Category: Opinión

  • ¿De qué hablamos cuando hablamos de un Milei mexicano?

    ¿De qué hablamos cuando hablamos de un Milei mexicano?

    Por Carlos Bortoni

    Ha escapado, como escapa aquello que sale del encierro, a la conservadora de toda conservación escasa intelligentsia opositora, profundizar en la inminente urgencia que tenemos los mexicanos de que un Milei —con o sin peluca— engrose las filas de nuestra raquítica pero bien topeada clase política. Y es que un Milei mexicano sería capaz de resolver ese complejo balance entre lo liberal en lo económico y lo conservador en lo político y social que tan feliz hace a todo aspiracionista que se respete y viva, orgullosamente, pagando el mínimo en sus tarjetas de crédito. Y es que ni con el Plan México de Sheinbaum alcanzamos la cresta de la ola neoliberal; neoliberalismo que no es entreguista y que no se postra ante los poderosos poderes del capital no es neoliberalismo, aunque se esfuerce por ello. Dos estampas mileianas sirven de ejemplo y parámetro de lo mínimo que deberíamos exigirles a esos Verásteguis, Salinas Pliegos o quien sea que se atreva a levantar la amarilla bandera del libertarismo en nuestra nación.

    La primera es muestra de cómo un líder libertario latinoamericano debe estar siempre dispuesto a lamer las botas de quienes usan botas para pisar el cuello de quien ponga el cuello para ser pisado. “Trump no es un proteccionista. Trump utiliza la política comercial como instrumento de geopolítica”, afirmó Milei al referirse a los aranceles que el gobierno de los Estados Unidos impuso al acero. No tengo la menor duda de que no faltará quien, haciendo gala de ser incapaz de hacer gala, refutará que utilizar la política comercial como instrumento geopolítico es proteccionismo. Sin embargo, si se le mira desde la perspectiva libertaria, si se está dispuesto a gritar —bota en cuello— ¡viva la libertad, carajo! a la menor provocación, se entenderá sin entender que aplaudir cuando el imperio indica que se debe aplaudir es lo más libertario que un libertario puede hacer. El libertarismo atraviesa, necesariamente, por la postración. La apertura económica está al servicio del status quo; el anarcocapitalismo no tiene sentido si no garantiza que las clases privilegiadas sean quienes puedan beneficiarse del laissez-faire llevado al extremo. El líder libertario debe trabajar para que la economía sea un “instrumento geopolítico” y de política interna; nada controla mejor a la población que el hambre, la enfermedad y la miseria. Y nada conserva mejor el estatus de los conservadores que el hambre, la enfermedad y la miseria de la clase trabajadora.

    La segunda estampa es aún más ilustrativa de lo que el futuro Milei mexicano debe ser y hacer: promover iniciativas privadas que contribuyan a la pauperización de la clase trabajadora. Una vez más, no dudo que salga alguien que sostenga que utilizar el poder político para promover negocios privados que beneficien a unos cuantos es despreciable. Quienes así piensan no han entendido que cuando el poder político no está al servicio de los intereses privados, el poder político está al servicio de la sinrazón y la supervivencia de quienes no deben sobrevivir. Milei utilizó sus redes sociales para promover una criptomoneda llamada $LIBRA, misma que estimularía la economía y ayudaría a crecer a las pequeñas empresas argentinas. El mensaje fue suficiente para dar impulso a dicha moneda, inflarla y permitir a sus promotores desaparecer capitalizando la especulación libertaria. Poco importa si Milei se benefició o no con dicho movimiento; importa menos si el presidente argentino estaba “interiorizado de los pormenores del proyecto” al que dio su apoyo. Lo importante de toda importancia es que, al hacerlo, contribuyó a poner al aspiracionismo argentino, y a otro tanto del aspiracionismo fuera de Argentina, en su lugar: el de mirar permanentemente hacia arriba, salivando mientras envidian un estilo de vida que nunca podrán tener. Una vez más, libertarios en lo económico para beneficiar a las clases privilegiadas y conservadores en lo político y social para contener a las clases trabajadoras.

    Entrados en gastos

    Resulta sencillo imaginar que un Milei mexa surja de las filas del más reaccionario panismo, del más pragmático priismo o de cualquier ídolo temporal del aspiracionismo nacional. Sin embargo, no debería sorprendernos que el próximo Milei azteca vea la luz dentro de Morena y la 4T. No estoy hablando de los Yunes o los Murat, que en una muestra de congruencia ideológica se identifican con el Humanismo Mexicano. No, eso es poca cosa. Estoy hablando de un político “ínclito y preclaro” —para utilizar las palabras con las que Monreal calificó a Pedro Haces— que, sin dejar de ser cuatrero, sin dejar de ser de izquierda, sin dejar de hablar del bienestar cada que el bienestar necesite que se hable del bienestar, sea capaz de impulsar un humanismo libertario mexicano, que anteponga la justicia social a las necesidades del capital y que permita a la sociedad morir libremente de hambre, como mejor le parezca morir de hambre.

    Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.

  • Vivienda para todos: El impacto de la reforma al INFONAVIT y el compromiso de Sheinbaum

    Vivienda para todos: El impacto de la reforma al INFONAVIT y el compromiso de Sheinbaum

    Por Mariuma Munira

    El 13 de febrero de 2025, el Senado de la República aprobó una reforma histórica a la Ley del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit), con 67 votos a favor y 35 en contra. Esta reforma representa un avance crucial para mejorar las condiciones de vida de millones de mexicanos, garantizando que el acceso a la vivienda sea más transparente y equitativo. Esta nueva legislación llega en un momento clave, coincidiendo con el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la construcción de 52,345 viviendas en 25 estados del país entre febrero y abril de este año, un esfuerzo monumental para reducir el déficit habitacional y transformar el panorama social del país.

    La reforma al Infonavit busca garantizar que los recursos del Instituto, generados a través de los ahorros de los trabajadores, sean administrados de manera eficiente y transparente. Este cambio no solo mejorará el acceso a créditos hipotecarios, sino que también fortalecerá la confianza de los mexicanos en una institución que históricamente ha sido crucial para la adquisición de vivienda. Con esta reforma, el sistema de pensiones y los créditos de vivienda se vuelven más accesibles, transparentes y justos, permitiendo que más personas, especialmente las más vulnerables, puedan obtener la vivienda que merecen.

    Este impulso legislativo se complementa perfectamente con el anuncio de la presidenta Sheinbaum del 10 de febrero, quien subrayó que durante los primeros tres meses del año se construirán más de 52,000 viviendas, especialmente en regiones que han sido históricamente marginadas. El programa no solo responde a una necesidad urgente de infraestructura, sino que también tiene un impacto directo en la generación de empleo en el sector de la construcción, estimulando las economías locales y mejorando la calidad de vida de miles de familias mexicanas. Esta iniciativa es un claro reflejo de la política social que impulsa el gobierno de la presidenta Sheinbaum: un México más inclusivo y con mayores oportunidades para todos.

    Ambos proyectos, la reforma al Infonavit y el programa de construcción de viviendas, se encuentran estrechamente vinculados. Mientras la reforma busca dar mayor acceso y transparencia en los créditos, el plan de construcción de viviendas se asegura de que esta disponibilidad se traduzca en resultados tangibles para los mexicanos. Los beneficiarios de estos créditos podrán acceder a viviendas de calidad, construidas con altos estándares, que no solo representan un techo, sino también la oportunidad de construir un mejor futuro para sus familias.

    El respaldo del Senado, que aprobó esta reforma con un apoyo claro y contundente, es un reflejo del consenso que existe en torno a la importancia de estas políticas públicas. A través de esta reforma, el Senado envía un mensaje claro: la vivienda no es un lujo, sino un derecho fundamental que debe ser accesible para todos los mexicanos. Esta es una victoria no solo para los trabajadores, sino también para el país en su conjunto, que avanza hacia una mayor justicia social y un desarrollo más equilibrado.

