en los roles gubernamentales que les asigne. Sin embargo, al margen de eso, de lo que no queda duda es de que, por lo menos en este aspecto, el menor de los problemas que tendrá la política exterior de México hacia Estados Unidos es Trump. Y es que, dependiendo de los perfiles que al final encabecen carteras como el Departamento de Estado, el de Energía, el de Defensa y los servicios militares y de inteligencia, México podría verse ante un escenario en el que tendría que lidiar con varios frentes de tensión; sobre todo porque los nombres que hoy se barajan para asumir esas posiciones ven en la agenda soberanista de Sheinbaum una afrenta a los intereses nacionales de Estados Unidos.
Y ese es precisamente el tercer factor distinto: a pesar de que Sheinbaum y Trump comparten la matriz nacionalista que reguló las relaciones entre Trump y López Obrador, en este caso, ya no es tan claro que ese sólo factor sea capaz de hacer coincidir las agendas de gobierno de ambas administraciones. En el caso mexicano, además, mucho de esto tiene que ver con la visión de Estado que promueve Sheinbaum en materia de soberanía energética, alimentaria y de recursos naturales, pero también con el hecho de que, desde el sexenio de Andrés Manuel, México ha buscado en China a un socio con el cual pueda contrapesar las fluctuaciones de la economía estadounidense y, especialmente, su dependencia tecnológica. En este caso, por ello, no es sólo la disputa comercial con China por los carros que se exportan desde México hacia el coloso del Norte sino, sobre todo, la necesidad estadounidense de contener una mayor penetración de los desarrollos tecnológicos de punta en la economía mexicana.
Quizá a estos tres puntos habría que sumar, además, el que internamente la presidenta de México también tiene que lidiar con liderazgos al interior de la 4T que sólo esperan a las elecciones intermedias de 2027 para comprobar qué tanto desgaste ha sufrido su presidencia y, entonces sí, apostar por la conquista de mayores márgenes de autonomía política propia para ejercerla a lo largo de la segunda parte del sexenio, con miras, por supuesto, al relevo presidencial. Esa disputa interna, en particular, puede ofrecerle un ariete a la diplomacia estadounidense para comenzar a horadar la fortaleza de la presidenta de México desde distintos frentes. Y aunque Sheinbaum atinó a concentrar los tratos bilaterales con Estados Unidos en la Secretaría de Relaciones Exteriores, acotando las capacidades de la diplomacia estadounidense para sembrar en ellas enemistades potencialmente peligrosas para el gobierno en funciones, el paso del sexenio no asegura que esta estrategia se pueda sostener y mantener intacta. La disputa política interna, en México, la puede dinamitar según se reacomoden las correlaciones de fuerzas.
Por el momento, en consecuencia, no queda más que agradecer que la extrema derecha republicana que ejercerá el control gubernamental y la dirección estatal de Estados Unidos a lo largo de los siguientes cuatro años por lo menos es lo suficientemente cínica en la expresión de sus intenciones como para que en México se puedan tomar cartas en el asunto. Con los gobiernos de extracción demócrata, por lo contrario, ese siempre ha sido un problema: sus discursos políticos y diplomáticos son refinados, a menudo con un elevado grado de complejidad y elegancia intelectual. Sin embargo, casi siempre dicen expresan lo contrario de lo que en verdad se termina haciendo. Acá, plausiblemente, ese quizá no sea un problema (el tener que descifrar la corrección política y los eufemismos que tanto fascinan a los demócratas), aunque sí lo serán las muchas variantes de extrema derecha que confluirá en una misma administración. Habría que esperar que sean las disputas internas en el republicanismo las que hagan el trabajo sucio de depurar las determinaciones que se tomen en política exterior. Pero si el trumpismo logra fagocitarlas a todas por completo, entonces los escenarios serán otros y serán mucho menos sencillos de calibrar.
