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	<title>Capitalismo &#8211; La Cuarta Transformación</title>
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	<title>Capitalismo &#8211; La Cuarta Transformación</title>
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		<title>Ciencia y tecnología en el capitalismo, la mercantilización del conocimiento</title>
		<link>https://www.lacuartatransformacion.org/ciencia-y-tecnologia-en-el-capitalismo-la-mercantilizacion-del-conocimiento/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jan 2025 16:44:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia y Tecnología]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Tecnología]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">A raíz de los dichos del<a href="https://contralinea.com.mx/interno/semana/directivo-de-banxico-se-lanza-contra-el-cide-y-las-universidades-publicas/">&nbsp;representante del Banco de México ante la Junta de Gobierno del CIDE, Santiago Bazdresch Barquet,</a>&nbsp;en los que aseguró que en el Centro de Investigación y Docencia Económicas “hay 16 nuevas contrataciones de las cuales sólo dos o tres vienen de universidades reconocidas internacionalmente. Las demás son de universidades que no está claro que mejoren la plantilla. Uno de los contratados es del propio CIDE, lo cual es muy grave que una institución contrate a sus propios egresados, porque puede generar endogamia”, se generó una amplia discusión sobre el&nbsp;<strong>colonialismo académico</strong>, el elitismo, racismo y&nbsp;<strong>discriminación</strong>&nbsp;como prácticas recurrentes que&nbsp;<strong>persisten en la academia</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para abonar a la discusión desde un enfoque crítico, me centraré en reflexionar en torno a la ciencia y el desarrollo científico y tecnológico en el capitalismo, a propósito de una lectura que hice hace algún tiempo de dos volúmenes que fueron publicados en la década de 1970, pero que no han perdido su vigencia y actualidad. Me refiero al texto coordinado por Rose y Rose,&nbsp;<em>Economía política de la ciencia&nbsp;</em>y&nbsp;<em>Radicalizar la ciencia</em>. En estas dos obras se reflexiona sobre la&nbsp;<strong>práctica científica en el marco del desarrollo capitalista</strong>. Con frecuencia se argumenta que la ciencia y su práctica está despojada de ideología, pero como bien afirma el filósofo Luis Villoro, esta aseveración es en sí misma ideológica. La ciencia es una praxis y una relación social y el objetivo de la economía política de la ciencia es dar cuenta de las relaciones de poder y dominación insertas en dicha relación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la obra de Rose y Rose se hace una amplia reflexión crítica en torno a los problemas asociados a la práctica científica y al desarrollo tecnológico presentes en los años de su publicación e incluso que son problemáticas que siguen vigentes: la cuestión de la mujer en la ciencia; el elitismo científico que se expresa, entre otras cosas, en el profundo divorcio entre la sociedad, la ciencia y los científicos; la&nbsp;<strong>inutilidad práctica de muchos de los estudios que se realizan en las universidades y centros de investigación</strong>&nbsp;(financiados con dinero público, la mayoría de las veces) y que no tienen ningún impacto en la resolución de los problemas más acuciantes de la humanidad; el problema del cientificismo, entre otros. A éstos, agregaría uno que se ha generalizado a nivel global y que es el de&nbsp;<strong>la cienciometría, es decir, la legitimación del trabajo científico a través de la “producción científica”</strong>&nbsp;y sus supuestos impactos, que se miden por el número de citas, número de&nbsp;<em>papers</em>&nbsp;publicados, entre otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como lo establece&nbsp;<a href="https://marxismocritico.com/2015/01/30/ciencia-publicaciones-cientificas-y-cienciometria/#more-9919">Carles Soriano</a>, “para el capital, la actividad científica es ese tipo de trabajo cualificado que se incorpora en los procesos productivos junto a trabajo de menor cualificación y, en este sentido,&nbsp;<strong>la ciencia se halla plenamente subsumida por el capital</strong>. Sin embargo, al tratarse de trabajo cualificado desarrollado mayoritariamente en universidades y centros públicos de investigación, el capital no paga por la fuerza de trabajo que constituyen los investigadores científicos.” Subsumida por el capital, también la “producción científica” deja de ser un valor de uso para completarse en una mercancía. Hoy día, explica Soriano, los grandes grupos editoriales han penetrado el campo de la “producción científica” triplicando el número de publicaciones científicas y convirtiendo este ámbito en un negocio más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Explica que “la industria editorial de la literatura científica no es, pues, muy distinta de la industria editorial de la literatura a secas o de la industria del arte. Todas ellas operan en el ámbito de la intermediación, con mercancías&nbsp;<em>sui generis</em>, cuyo precio no se determina por la ley del valor en sentido estricto”. Todo ello, cabría reflexionar en qué realmente contribuye a solucionar los problemas de la gente, la verdadera endogamia está en el negocio y la mercantilización del conocimiento, de la ciencia y de la producción científica que además está sometida no sólo por intereses mercantiles de la industria editorial, sino por el predominio de los enfoques epistémicos dictados por las revistas con “mayor prestigio”. Cabe decir que muchas de las publicaciones e investigaciones son directamente financiadas con dinero público o dinero de los propios grupos de investigación que buscan que su trabajo tenga visibilidad, reconocimiento y prestigio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de la generación de ganancias para los grandes grupos editoriales, la explotación se ejerce también con los revisores, a quienes no se les paga por esta tarea que también es un trabajo, sumado a que las y los autores de los artículos en muchas ocasiones incluso son los que tienen que poner dinero de su bolsa para poder publicar sus investigaciones. Lo que siempre se pierde de vista es&nbsp;<strong>que detrás de toda publicación científica se esconde un proceso de mercantilización del conocimiento manejado por la industria editorial</strong>, que marca las pautas de cómo se tiene que “producir el conocimiento”, quién y qué se publica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un mundo definido por las crisis,&nbsp;<strong>habría que pensar y re-pensar la función social de la producción científica</strong>, el rol de la academia en la actual coyuntura de crisis civilizatoria, qué papel deben tener las universidades y las y los productores de conocimiento frente a un mundo en el que avanza a pasos agigantados la extrema derecha y el fascismo se erige como única opción. Por tanto considero de suma trascendencia que se abra el debate y la reflexión y sobre todo volver a pensar en los términos que lo plantearon Rose y Rose al hacer una crítica desde la economía política a la ciencia y la producción del conocimiento en el capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ruth Dávila*</p>



<p class="wp-block-paragraph">* Directora de la División de Estudios Multidisciplinarios del Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE.</p>
