Tag: Enrique Krauze

  • Voto dividido, otra trampa de la derecha

    Voto dividido, otra trampa de la derecha

    Por Miguel Ángel Ferrer

    Uno de los más conocidos voceros e ideólogos de la ultraderecha mexicana, Enrique Krauze, aconseja a los ciudadanos practicar en la elecciones generales el llamado voto dividido: sufragar por el candidato presidencial de su preferencia, pero al mismo tiempo votar por los abanderados de un partido distinto al del candidato presidencial.

    Como está claro para Krauze que en los comicios generales de 2024 será imposible vencer a Morena, a éste y al conservadurismo se les ha ocurrido la idea de evitar que el candidato presidencial de este partido obtenga la mayoría en el Congreso de la Unión, con el obvio propósito amarrarle las manos al presidente o presidenta morenista, quien no podría gobernar con el Congreso en contra. 

    Un Congreso opositor frenaría cualquier propuesta de beneficio popular y en favor de la nación. Sería una manera eficaz de frenar o descarrilar la transformación económica y política puesta en marcha por Morena desde diciembre de 2018.

    Frente a la idea conservadora del voto dividido existe la propuesta contraria: el voto indiviso, es decir, sufragar por todos los candidatos de Morena, y darle así al presidente o presidenta morenista la posibilidad de continuar la obra transformadora en marcha. 

    La propuesta conservadora anunciada por Krauze es en realidad una trampa. Aconseja el voto dividido con el pretexto de evitar la acumulación de poder en un solo partido. Pero lo que en verdad busca es la dispersión del poder con el fin de evitar los cambios que han perjudicado a la derecha y beneficiado al pueblo.

    Por ejemplo: si la sociedad hubiera dividido su voto en las elecciones de 2018, el Presidente no habría logrado hacer ley la prohibición de la condonación de impuestos. Ni hubiera conseguido elevar a rango constitucional las pensiones para los adultos mayores.

    Como tampoco habría podido rescatar de manos privadas nacionales, pero sobre todo extranjeras, las industrias eléctrica y petrolera, lo que hubiera perpetuado la dependencia energética del país.

    El voto dividido habría hecho imposible la recuperación del salario hoy presente, así como los significativos y constantes incrementos del salario mínimo que se han dado en los últimos cuatro años.

    A la derecha, evidentemente, le conviene el voto dividido. Y al pueblo, por lo contrario, lo que le conviene es el voto indiviso, es decir, todos los sufragios, sin importar los nombres de los candidatos, para el programa democrático, popular y transformador  de Morena.

  • El malestar de los intelectuales neoliberales

    El malestar de los intelectuales neoliberales

    Los últimos exabruptos del conocido académico Sergio Aguayo Quezada, profesor-investigador de El Colegio de México, investigador del SNI-CONACYT y con investigaciones destacadas sobre la violencia en México, resumen el malestar prevaleciente entre ciertas elites académicas en México, cuyo prestigio construido en los pasados 30 años cae estrepitosamente.

    El académico pasó de comparar la politiquería del conflicto en el CIDE, CPI-CONACYT (atizada por grupos afines a Enrique Cabrero, exdirector del CONACYT, quien repartió dinero público a empresas extranjeras y mexicanas dizque para hacer investigación, y a Claudio X. González) con la represión en el 68, afirmando que los “intelectuales” son más populares que AMLO.

    Sin posibilidades de probar su dicho, reprodujo un par de datos en redes sociales a partir de una encuesta de fines del año pasado, en la que más del 80% de los encuestados resaltaba la importancia de la ciencia y aprobaba la mejora de las universidades. Si ambos indicadores le sirven al académico para sustentar su dicho de la “mayor” popularidad de los intelectuales, yerra.

    Para muchos mexicanos, la ciencia y mejores universidades son asuntos importantes, pero no son indicadores de “mayor” apoyo a los intelectuales o que tengan una base social masiva como la del presidente de México, o más amplia. Los intelectuales, sin duda, son personajes fundamentales en la vida cultural, social, económica, política y crítica de cualquier país.

    Sin embargo, representan un reducido –muy reducido- sector de la población, así como a una limitada fracción de la sociedad. En la historia de las naciones han jugado un papel importante, en particular por su cercanía al poder político y a los gobernantes, acorde con la clásica perspectiva de Antonio Gramsci del intelectual orgánico. Pero sirven para justificar y legitimar un régimen.