Ricardo Orozco. Internacionalista y posgrado en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Miembro del Grupo de Trabajo sobre Geopolítica, integración regional y sistema mundial del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. https://razonypolitica.org/
El narcotráfico es un fenómeno de dimensiones globales que afecta a todos los eslabones de la cadena: desde los productores en América Latina hasta los consumidores en Estados Unidos, el mayor mercado de drogas ilícitas en el mundo. Sin embargo, más allá de las narrativas oficiales que culpan principalmente a los países productores, se abre un debate sobre el papel crucial de los países consumidores y su responsabilidad en esta crisis global.
El consumo en Estados Unidos y su impacto internacional
Estados Unidos lidera el consumo mundial de drogas ilícitas, con cifras alarmantes, especialmente en el caso del fentanilo, un opioide sintético que causa más de 100,000 muertes anuales. Según expertos, la demanda sostenida de drogas en ese país alimenta la producción y el tráfico en América Latina, incentivando la violencia y la corrupción en regiones ya vulnerables. Este panorama revela la incapacidad de abordar el problema desde una perspectiva integral que incluya la prevención del consumo y una regulación efectiva del mercado de sustancias controladas【8】【9】.
La narrativa de culpabilidad hacia América Latina: Orígenes y consecuencias
La narrativa predominante que señala a América Latina como la principal responsable del narcotráfico tiene raíces profundas en el discurso político y mediático de las potencias consumidoras, principalmente Estados Unidos. Esta perspectiva simplista culpa a los países productores y de tránsito, omitiendo deliberadamente el impacto de la demanda sostenida y el consumo descontrolado en las naciones desarrolladas. Este marco narrativo ha justificado, a lo largo de las décadas, políticas intervencionistas y ha perpetuado un enfoque punitivo que no aborda las causas estructurales del problema.
El papel de Estados Unidos en la construcción de la narrativa
Desde los años 80, con la proclamada “guerra contra las drogas” por parte de la administración de Ronald Reagan, se ha reforzado la idea de que el narcotráfico es un problema que debe erradicarse desde las fuentes de producción. Este enfoque trasladó la responsabilidad hacia países como Colombia, Bolivia y México, mientras Estados Unidos continuaba siendo el principal mercado de consumo. A través de acuerdos como el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida, los gobiernos estadounidenses canalizaron millones de dólares en recursos militares y tecnológicos para combatir a los carteles en la región, sin atender la raíz de la demanda interna.
La demonización de América Latina también se alimenta de representaciones mediáticas que muestran a los productores y traficantes como los únicos responsables de la crisis. Series y películas populares perpetúan estereotipos sobre los países latinoamericanos como “cunas del crimen organizado”, ignorando la complicidad de actores estadounidenses en la cadena de suministro, incluidos bancos que lavan dinero del narcotráfico y empresas que fabrican precursores químicos necesarios para la producción de drogas sintéticas.
Consecuencias de esta narrativa
La culpabilización de América Latina ha tenido consecuencias devastadoras para la región. En México, por ejemplo, la militarización de la seguridad pública, bajo el pretexto de combatir a los carteles, ha contribuido a un aumento significativo de la violencia y las violaciones de derechos humanos. Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, México es uno de los países más violentos del mundo fuera de zonas de guerra, con un promedio de 30,000 homicidios anuales relacionados con el crimen organizado. La narrativa también ha exacerbado el estigma hacia las comunidades rurales, que a menudo son vistas como cómplices del narcotráfico debido a la pobreza que las obliga a participar en la economía ilícita【9】【10】.
Por otro lado, esta visión unidimensional impide reconocer el papel que juegan las instituciones financieras y políticas en los países desarrollados. Investigaciones han demostrado que grandes bancos internacionales, como HSBC, han sido acusados de lavar miles de millones de dólares provenientes del narcotráfico. Estos casos, aunque conocidos, rara vez generan el mismo nivel de indignación que las noticias sobre decomisos en México o Colombia, perpetuando una percepción distorsionada del problema.