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		<title>El trabajo infantil, el motor invisible del capitalismo</title>
		<link>https://www.lacuartatransformacion.org/el-trabajo-infantil-el-motor-invisible-del-capitalismo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Oct 2024 22:28:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Editor]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajo Infantil]]></category>
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					<description><![CDATA[El trabajo infantil del capitalismo pesado al capitalismo ligero El artículo analiza la evolución del trabajo infantil dentro de los sistemas capitalistas, desde el llamado «capitalismo pesado» (caracterizado por la era industrial) hasta el «capitalismo ligero» o actual (más relacionado con los servicios y las tecnologías). Se aborda cómo las transformaciones económicas, sociales y políticas &#8230;]]></description>
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<h3 class="wp-block-heading"><strong>El trabajo infantil del capitalismo pesado al capitalismo ligero</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">El artículo analiza la evolución del trabajo infantil dentro de los sistemas capitalistas, desde el llamado «capitalismo pesado» (caracterizado por la era industrial) hasta el «capitalismo ligero» o actual (más relacionado con los servicios y las tecnologías). Se aborda cómo las transformaciones económicas, sociales y políticas han impactado las dinámicas del trabajo infantil, su regulación y sus implicaciones en distintos contextos históricos.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>1. Contexto histórico del trabajo infantil en el capitalismo pesado</strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">Durante la Revolución Industrial en Europa y Norteamérica, el trabajo infantil era una parte integral de las economías capitalistas emergentes. Las fábricas necesitaban mano de obra barata y accesible, lo que llevó a la utilización masiva de niños en tareas repetitivas y peligrosas. El «capitalismo pesado» se refiere a una fase en la cual la economía dependía en gran medida de la producción industrial, y el trabajo físico en minas, fábricas y otros entornos industriales demandaba a los niños por su habilidad para realizar tareas que los adultos no podían hacer tan fácilmente (como entrar en espacios pequeños).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta época, las condiciones de trabajo eran extremadamente duras. Los niños, al igual que los adultos, trabajaban largas jornadas, a menudo de más de 12 horas, y en condiciones insalubres y peligrosas. Las enfermedades, lesiones y muerte prematura eran comunes. Sin embargo, el trabajo infantil era visto como una extensión natural del rol económico de las familias, que dependían de los ingresos de todos sus miembros para sobrevivir en un contexto de salarios bajos y pocas protecciones laborales.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>2. Las primeras regulaciones y su impacto</strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">Con el tiempo, surgió una creciente conciencia pública sobre los abusos cometidos contra los niños trabajadores. Escritores, periodistas y reformadores sociales documentaron las condiciones de trabajo, lo que llevó a una mayor presión para regular el trabajo infantil. El texto explora cómo las primeras leyes destinadas a limitar el trabajo infantil surgieron en países como Inglaterra, con el <strong>Factory Act</strong> de 1833, que introdujo restricciones sobre las horas de trabajo y la edad mínima para ciertos empleos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de estas primeras regulaciones, las leyes eran difíciles de aplicar y no afectaban de manera significativa la realidad laboral de muchos niños, especialmente en regiones rurales o en sectores menos visibles como la agricultura y el trabajo doméstico. Sin embargo, estas leyes sentaron las bases para una regulación más estricta y la eventual prohibición del trabajo infantil en muchas partes del mundo industrializado.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>3. Transición al capitalismo ligero</strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">El concepto de «capitalismo ligero» se refiere a un cambio en la estructura económica, en el que la industria manufacturera pesada ha dado paso a una economía basada más en los servicios, el comercio y las tecnologías de la información. Este cambio también ha transformado la naturaleza del trabajo infantil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A diferencia del capitalismo pesado, donde los niños eran explotados principalmente en fábricas y minas, en el capitalismo ligero el trabajo infantil ha adoptado nuevas formas, muchas de ellas menos visibles. En lugar de trabajar en entornos industriales, los niños ahora son explotados en sectores como la agricultura, el trabajo doméstico y, en algunas partes del mundo, en trabajos relacionados con la tecnología y la producción digital.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El artículo menciona que, aunque el trabajo infantil ha disminuido en las economías desarrolladas, sigue siendo un problema importante en los países en desarrollo, donde los niños son utilizados en diversas formas de trabajo informal y en la producción para cadenas de suministro globales. En muchos casos, los niños trabajan en condiciones tan precarias como las de la era industrial, aunque los entornos de trabajo han cambiado.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>4. El rol de la globalización</strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">La globalización ha jugado un papel crucial en la perpetuación del trabajo infantil en el capitalismo ligero. Las corporaciones multinacionales, en su búsqueda por reducir costos, externalizan la producción a países donde las regulaciones laborales son laxas o inexistentes. En estos contextos, los niños son empleados en fábricas, en la agricultura, o en el sector informal para producir bienes que luego se comercializan a nivel global.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, la globalización ha creado un «mercado negro» para el trabajo infantil, donde los niños pueden ser explotados en actividades ilegales o en condiciones que están fuera del control de los gobiernos nacionales. El artículo destaca cómo, en muchos casos, las leyes internacionales y los tratados sobre derechos humanos no son suficientes para proteger a los niños trabajadores en un mundo globalizado.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>5. Las formas modernas de trabajo infantil</strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">En el capitalismo moderno, el trabajo infantil ha tomado formas más encubiertas y complejas. Los niños no solo son explotados en trabajos físicos, sino también en entornos digitales y tecnológicos. En algunos países, los niños son utilizados en trabajos relacionados con la tecnología, como la minería de minerales necesarios para dispositivos electrónicos, o en trabajos de ensamblaje en fábricas tecnológicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, las formas más tradicionales de explotación infantil, como el trabajo en la agricultura, la manufactura y el trabajo doméstico, siguen siendo comunes, especialmente en países en vías de desarrollo. Las cadenas de suministro globales permiten que productos elaborados con mano de obra infantil lleguen a mercados desarrollados, lo que hace que sea difícil para los consumidores saber si están apoyando involuntariamente la explotación infantil.