    El anuncio de la presidenta Sheinbaum, por su parte, marca un antes y un después en la política habitacional del país. Con la construcción de más de 52,000 viviendas en tan solo tres meses, el gobierno de México reafirma su compromiso con la justicia social, asegurando que los mexicanos más necesitados tengan un hogar digno y seguro. Esta estrategia va más allá de la mera entrega de casas: busca fortalecer la infraestructura social y económica de las comunidades, generando empleo, bienestar y desarrollo económico en regiones clave.

    El impacto de estas medidas será profundo y duradero. La reforma al Infonavit y el programa de construcción de viviendas son dos piezas fundamentales en la construcción de un México más equitativo. Con estas políticas, el gobierno federal está demostrando que la vivienda es una prioridad y que, con voluntad política y esfuerzo conjunto, es posible transformar el panorama habitacional del país.

    La reforma al Infonavit y el programa de construcción de viviendas anunciado por la presidenta Sheinbaum representan pasos decisivos hacia un México más justo y próspero. Ambas iniciativas no solo abordan el déficit habitacional, sino que también ofrecen soluciones concretas para mejorar las condiciones de vida de millones de mexicanos. La reforma al Infonavit fortalece la confianza en el sistema, mientras que el programa de vivienda garantiza que este acceso se traduzca en un hogar digno para los más necesitados. Con un Senado comprometido y un gobierno federal que apuesta por el bienestar social, México está construyendo un futuro más sólido, inclusivo y lleno de esperanza.

    La columnista, Mariuma Munira Vadillo Bravo, es Maestra en Derechos Humanos y Garantías Individuales. Puedes contactarla en Facebook: MUMA Mariuma Munira, Twitter: @MariumaMunira.

  • El libertinaje en el poder; Milei

    El libertinaje en el poder; Milei

    Por Fabiola Gutiérrez

    El presidente argentino, economista o, como prefiero llamarlo, ideólogo Javier Milei, estafó a Argentina con una criptomoneda, causando pérdidas por más de 100 millones de dólares. Quien se dice ser merecedor de un premio Nobel por estar “reescribiendo la teoría económica”, en lugar de sacar a la economía argentina del sometimiento inflacionario, terminó por usar la institución presidencial como un promotor de la ganancia desmedida sin obstáculos.

    El ultraderechista se comió la ética política y promocionó a través de su cuenta de X la criptomoneda $Libra, la cual se trataba de un proyecto privado. En su tuit exponía que el proyecto iba a dedicarse a “incentivar el crecimiento de la economía en Argentina, fondeando pequeñas empresas y emprendimientos argentinos”. Para facilitar la compra de la moneda, colocó un enlace, “Vivalalibertadproject.com”, que llevaba al contrato del token. Horas después, el mandatario eliminó el tuit y se deslindó del lío bajo la excusa de no estar “interiorizado en los pormenores del proyecto”.

    Sin embargo, fue la investidura presidencial de Milei la que disparó la demanda de la moneda. Es importante señalar que entre el 70 % y 80 % de $Libra estaba en manos de muy pocas personas antes de que Milei promocionara su compra, cuando lo usual es que los fundadores posean un 10-15 %. De modo que debe quedar claro que el presidente de Argentina fue parte fundamental del crecimiento exponencial de $Libra y, posteriormente, ocurrió el desplome de esta moneda.

    Eso es el libertinaje en el poder, es decir, la corrupción de la libertad; como resultado, no hay administración pública por parte del gobierno, sino el trato de esta como una empresa privada. Dado que Aristóteles decía que los regímenes de gobierno no son otra cosa que las formas de vida de los gobernados, ¿a qué clase de Estado está Javier Milei condenando a los argentinos?

  • USAID, el brazo financiero de la CIA

    USAID, el brazo financiero de la CIA

    Cuando leas sobre una revolución de colores, pregúntate a quien beneficia

    La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) siempre ha sido presentada como una entidad de ayuda humanitaria y desarrollo. Sin embargo, en la práctica, ha sido utilizada como una herramienta de influencia política y geoestratégica de EE.UU. Este hecho no es nuevo, pero recientemente ha cobrado mayor visibilidad gracias a figuras como Elon Musk y Donald Trump, quienes han acusado abiertamente a la agencia de ser una organización «criminal» «dirigida por un grupo de lunáticos radicales«.

    Más allá de estas declaraciones, lo cierto es que USAID ha jugado un papel clave en la política exterior estadounidense, financiando movimientos opositores, desestabilizando gobiernos y facilitando golpes de Estado bajo la justificación de la «promoción de la democracia».Desde su creación en 1961, USAID ha operado en estrecha colaboración con la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Han trabajado juntas durante décadas para infiltrar gobiernos, canalizar fondos a grupos opositores y manipular la opinión pública a favor de los intereses de EE.UU. Al final del articulo hay una tabla resumen de los casos documentados de intervención de USAID y la CIA.

    Entre las estrategias más utilizadas por USAID se encuentran el financiamiento encubierto canaliza dinero a través de ONG para influir en la política interna de distintos países. Apoyo a la propaganda y desinformación subsidiando medios de comunicación alineados con los intereses de EE.UU. Capacitando y financiando grupos opositores, apoya sindicatos, movimientos estudiantiles y partidos políticos afines.

    El caso de Georgia es un ejemplo reciente de esta dinámica. La intervención de USAID en la financiación de movilizaciones y medios de comunicación llevó al gobierno georgiano a aprobar una ley que clasifica como “agentes extranjeros a las ONG y los medios de comunicación» que reciben más del 20 % de su financiación del exterior.

    Como era de esperar la redición de cuentas es uno de los puntos débiles de la agencia, por razones obvias. El año fiscal 2023, que es el más reciente para el que se dispone de datos prácticamente completos, el gobierno estadounidense desembolsó 71.900 millones de dólares en ayuda exterior, según ForeignAssistance.gov. Eso se compara con los casi 74.000 millones de dólares gastados en el año fiscal 2022. Estas cifras (y otras de ForeignAssistance.gov) no incluyen la mayoría de las ventas de armas ni las transferencias de equipo militar a países extranjeros.

    Ucrania fue el mayor receptor de ayuda estadounidense en el año fiscal 2023, al recibir 16.600 millones de dólares para ayudarla en defensa y para mantener en funcionamiento su gobierno y su sociedad. Israel, que suele ser uno de los principales receptores de ayuda, recibió la segunda mayor ayuda con 3.300 millones de dólares en ayuda militar en el año fiscal 2023, un nivel similar al de los años anteriores y en ambos casos fue ayuda militar.

    Uno de los ejemplos recientes del doble juego de USAID es su rol y su exposición mediática fue en la guerra de Ucrania y el mercado global de granos. Desde el inicio del conflicto en 2022, USAID ha promovido la exportación de granos ucranianos como una solución a la crisis alimentaria mundial, especialmente en África y Medio Oriente.

    A través de programas como la Iniciativa del Corredor de Granos del Mar Negro, la agencia ha trabajado con el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la ONU para adquirir y distribuir cereales. En 2023, USAID anunció la compra de 150.000 toneladas de trigo ucraniano para países como Sudán, Somalia y Etiopía. Sin embargo, gran parte de estos granos nunca llegó en las cantidades esperadas a estos países, lo que generó dudas sobre su verdadero destino.

    Los datos muestran que la mayoría de las exportaciones ucranianas terminaron en Europa, no en África. Según informes de la ONU y la UE, los principales compradores del grano ucraniano en 2022-2023 fueron España, Italia, los Países Bajos y Alemania, donde se utilizaron principalmente para la producción de alimento animal.

    ¿Cómo funciona el negocio? El mecanismo detrás de estas operaciones es relativamente simple. USAID financia al Programa Mundial de Alimentos (PMA) con dinero etiquetado para la compra de granos. El PMA compra los granos a traders internacionales, que los obtienen de productores ucranianos.