Hacia una narrativa más equilibrada
Romper con esta narrativa de culpabilidad exclusiva hacia América Latina requiere un cambio en el enfoque internacional hacia el narcotráfico. Esto incluye reconocer la corresponsabilidad de los países consumidores y fomentar políticas integrales que aborden tanto la oferta como la demanda. Además, es crucial visibilizar el impacto del narcotráfico en las comunidades más afectadas, no solo desde la óptica de la criminalidad, sino también como un problema de desarrollo económico y justicia social.
En última instancia, el narcotráfico no puede combatirse desde una perspectiva punitiva y centrada en la militarización. Necesitamos una narrativa más honesta que reconozca la complejidad del problema y promueva la colaboración internacional en lugar de perpetuar estigmas y culpas unilaterales【9】【10】.
El tráfico de armas y la apatía estadounidense
El tráfico de armas de Estados Unidos hacia México representa una de las principales fuentes de violencia en territorio mexicano, con consecuencias devastadoras para la seguridad y la estabilidad social. Cada año, miles de armas cruzan la frontera de manera ilegal, alimentando a los cárteles del narcotráfico y facilitando la comisión de crímenes graves. Según un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos (GAO), entre el 70% y el 90% de las armas recuperadas en escenas del crimen en México tienen origen en Estados Unidos. Estas incluyen rifles de asalto y armas de alto calibre, cuya venta es poco regulada en algunos estados norteamericanos, permitiendo su adquisición en grandes cantidades【9】【10】.
A pesar de la evidente relación entre el flujo de armas y el aumento de la violencia en México, las acciones de Estados Unidos para frenar este tráfico han sido limitadas. Las leyes laxas en materia de venta y registro de armas, combinadas con la resistencia política de grupos como la Asociación Nacional del Rifle (NRA), dificultan la implementación de medidas más estrictas. Además, programas fallidos como “Rápido y Furioso”, que permitió la entrada intencionada de armas a México con el supuesto objetivo de rastrear a los traficantes, terminaron armando indirectamente a los cárteles y agravando la situación【9】.
Este desinterés contrasta con la presión que Estados Unidos ejerce sobre México para combatir el narcotráfico. Mientras se exige que México tome medidas drásticas para frenar el tráfico de drogas hacia el norte, las acciones para controlar el flujo de armas hacia el sur son insuficientes. Esta doble moral no solo subraya la falta de corresponsabilidad, sino que perpetúa un ciclo de violencia que afecta de manera desproporcionada a las comunidades mexicanas
Políticas en México: avances y desafíos
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha priorizado el combate a la producción y distribución de drogas sintéticas. En su mandato, se reportó la destrucción de más de 2,400 laboratorios clandestinos, con un impacto económico significativo en las finanzas del crimen organizado. A pesar de estos logros, el presidente ha subrayado la necesidad de que Estados Unidos asuma su responsabilidad en la lucha contra el narcotráfico, no solo desde el ámbito de la seguridad, sino también abordando la raíz del consumo desmedido entre su población【10】.
Un problema estructural: corrupción y complicidad
Otro aspecto esencial en este debate es la corrupción dentro de las instituciones gubernamentales, tanto en México como en Estados Unidos. Casos como el de Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública de México, evidencian cómo altos funcionarios han colaborado con el crimen organizado, minando los esfuerzos por contener el narcotráfico. García Luna fue condenado en Nueva York por su colaboración con el Cártel de Sinaloa, revelando la intersección entre el poder político y las redes criminales【9】.
Hacia una estrategia global
La crisis del narcotráfico no puede resolverse con estrategias unilaterales ni culpando exclusivamente a ciertos países. Como señalaron líderes de México y Colombia, es necesario que las naciones consumidoras participen activamente en las soluciones, incluyendo políticas de salud pública y prevención. Asimismo, debe fomentarse una colaboración internacional que priorice el desarrollo económico y social en las comunidades más afectadas por la violencia del narcotráfico【8】.