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>6. Impacto en el desarrollo infantil</strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo infantil tiene consecuencias devastadoras en el desarrollo físico, emocional y psicológico de los niños. Los niños trabajadores a menudo sufren de malnutrición, fatiga crónica y lesiones relacionadas con el trabajo. Además, el acceso limitado a la educación perpetúa un ciclo de pobreza, ya que los niños que trabajan no pueden adquirir las habilidades necesarias para mejorar sus condiciones de vida en el futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El artículo analiza también cómo el trabajo infantil afecta las relaciones familiares y comunitarias, creando dinámicas de dependencia económica que dificultan la erradicación de este fenómeno. Las familias a menudo dependen de los ingresos generados por el trabajo infantil para sobrevivir, lo que dificulta la implementación de políticas que prohíban completamente el trabajo de los menores.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>7. Políticas internacionales y el futuro del trabajo infantil</strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo de las últimas décadas, organizaciones internacionales como la <strong>Organización Internacional del Trabajo (OIT)</strong> y el <strong>Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)</strong> han liderado iniciativas para erradicar el trabajo infantil. Sin embargo, el progreso ha sido lento y desigual. Aunque algunos países han logrado avances significativos en la reducción del trabajo infantil, en otros, especialmente en África y Asia, sigue siendo una práctica común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El artículo señala que para erradicar verdaderamente el trabajo infantil, es necesario un enfoque multifacético que aborde no solo las leyes laborales, sino también la pobreza, la educación y la desigualdad de género. Además, se requiere una mayor cooperación entre gobiernos, empresas y organizaciones no gubernamentales para garantizar que los productos fabricados con mano de obra infantil no ingresen en los mercados internacionales.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Conclusión: Los desafíos del futuro</strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">El artículo concluye que, a pesar de los avances en la regulación y la concienciación sobre el trabajo infantil, queda mucho por hacer. En el capitalismo moderno, el trabajo infantil ha cambiado de forma, pero no ha desaparecido. Mientras la economía global continúe dependiendo de la mano de obra barata y sin regulación, el trabajo infantil seguirá siendo un problema persistente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las soluciones deben centrarse en la creación de alternativas económicas para las familias, la mejora de los sistemas educativos y la implementación efectiva de leyes laborales en todo el mundo. Solo mediante un enfoque integral será posible erradicar el trabajo infantil y garantizar un futuro más justo y equitativo para los niños de todo el mundo.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Las violencias contra las mujeres: Un problema sistémico</title>
		<link>https://www.lacuartatransformacion.org/las-violencias-contra-las-mujeres-un-problema-sistemico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Nov 2022 16:50:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nacional]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[CDTM]]></category>
		<category><![CDATA[Mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia de Género]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/11/image-70.png" alt="" class="wp-image-7900" width="837" height="471" srcset="https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/11/image-70.png 640w, https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/11/image-70-300x169.png 300w, https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/11/image-70-390x220.png 390w" sizes="auto, (max-width: 837px) 100vw, 837px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph"><em>*(Cuando nos referimos a mujeres, nos referimos a toda persona que se identifique como mujer).</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En ocasión de recordar, este 25 de noviembre, el Día Internacional para la erradicación de la violencia contra las mujeres, en todo el mundo, desde el CADTM Internacional queremos subrayar la necesidad de hacer una lectura sistémica de este problema global. Queremos un mundo libre de machismo, de racismo y de pobreza. Y para construir este mundo nuevo, es fundamental entender que las violencias contra las mujeres no son un problema individual, reducido al espacio privado del hogar, sino que son parte de un entramado sistémico, colonial, capitalista y patriarcal. Construir una alternativa emancipadora pasa por denunciar y actuar sobre los cimientos de la opresión. Y esto implica ir más allá de lo visible, de la punta del iceberg de dichas violencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Desentrañar las violencias para transformar el mundo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos referimos a las violencias patriarcales, en plural, porque consideramos que tienen múltiples formas: física, psicológica, sexual, laboral, económica, colonial, etc. Y todas están entrelazadas. Y reconocemos que todas ellas tienen un origen material, enraizado en el modo de producción económica capitalista. Atravesamos un periodo de varias crisis que se superponen en el tiempo y avanzan en paralelo a nivel global: la crisis energética, la crisis sanitaria, la crisis económica, la crisis alimentaria, la crisis climática, el avance de la extrema derecha, etc. Que acarrean un el cuestionamiento de muchos de los avances que se han dado en las luchas contra las violencias patriarcales, al mismo tiempo que se transforman y acrecientan las formas de dichas violencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este sentido son fundamentales los análisis de los movimientos feministas, especialmente desde los feminismos latinoamericanos, que llevan años haciendo esta lectura sistémica de las violencias patriarcales, denunciando la violencia financiera y económica y, la correlación entre el endeudamiento (externo e interno) y la grave situación con respecto a los feminicidios que atraviesa el continente: “Nos queremos vivas, libres y desendeudadas” (Argentina); “¡Nos deben una vida!” (Chile); “¡Nosotras contra la&nbsp;<a href="https://www.cadtm.org/Deuda"><em>deuda</em></a>!” (Puerto Rico).