    Los beneficiados reales son los supuestos productores ucranianos que reciben apoyo financiero y logístico para exportar en tiempos de guerra. Los Traders internacionales (Cargill, Louis Dreyfus, ADM, Bunge) que manejan las exportaciones y actúan como intermediarios y Europa que aprovechó precios más bajos y acceso rápido a los cereales.

    En otras palabras, lo que se presentó como un esfuerzo humanitario de USAID para paliar el hambre en África resultó ser un movimiento geopolítico y comercial diseñado para sostener la economía ucraniana, beneficiar a grandes corporaciones y consolidar la influencia de EE.UU. en el comercio global de alimentos. Mientras tanto, la crisis alimentaria en África persistió, demostrando que el verdadero objetivo no era alimentar a los hambrientos, sino controlar mercados y recursos estratégicos.

    El caso de USAID demuestra que la «ayuda humanitaria» puede ser una fachada para intereses políticos y económicos. A lo largo de su historia, la agencia ha operado como una extensión de la política exterior estadounidense, utilizando fondos públicos para moldear gobiernos y economías según los intereses de Washington.

    Lo interesante del desenlace de esta agencia, es que, algunos se enteraron que una entidad presentada como de ayuda humanitaria y desarrollo servía para derrocar gobiernos. Lo mas cómico, es que los actuales sociópatas en ejercicio acusan a los anteriores psicópatas de ejecutar, las actividades para lo que la agencia fue creada. Esto cambiará, seguramente de nombre, no de objetivos. 

    Casos documentados de intervención de USAID y la CIA

    Fuente: El Tábano Economista en base a datos oficiales

    Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2025/02/13/usaid-mas-que-una-agencia-humanitaria/

  • Claudia Sheinbaum: «Empiecen por su país»

    Claudia Sheinbaum: «Empiecen por su país»

    Sergio Rodríguez Gelfenstein

    Este enunciado fue emitido por la presidenta de México Claudia Sheinbaum el pasado 7 de febrero durante su habitual rueda de prensa mañanera. A continuación la máxima autoridad mexicana dijo: «Ellos tienen mucho que hacer en Estados Unidos” y cuestionó acerca de “¿Cómo es que llega el fentanilo o cualquier otra droga? No está bien que pase ilegalmente, nosotros hacemos el trabajo en nuestro país. ¿Pero qué pasa después de la frontera? ¿Quién opera? ¿Quién vende la droga en las ciudades de Estados Unidos que han provocado tanta tragedia?».

    La presidenta Sheinbaum sabe lo que habla, sobre todo si uno se pregunta quien es el gran ganador con el negocio de las drogas. Ya a finales del siglo pasado un estudio de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE) estimaba en cerca de 500 mil millones de dólares la ganancia producida por el tráfico internacional de drogas, más de la mitad de la cual circulaba por el sistema financiero de Estados Unidos. Para tratar de controlar esta situación, el gobierno lanzó la operación Greenback, cuyos objetivos eran los bancos que manejaban dinero de las drogas sobre la base de que era más fácil vigilar a las instituciones financieras que ejecutar intervenciones militares en los países productores.

    Al observar la cantidad de dinero que llegaba a los bancos de Miami, el Banco de la Reserva Federal encontró que Florida tenía un superávit de efectivo de US$5.5 mil millones en un momento en que el resto del país tenía un déficit de efectivo. El Departamento de Justicia en coordinación con el Departamento del Tesoro se vieron obligados a actuar. Así comenzó Greenback.

    Después de obtener algunos magros resultados y tras acusar a tres ciudadanos colombianos y a otras 13 personas de conspirar para defraudar a Estados Unidos, la operación fue cancelada en octubre de 1982 cuando, misteriosamente, la mayoría de los acusados logró huir de la justicia. Hasta ese momento y sólo por tres años duró la persecución en serio al narcotráfico en Estados Unidos. El zar antidrogas en ese momento era George Bush padre quien venía de ser director de la CIA. Su “meritoria labor” tanto en la CIA como en la DEA le valió para ser elegido posteriormente vicepresidente y presidente de Estados Unidos.

    Otro aspecto de este negocio es el de los precursores químicos. En fecha tan lejana como 1989, en una operación realizada por la policía colombiana fueron incautados 1.5 millones de galones de químicos usados para transformar la coca en cocaína. La mayor parte de los barriles tenía logotipos de la cooperación de Estados Unidos. La propia CIA reportó que la exportación a América Latina de sustancias como ácido clorhídrico, permanganato de potasio, ácido sulfúrico, acetona y éter, superaba en mucho los usos legales de las mismas, mientras que el Servicio Congresional de Investigaciones concluía que más del 90% de los químicos usados en la producción de drogas procede de Estados Unidos. Parece evidente que controlar esta industria internamente es mucho más fácil y menos costoso para el país, sin embargo poco y nada se ha hecho.

    El periodista mexicano residente en Washington J. Jesús Esquivel se ha dedicado en tiempos recientes a investigar y documentar las acciones del narcotráfico en México y Estados Unidos. Uno de sus libros “Los narcos gringos” publicado en 2016 y reeditado en 2022 se introduce en los misterios y las incógnitas del narcotráfico en Estados Unidos al realizar una profunda investigación de expedientes judiciales además de entrevistar informantes y agentes que han participado directamente en el negocio de las drogas o en la lucha contra él.

    Con lujo de detalles, este libro recrea los “ingeniosos trucos de que se valen los brokers, los artífices del tráfico de estupefacientes, para llevar sus mercancías al interior de la Unión Americana y lavar el producto de su labor ilícita que hacen llegar a los cárteles mexicanos, según plantea la contratapa del libro”.

    En un capítulo denominado “Narcocorrupción gringa”, Esquivel expone que las altas autoridades de Estados Unidos e incluso el público de ese país cuando hablan de narcotráfico inmediatamente piensan en Colombia y México, cargando la responsabilidad en las agencias de los dos países a quienes acusan de corruptos. Sin negar dichos conceptos el periodista mexicano opina que en Estados Unidos también hay narco corrupción. Dice que: “Los narcos gringos y los mexicanos tienen en sus nóminas a agentes aduaneros de Estados Unidos, de la Patrulla Fronteriza, de la DEA y de las policías locales; si esto no fuera una realidad, solo entrarían a la Unión Americana, los narcóticos que pasan sin ser detectados por las regiones de la frontera más inhóspitas como es el caso de la zona limítrofe del estado de Arizona…”

    Esquivel cita a Oscar Hagelsieb un experto agente de la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional de Estados Unidos quien afirma que “la narcocorrupción […] es el obstáculo más grande que enfrentan las autoridades dedicadas a combatir el tráfico de enervantes”. Al hacer una comparación entre los dos países, Hagelsieb establece que “la corrupción por narcotráfico en México se genera por la pobreza y la debilidad de las autoridades ante el dinero. En Estados Unidos nace la demanda y el consumo de narcóticos”.

    Otra investigación, esta vez realizada por los también periodistas mexicanos Jorge Fernández Menéndez y Víctor Ronquillo publicada por la editorial de Bolsillo bajo el título “De los maras a los zetas. Los secretos del narcotráfico, de Colombia a Chicago” establece que en Estados Unidos hay unos 20 millones de consumidores de drogas, de los cuales unos 6 millones son adictos, sin embargo resulta peligroso hablar del tema por lo que el mismo es eludido llevando al total desconocimiento y confusión y la fácil construcción de estereotipos encaminados a culpar exclusivamente del flagelo a los países productores.

