Tag: Miguel Ángel Ferrer

  • Elecciones entre dos únicas sopas

    Elecciones entre dos únicas sopas

    Miguel Ángel Ferrer

    Una de las mayores conquistas de la sociedad moderna es la llamada división de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Se trata de evitar la concentración del poder.

    En general no hay este problema cuando los tres poderes comparten la misma ideología. O, mejor dicho, cuando sirven a la misma clase social.

    Así pasa en todo el mundo. Y los pocos conflictos que pueden darse son sobre cuestiones menores, simples luchas por el poder entre diversas facciones de la clase social dominante. 

    Son los casos, por ejemplo, de Estados Unidos, Inglaterra, España o Francia.  Y así pasaba en México. Y esa situación prevaleció durante muchas décadas. Eran pleitos entre distintos grupos de ricos, entre diversos grupos de oligarcas.

    Pero, luego de decenios de lucha social, el obradorismo llegó al Poder Ejecutivo y ganó buena parte del Legislativo. Bastó con ganar las elecciones de cada uno de esos dos poderes.

    Sin embargo, para formar y renovar el Poder Judicial no hay elecciones. Es un poder que se ha formado y renovado por vía puramente burocrática. Y ahí está enquistada desde hace décadas la oligarquía, con sus correspondientes sentimiento e ideología antipopulares.

    Esta es la razón de que en México el Poder Judicial le juegue permanentemente las contras al Poder Ejecutivo y a la parte del Legislativo que se identifica con las causas populares y que se opone al dominio de la oligarquía.

    Esta contradicción entre los poderes del Estado es irresoluble en las actuales condiciones políticas y jurídicas del país. Para resolverla es necesario que el Poder Judicial adquiera y tenga carácter democrático, es decir, que a sus miembros los elija la ciudadanía, el pueblo, por la misma vía que son elegidos los miembros de los otros dos poderes. 

    Se requiere para ello una reforma constitucional que disponga que así debe ser. Esa reforma constitucional exige mayoría calificada, que en el caso mexicano implica contar con dos tercios de los miembros del Congreso.

    Si no se logra esa mayoría calificada, el Poder Judicial seguirá  al servicio de la oligarquía y opuesto a la transformación política en curso.

    Políticamente la oligarquía está representada por tres partidos: Acción Nacional, Revolucionario Institucional y de la Revolución Democrática, los tres de triste memoria.

    De modo que en las elecciones generales del dos de junio de 2024, la ciudadanía podrá elegir a sus representantes entre dos únicas sopas: el obradorismo o la oligarquía.

  • Teoría y práctica de la intervención del Estado en la economía

    Teoría y práctica de la intervención del Estado en la economía

    Por Miguel Ángel Ferrer

    Es muy difícil negar teóricamente la pertinencia de la intervención del Estado en la economía. Pero negarla en el terreno de la práctica es sencillamente imposible. Ciertamente, la sociedad en general no posee los elementos suficientes para comprender y debatir teóricamente el asunto.

    Pero ocurre lo contrario en el terreno de la práctica. Todo el mundo comprende la pertinencia y la imperiosa necesidad de que el Estado intervenga en los procesos de producción y distribución de los bienes materiales que dan sustento a la vida.

    Esto acontece ahora mismo en el México de hoy. La población del país es testigo privilegiado y beneficiario de las bondades personales y sociales que conlleva el intervencionismo estatal en la economía.

    Inversamente la sociedad comprende lo nocivo que resulta la ausencia del Estado en los procesos económicos, ausencia que propicia, como a todos nos consta, una monstruosa concentración de la riqueza social, con sus puñados de magnates coexistiendo con millones de personas que carecen hasta de lo más indispensable.

    Y esta situación, vigente en las cuatro últimas décadas, empezó a cambiar a partir de la llegada del obradorismo al gobierno, tiempo en el que se ha reducido ostensiblemente la pobreza y la desigualdad social.

    La fórmula para este logro es muy sencilla. Simplemente se han trasladado por la vía fiscal ingentes recursos económicos de los sectores opulentos de la sociedad hacia los segmentos empobrecidos.