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La deuda es violencia capitalista y patriarcal</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el Sur y en el Norte, las deudas ilegítimas han sido y son una herramienta de dominación y de transferencia de riquezas que no hacen más que asentar la imbricación del patriarcado y capitalismo y reforzar un sistema neoliberal fundado en las desigualdades y, también, en las violencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En todo el mundo, los Estados endeudados se ven obligados a aplicar políticas de austeridad o planes de&nbsp;<a href="https://www.cadtm.org/Ajuste-estructural"><em>ajuste estructural</em></a>, en nombre del pago de la deuda pública. ¿Y esto en qué se traduce? En la privatización de los servicios públicos, reducción de los gastos públicos (sanidad, educación, empleo, etc.), liberalización de la economía, eliminación de subsidios y subvenciones, aumento del IVA,&nbsp;<a href="https://www.cadtm.org/Inflacion"><em>inflación</em></a>, precariedad laboral, destrucción de suelos y ecosistemas, eliminación de ayudas a la agricultura, etc. Tanto en el Sur Global como en el Norte este abanico de medidas antisociales acarrea las mismas consecuencias: recurrir al endeudamiento privado para poder hacer frente al encarecimiento del coste de la vida. Fundamentalmente, en los hogares y en los espacios de la reproducción social, con consecuencias, especialmente, graves para las poblaciones más vulnerables y las mujeres como trabajadoras, usuarias mayoritarias de servicios específicos y como personas asignadas a los cuidados. De esta manera se recrudece e intensifica la guerra contra la autonomía económica de las mujeres, aumentando su obligación de endeudarse para sobrevivir y de instalarse cada vez más en situaciones de violencia. El endeudamiento (público y privado) sirve como herramienta para disciplinar a la población.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La imposición de medidas antisociales para priorizar el reembolso de la deuda pública genera violencia:</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/1f7e3.png" alt="🟣" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />  Violencia es que en algunos países del mundo sea imposible para las mujeres tener&nbsp;<strong>autonomía financiera</strong>&nbsp;si no es a través del&nbsp;<strong>endeudamiento</strong>. Como que el&nbsp;<strong>microcrédito&nbsp;</strong>sea una de las pocas oportunidades para las mujeres para entrar en el mundo del trabajo, para acceder a la autonomía financiera o para poder continuar sus estudios.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/1f7e3.png" alt="🟣" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />  Violencia es&nbsp;<strong>invisibilizar el trabajo de cuidados</strong>, de reproducción social y de mantenimiento de los hogares (actualmente nuevos espacios para la&nbsp;<strong>colonización financiera</strong>&nbsp;a través del endeudamiento privado) y, en consecuencia, la&nbsp;<strong>desvalorización&nbsp;</strong>de un trabajo asignado a las mujeres. Ante esta lógica los cuerpos y las vidas de las mujeres son considerados como desechables, tanto en la dinámica de producción capitalista como a nivel social:&nbsp;<strong>feminicidios</strong>,&nbsp;<strong>trata de personas</strong>,&nbsp;<strong>explotación laboral</strong>,&nbsp;<strong>feminización de la pobreza</strong>, etc.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/1f7e3.png" alt="🟣" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />  Violencia es que haya mujeres<strong>&nbsp;“atadas” a hogares no seguros&nbsp;</strong>por carecer de autonomía económica, porque corren el riesgo de quedarse sin hogar, de perder a sus hijos o porque se han endeudado para poder asumir el coste de servicios básicos para su familia (comida, sanidad, educación, etc.)</p>



<p class="wp-block-paragraph"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/1f7e3.png" alt="🟣" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />  Violencia patriarcal son las&nbsp;<strong>políticas extractivistas, de mercantilización y explotación desenfrenada de la naturaleza</strong>, que despojan de recursos naturales y de las tierras de cultivo tradicional a las poblaciones locales. Lo que afecta especialmente a las mujeres campesinas, que además de&nbsp;<strong>poner sus cuerpos al servicio de la defensa de la tierra</strong>&nbsp;e impedir su destrucción, ven cómo estas políticas conllevan un&nbsp;<strong>recrudecimiento de la violencia contra mujeres y niñas</strong>&nbsp;y de la exacerbación de las desigualdades de género en los territorios en los que se implementan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos son sólo algunos ejemplos de cómo medidas antisociales impuestas para priorizar el pago de la carga de la deuda pública (tales como la destrucción de empleo, de los medios de subsistencia, la privatización de servicios públicos o el recorte en gastos sociales, etc.) contribuyen, de Norte a Sur, generan violencias patriarcales (físicas, económicas y mentales).&nbsp;<strong>Así es como endeudamiento público y endeudamiento privado se entrelazan.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El endeudamiento privado es el último recurso ante la carencia de autonomía económica, la dificultad de acceso a un empleo, la falta de políticas públicas para liberar a las mujeres de la carga del trabajo (invisible) de la reproducción social. Es así como las finanzas colonizan los hogares, cómo perennizan el entramado de violencias patriarcales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como señalábamos al inicio, una alternativa emancipadora pasa por denunciar y actuar sobre los cimientos de la opresión, uno de esos cimientos son las deudas ilegítimas. Tal y como exponíamos en el manifiesto «<a href="https://www.cadtm.org/MANIFIESTO-CADTM-8-MARZO-POR-UN-IMPAGO-FEMINISTA-DE-LA-DEUDA">Por un impago feminista de la deuda</a>», publicado por el CADTM Internacional el 8 de marzo de 2021, exigimos:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/1f7e3.png" alt="🟣" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />  La&nbsp;<strong>CANCELACIÓN DE LA DEUDA PÚBLICA</strong>&nbsp;de los países del Sur con todos los acreedores: bilaterales, multilaterales y privados y ANULACIÓN DE LAS DEUDAS ILEGÍTIMAS, una condición necesaria, aunque no suficiente, para garantizar el respeto de los Derechos Humanos.<br><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/1f7e3.png" alt="🟣" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> &nbsp;<strong>LUCHAR CONTRA LA DEUDA PRIVADA</strong>&nbsp;y proponer&nbsp;<strong>ALTERNATIVAS AL MICROCRÉDITO</strong>&nbsp;como las economías solidarias que ya se están experimentando en algunas regiones del mundo y que pueden alimentar nuestras reflexiones; que mientras exista el microcrédito, exigimos un tipo de&nbsp;<a href="https://www.cadtm.org/Interes"><em>interés</em></a>&nbsp;a 0%, una mejora de las condiciones impuestas por las IFI, limitados por la adopción de leyes nacionales.<br><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/1f7e3.png" alt="🟣" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />  Establecer una&nbsp;<strong>AUDITORÍA FEMINISTA DE LA DEUDA</strong>&nbsp;(que debería incluir la dimensión feminista, es decir, tener en cuenta la contribución no reconocida de las mujeres a la economía y proponer soluciones como la socialización de los cuidados con la implicación de todos los actores sociales y económicos en estas actividades de las que dependen todas las personas), incluyendo en esta dimensión la auditoría e investigación de las diversas formas de abuso cometidas por las organizaciones de microfinanzas, donde las mujeres representan más del 80% de las prestatarias.