    Fernández Menéndez y Ronquillo exponen que, después que los cargamentos han cruzado la frontera en todo tipo de transporte y también a través de túneles a lo largo de toda la zona limítrofe, las redes del narcotráfico comienzan a operar desde 14 ciudades del sur en los estados de Nuevo México, Texas, California, Arizona, Oklahoma, Florida y Luisiana donde la droga es depositada en almacenes a partir de los cuales se va aprovisionando el mercado controlado por las propias organizaciones.

    He querido dar a conocer solo dos investigaciones públicas sobre el tráfico de drogas, es de suponer que la información que manejan los órganos de seguridad es mucho mayor. Por eso es difícil entender que el país más poderoso del mundo no haya podido controlar este negocio…o tal vez, en realidad lo que ocurre es que no ha querido hacerlo.

    La presidenta de México sigue haciendo preguntas: “¿a dónde va el dinero de la venta de las drogas ilegales y cómo es que las armas del Ejército de Estados Unidos terminan en manos de los cárteles mexicano? ¿Quién las vendió, cómo llegaron a nuestro país? ¿Cuál es la distribución final en las calles? ¿O es que no hay cárteles allá, o delincuencia organizada?».

    Muchas preguntas, pocas respuestas y las que se formulan desde Washington, llevan impresas la prepotencia, la soberbia y la amenaza que caracterizan la retórica y la actuación imperial. La contestación desde Washington vino desde el Departamento de Justicia que en un memorándum informó que instruyó a la eliminación total de los cárteles y organizaciones criminales transnacionales. Mucho más que eso, Tom Homan, el “zar de la frontera”, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, advirtieron que Estados Unidos podría utilizar al Ejército para atacar a los cárteles incluso en territorio mexicano.

    Con absoluta serenidad y la altura de miras que caracteriza a los verdaderos estadistas, la presidenta Sheinbaum alegó que el memorándum del Departamento de Justicia «no se entiende bien», porque solo tiene explicaciones generales pero no se sabe en qué se va a traducir. En la continuidad de la controversia y en defensa de los más altos intereses de México, tres días después Sheinbaum reiteró que Estados Unidos debe hacerse responsable del “grave problema de narcotráfico y consumo de drogas que hay en ese país”.

    La mandataria explicó que el narcotráfico surge de la demanda, mientras haya consumo habrá oferta. Consideró que su gobierno por supuesto no está de acuerdo con el narcotráfico, por lo que el objetivo de las más altas autoridades del país y de ella misma era disminuir la violencia en su país. En ese camino es que se proponían también disminuir la producción de la droga y su distribución.

    Pero reiteró una vez más, que Estados Unidos tiene que hacer su parte atendiendo el alto consumo de drogas como un asunto de salud pública que Washington debe encarar. En ese ámbito, insistió en que Estados Unidos también debe hacerse cargo de controlar a sus propios generadores de violencia y la producción interna de sustancias sicotrópicas y debe hacer un esfuerzo para vigilar e intervenir el mercado ilegal interno.

    Hay que decir también que la voluntad indomable y el sentido patriótico de Claudia Sheinbaum se hicieron presentes en la conversación que sostuvo con el presidente de Estados Unidos el pasado 3 de febrero. Aunque Trump obvió que la presidenta mexicana abordó el tema del tráfico de armas desde Estados Unidos, ella se encargó de recordarlo unos días después. En la misma rueda de prensa del viernes 7, Sheinbaum informó que le dijo a Trump que era crucial en la lucha contra el narcotráfico que las armas de Estados Unidos no llegaran ilegalmente a México.

    Recordó además, que el Gobierno de México realizó previamente dos denuncias contra las distribuidoras y contra los fabricantes de armas. El 21 de enero, solo un día después de la toma de posesión de Trump, el Congreso de México a través de la Cancillería, solicitó al gobierno de Estados Unidos un informe detallado sobre el tráfico ilícito de armas, luego de que Trump designara a los cárteles del narcotráfico en el país como organizaciones terroristas.

    De acuerdo con el último informe público de la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de Estados Unidos (ATF, en inglés), “el 74 % de las armas que llegan a México provienen de la frontera norte. También señala que el Gobierno mexicano ha presentado un total de 148.200 solicitudes de rastreo de armas entre 2017 y 2023, de las cuales 50.409 se realizaron entre 2022 y 2023, representando un incremento del 25% entre 2021 y 2023”, todo lo cual da cuenta de un interés mexicano no correspondido  por Estados Unidos.

    Tras la salida de la zona del Canal de Panamá el 31 de diciembre de 1999 en virtud de los acuerdos Torrijos-Carter, el aparato de control regional que Estados Unidos había construido y que tenía su eje operacional, de mando y logístico en ese lugar donde estaba la jefatura del Comando Sur, se desarticuló.

    La desaparición de la Unión Soviética y el fin del mundo bipolar le hizo perder a Estados Unidos el enemigo sobre el cual articulaba su acción imperialista. Entonces recurrió al narcotráfico y las migraciones de indocumentados primero y la lucha contra el terrorismo después, para llenar ese “vacío”.

    Hoy, la administración de Trump pretendiendo “hacer a Estados Unidos grande de nuevo” recurre a los mismos artificios como instrumento de cohesión regional en torno a los dictados de Washington. Las supuestas políticas para combatir la inmigración ilegal y el narcotráfico una vez más son herramientas para intentar un control regional mediante el avasallamiento de países, gobiernos y pueblos.

    A comienzos de siglo, Cuba resistía en solitario el poder aplastante del imperio mientras que Venezuela, conducida por el comandante Hugo Chávez apenas iniciaba la actuación internacional en defensa de su soberanía y autodeterminación. Pero hoy, son varios los países y los gobernantes que sostienen y defienden la dignidad y el honor de los pueblos. Claudia Sheinbaum, igual que el cura Miguel Hidalgo y que José María Morelos, de la misma manera que Benito Juárez y Lázaro Cárdenas y dando continuidad a las políticas de recuperación del decoro y la conciencia de la mexicanidad iniciada en este siglo por Andrés Manuel López Obrador, nos da ejemplos de la ruta a seguir, no solo por México, también por toda la América morena al sur del río Bravo.

    sergioro07.blogspot.com

  • Elon Musk y la fiesta de la nueva derecha

    Elon Musk y la fiesta de la nueva derecha

    Los hospitales de todo el planeta colapsan ante la cantidad de pacientes, los cadáveres se amontonan, pero nos cuentan que el coronavirus no existe, que se trata de una operación de control social. Una multitud de adultos con disfraces ultramontanos irrumpe en el Capitolio norteamericano, pero no se trata de un intento de golpe de Estado, sino de una legítima gesta para salvar a América. Una joven futbolista es besada sin consentimiento por el presidente de la Federación del Fútbol, pero se trata de un acto de cariño, no de un imperdonable atropello. Finalmente, el hombre más rico del mundo, vendido como genio de las finanzas y de las tecnologías de frontera, cierra su discurso con un apasionado «saludo a la victoria»[1], pero nos cuentan que solo estaba emulando a los romanos, para ofrecer su corazón a la multitud.

    La desfachatez con la que los operadores mediáticos de la nueva derecha sustituyen la realidad por «hechos alternativos», revela como las dinámicas del totalitarismo crecen en el mismo corazón de Occidente. En 1984 —novela explotada hasta el cansancio por el anticomunismo—, la prueba definitiva de lealtad al Gran Hermano consistía en negar la evidencia de los sentidos, para afirmar la verdad del partido. En el caso del pintoresco saludo de Elon Musk, las justificaciones de muchos medios rozan lo ridículo, desde el momento en que pasan por alto que la referencia a los romanos no lo exculpa: fue inspirado en los fascios romanos, aquellos haces de varas atadas que simbolizaban la autoridad, que Mussolini inventó el fascismo. En cuanto a la coartada del corazón, se trata de un recurso risible; deben perdonarnos si nos parece que el gesto del magnate no tiene nada que ver con Fito Paez y sí mucho con la imaginería de «la sangre y la tierra». Más encaminada parece estar la idea de algunos, que han planteado que se trata del saludo Bellamy: en ese caso Musk no sería nazi, solo excepcionalista y supremacista blanco.