    Los ejes rectores han sido, esencialmente, la salud y la educación públicas. Y también desde luego una enorme inversión pública en obras de infraestructura, como presas, caminos, obras de riego y vivienda.

    Pero todo esto que ya existía y que poco a poco fue abandonado por los gobiernos neoliberales entre 1983 y 2018, fue retomado y potenciado por el obradorismo. 

    Dicho en otras palabras se trató de un retorno a las políticas económicas keynesianas, con un agregado que no contemplaba el keynesianismo, y que es la renta universal, es decir la asignación directa de recursos monetarios a millones de personas.

    El conservadurismo, desde luego, critica y se opone a estas medidas justicieras, sensatas y con una sólida base científica. Pero esto, que es muy importante, languidece frente a la práctica y la experiencia social. 

    Por la vía de los hechos la sociedad ha comprobado la necesidad y pertinencia de la intervención del Estado en la economía. Y contra la experiencia vivida valen poco o nada los discursos privatizadores en contra de la intervención del Estado en la economía.

  • La 4T y el estado de bienestar

    La 4T y el estado de bienestar

    Por Miguel Ángel Ferrer

    esde las primeras décadas del siglo veinte empezaron a tomar cuerpo una teoría y una práctica económicas que recibieron el nombre de Estado de Bienestar. Históricamente los primeros y máximos exponentes de estas dos nuevas ideas fueron los llamados países nórdicos.

    Curiosamente, el nacimiento de esta novedosa forma de mirar la economía coincidió con los aires socialistas y revolucionarios que empezaron a soplar en el mundo, y sobre todo en Europa, a raíz del triunfo de la revolución bolchevique.

    Se trató de un enfoque destinado a evitar el contagio de las ideas colectivistas entre las masas populares. Y también de mostrar que el capitalismo podía ser menos feroz, menos inequitativo, menos inhumano.

    Las bases del desarrollo de esa original idea fueron la salud y la educación públicas, es decir, gratuitas. Un poco más tarde se adicionó el llamado seguro de desempleo, que protegía a los trabajadores del mayor flagelo del capitalismo que es la desocupación.

    El ejemplo escandinavo se propagó velozmente. Y tuvo su mayor auge en la segunda posguerra mundial, hasta los años ochenta en que surgió la llamada contrarrevolución monetarista, igualmente denominada neoliberalismo.

    Desde luego, la nueva doctrina que prometía mayor prosperidad e igualitarismo sólo consiguió lo contrario, sobre todo en materia de empleo, situación que dio lugar a una nueva idea que proponía y propone una política económica para paliar los renacidos infernales efectos del capitalismo en la inmensa mayoría de la población humana.

     Esta teoría económica, también renacida, es el antiguo Estado de Bienestar nórdico o escandinavo, con un nuevo componente: la renta básica universal: una asignación monetaria directa, sin contraprestación alguna, para todos los habitantes de un país.

    A partir de la victoria electoral de López Obrador en diciembre de 2018, el gobierno mexicano abandonó la política económica neoliberal y adoptó la teoría y la práctica del Estado de Bienestar. 

    Se reforzaron la salud y la educación públicas y otras modalidades de intervención estatal y beneficio popular. Entre estas últimas se encuentra la pensión básica universal para los adultos mayores de 65 años y las becas a estudiantes, discapacitados y madres solas.

    Estas asignaciones son crecientes en monto y en número de beneficiarios, por lo que puede afirmarse que el obradorismo y la Cuarta Transformación (4T) mexicana es el inicio de la cristalización de la práctica de la Renta Básica Universal, y con ello, de un avance descomunal del Estado de Bienestar.

  • Sin salud pública la vida no es vida

    Sin salud pública la vida no es vida

    Miguel Ángel Ferrer

    Para el mayor del Ejército Mexicano Miguel Ángel Ferrer de Paz

    En el mercado de la salud de México, una operación de cataratas cuesta entre seis mil y cincuenta mil pesos por cada ojo. Una intervención de glaucoma tiene precios semejantes. Como ambos padecimientos son bastante comunes, sobre todo en ancianos, para la medicina privada se trata de un muy buen negocio.