<br><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/1f7e3.png" alt="🟣" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />  Apostar por una&nbsp;<strong>EDUCACIÓN NO MACHISTA/SEXISTA</strong>&nbsp;y sensibilizar sobre la discriminación y la violencia contra las mujeres*, así como sobre los derechos sexuales y reproductivos (como el derecho al aborto) y los derechos de las mujeres en general en todas las esferas de la vida; Asegurar en la práctica el&nbsp;<strong>FIN DE LAS DESIGUALDADES DE GÉNERO</strong>&nbsp;en todas las esferas de la vida, mediante la discriminación positiva y la educación popular.<br><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/1f7e3.png" alt="🟣" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> &nbsp;<strong>ACABAR CON LA DISTRIBUCIÓN DEL TRABAJO DE LA REPRODUCCIÓN SOCIAL EN FUNCIÓN DEL GÉNERO</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestro actual desafío es radicalizar los procesos de lucha que ya estamos construyendo desde una <strong>perspectiva de pluralidad de sujetos y de resistencia al actual modelo</strong>. Es preciso avanzar para desmantelar este modo de vida basado en las violencias patriarcales, la injusticia y la explotación y transitar hacia nuevas formas de vincularnos <strong>donde la sostenibilidad de la vida sea el centro</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.cadtm.org/Las-violencias-contra-las-mujeres-un-problema-sistemico">CDTM</a></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Beneficiarse del sufrimiento: «Los mejores tiempos» para los multimillonarios</title>
		<link>https://www.lacuartatransformacion.org/beneficiarse-del-sufrimiento-los-mejores-tiempos-para-los-multimillonarios/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Jun 2022 18:26:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Multimillonarios]]></category>
		<category><![CDATA[OXFAM]]></category>
		<category><![CDATA[Pobreza]]></category>
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					<description><![CDATA[La pandemia de coronavirus ha estado entre “los mejores tiempos registrados en la historia para la clase multimillonaria”, según Oxfam en su informe Beneficiarse del Sufrimiento. Escrito por&#160;James Fleming, Partido Socialista (ASI en Irlanda) Mientras que un número cada vez mayor de personas pobres y de clase trabajadora han estado sacrificando comidas, calor, atención médica y otras &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="950" height="530" src="https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/06/image-110.png" alt="" class="wp-image-5643" srcset="https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/06/image-110.png 950w, https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/06/image-110-300x167.png 300w, https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/06/image-110-768x428.png 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px" /></figure>
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<h4 class="wp-block-heading">La pandemia de coronavirus ha estado entre “los mejores tiempos registrados en la historia para la clase multimillonaria”, según Oxfam en su <em>informe </em>Beneficiarse del Sufrimiento.</h4>



<p class="wp-block-paragraph">Escrito por&nbsp;<em>James Fleming</em>, Partido Socialista (ASI en Irlanda)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras que un número cada vez mayor de personas pobres y de clase trabajadora han estado sacrificando comidas, calor, atención médica y otras necesidades, los multimillonarios han estado matando, literalmente. Una persona muere cada minuto de hambre. Los precios de los alimentos aumentaron más del 30 % con respecto al año pasado y empujarán a 263 millones de personas adicionales a la “pobreza extrema” —ganando menos de $1.90 por día— en 2022; eso es más que las poblaciones de Alemania, Francia, Gran Bretaña y España combinadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cientos de miles de irlandeses se enfrentan a precariedades este verano, incluidos 200.000 niños.&nbsp;<em>The Irish Times</em>&nbsp;escribió, “la pandemia y ahora los fuertes aumentos en los precios de los alimentos y la energía han sido, simplemente, una bonanza” para los empresarios multimillonarios. Los nueve multimillonarios de Irlanda aumentaron su riqueza en 15,500 millones de euros desde 2020, hasta un total de 51,000 millones de euros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según&nbsp;<em>Forbes</em>, ahora hay 2.668 multimillonarios en todo el mundo con una&nbsp;<a href="https://mkorostoff.github.io/1-pixel-wealth/">inconcebible</a>&nbsp;riqueza de 12,7 billones de dólares (12.700.000.000.000 de dólares). Bezos, Musk y otros plutócratas dentro de la lista de los diez más ricos del mundo han acumulado “más riqueza que el 40% inferior de la humanidad, o 3,100 millones de personas”.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Los trabajadores pagan el costo</h3>



<p class="wp-block-paragraph">En marzo de 2022, presenciamos “el mayor salto en los precios de los alimentos desde que las Naciones Unidas comenzaron a registrar”. Los salarios reales están disminuyendo ya que la paga de los trabajadores no se mantiene al nivel del costo de vida. Como informa Oxfam, “nunca ha sido más caro ser pobre”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicha inflación se describe como un costo de&nbsp;<em>vida en aumento,</em>&nbsp;pero para muchas personas es un costo de&nbsp;<em>supervivencia en aumento;&nbsp;</em>el aumento de los precios de los alimentos y la energía, sin mencionar los altos precios de los alquileres y la vivienda, afectan principalmente a las personas de clase trabajadora que ya batallan. La comida, la energía, la vivienda y la atención médica no son lujos sino nuestros medios de subsistencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Oxfam ha utilizado la etiqueta&nbsp;<a href="https://twitter.com/hashtag/ProfitingFromPain?src=hashtag_click">#ProfitingFromPain</a>&nbsp;para crear conciencia sobre su informe. La etiqueta es apropiada: el capitalismo se beneficia del dolor. La fuente del beneficio es la explotación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La increíble riqueza de unos pocos y la pobreza generalizada entre miles de millones de personas no son cuestiones separadas. Oxfam informa que “el rápido aumento de la riqueza multimillonaria y la crisis del costo de vida que enfrentan miles de millones de personas son el mismo fenómeno”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1867, Karl Marx había demostrado que “la acumulación de riqueza en un polo es, por lo tanto, al mismo tiempo, acumulación de miseria, agonía del trabajo, ignorancia, brutalidad, degradación mental, en el polo opuesto”. Este mes de mayo,&nbsp;<em>The Irish Times&nbsp;</em>afirmó que la gente común está “<a href="https://www.irishtimes.com/news/ireland/irish-news/irish-billionaire-s-club-saw-fortunes-swell-by-15-5-billion-during-the-pandemic-1.4885853">trabajando más, por menos paga y en peores condiciones</a>”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Décadas de políticas neoliberales favorables a las corporaciones “han arrancado los servicios públicos a la propiedad privada y han alentado… la concentración masiva del poder corporativo y la evasión de impuestos a gran escala. Estas políticas han trabajado para erosionar deliberadamente los derechos de los trabajadores y… han… abierto el medio ambiente a niveles de explotación muy por encima de lo que nuestro planeta puede soportar”.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Las modestas propuestas de Oxfam</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Oxfam hizo tres propuestas para frenar la miseria social y económica en su informe. Estos son:</p>