El narcotráfico no es un problema de un solo país o región; es un desafío global que exige una responsabilidad compartida. Si bien los países productores tienen un papel que desempeñar en la reducción de la oferta, el combate efectivo requiere acciones integrales que enfrenten tanto la corrupción como las causas del consumo en los mercados más grandes del mundo.
La Revolución Mexicana, catalogada por el gobierno morenista como la tercera transformación en la vida pública de nuestro país, marcó un antes y un después en la historia de México. Este movimiento revolucionario permitió la creación de la Constitución de 1917, un documento crucial que estableció las garantías individuales que, con el tiempo, se ampliarían y evolucionarían para convertirse en los derechos humanos tal como los conocemos hoy, con base en Artículo 1 de nuestra Constitución Política.
Las luchas y sacrificios de innumerables héroes anónimos, junto con los esfuerzos de figuras revolucionarias emblemáticas como Francisco I. Madero, Gustavo A. Madero, Emiliano Zapata, Francisco Villa y Venustiano Carranza, sentaron las bases de los preceptos constitucionales, los ideales nacionalistas y las instituciones que, hoy en día, siguen siendo pilares fundamentales de la vida pública en México.
Estos ideales y principios no solo promovieron la reforma agraria y la justicia social, sino que también impulsaron una visión de democracia y libertad que ha guiado a los movimientos sociales y políticos en México durante el último siglo. La demanda de “Tierra y Libertad”, enarbolada por Zapata, sigue resonando en las luchas campesinas y en la búsqueda de equidad en el campo mexicano.
Los principios e Ideales de la Revolución Mexicana siguen teniendo eco en la actualidad, como grandes referentes de las demandas sociales del pueblo mexicano, por ejemplo: Tierra y Libertad: Este lema, popularizado por Emiliano Zapata, encapsula la lucha por la reforma agraria y la redistribución de tierras a los campesinos, una demanda que sigue siendo relevante en la actualidad.
Justicia Social: La Revolución Mexicana fue una respuesta a la profunda desigualdad y explotación que sufrían las clases trabajadoras y campesinas. Este principio sigue siendo una guía para las políticas públicas en México.
Democracia: El deseo de poner fin a las dictaduras y establecer un gobierno representativo y democrático fue uno de los motores de la Revolución. Este ideal ha influido en la configuración del sistema político mexicano.
En cuanto al desarrollo de los Derechos Humanos en México, la influencia de la Revolución Mexicana en la Constitución de 1917 no solo estableció derechos laborales, agrarios y civiles, sino que también sentó las bases para el desarrollo de un marco jurídico que protege los derechos humanos. Las reformas y avances en este ámbito han sido cruciales para garantizar la justicia y la igualdad en la sociedad mexicana.
Desde la Revolución Mexicana hasta la Cuarta Transformación, México ha visto una continua lucha por los derechos humanos y la justicia social. Los ideales revolucionarios siguen siendo una fuente de inspiración y un pilar fundamental en la construcción de un México más justo y equitativo y aunque los gobiernos de la derecha capitalista han marcado el freno de las luchas sociales y han sometido a nuestro pueblo a la pobreza, la corrupción y la privatización de los bienes nacionales. La revolución mexicana ha impulsado grandes cambios sociales en nuestro país, pero lamentablemente también fue aprovechada en sus resultados por grupos de intereses ruines que se hicieron con el poder político para llenar sus bolsillos y mantener el control de nuestra nación y de su noble pueblo.
La Revolución Mexicana no solo transformó a México, sino que también inspiró movimientos sociales en todo el mundo. Fue un evento adelantado a su tiempo, que puso de manifiesto la importancia de luchar por la justicia, la democracia y la libertad. Su influencia se extendió más allá de nuestras fronteras, sirviendo de ejemplo para numerosos movimientos revolucionarios en diversas naciones.