    El intelectual Aguayo es parte de un reducido grupo de académicos que en los pasados 30-40 años se consolidó por sus destacadas opiniones, investigaciones, activismo, por su cercanía al poder y por ser parte de grupos conformados en torno a ciertos personajes, revistas, instituciones académicas. Personajes como Aguayo adquirieron resonancia, prestigio y relevancia con y ante el poder político.

    Durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari dos grupos de intelectuales orgánicos despuntaron. Uno, conformada en torno a las revistas Vuelta, con Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura, a la cabeza, y Enrique Krauze, su segundo de abordo; y el otro, abanderado por Héctor Aguilar Camín, líder de la revista Nexos, en la que no pareció haber un único operador, sino varios fieles seguidores.

    Como se ha dado a conocer públicamente, ambos grupos se beneficiaron de prebendas, contratos y diversos privilegios que los catapultaron en el imaginario social de ciertas elites y sectores de la sociedad mexicana, como caudillos culturales que, bajo el mecenazgo de los gobiernos del PRI y el PAN, fueron imponiendo sus ideas, ideología y visión de la sociedad.

    Con los gobiernos del PRI y el PAN (1988-2018), los intelectuales orgánicos mexicanos se consolidaron como grupos de poder que hicieron negocios y justificaron con sus ideas al poder político. Quizás el neoliberalismo de la tecnocracia educada en el ITAM, Harvard, Yale, y otras universidades mexicanas y extranjeras, no se hubiese afianzado sin su presencia.

    Si bien la tecnocracia en el gobierno tuvo la tarea central en la imposición y normalización del neoliberalismo en México, la influencia de los intelectuales orgánicos en la vida social, económica, política y cultural, fue importante. Los grupos en torno a las revistas Vuelta y Nexos acompañaron con ideas, análisis, reflexiones, sustentadas o no, el despliegue neoliberal.

    Por ejemplo, el conocido libro de Enrique Krauze, Por una democracia sin adjetivos (1986), cuyo principal antecedente fue un artículo publicado en la revista Vuelta en 1984, presentó aspectos del liberalismo que posteriormente serían complementados por los extremismos del neoliberalismo: libertad individual, libre mercado, estado pequeño, precariedad laboral, todo a ultranza.

    La libertad individual a ultranza socavó lo colectivo y la vida comunitaria. El libre mercado implicó la desregulación de la vida económica, política, social y cultural. El estado pequeño obligó a los gobiernos a administrar los ingentes problemas sociales, dejando a las llamadas ONG, financiadas por el propio gobierno, asumir lo que ideológicamente rechazaba el neoliberalismo.

    Si bien en los pasados cuarenta años se comenzó a construir una sociedad de derechos, en algunos casos fue simulación, además de que algunas ONG, que se erigieron en representantes de diversos grupos sociales y salvaguarda de distintos derechos, justificaron las atrocidades de los gobiernos neoliberales. Ciertas organizaciones aplaudieron algunas causas aparentemente justas.

    Fue el caso de organizaciones que apoyaron la guerra contra el narco, pero jamás vieron los contubernios de funcionarios con los delincuentes. El ejemplo preciso es el gobierno de Felipe Calderón, cuya guerra contra el narco y sus crímenes de lesa humanidad fueron justificados y acompañados por intelectuales y ONG, sea callando o participando de diverso modo.

    El modelo neoliberal, impuesto y promovido por los gobiernos del PRI y el PAN, fue bien codificado por la frase acuñada por el fallecido Carlos Castillo Peraza: el triunfo cultural de su partido, adecuado a los extremismos del neoliberalismo: libre mercado, no intervención del Estado, entre otros aspectos. Por delante los negocios, sin importar sus implicaciones.

    Con el arribo del presidente Andrés Manuel López Obrador al poder político en 2018, comenzó el desmantelamiento de algunas de las bases que sostienen el modelo neoliberal. Sin duda sus efectos entre la intelectualidad orgánica han sido devastadores. Se acabaron los contratos, compra de espacios publicitarios, revistas, edición de libros con cargo al erario, entre otros aspectos.

    Pero no solo el fin de los negocios les produjo malestar a los intelectuales. Quizás el hecho de marginarlos de la agenda nacional, en términos ideológicos y políticos, es lo que más les afecta. El actual presidente y su gobierno los redujo a opinantes por cuya narrativa ya no les pagan, convirtiéndose en activos detractores, no críticos, de las transformaciones en marcha.