<ol class="wp-block-list"><li>Un impuesto sobre las ganancias excedentes&nbsp; a raiz de la pandemia&nbsp; sobre las corporaciones más grandes del mundo&nbsp;</li><li>Un urgente impuestos solidario y único sobre riqueza de los nuevos multimillonarios</li><li>Un impuesto sobre de riquezas permanente para los más ricos</li></ol>



<p class="wp-block-paragraph">Estas son medidas progresivas que podrían “sacar a 2.300 millones de personas de la pobreza”, pero la realidad es que no son lo suficientemente radicales. Incluso si a Elon Musk se le gravara el 99% de su riqueza, “seguiría estando en el 0,0001% superior de las personas más ricas del mundo”, seguiría siendo un multimillonario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, ¿es probable que estas propuestas sean implementadas por los gobiernos proempresariales del mundo? Ciertamente no. Pero incluso si se implementan algunas o todas las demandas de Oxfam, los capitalistas cabildearán para que se reviertan o encuentren “lagunas” para eludirlas; provocarán indignación a través de los principales medios de comunicación y las redes sociales acerca de cómo tales impuestos “vulneran” sus libertades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Entonces, cuál es la solución? Bueno, mientras los capitalistas existan y sean propietarios privados de la economía, la tierra, los recursos, los medios, etc., también controlarán a los gobiernos, lo que equivale al poder de continuar oprimiendo a la gente y destruyendo el planeta. Este es el poder que tenemos que sacar de sus manos codiciosas. ¡Eso significa hacer historia a los capitalistas! Significa llevar su riqueza y recursos a la propiedad pública, donde pueden ser utilizados, como parte de un plan democrático para la economía, en beneficio de la humanidad y el medio ambiente.</p>



<h3 class="wp-block-heading">¡Hagamos historia al capitalismo!</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Los apologistas del capitalismo argumentan que el sistema ‘saca a la gente de la pobreza’. Sin embargo, aproximadamente cada día y medio, “un millón de personas caerán en la pobreza extrema” mientras que otra persona se convierte en multimillonaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tome a la familia Walton, los dueños de Walmart, por ejemplo. Entre 2020 y 2022, su riqueza creció $503,000 por hora, sin embargo, el trabajador promedio de Walmart gana solo $20,942 por año y muchos ganan menos. En otras palabras, la familia Walton recibe más de 23 veces la cantidad de dinero por hora que lo que les pagan a sus empleados en todo un año.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué podemos esperar bajo una continuación del capitalismo? Las crisis económicas, la desigualdad, el cambio climático y la guerra son sus consecuencias actuales, y solo va a empeorar. El capitalismo no ofrece perspectivas para la clase trabajadora porque es un sistema basado en la explotación —la estafa sistemática— de la clase trabajadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://alternativasocialista.org/informe-de-oxfam-beneficiarse-del-sufrimiento-los-mejores-tiempos-para-los-multimillonarios/" data-type="URL" data-id="https://alternativasocialista.org/informe-de-oxfam-beneficiarse-del-sufrimiento-los-mejores-tiempos-para-los-multimillonarios/">Alternativa Socialista</a></p>
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		<title>Capitalismo pandémico</title>
		<link>https://www.lacuartatransformacion.org/capitalismo-pandemico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Jan 2022 18:05:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[COVID]]></category>
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					<description><![CDATA[Foto The Conversation,»The US was not prepared for a pandemic – free market capitalism and government deregulation may be to blame». Si el capitalismo es una sindemia, va a seguir produciendo virus y pandemias. Ese es el futuro y no es halagüeño. La política y la ciencia deberían estar luchando para liberar a la humanidad y &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/01/file-20211103-17-1fprqlu.jpg" alt="" class="wp-image-2629" width="821" height="515" srcset="https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/01/file-20211103-17-1fprqlu.jpg 926w, https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/01/file-20211103-17-1fprqlu-300x188.jpg 300w, https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/01/file-20211103-17-1fprqlu-768x482.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 821px) 100vw, 821px" /><figcaption>Foto The Conversation,»The US was not prepared for a pandemic – free market capitalism and government deregulation may be to blame».</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Si el capitalismo es una sindemia, va a seguir produciendo virus y pandemias. Ese es el futuro y no es halagüeño. La política y la ciencia deberían estar luchando para liberar a la humanidad y a ellas mismas del capitalismo. Eso sí sería bueno para todos.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Por</em> <em>Santiago Alba Rico</em> &#8211; El pasado mes de septiembre, Richard Horton publicaba en la conocida revista <em>The Lancet</em> un artículo cuyo título puede resultar provocativo o sospechoso: <em>No es una pandemia</em>. Obviamente, no se trata de que uno de los medios científicos más prestigiosos del mundo hubiese colado entre sus páginas la opinión de un negacionista. Horton no negaba la existencia de la covid-19 ni alimentaba delirios conspirativos. Basándose en un concepto forjado en 1990 por el epidemiólogo Merrill Singer, Horton sostenía que no nos enfrentamos hoy a una pandemia sino a algo más complejo y, por lo tanto, más peligroso: una “sindemia”; es decir, un cuadro epidémico en el que la enfermedad infecciosa se entrelaza con otras enfermedades, crónicas o recurrentes, asociadas a su vez a la distribución desigual de la riqueza, la jerarquía social, el mayor o menor acceso a vivienda o salud, etc., factores todos ellos atravesados por una inevitable marca de raza, de clase y de género. La sindemia es una pandemia en la que los factores biológicos, económicos y sociales se entreveran de tal modo que hacen imposible una solución parcial o especializada y menos mágica y definitiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El problema no es, pues, el coronavirus</strong>. <strong>El problema es un capitalismo “sindémico”</strong> en el que ya no es fácil distinguir entre naturaleza y cultura ni, por lo tanto, entre muerte natural y muerte artificial. El capitalismo es la “sindemia” Pensemos, de entrada, en la multiplicación muy reciente de nuevos virus (gripe aviar, SARS), inseparables de la industria agroalimentaria y de la presión extractiva sobre el mundo animal. En un libro inquietante y riguroso, <em>Grandes granjas, grandes gripes</em>, Rob Wallace describe un modelo de producción cárnica en el que todo el proceso –desde la alimentación de aves y ganado hasta la aglomeración en las granjas– no solo facilita sino que hace inevitable la generación de nuevas cepas virales y su transmisión a los seres humanos. No hace