    Pero resulta una verdadera catástrofe para las personas que carecen de recursos económicos suficientes para tratarse. En este último caso, el destino ineluctable del enfermo (joven o de la tercera edad) es quedarse ciego.

    Afortunadamente, en México existe la medicina pública o social, que sin costo alguno y con notable eficiencia realiza, ambas cirugías. Es el caso del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), del ISSSTE, de la Secretaría de Salud y del Hospital Central Militar, entre otras instituciones del Estado.
    Y así como pasa en los casos de cataratas y glaucoma, ocurre una cosa semejante con muchas otras patologías. A título de ejemplo ahí está el cáncer de mama o el de próstata o el cérvico uterino.

    En el caso del cáncer de mama, entiendo que entre estudios radiológicos y de laboratorio, cirugías, quimioterapia y radioterapia, el costo del tratamiento puede alcanzar los 300 mil pesos. De modo que el ineludible destino de quien no posee tales recursos monetarios es la muerte temprana. 

    Habrá quien diga, desde luego, que existen los seguros médicos (privados) de gastos mayores. Pero éstos resultan enormemente onerosos. Entre la póliza, el coaseguro y los deducibles, el costo total del servicio se encuentra fuera del alcance de la inmensa mayoría de la población.

    Frente a estos hechos puede decirse con plena convicción que sin salud  pública, la vida no es vida. O que, como diría José Alfredo Jiménez en su célebre composición Caminos de Guanajuato, la vida no vale nada.
    Por ello es tan encomiable el propósito del gobierno del presidente López Obrador de dotar a todos los mexicanos de un servicio médico universal absolutamente gratuito y de alta calidad.

    El pie de arranque de esta meta gubernamental se encuentra en las instituciones de salud pública ya mencionadas. El camino ya está muy avanzado y, sin duda, cuenta con el apoyo de la inmensa mayoría de la población.

    “No se tomó Zamora en una hora”, reza el refrán español. Pero indudablemente Zamora será tomada, más temprano que tarde, por los pacíficos y numerosos adeptos de la Cuarta Transformación.

  • Obradorismo contra neoliberalismo

    Obradorismo contra neoliberalismo

    Por Miguel Ángel Ferrer

    Los ideólogos y los voceros de la derecha mexicana quieren pintar de fracaso al gobierno de López Obrador. Es la nueva bandera de lucha del conservadurismo autóctono.

    Pero un simple vistazo a las cifras económicas y a la realidad social y política del país permite comprobar que la visión derechista no tiene fundamento.

    Existen suficientes evidencias que contradicen el discurso de los adversarios de la Cuarta Transformación. Pero ese discurso masivo no consigue penetrar en la conciencia popular, en el cerebro de los millones de ciudadanos que ven en el obradorismo el mejor, y más bien único camino de mejoría económica y social. 

    Y aquí está la clave del asunto que es la percepción social. La gente, el pueblo, las masas no les creen a esos ideólogos y voceros de la derecha. Y como lo muestran encuesta tras encuesta y elección tras elección, el sentir mayoritario es muy favorable al obradorismo.

    Pero además, es muy notorio que la derecha no tiene plan ni programa ni oferta política atractiva para el pueblo ni figuras de prestigio. Por este último motivo es explicable que los conservadores hayan decidido fabricar mediáticamente una figura pública potable, como es esa saltimbanqui  política llamada Xóchitl Gálvez.

    Pero que Gálvez sea una candidata hechiza, falsa no significa que no vaya a cosechar votos en las elecciones generales de 2024. Ella y cualquier otro candidato del bloque conservador tiene asegurados muchos millones de sufragios.

    Esos millones de votantes constituyen el techo histórico de la votación para azules y tricolores, es decir, de la derecha partidista (entre ambos partidos 16 millones de votos en los comicios de 2018). Para que la derecha repita tales cifras tendría que ir unida. Y eso tampoco se ve fácil. 

    Por su parte, el obradorismo tiene un techo de más de 30 millones de sufragios. De  modo que se puede vaticinar un nuevo triunfo de Morena y el obradorismo en los comicios de 2024. En realidad la verdadera disputa política por la Presidencia y el Congreso se está dando ya en Morena entre Marcelo Ebrard, Claudia Sheinbaum y Adán Augusto López Hernández.