    Saludo fascista de Mussolini

    ¿Qué decir de la extravagante toma de posesión? Seguramente muchos estadounidenses suspiran por los viejos buenos tiempos de Reagan, Clinton o incluso de Obama, cuando los símbolos del poder norteamericano eran recortados sobre el fondo de la tradición, pero no les queda más remedio que aceptar el cambio de guion. Se confirma, en esta segunda parte de Trump, que no tendremos una obra clásica de cine bélico, sino una serie de streaming, distópica, hilarante, exagerada. El rasgo fundamental de la toma de posesión fue el desparpajo: megamillonarios mostrando sin recato la privatización del poder público, políticos de ambos partidos haciendo gala de desbordante hipocresía, personajes invitados desde todos los rincones de la extrema derecha. La realidad supera a la ficción, y nos ha servido un pastiche de The Plot Against America, The Boys y Succession. Puede llegar a ser un espectáculo entretenido, por lo bizarro, pero no se puede perder de vista que se trata también de una deriva peligrosa.

    De outsider a emperador

    Cuando Trump llegó por primera vez a la presidencia de los EE.UU. era un outsider, con poco apoyo entre los republicanos. En cambio, ahora reina casi en solitario sobre el Grand Old Party. En aquellos años, las grandes figuras de Silicon Valley competían por ser políticamente correctas. Ahora, muchos de ellos toman el partido de un libertarismo ecléctico, que se desliza hacia imágenes de despotismo tecnocrático, en el cuál quienes toman decisiones lo hacen sobre la base de predicciones de algoritmos y habilidades técnicas, en lugar de basarse en principios democráticos o representativos.

    Debemos recordar, a riesgo de repetir lo obvio, que estas personas concentran en sus manos una inmensa cantidad de poder, no solo financiero —sus empresas ocupan los primeros puestos en valor a nivel internacional— sino también sobre las herramientas de control de la opinión pública. Una parte importante de la humanidad ha puesto buenamente sus datos más íntimos a disposición del algoritmo, sin demasiada preocupación por lo que los nuevos jerarcas pueden hacer con ellos. Ya estamos viendo que se repite el viejo patrón: la concentración del poder despierta sueños de más poder.

    En cierto nivel, el saludo de Musk no pasa de ser una payasada, como también lo es su injerencia intempestiva en la política europea, en beneficio de la extrema derecha. La imaginación de estos personajes no va en dirección a una sociedad fuertemente estatizada, parecida a la del Tercer Reich. Quizás algunas mentes evangélicas o de masculinidad particularmente frágil quisieran llevarnos a escenarios como los de El cuento de la criada, pero en realidad se trata de otro discurso más para contribuir a la toxicidad de la batalla cultural.

    Saludo de Elon Musk
    Saludo Elon Musk / Foto: France 24

    Vivimos en un mundo postfordista, en el que los delirios de la nueva derecha prosperan sobre el fondo de gruesa banalidad en el que décadas de consumismo, posmodernidad y nihilismo han sumido a las sociedades. Su primera estación es ante todo sumirnos en el mundo de un machismo agresivo, sociopático, reactivo contra las mujeres emancipadas, las diversidades, los inmigrantes, y todo aquello que no sea un hombre —idealmente blanco— que reivindique el rol de proveedor, y compita por el triunfo sin ningún reparo ético.

    Se trata, por tanto, de una posición que vive del resentimiento, que quiere volver a poner en la cima, ya no a la raza aria, pero sí algo parecido, al ganador o aspirante a ganador —llama la atención como esta posición puede ser asumida también por mujeres, gays, latinos o hindúes—, a aquel que se reconcilia y se identifica con la dinámica darwinista del capitalismo, el principio de la supervivencia del más fuerte.

    Pero si es importante no caer en un alarmismo extemporáneo, que nos lleve a sobredimensionar las cosas, esperando que en cualquier momento quemen el Reichstag, no debemos tampoco subestimar el peligro. Estos sujetos no buscan subordinar a las sociedades en los términos disciplinarios del siglo XX, porque no lo necesitan. El Gran Hermano vive ahora en cada terminal del inmenso aparato de conexión digital a nivel global. Por otro lado, la llamada guerra cultural no es un juego. Personajes estrafalarios como Santiago Abascal, Javier Milei, Marine Le Pen o la flamante candidata de AfD juegan un papel de avanzada, en una estrategia que apunta a tirar abajo los consensos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, establecidos en los términos de la socialdemocracia. Van contra lo que queda del Estado social de derecho, contra los avances en derechos de las minorías sociales, y en última instancia, contra la conjunción de liberalismo y democracia, con perjuicio para el segundo término de la ecuación. Una aventura que se sabe como empieza, pero no como termina.

    Finalmente, acercándonos a lo que nos concierne, vale la pena recordar que el común denominador de estos personajes es el anticomunismo. Un hilo de acero conecta el visceral odio contra los gobiernos de signo comunista o de izquierda, como los de Cuba y Venezuela, y las expresiones de tribalismo occidentalista en defensa de Israel y Ucrania, con la esperable victoria de opciones de extrema derecha. Son distintas expresiones en las que late con diferentes intensidades el mismo etnocentrismo, en última instancia colonial. No todo lo que se opone a Occidente es bueno, ni todo lo que brilla es oro, pero lo mismo vale en dirección contraria. En esta historia, no puede olvidarse el triste papel de buena parte de la socialdemocracia y otras opciones de centroizquierda, que han descansado con demasiada comodidad en la idea del mundo libre, desde los tiempos de la Guerra Fría; comprando los marcos de la derecha, participando en las cruzadas occidentalistas, compartiendo con frecuencia trinchera contra los gobiernos de izquierda, han terminado favoreciendo el ascenso de la extrema derecha.

    La crisis de la izquierda política, que en gran medida no se recupera todavía de las consecuencias de la caída del Muro de Berlín, está entre las causas de la situación actual. Entre las dificultades para la reconstrucción de un frente realmente progresista y revolucionario se encuentran, sin duda, los liderazgos estancados o corrompidos, aferrados muchas veces a dogmas de un mundo que ya no existe, y que desgraciadamente son comunes en el campo que se reivindica como radical; pero también es responsable otra parte de la izquierda que quisiera pacificar la historia, y se conforma con darle un tinte progre al orden establecido.

    No sirven los relojes parados en la década de los treinta del siglo pasado, pero tampoco los parados en la década de los ochenta. Contra el nuevo fascismo, se necesita organización, constancia y sobre todo mucha lucidez. Se necesitan el equilibrio y la radicalidad que se derivan de una buena estrategia política —que permita saltar sobre los abismos entre las posiciones, cuando estas no son irreconciliables—. La falta de todo ello, las desviaciones, los acomodamientos y los retrocesos, han configurado el escenario actual, en el que un puñado de aspirantes al poder absoluto avanzas sus agendas, con el aplauso de pueblos abandonados a sus peores sentimientos.

    La historia no pierde oportunidad para recordar sus enseñanzas. La política, como la naturaleza, odia el vacío: o se avanza o se retrocede. Ante la falta de resistencia, los que ya tenían todo el dinero con el que se puede soñar, los que ya eran la mano que mecía la cuna, ahora aspiran a ponerse ellos mismos la corona de laurel. Son tan humanos como el primer homo sapiens que le arrebató sus bienes a otro, o como el primero que se proclamó rey. Solo que ahora su campo de batalla no es la superficie de la tierra, sino el interior de nuestras mentes. Los «capitanes de industria» ya no se contentan con la oscuridad de un Rockefeller o de un Ford. Quieren llegar a Marte, ser inmortales y por el camino sustituirnos por robots, y hasta convertirnos en robots o en algo peor. Está en nuestras manos si se lo permitimos.