falta recurrir a teorías de la conspiración, dice Wallace; los nuevos virus han sido creados, por supuesto, en un laboratorio, pero solo en el sentido de que el capitalismo ha convertido la naturaleza misma en un laboratorio vivo, en permanente ebullición patológica, incontrolable incluso para sus gestores y beneficiarios. El término “iatrogenia” se utiliza en general para referirse a los muertos producidos, sin dolo ni finalidad espuria, por la institución médica: el caso, por ejemplo, de las infecciones hospitalarias, responsables todos los años de más muertes que las gripes comunes. Pues bien, si un hospital, concebido como una unidad de seguridad sanitaria y sometido, por tanto, a toda clase de garantías asépticas, produce, pese a todo, infecciones mortales, ¿qué no ocurrirá en granjas proyectadas expresamente para acelerar el crecimiento de los animales mediante cócteles antibióticos y en condiciones de concentración literalmente infernales? La voluntad podría, sí, desmontar la máquina, pero la máquina se mueve ya al margen de nuestra voluntad. Wallace dice: “Al hacer capitalista a la naturaleza se hace que el capitalismo sea algo natural”, y ello de tal manera que “las disparidades en nuestra salud surgen de nuestros genes o de nuestras entrañas, no de los sistema de <em>apartheid</em>”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El capitalismo ha inscrito en la naturaleza sus propias leyes mortales pero el&nbsp;<em>apartheid</em>, más allá del trabajo de Wallace, sigue incidiendo de modo determinante en la distribución y en las consecuencias de las infecciones víricas. Es aquí donde nos interpela el concepto muy técnico de “sindemia” propuesto por Singer y Horton. Los nuevos virus, nacidos en los “laboratorios naturales” de las grandes granjas agropecuarias, sin intervención de ningún maligno conspirador, pasan a sociedades humanas muy estratificadas en las que las mujeres, las minorías racializadas y las poblaciones urbanas marginadas, más expuestas a contactos de riesgo y víctimas ya de enfermedades no infecciosas o crónicas, acaban sucumbiendo a la epidemia y justificando, además, aislamientos selectivos y discriminaciones adicionales que, en una nueva vuelta de tuerca, agravan sus condiciones sociales y multiplican los riesgos de contagio global. Los virus pasan de animales maltratados a humanos maltratados en una sinergia potencialmente apocalíptica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, si el capitalismo es una sindemia que convierte las granjas en laboratorios bioquímicos y las ciudades en focos de desigualdad epidémica, ¿cuál será la solución a la pandemia de covid? Anticipemos que una de las paradojas inseparables de esta dimensión “sindémica” es el hecho de que el mismo capitalismo que ha roto las fronteras naturales –y las sigue rompiendo sin parar– se sostiene sobre la ilusión de una “seguridad total”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Demos un rodeo. Desde que la OMS declaró el carácter pandémico –es decir, global– del coronavirus en marzo de 2020, el combate local contra su difusión ha adoptado formas diversas según regímenes y tradiciones. <strong>China apostó por el control social y tecnológico; Inglaterra, Brasil, EE.UU. por la inhibición neoliberal; la UE por una fórmula mixta en la que las medidas sanitarias se combinaban a veces con alguna medidas sociales que frenaban parcialmente nuestro modelo de trabajo y consumo, basado en la movilidad</strong>. El debate se ha centrado, en todo caso, en un presunto conflicto entre políticos y científicos. ¿Hay que hacer política o dejar decidir a los médicos y epidemiólogos? La pandemia, ¿pone fin a la intervención política, ya muy desprestigiada en un mundo presidido por la des-democratización global? ¿No es mejor dejar gobernar directamente a los científicos?</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/01/http___com.ft_.imagepublish.upp-prod-eu.s3.amazonaws.jpg" alt="" class="wp-image-2630" width="736" height="414" srcset="https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/01/http___com.ft_.imagepublish.upp-prod-eu.s3.amazonaws.jpg 700w, https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/01/http___com.ft_.imagepublish.upp-prod-eu.s3.amazonaws-300x169.jpg 300w, https://www.lacuartatransformacion.org/wp-content/uploads/2022/01/http___com.ft_.imagepublish.upp-prod-eu.s3.amazonaws-390x220.jpg 390w" sizes="auto, (max-width: 736px) 100vw, 736px" /></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">El problema de este debate es que es falso, y lo es porque parte de un doble presupuesto erróneo: el de que en un sistema sindémico, como decíamos, puede haber una solución especializada y el de que, aún más, los políticos y los científicos siguen siendo poderes realmente determinantes. Tanto los políticos como los científicos están, si no secuestrados, al menos sí dirigidos o limitados por las mismas fuerzas económicas. Durante las cuatro últimas décadas, sobre todo tras la derrota de la URSS en la Guerra Fría, movimientos altermundialistas de renovación democrática recuperaron el concepto anticolonial de “soberanía” para reclamar la emancipación de la esfera pública –el Estado y sus instituciones– respecto de la economía y sus empresas; no es laico, desde luego, un Estado que confunde las esferas política y religiosa, pero tampoco lo es, o no lo es verdaderamente, el que confunde las esferas política y económica. En casi todos los países del mundo, como consecuencia de esta “falta de laicismo”, trágica en tiempos de crisis económica y gestión neoliberal, se llegó a la pandemia con una confianza muy deteriorada en los políticos y las instituciones públicas, y ello con los efectos de todos conocidos. Eso explica que, ante la eclosión inesperada de la catástrofe sanitaria, muchos ciudadanos dirigieran sus esperanzas hacia la ciencia. Ahora bien, lo que nos ha revelado la covid-19 es que la ciencia está no menos amenazada que la política por el capitalismo sindémico y sus espontaneidades destructivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Históricamente las pandemias (desde la peste de Atenas a la gripe española de 1919) han generado reacciones de pánico individual y colectivo, caldo de cultivo muy propicio para las teorías conspiratorias. Por muy descorazonador que resulte, es antropológicamente normal defenderse de la ceguera del azar y de la arbitrariedad biológica buscando un culpable concreto: los judíos, los extranjeros, los pecadores, los curas, los chinos, Bill Gate</strong>s. Nada nos da tanto miedo como la contingencia, que nos vuelve al mismo tiempo vulnerables e intercambiables, y por eso, frente a ella, nos inclinamos a concebir los destinos del mundo en términos de “voluntad”, aunque sea adversa y negativa, y no de aleatoriedad. Preferimos, en definitiva, un Dios malvado –un demonio providente– a un virus geométrico que no podemos controlar pero tampoco insultar o denunciar; nos aterra esa abstracción ciega que no reconoce nuestra existencia ni siquiera para matarnos. Preferimos siempre, sí, un <em>relato</em> en el que el Mal omnipotente tenga una identidad corporal, nombrable y visible, porque el odio es un ansiolítico muy poderoso; y en el que las víctimas tengan protagonismo, al menos como objetos de una persecución premeditada y sujetos de un saber superior, pues nada tranquiliza tanto, en una situación