    La gente sabe o intuye que con cualquiera de esta terna está garantizada la victoria del anti neoliberalismo. Esta es la disyuntiva popular: Claudia, Marcelo o Adán.

  • El Poder Judicial contra Morena

    El Poder Judicial contra Morena

    Por Miguel Ángel Ferrer

    Las elecciones generales de 2018 establecieron una nueva correlación de fuerzas políticas en México. Por un lado, el pueblo llano; y por otro una amplia masa de individuos de pensamiento radicalmente conservador.

    Mirado el asunto desde el punto de vista de los partidos políticos, esa gran masa de ciudadanos está representada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y por el Partido Acción Nacional (PAN).

    En los comicios generales de 2018 el PRI obtuvo siete millones de votos, en tanto que el PAN cosechó nueve millones de sufragios, frente a los más de treinta millones que sufragaron por Morena. 

    Hasta el momento, cinco años después de aquellos comicios históricos, la nueva correlación de fuerzas se mantiene más o menos igual. De modo que la confrontación comicial de 2024 se dará entre Morena y los partidos políticos de la derecha: PRI y PAN.

    Pero el conservadurismo mexicano es mucho más amplio que su representación partidista. Hasta hace poco tiempo la derecha contaba descaradamente entre sus aliados con el Instituto Nacional Electoral (INE).

    Hoy ya no cuenta con ese descarado aliado. Pero cuenta, también descaradamente, con el Poder Judicial. Y es aquí donde se está dando la disputa política.

    Hace falta, entonces, trabajar por una nueva correlación de fuerzas. Y la posibilidad de hacerlo se presentará en los comicios generales de 2024 con una meta clara para Morena: lograr la mayoría calificada, es decir, ganar dos tercios del total de los votos emitidos. O, dicho de otro modo, contar con dos terceras partes de los diputados y senadores.

    El conservadurismo por su parte no puede aspirar ni a la Presidencia de la República ni a la mayoría calificada en el Congreso. Su meta central consiste en impedir que Morena logre la mayoría calificada.

    Esto es así porque si Morena logra la mayoría calificada podrá modificarse la Constitución, paso imprescindible para reformar el Poder Judicial, el gran aliado, o lacayo, del conservadurismo.

    Mientras no se reforme el Poder Judicial, la situación actual prevalecerá y será más difícil la urgente transformación del país. No se sabe, ciertamente, cuál será el resultado de la puja por la mayoría calificada en el Congreso.

    Sólo se puede especular. Pero aún así hay signos y señales que apuntan hacia el logro por Morena de los dos tercios del Congreso.

  • Morena: el reto y la tarea

    Morena: el reto y la tarea

    Miguel Ángel Ferrer

    Elección tras elección y encuesta tras encuesta se confirman el auge de Morena y la declinación de los partidos de derecha. Pero la derecha tiene mil caras. Una de éstas es el Poder Judicial.

    Ahí, en el Poder Judicial, la derecha se ha atrincherado. Y desde este, su baluarte, encabeza la oposición al obradorismo, es decir, a la Cuarta Transformación de México.

    También cuenta a su favor con una gran influencia en los medios de comunicación. Pero carece de semejanza parecida en las fuerzas armadas, un factor siempre presente en los golpes de Estado, como lo demuestran en la actualidad los casos de Bolivia, Ecuador y Perú en América Latina. Y como lo revelan igualmente los acontecimientos de Ucrania.

    Esta carencia de poder en las fuerzas armadas más o menos garantiza que en México no pueda darse un golpe castrense. Los afanes golpistas de la derecha se encuentran en los medios de comunicación y en buena parte, quizás la mayor proporción, en el Poder Judicial.

    Como fuerza política militante, en el Poder Judicial se concentran los propósitos golpistas de la derecha. Y está claro para la Cuarta Transformación que sus avances dependen de limitar la fuerza del ultra derechizado Poder Judicial. 

    Pero ese afán no puede concretarse sin que, previamente, Morena cuente con mayoría calificada en el Congreso. Y para lograr esto habrá que esperar a los comicios generales de 2024 en que será renovado el Congreso.