    Nota:

    [1] «Saludo a la victoria» es la traducción de Sieg Heil, el saludo tradicional nazi.

    Fuente: https://jovencuba.com/elon-musk-derecha/

  • Genocidio al estilo occidental

    Genocidio al estilo occidental

    Por Chris Hedges

    Gaza es un páramo de 50 millones de toneladas de escombros. Ratas y perros hurgan entre las ruinas y los fétidos charcos de aguas residuales sin tratar. El hedor pútrido y la contaminación de los cadáveres en descomposición se elevan desde debajo de las montañas de hormigón destrozado. No hay agua potable. Poca comida. Una grave escasez de servicios médicos y apenas refugios habitables. Los palestinos corren el riesgo de morir a causa de municiones sin detonar, abandonadas tras más de 15 meses de ataques aéreos, descargas de artillería, impactos de misiles y explosiones de proyectiles de tanques, así como por diversas sustancias tóxicas, como charcos de aguas residuales sin tratar y amianto.

    La hepatitis A, causada por el consumo de agua contaminada, está muy extendida, al igual que las enfermedades respiratorias, la sarna, la desnutrición, el hambre y las náuseas y vómitos generalizados causados por la ingestión de alimentos rancios. Las personas vulnerables, incluidos los niños y los ancianos, junto con los enfermos, se enfrentan a una sentencia de muerte. Alrededor de 1,9 millones de personas han sido desplazadas, lo que representa el 90% de la población. Viven en tiendas improvisadas, acampadas entre losas de hormigón o al aire libre. Muchos se han visto obligados a mudarse más de una docena de veces. Nueve de cada diez viviendas han quedado destruidas o dañadas. Edificios de apartamentos, escuelas, hospitales, panaderías, mezquitas, universidades -Israel voló la Universidad Israa de la ciudad de Gaza en una demolición controlada-, cementerios, tiendas y oficinas han sido arrasados. La tasa de desempleo es del 80% y el producto interior bruto se ha reducido casi un 85%, según un informe de octubre de 2024 publicado por la Organización Internacional del Trabajo.

    La prohibición por parte de Israel del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA, por sus siglas en inglés) -que calcula que limpiar Gaza de los escombros dejados tras de sí llevará 15 años- garantiza que los palestinos de Gaza nunca tendrán acceso a suministros humanitarios básicos, alimentos adecuados y servicios.

    El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo calcula que reconstruir Gaza costará entre 40.000 y 50.000 millones de dólares y llevará, si se dispone de los fondos necesarios, hasta 2040. Sería el mayor esfuerzo de reconstrucción posbélica desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

    Israel, abastecido con miles de millones de dólares en armas por Estados Unidos, Alemania, Italia y el Reino Unido, creó este infierno. Y pretende mantenerlo. Gaza seguirá sitiada. Tras una oleada inicial de entregas de ayuda al comienzo del alto el fuego, Israel ha vuelto a recortar drásticamente la ayuda transportada en camiones. Las infraestructuras de Gaza no se restaurarán. Sus servicios básicos, como plantas de tratamiento de agua, electricidad y alcantarillado, no se repararán. No se reconstruirán sus carreteras, puentes y granjas destruidos. Los desesperados palestinos se verán obligados a elegir entre vivir como cavernícolas, acampados entre trozos irregulares de hormigón, muriendo de enfermedades, hambre, bombas y balas, o el exilio permanente. Estas son las únicas opciones que ofrece Israel.

    Israel está convencido, probablemente con razón, de que con el tiempo la vida en la franja costera se volverá tan onerosa y difícil, especialmente a medida que Israel encuentre excusas para violar el alto el fuego y reanudar los ataques armados contra la población palestina, que será inevitable un éxodo masivo. Se ha negado, incluso con el alto el fuego en vigor, a permitir la entrada de la prensa extranjera en Gaza, una prohibición diseñada para impedir la cobertura del horrendo sufrimiento y muerte.

    La segunda fase del genocidio de Israel y la expansión del «Gran Israel» -que incluye la toma de más territorio sirio en los Altos del Golán (así como llamamientos a la expansión a Damasco), el sur del Líbano, Gaza y la Cisjordania ocupada- se está consolidando. Organizaciones israelíes, incluida la organización de extrema derecha Nachala, han celebrado conferencias para preparar la colonización judía de Gaza una vez que los palestinos sean objeto de una limpieza étnica. Las colonias exclusivamente judías existieron en Gaza durante 38 años hasta que fueron desmanteladas en 2005.

    Washington y sus aliados en Europa no hacen nada para detener la matanza masiva retransmitida en directo. No harán nada para impedir que los palestinos de Gaza se consuman de hambre y enfermedades y acaben por despoblarse. Son cómplices de este genocidio. Seguirán siendo socios hasta que el genocidio llegue a su sombría conclusión.

    Pero el genocidio de Gaza es sólo el principio. El mundo se está desmoronando bajo los embates de la crisis climática, que está desencadenando migraciones masivas, Estados fallidos y catastróficos incendios forestales, huracanes, tormentas, inundaciones y sequías. A medida que se desmorone la estabilidad mundial, la aterradora maquinaria de la violencia industrial, que está diezmando a los palestinos, se hará omnipresente. Estos asaltos se cometerán, como en Gaza, en nombre del progreso, de la civilización occidental y de nuestras supuestas «virtudes» para aplastar las aspiraciones de aquellos, en su mayoría gente pobre de color, que han sido deshumanizados y desechados como animales humanos.

    La aniquilación de Gaza por parte de Israel marca la muerte de un orden mundial guiado por leyes y normas acordadas internacionalmente, un orden violado a menudo por Estados Unidos en sus guerras imperiales en Vietnam, Iraq y Afganistán, pero que al menos se reconocía como una visión utópica. Estados Unidos y sus aliados occidentales no sólo suministran el armamento para mantener el genocidio, sino que obstruyen la exigencia de la mayoría de las naciones de que se respete el derecho humanitario.

    El mensaje que esto envía es claro: Tú, y las normas que pensabas que podrían protegerte, no nos importan. Nosotros lo tenemos todo. Si intentáis quitárnoslo, os mataremos.

    Los drones militarizados, los helicópteros de combate, los muros y barreras, los puestos de control, las bobinas de alambre de espino, las torres de vigilancia, los centros de detención, las deportaciones, la brutalidad y la tortura, la denegación de visados de entrada, la existencia de apartheid que conlleva ser indocumentado, la pérdida de derechos individuales y la vigilancia electrónica son tan familiares para los migrantes desesperados a lo largo de la frontera mexicana o que intentan entrar en Europa como lo son para los palestinos.

    Israel, que como señala Ronen Bergman en «Rise and Kill First» (Levántate y mata primero) ha «asesinado a más personas que cualquier otro país del mundo occidental», utiliza el Holocausto nazi para santificar su victimismo hereditario y justificar su Estado colonial de asentamientos, el apartheid, las campañas de asesinatos en masa y la versión sionista del Lebensraum.

    Primo Levi, que sobrevivió a Auschwitz, veía la Shoah, por esta razón, como «una fuente inagotable de maldad» que «se perpetra como odio en los supervivientes y brota de mil maneras, contra la voluntad de todos, como sed de venganza, como quiebra moral, como negación, como hastío, como resignación».

    El genocidio y el exterminio masivo no son dominio exclusivo de la Alemania fascista. Adolf Hitler, como escribe Aimé Césaire en «Discurso sobre el colonialismo», parecía excepcionalmente cruel sólo porque presidía «la humillación del hombre blanco». Pero los nazis, escribe, simplemente habían aplicado «procedimientos colonialistas que hasta entonces se habían reservado exclusivamente a los árabes de Argelia, los coolies de la India y los negros de África».