Por ejemplo: La Revolución Mexicana sirvió como inspiración para una amplia variedad de movimientos sociales y revolucionarios en diversas naciones del mundo. Algunos ejemplos de estas naciones incluyen:
Rusia: La Revolución Mexicana antecedió a la Revolución Rusa de 1917. Los eventos en México demostraron que era posible derrocar un régimen autoritario y establecer un nuevo sistema basado en la justicia social y la redistribución de la tierra.
China: La Revolución China liderada por Mao Zedong en 1949 también tuvo resonancias con las luchas campesinas y la reforma agraria promovida por la Revolución Mexicana.
Cuba: La Revolución Cubana de 1959, liderada por Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara, encontró inspiración en los principios de justicia social y resistencia contra la opresión que caracterizaron la Revolución Mexicana.
Vietnam: Durante la lucha por la independencia y posteriormente en la Guerra de Vietnam, el liderazgo de Ho Chi Minh se inspiró en movimientos de resistencia y justicia social similares a los de la Revolución Mexicana.
Otros países de América Latina: La Revolución Mexicana inspiró movimientos en países como Nicaragua (con la Revolución Sandinista), El Salvador y Guatemala, donde los campesinos y trabajadores lucharon por derechos y justicia social.
La influencia de la Revolución Mexicana es un recordatorio poderoso de cómo un movimiento por la justicia y la libertad puede resonar a nivel global, fomentando cambios en diversas sociedades y contextos históricos.
El anti-lopezobradorismo es un movimiento amplio y con gran poder, conformado a la par del ascenso del liderazgo político de izquierda de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
Poco a poco el rechazo a su figura se ha vuelto en la parte constitutiva de la identidad de la derecha neoliberal en México. El arsenal y recursos del anti-lopezobradorismo son amplios, uno de ellos, son las mentiras.
Mentir como estrategia política es parte de las prácticas recurrentes de la derecha cuando es confrontada y cuando se le resiste. Este arsenal de mentiras tiene como blanco la izquierda en todas sus formas, ya que de lo que se trata es de desacreditar las opciones de cambio. La mentira como parte del discurso político, no tiene que ver con errores de apreciación o equivocaciones, son parte de una estrategia planificada, son campañas financiadas con el fin de denostar, deslegitimar y preparar el terreno de la represión.
Andrés Manuel López Obrador ha sido con mucho el político más atacada por medio de campañas sucias y del uso de la mentira como estrategia política, son ya cuarenta años y contando. Intelectuales, comentaristas, periodistas y políticos se han encargado de crear y difundir mentiras en su contra, con el fin de descarrilar su liderazgo y evitar que pudiera llegar a la presidencia. Claro está que no es un asunto personal en contra de AMLO, sino un asunto político contra el proyecto de trasformación que él representa.
El gran mérito de Héctor Alejandro Quintanar y su libro “Un peligro para México y otros cuentos” es compilar y analizar las mentiras más importantes que se han dicho sobre Andrés Manuel López Obrador a lo largo de su trayectoria política. Por sus mentiras los conoceréis, este libro permite acercarse a la derecha neoliberal mexicana y sus intelectuales orgánicos. Una derecha empantanada en sus odios y discursos cercanos a la guerra fría, víctima de los fantasmas que ellos se han empeñados en crear.
La mentira es un arma peligrosa, con base en mentiras se han legitimado guerras, se ha encarcelado y reprimido. Con mentiras se han impuesto gobiernos y saqueado a los pueblos. La mentira oculta las verdaderas intenciones, la mentira no se va con la democracia. Como un caza-mentiras profesional y con un equipo de erudición y memoria notable, Héctor Alejandro Quintanar, presenta las mentiras contra AMLO, las destroza con un análisis fino y señala la falta de escrúpulos de importantes personajes de la vida pública mexicana.