    El malestar intelectual es signo de las transformaciones que actualmente están en marcha. La intelectualidad mexicana de los últimos 30 años se consolidó bajo el manto del poder político, no sólo por sus aportaciones al conocimiento y la ciencia en general, sino también con negocios y dinero público para diversidad de situaciones poco transparentes.

    Fuente Polemón

  • Libertad de expresión sí. Pero tapón a cínicos, demagogos, corruptos, enriquecidos, mentirosos

    Libertad de expresión sí. Pero tapón a cínicos, demagogos, corruptos, enriquecidos, mentirosos

    Enrique Krauze y Felipe Calderón.

    1. Hoy escuché a Enrique Krauze -entrevistado por Ciro Gómez- al presentar un libro de artículos y ensayos que escribió desde el gobierno de Miguel de la Madrid hasta la presidencia de López Obrador (1982 a 2021).

    Este personaje, junto a Aguilar Camín, Jorge Castañeda y otros parecidos a ellos, hace mucho que –si tuvieran vergüenza por su entreguismo a todos los gobiernos, sumisión y oportunismo- deberían estar calladitos. Los tres son “intelectuales” con mucho dinero recibido de los gobiernos y los empresarios porque han sabido moverse en varios negocios como empresarios en libros, revistas, programas televisivos y el Castañeda como secretario de Relaciones Exteriores del gobierno derechista de Fox.

    2. No me interesan sus relaciones familiares, pero políticamente los tres inteligentes en el “análisis de la realidad” –además de anticomunistas-  han apoyado a los gobiernos en turno con sus consejos; por ello también los gobernantes han colaborado económicamente con los “intelectuales” en las ediciones de sus empresas, comprándoles decenas de miles de sus libros y revistas. Conozco gran parte de los libros y ensayos históricos de Krauze, he leído poco de Aguilar, pero de éste  y de Castañeda conozco artículos, entrevistas y muchas declaraciones. Son personajes con pocas ideas, muy derechistas, que se colocaron en el mercado metiéndose mucho en programas televisivos donde lograron ser muy conocidos.

    Periodistas enriquecidos durante el sexenio de Enrique Peña Nieto.

    3. Los tres fueron “analistas críticos” de diferentes gobiernos con los que –al ser también sus consejeros- nunca se confrontaron porque siempre les otorgaron muy grandes subsidios. Los libros de Krauze que con más interés y entusiasmo leí fueron los “Caudillos culturales…”  (1976) y los tres tomos de “Siglo de caudillos” (1994-1997). El libro que hoy presentó Krauze, como él mismo dijo, es una recopilación de sus principales ensayos que abarcan 40 años de gobiernos. Lo destacado en esa presentación no fue Krauze sino el periodista Gómez Leyva que repitió sus palabras fascistas de siempre demostrando con ello que derechistas López Dóriga y Loret de Mola le quedan chicos. Debe tener un hígado muy fuerte o a punto de estallar.

    4. Ahora se publica que al fin el presidente López Obrador empezó a apretar con un “acuerdo de infraestructura para agilizar procesos” relacionados con las obras de gobierno. Con él busca evitar los amparos de grupos de interés que buscan hacer fracasar las obras, por lo que les pidió actuar con decencia. Y puso un ejemplo: “¿Se imaginan si a Claudio X. González, papá e hijo, junto con el ex ministro Cossío, se les ocurre que hay que meter un amparo para detener la obra porque está muy lejos el aeropuerto”? Meten un amparo que apoya un corruptísimo juez para frenar la obra y con ello ya no se terminaría, comentó a la prensa López Obrador.

    5. De manera especial destacó que el acuerdo –que no decreto, precisó– ayudará para culminar las obras en tiempo. Por ese hecho casi todos los medios de información enemigos de López Obrador lo han estado calificando de dictador. Yo, al contrario, pienso que debe dar más fuerza a su gobierno blandengue para evitar que sus enemigos lo sigan montando a su gusto. Ya parece gobierno de  “primero los ricos” porque ninguno de los 500 denunciados como ladrones, vendedor de concesiones y asesinos, va a la cárcel. ¿Por qué no se elevan los impuestos a los ricos y se les obliga a pagarlos? ¿Qué pasaría si como en El Salvador cesan de sus funciones jueces, magistrados, así como los que estén cobrando más que el presidente?

    Blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com