    La matanza alemana de los herero y los namaqua, el genocidio armenio, la hambruna de Bengala de 1943 -el entonces Primer Ministro británico Winston Churchill desestimó con ligereza la muerte de tres millones de hindúes en la hambruna llamándolos «un pueblo bestial con una religión bestial»-, junto con el lanzamiento de bombas nucleares sobre los objetivos civiles de Hiroshima y Nagasaki, ilustran algo fundamental sobre la «civilización occidental». Como comprendió Hannah Arendt, el antisemitismo por sí solo no condujo a la Shoah. Fue necesario el potencial genocida innato del Estado burocrático moderno.

    «En Estados Unidos», dijo el poeta Langston Huges, «no hace falta que a los negros nos digan lo que es el fascismo en acción. Lo sabemos. Sus teorías de supremacía nórdica y supresión económica han sido realidades para nosotros desde hace mucho tiempo».

    Dominamos el mundo no por nuestras virtudes superiores, sino porque somos los asesinos más eficientes del planeta. Los millones de víctimas de proyectos imperialistas racistas en países como México, China, India, el Congo, Kenia y Vietnam son sordos a las fatuas afirmaciones de los judíos de que su condición de víctimas es única. Lo mismo hacemos con los negros, los morenos y los nativos americanos. También sufrieron holocaustos, pero estos holocaustos siguen siendo minimizados o no reconocidos por sus perpetradores occidentales.

    «Estos eventos que tuvieron lugar en la memoria viva socavaron el supuesto básico tanto de las tradiciones religiosas como de la Ilustración secular: que los seres humanos tienen una naturaleza fundamentalmente ‘moral’», escribe Pankaj Mishra en su libro «The World After Gaza» (El mundo después de Gaza). «La corrosiva sospecha de que no la tienen está ahora muy extendida. Muchas más personas han presenciado de cerca la muerte y la mutilación, bajo regímenes de insensibilidad, timidez y censura; reconocen con conmoción que todo es posible, que recordar las atrocidades del pasado no es garantía de que no se repitan en el presente, y que los fundamentos del derecho internacional y la moralidad no son seguros en absoluto».

    La matanza en masa es tan parte integral del imperialismo occidental como la Shoah. Se alimenta de la misma enfermedad de la supremacía blanca y la convicción de que un mundo mejor se construye sobre la subyugación y erradicación de las razas «inferiores».

    Israel encarna el Estado etnonacionalista que la extrema derecha de los Estados Unidos y Europa sueña con crear para sí misma, un Estado que rechaza el pluralismo político y cultural, así como las normas legales, diplomáticas y éticas. Israel es admirado por estos protofascistas, incluidos los nacionalistas cristianos, porque ha dado la espalda al derecho humanitario para utilizar la fuerza letal indiscriminada para «limpiar» su sociedad de aquellos condenados como contaminantes humanos.

    Israel y sus aliados occidentales, como vio James Baldwin, se encaminan hacia la «terrible probabilidad» de que las naciones dominantes «que luchan por aferrarse a lo que han robado a sus cautivos y son incapaces de mirarse en el espejo, precipiten un caos en todo el mundo que, si no pone fin a la vida en este planeta, provocará una guerra racial como el mundo nunca ha visto».

    Lo que falta no es conocimiento –nuestra perfidia y la de Israel son parte del registro histórico– sino el coraje para nombrar nuestra oscuridad y arrepentirnos. Esta ceguera voluntaria y amnesia histórica, esta negativa a rendir cuentas ante el imperio de la ley, esta creencia de que tenemos derecho a usar la violencia industrial para ejercer nuestra voluntad marca el comienzo, no el final, de las campañas de matanza masiva del Norte Global contra las legiones crecientes de pobres y vulnerables del mundo.

    Chris Hedges es un escritor y periodista ganador del Premio Pulitzer. Fue corresponsal en el extranjero durante quince años para The New York Times.

    Texto original: The Chris Hedges Report, traducido del inglés por Sinfo Fernández.

  • Frente al fascismo, ¡Ni un paso atrás Presidenta!

    Frente al fascismo, ¡Ni un paso atrás Presidenta!

    Yaomautzin Olvera Lara

    Frente a las intenciones injerencistas y las hipócritas, arbitrarias, injustas, irresponsables y gravísimas declaraciones y calumnias que el gobierno de Donald Trump ha realizado en contra del Gobierno de México por supuestamente tener alianzas con organizaciones criminales, debemos, como mexicanas y mexicanos, estar orgullosos de la firmeza con que la primera presidenta en la historia de nuestro país ha afrontado uno de los contextos geopolíticos más complejos a nivel internacional.

    Ha dejado claro que quienes son responsables en gran medida de la violencia de los grupos criminales que se dedican a pasar droga de México a los Estados Unidos (por la alta demanda que existe en ese país)  han sido históricamente las corporaciones armamentistas estadounidenses, que venden armas de alto poder a estos grupos criminales y casualmente, financiaron la propia campaña del presidente Trump.

    La presidenta, en su declaración, evidenció que el gobierno de México ha asegurado en cuatro meses más de 40 toneladas de drogas, incluyendo 20 millones de dosis de fentanilo, además de haber detenido a más de diez mil personas vinculadas a esos grupos criminales.

    La alianza del trumpismo con la extrema derecha, con los sectores más ultraconservadores, racistas y xenófobos de la sociedad estadounidense, supone una amenaza para los derechos humanos y ha desencadenado ya muchos actos de agresión, hostigamiento y violencia en contra de los sectores más vulnerables de la sociedad.

    Esta nueva ola global de la derecha busca acabar con el consenso de los derechos humanos, criminalizar a los migrantes, perseguir a la comunidad LGBTIQ+, continuar con la destrucción del medio ambiente y negar la existencia del cambio climático, así como seguir destruyendo los derechos de las y los trabajadores.

    Estamos frente al inicio de una guerra comercial consecuencia de la decadencia del gobierno de los Estados Unidos, que ha venido perdiendo su hegemonía a nivel global, no ha podido pagar su deuda pública y ha venido fracasando en su intento por someter e imponer sus políticas a diversos pueblos del mundo.

    Si bien no es con aranceles que se vayan a solucionar las diferencias entre los gobiernos, el Gobierno de México se ha mostrado a la altura imponiendo sanciones recíprocas a las importaciones de productos de fabricación estadounidense.

    No cabe duda de que se vienen tiempos complejos y difíciles para México y el mundo, afortunadamente tenemos al frente del país a una estadista de la talla de Claudia.

    Las ranas vuelven a pedir intervención en tiempos de la Cuarta Transformación: A vueltas con la derecha mexicana

    Frente al llamado a la unidad nacional con el fin de hacer frente a las pretensiones trumpianas de extorsionar a nuestro país mediante la imposición de aranceles, vemos cómo, de nueva cuenta, la derecha mexicana (que sigue arrastrando el lastre del narco-estado que impulsó el gobierno de Felipe Calderón de la mano de Genaro García Luna, hoy preso por sus vínculos con el narcotráfico) aplaude las acciones injerencistas del gobierno de Estados Unidos.

    El servilismo es tal que su discurso se desmorona.

    Ayer paladines del TLC, hoy defensores de la imposición de aranceles.

    Ayer demócratas estadounidenses, hoy acérrimos aliados republicanos.

    En realidad, la traición a la patria y la miseria política es lo que los caracteriza.

    Por eso, una vez más hay que decir:

    ¡Patria sí, intervencionismo, no!

    ¡Que viva nuestra soberanía nacional y nuestra cuarta transformación!

  • Los aranceles de Trump, la oportunidad para que México se convierta en potencia

    Los aranceles de Trump, la oportunidad para que México se convierta en potencia

    Por Luis Piña

    Se cumplen dos semanas desde que Donald Trump asumió la presidencia de los Estados Unidos, y el panorama mundial no es más que la materialización de lo que ya se preveía: descalificaciones constantes contra gobiernos y organismos internacionales, su victimización ante la crisis de adicciones que azota a su país y su insistencia en posicionar a Estados Unidos como la única potencia militar y económica. Nada distinto a lo que prometió en campaña.