El libro logra presentar una visión panorámica de la trayectoria de AMLO y al mismo tiempo mostrar el actuar de sus contrarios en las principales coyunturas políticas de las últimas décadas. “Un peligro para México y otros cuentos” abre caminos para seguir reflexionando sobre el actuar de la derecha política en México y en el mundo. Habrá que preguntarnos después de leer el libro de Héctor Alejandro Quintanar: ¿Por qué la derecha no puede decir la verdad? ¿Qué es lo que ocultan con sus mentiras?
Sirvan estas palabras como invitación para leer “Un peligro para México y otros cuentos” de Héctor Alejandro Quintanar.
En medio del auge delincuencial que este partido reiteradamente denuncia, y hasta pide la intervención del ejército de Estrados Unidos, en el PAN se impone una lógica análoga y un corrupto sustituye a otro corrupto: Marko Cortés, confeso de recibir 70 millones de pesos de empresarios para ser gobernador de Michoacán, es relevado por su compinche desde sus años juveniles, Jorge Romero Herrera, el jefe de la red criminal conocida como el Cártel Inmobiliario.
Cuando la lógica política y el sentido común aconsejan una renovación ética, por lo menos para su sobrevivencia, el PAN ha optado por el tobogán de la degradación con Romero Herrera y una red de grupos y personajes que le servirán al gobierno de Claudia Sheinbaum y a Morena de Luisa Alcalde, pero no a México.
Lo que ocurre en el PAN concierne a todos los mexicanos porque el problema no es sólo Romero Herrera, que en sí mismo dice mucho de la derecha que tampoco se muestra entusiasmada con él, sino numerosos personajes que usan a este partido como mecanismo de negocios y, sobre todo, como instrumento de impunidad. Es el hampa de la política de la que también forma parte Claudio X. González.
Aunque Romero Herrera no ha sido aún imputado directamente por la Fiscalía de la Ciudad de México, los 12 implicados, incluida su hermana Noelia, son de su grupo íntimo, tres en particular: El exalcalde Christian von Roerich de la Isla, así como René Nicias Aridjis Vázquez, y Luis Vizcaíno Carmona, quienes como secretarios de Obras y Jurídico diseñaron y operaron el esquema de corrupción en la alcaldía Benito Juárez.
Von Roerich está preso, mientras que Aridjis, primo del calderonista César Nava Vázquez, y Vizcaíno Carmona, los dos miembros prominentes del gabinete de Romero Herrera como alcalde, han sido sentenciados por enriquecimiento ilícito y han tenido que devolver propiedades producto de la corrupción.
Pero así como el esquema corrupto sigue instalado en Benito Juárez y en otras alcaldías de la Ciudad de México, todo bajo el control de Romero Herrera —insisto, el jefe máximo del Cártel Inmobiliario—, otros grupos y personajes del PAN en el país tienen la misma lógica delincuencial, como lo transparentó Marko Cortés en el reparto de instituciones en Coahuila que no son para servir a los ciudadanos, sino para los grandes negocios.
La red criminal que llevó a Romero Herrera a la presidencia del PAN está integrada por personajes que sólo se han dedicado a la política y repentinamente exhiben riquezas, a raíz de esquemas como los “moches” en la Cámara de Diputados con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.
En este elenco se encuentran el fugitivo exgobernador Francisco García Cabeza de Vaca, cuyo principal operador, Roberto Gil Zuarth, apareció a la derecha de Romero la noche de su triunfo, este domingo 10, y quien fue también integrante del equipo de campaña de Santiago Taboada.
Taboada, el fracasado candidato del PRIAN a jefe de gobierno, es clave en el esquema del Cártel Inmobiliario en Benito Juárez, a cuyos empresarios solía decirles: “A los constructores los veo yo personalmente. Y si hay algo que acordar es conmigo”.
Otro miembro de este grupo es el empresario Enrique Vargas del Villar, el cacique del PAN en el Estado de México, actualmente senador y cuya esposa, Romina Contreras, es integrante de la planilla de Romero y alcaldesa de Huixquilucan, municipio con numerosos desarrollos inmobiliarios.