    En cuanto a que Morena retenga la Presidencia y gane la mayoría simple, no hay duda. El problema está en obtener los dos tercios del Congreso.

    Aquí está la clave. Y a lograrlo esta abocado Morena. Y a impedirlo se dedica la derecha. Todo apunta, sin embargo, a que las fuerzas liberales y progresistas logren su cometido.

    Mientras llega ese momento la lucha política e ideológica continuará con los dos bandos bien identificados. Por un lado Morena y sus partidarios, y por el otro el corrompido Poder Judicial.

    Este no puede ofrecer sino más de lo mismo, es decir, la continuidad de las políticas neoliberales, esto es, un mayor empobrecimiento popular, estancamiento económico, desempleo, inflación desbordada, devaluaciones permanentes y creciente dependencia con respecto a Estados Unidos.    

     Vistas así las cosas, no es improbable que Morena logre en el Congreso la ansiada mayoría calificada, es decir, las dos terceras partes del Congreso. Aquí están, bien claritos, el reto y la tarea.

  • Cambios radicales y positivos

    Cambios radicales y positivos

    Por Miguel Ángel Ferrer

    El México del año 2023 es muy distinto al México anterior a ese año. Para empezar, desapareció el fraude electoral organizado desde la cúpula del poder, es decir, desde la presidencia de la república.

    Y es evidente y constatable que hoy existe, por primera vez, la división de poderes. Ha desaparecido la subordinación, servidumbre, mejor dicho, al Poder Ejecutivo de los otros dos poderes del Estado (el Legislativo y el Judicial).

    En el caso del Judicial, no sólo terminó aquella servidumbre. Ahora incluso hay enfrentamiento y pelea abierta y pública. Ya no existe el emblemático teléfono rojo que usaba el jefe del Ejecutivo para darle instrucciones al presidente de la Suprema Corte.

    Frente a estos dos ejemplos, ¿habrá alguien que se atreva a sostener que el sistema político mexicano no ha cambiado sustancial, radical y positivamente?

    Ahora la cuestión es saber el resultado de este enfrentamiento. Pero es evidente que la Corte ha empezado este pleito en condiciones de notoria desventaja ética. Mientras la Presidencia de la República goza de enorme prestigio y apoyo popular, la Corte se encuentra absolutamente desprestigiada y con bien ganada fama pública de institución corrupta, podrida. Y lo que se dice de la Suprema Corte puede decirse, igualmente, del Poder Judicial en su totalidad.

    En esta áspera lucha política cada uno de los bandos trabaja en la búsqueda  de aliados. El Poder Judicial cuenta con la mayor parte de los medios de información. Pero no se ven muchos otros.

    En el caso del Poder Legislativo, es claro que las fuerzas están divididas, pero con notoria mayoría en favor de Palacio Nacional en proporción de dos a uno. O dicho en términos de porcentaje, al menos el 66 por ciento está con López Obrador, en tanto que el 33 por ciento restante se alínea con el Poder Judicial.

    Sin embargo, en los pasados comicios intermedios, Morena, el partido que llevó a López Obrador a la Presidencia no logró ese 66 por ciento. Es decir, no consiguió la mayoría calificada que es indispensable para reformar la Constitución y seguir avanzando en la transformación positiva del país.

    De modo que lograr esa mayoría calificada será la tarea principalísima de Morena en las próximas elecciones generales de 2024. Y hasta el momento las encuestas y los resultados de las elecciones locales apuntan que Morena cuenta con mucho más del 66 por ciento, digamos 70 por ciento.

  • Dos ideologías vivas y vigentes

    Dos ideologías vivas y vigentes

    Miguel Ángel Ferrer

    La conmemoración del 85 aniversario de la expropiación petrolera reunió a cientos de miles de mexicanos en plan celebratorio. Ese mitin fue un acto político de multitudinario apoyo al Presidente López Obrador. Pero más que político fue un acto ideológico.

    En esa asamblea pública, en representación de muchos millones de ciudadanos, los asistentes expresaron su acuerdo y respaldo a la política anti privatizadora de los bienes públicos.

    Esa reunión demostró la fuerza popular de las ideas nacionalistas, independentistas y soberanistas de la gran mayoría de la población mexicana. Una ideología que sobrevivió a los más de cuarenta años de propaganda y educación privatizadoras.