    En este contexto, el anuncio del sábado sobre la imposición de un arancel del 25 % a las exportaciones mexicanas tampoco es una sorpresa. Como era de esperarse, las redes sociales y los opinadores reaccionaron con discursos apocalípticos sobre una inminente crisis para México y para Estados Unidos. Sin embargo, más allá del impacto económico que tendrá esta medida, lo que pocos mencionan es la oportunidad histórica que se abre para México.

    Hoy más que nunca, México tiene la posibilidad de emerger como una de las potencias económicas más relevantes del continente y del mundo. Actualmente, más del 14 % de los productos que consume Estados Unidos provienen de México. La imposición de aranceles afectará sin duda la economía estadounidense, pero también brinda a México un motivo para replantear su modelo económico y fortalecer sectores clave que han sido abandonados debido a la dependencia del mercado estadounidense.

    El neoliberalismo consolidó la subordinación económica de México a Estados Unidos, desmantelando industrias estratégicas y debilitando la producción nacional en favor de importaciones. Sin embargo, este nuevo escenario abre la posibilidad de revertir esa tendencia y convertirnos en una potencia equiparable a China, Rusia o Brasil, e incluso superar a Estados Unidos en algunos sectores.

    México dejó de producir ciertos bienes esenciales debido a su dependencia de productos estadounidenses, entre ellos:

    • Petróleo refinado: A pesar de ser una potencia petrolera, México dejó de refinar crudo y optó por comprar gasolina, diésel y otros energéticos del extranjero. Es momento de reactivar la refinación nacional y recuperar la soberanía energética.
    • Industria automotriz: México es líder en la exportación de autopartes, pero el ensamblaje final de algunos vehículos ocurre en Estados Unidos. Este es el momento de fortalecer nuestra industria y comenzar a ensamblar más automóviles en el país para su venta en América Latina y otros mercados, gracias a la ventaja geográfica que tenemos y la facilidad de acceso marítimo a Europa o Asia.
    • Tecnología para la industria: Contamos con universidades especializadas y talento en ingeniería, pero la falta de inversión ha limitado la producción de tecnología propia. Apostar por el desarrollo tecnológico podría convertir a México en un líder en innovación industrial. Bien lo sabe la presidenta Claudia, quien es científica y ha padecido este problema.
    • Productos agrícolas: Antes del Tratado de Libre Comercio, México era una de las naciones con mayor producción agrícola. Sin embargo, la apertura comercial llevó al abandono del campo, provocando migración y desigualdad. Si Trump quiere reducir la migración, la mejor respuesta de México es recuperar la inversión en el sector agrícola, impulsar la producción local y fortalecer el mercado interno.

    El reto, sin embargo, no es solo económico, sino también cultural. Durante años, se ha inculcado la idea de que Estados Unidos es el centro del mundo y que nuestra economía depende inevitablemente de su benevolencia. Cambiar esta mentalidad es clave para fortalecer una identidad económica independiente y enfocada en el desarrollo interno.

    Por otro lado, no se trata solo de resistir los embates de Trump, sino de pensar estratégicamente en el futuro. México tiene los recursos, el talento y la capacidad para diversificar sus mercados y establecer nuevas alianzas internacionales. Mirar hacia América Latina, Asia y Europa puede ser el primer paso para reducir la dependencia de Estados Unidos.

    La historia nos ha enseñado que las crisis pueden ser puntos de inflexión. Este es el momento para decidir si seguimos siendo un país que espera con temor las decisiones de un líder extranjero o si asumimos el control de nuestro destino. La pregunta no es si podemos hacerlo, sino si tenemos la voluntad de aprovechar el momento. ¿Nos atreveremos a construir nuestro propio camino o seguiremos esperando que otros nos dicten el rumbo?

  • Oposición odia a los migrantes

    Oposición odia a los migrantes

    Por José García Sánchez

    La oposición le apuesta a la confusión, al desastre, al extravío, para echar abajo todo esfuerzo que realice el gobierno mexicano para rescatar en buenas condiciones a los paisanos que regresan al país. A estos personajes no les importa quién salga herido cuando se trata de golpear al gobierno ante la falta de argumentos propios para competir por el poder en igualdad de circunstancias.

    Difunden requisitos erróneos para que los indocumentados mexicanos desistan de utilizar los medios que el gobierno de la 4T ofrece. Ya no se trata de narrar una realidad paralela, sino de destruir las alternativas que el gobierno ofrece a los inmigrantes que regresan a México. Ahora se trata de hacerles daño para desgastar al gobierno, lo cual debería ser castigado severamente.

    En nombre de una lógica que acuerdan previamente, difunden por diferentes medios una versión tergiversada de lo que puede servir de tabla de salvación para muchos latinos y, sobre todo, mexicanos en Estados Unidos. Pero personajes como Mariana Gómez del Campo, un tal Jesús y Mario DiConstanzo descalifican una aplicación que da esperanza a los mexicanos que regresen a nuestro país.

    Su método, saturado de mentiras e interpretaciones falsas, consiste en dejar de lado dicho esfuerzo del gobierno y en que los inmigrantes sean abandonados a su suerte. La derecha adopta un radicalismo que lacera la libertad de la población y sabotea el desarrollo del gobierno. Ambos motivos son auténticos delitos que deben colocar a esta escoria en la cárcel.

    Son títeres de intereses que ellos ni siquiera imaginan, pero dicen tener la razón, aunque sea para destruir, lo cual es, de acuerdo con su discurso violento, una costumbre de la derecha.

    Utilizar los medios como sustituto de las urnas es una estrategia que emprendieron desde 2018, pero definitivamente no les ha funcionado. Al contrario, al mostrar un nado sincronizado que dice lo mismo en diferentes canales, los agentes de información perversa hacen evidente de dónde proviene la línea propagandística que disfrazan de información. Personajes como Dóriga, Ciro, Alazraki, Pepe Cárdenas, Loret, Brozo, Pascal, entre otros, se desenmascaran ellos mismos; sin embargo, quienes vienen de Estados Unidos, a quienes dichos personajes y medios les han servido para conocer las circunstancias del país, desconocen su labor manipuladora aunque la intuyen, pero siguen teniéndolos como ruta de noticias.

    La guerra mediática de la derecha tiene como objetivo un golpe de Estado blando y hace su trabajo para descarrilar la 4T. Nadie puede detenerlo, y si se intenta hacerlo, acusarían en foros internacionales desaparición de la libertad de expresión.

    Esos personajes son utilizados a cambio de dinero para servir de carne de cañón que seguirá inventando la realidad de México, ya sea planeando el golpe a corto o mediano plazo. En esa perspectiva, los medios de la derecha surgen como hongos; representan, además de todo, un buen negocio y sin riesgos. Siempre habrá gente con dinero que le apuesta al regreso al pasado.

    Confundir con la información a la población es el primer paso para dominarla y crear un ambiente de incertidumbre, donde cualquier cambio se convierte en una esperanza para los poco informados. Desconocen, porque carecen de elementos para saber la realidad del país, que los cambios que provienen de la derecha sólo benefician a sus similares, como sucedió por más de 100 años en México.

    El deseo de exterminar a los pobres, que son para la derecha los enemigos de sus intereses, se muestra con la tergiversación de los programas que dan la bienvenida a los deportados. Los vocingleros del conservadurismo radical los descalifican al 100 %, tratando de que no sean usados y de que, si los utilizan, tengan en cuenta que no son seguros, por lo que la incertidumbre y el miedo seguirán acompañándolos incluso en su propia tierra a causa de la manipulación de unos personajes que han perdido el alma de tanto odio y la vergüenza por la ansiedad de rescatar sus privilegios.