    Pero eso ya se sabía. Recuérdese que tal pensamiento nacionalista, siempre presente en la cabeza del los mexicanos, tuvo una primera gran expresión multitudinaria en 1988, en la campaña política y en la insurrección electoral encabezada por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, a quien la oligarquía,  no tuvo más opción que robarle la Presidencia de la República mediante masivo y escandaloso fraude electoral. 

    De modo que si aquellos insurrectos electorales fueron políticamente derrotados de mala manera, esos hechos demostraron que las ideas nacionalistas y anti privatizadoras del pueblo mexicano seguían vivas y con gran fuerza y arraigo social a todo lo largo y ancho del país.

    Esas ideas, vivas y presentes, fueron el factor principal de la victoria electoral  que llevó a López Obrador a ganar la Presidencia de la República en 2018. Y que condujo al abandono de la política privatizadora y al regreso y fortalecimiento de las ideas contrarias.

    Ideas contrarias que enarbola el bloque conservador y sus apéndices electorales, es decir, el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

    Frente a este panorama es muy fácil dilucidar el comportamiento del electorado en los próximos comicios presidenciales y de renovación del Congreso de la Unión. Y lo mismo puede afirmarse de las gubernaturas estatales.

    Esto, finalmente, quiere decir que en las subsiguientes elecciones se enfrentarán las dos ideologías vigentes en el México actual. Por un lado el conservadurismo privatizador, y frente a éste la ideología, el pensamiento  liberal, patriótico y anti privatizador de la mayoría de la población mexicana.

  • García Luna y el fanatismo panista

    García Luna y el fanatismo panista

    Por Miguel Ángel Ferrer.

    El caso García Luna ha resultado un golpe demoledor para el Partido Acción Nacional (PAN). De sus dirigentes principales, uno (Ricardo Anaya) está auto exiliado en Estados Unidos; el otro (Felipe Calderón) puso pies en polvorosa, y se encuentra en España, bajo la protección del fascismo peninsular.

    Por lo que toca a sus militantes, históricamente escasos, el caso García Luna no tendrá mayores consecuencias. Pero a cambio sí las tendrá en la masa ciudadana que había hecho del panismo su opción política preferida. Recordemos que en las elecciones generales de 2018 el PAN obtuvo nueve millones de votos contra siete millones del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y los 30 millones de votos en favor de Morena y de López Obrador.

    En consecuencia la pelota está en la cancha de esos nueve millones que sufragaron por los azules en 2018. ¿Volverán a votar por el panismo, luego de constatar que el verdadero PAN es una partido inmoral, una organización  cuya cúpula es una banda de ladrones?

    Y no sólo de rateros, sino que están muy ligados al narcotráfico. ¿El votante  panista medio seguirá dándole su confianza a tipos de la calaña de Anaya, Calderón y Fox?

    No lo sabemos. Habrá que esperar a los comicios de 2024 para saberlo. Pero, en principio, los simpatizantes del PAN tienen una muy buena opinión de sí mismos, lo que hace difícil que acepten apoyar a una pandilla de malhechores como Anaya, Calderón, Fox y García Luna.

    Pero la ideología conservadora del PAN y de los panistas es un fuerte impulso para oponerse a las políticas populares y nacionalistas de Morena y López Obrador.

    Y bien se sabe que la ideología conservadora tiene un componente de fanatismo, lo que hace a los panistas oponerse incluso a aquellas políticas públicas de las que son beneficiarios, como la pensión a los adultos mayores. Porque quién no tiene en su familia un adulto mayor: ricos, pobres y clasemedieros, todos estamos en ese costal.

    Digamos, entonces, que la disputa por la Presidencia de la República y la mayoría en el Congreso se librará entre el PAN y Morena. Y es claro que, por cuenta del panismo, un componente central de esa lucha será la ideología conservadora, no las obras de gobierno.

    Por eso es tan importante tratar de dilucidar qué tanto daño ha hecho el caso García Luna en las posibilidades del panismo para volver a conquistar el corazón del ciudadano más o menos conservador y también más o menos fanatizado.