incontrolable, como justificar nuestra impotencia y afirmar nuestra autoestima. Pues bien, todos estos factores antropológicos se han conjugado del modo más favorable –es decir, más peligroso– en el contexto de una pandemia sindémica que venía socialmente precedida por la disolución de los vínculos comunitarios y la pérdida de credibilidad de los políticos y las instituciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que quiero decir es que, en el debate entre políticos y científicos, los delirios complotistas tienen el valor de señalar de un modo falso la falsedad de ese conflicto. Negando la existencia de un virus que no pueden ver, atribuyendo su aparición a una “mala voluntad” entre bastidores o denunciando en las vacunas una estrategia de ingeniería social y de control mundial, las teorías de la conspiración han iluminado la inconsistencia del conflicto políticos/científicos en la medida en que, errando peligrosamente el camino, han situado en otro marco, sin embargo, el origen y la solución de la pandemia. La han iluminado falsamente porque han elegido un marco tranquilizadoramente personal y, por lo tanto, narrativo y no sistémico. Pero la han iluminado a su manera. <strong>El covid, como he dicho, fue efectivamente creado en un laboratorio porque el capitalismo ha convertido la naturaleza entera en un laboratorio; las vacunas, por su parte, traducen efectivamente ambiciones de poder porque el poder económico penetra ya todas las esferas del conocimiento</strong> y, aún más, del conocimiento aplicado. Hay muchos motivos para desconfiar del origen “natural” del coronavirus y muchos motivos también para desconfiar de esas vacunas desarrolladas a velocidad sideral para contenerlo; pero ninguno de ellos tiene nada que ver con la maldad del gobierno chino o el afán de dominio mundial de Bill Gates. Ojalá fuera todo tan sencillo y tranquilizador.</p>



<blockquote class="wp-block-quote quote-simple is-style-default is-layout-flow wp-block-quote quote-simple-is-layout-flow"><p><strong><em>Los virus pasan de animales maltratados a humanos maltratados en una sinergia potencialmente apocalíptica</em></strong></p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Queremos creer en los políticos y resulta que la política está secuestrada por los índices bursátiles, la prima de riesgo y los límites draconianos de déficit público. Queremos creer en los científicos y resulta que la ciencia está secuestrada por las farmacéuticas. El mercado, en efecto, es la sindemia. Fijémonos en lo que significa “ciencia”: la idea hermosísima de una comunidad efectiva de intercambio transparente y generalizado en la que el progreso, necesariamente lento, sólo puede ser garantizado por la colaboración entre sus miembros y el apoyo de la ciudadanía exterior a través del Estado. Esa comunidad existe y sigue produciendo resultados epistemológicamente fundados; si no fuera así, si las farmacéuticas sólo vendieran aire y humo, habrían patentado y comercializado el cuerno de rinoceronte, el bálsamo de Fierabrás y los abracadabra de las magias blanca y negra. Esa comunidad existe y trabaja sin parar, pero ha sido intervenida, fragmentada y redirigida por un mercado paradójico que necesita verdadera ciencia y científicos convencidos, pero que sólo puede funcionar, al contrario que la ciencia y sus científicos, con opacidad, insolidaridad y precipitación; es decir, que sólo puede funcionar violando las reglas íntimas de la comunidad científica. El mercado, digamos, necesita vender verdadera ciencia y necesita disolver, al mismo tiempo, las únicas condiciones en las que la humanidad puede producir verdadera ciencia; necesita una comunidad científica universal y efectiva y necesita –y no sólo en el ámbito de la ciencia– destruir todos los vínculos comunitarios universales y efectivos. Cuando no somos capaces de advertir y afrontar esta contradicción, acabamos cediendo sin remedio a una de estas dos tentaciones: la de confiar en el mercado, confundiéndolo con la ciencia, o la de desconfiar de la ciencia, confundiéndola con el mercado. Una y otra tentación alimentan la sindemia; la primera, la de los consumidores pasivos, porque acepta sin protesta la pérdida de transparencia, universalidad y eficacia médica; la segunda, la de los conspiranoicos totalitarios, porque no deja ninguna grieta por la que pueda colarse la verdadera política y la verdadera ciencia. La verdadera política, por cierto, nada tiene que ver con la gobernanza neoliberal y la verdadera ciencia no se agota ni en las enfermedades ni en los remedios que reconoce y rentabiliza la farmacéutica privada o el “sistema médico” en general.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cuestión es la siguiente: la producción y distribución de vacunas –cuya existencia hay que celebrar con alborozo– reproduce el modelo sindémico de la producción y distribución del virus. Es decir: hay presión sobre la comunidad científica desde las farmacéuticas como hay presión sobre los animales y sobre la naturaleza desde las empresas agroalimentarias; y hay desigualdad social –y por lo tanto geográfica– en la distribución de las vacunas como la hay en la distribución e incidencia de la enfermedad. Eso es, en realidad, lo que quiere decir “sindemia”.</p>



<blockquote class="wp-block-quote quote-simple is-style-default is-layout-flow wp-block-quote quote-simple-is-layout-flow"><p><strong><em>Lo que nos ha revelado la covid-19 es que la ciencia está no menos amenazada que la política por el capitalismo sindémico y sus espontaneidades destructivas</em></strong></p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Como sabemos, la velocidad con la que se han desarrollado las primeras vacunas contra la covid-19 (Moderna, Pfizer, Oxford) no tiene precedentes en la historia de la medicina. Siguiendo a la profesora Charlotte Summers, podemos aceptar que eso se debe en parte a los conocimientos acumulados en los últimos años, que garantizan a los hallazgos un mínimo de seguridad epistemológica; es decir, el mínimo de fiabilidad que los hace vendibles en el mercado. Pero esa velocidad despierta también justificadas reservas dentro de la propia comunidad científica, algunos de cuyos miembros consideran, con no menos fundamento epistemológico, que la presión sindémica ha impedido agotar los plazos cautelares aplicados a investigaciones anteriores, de manera que –como explica Els Torreele, fundadora de la iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas– no tenemos ninguna certeza acerca de la duración de la cobertura inmunológica de estas vacunas ni está claro que los vacunados no puedan transmitir el virus. Esta incertidumbre, añade la científica belga, está asociada a la competencia entre empresas farmacéuticas rivales que han mantenido en secreto sus investigaciones, contraviniendo las reglas de la práctica científica misma; así que al final las agencias sanitarias de los Estados han autorizado muchas veces estos productos “sin más datos que una nota de prensa de la empresa”. La velocidad, pues, es inseparable de la opacidad y de la falta de colaboración y genera un resultado inseguro que –añade Torreele– puede acabar siendo contraproducente, no sólo por los eventuales efectos colaterales para la salud sino porque puede minar además la confianza en la vacunación en general, alimentando las peligrosas teorías de la conspiración. La urgencia ha estado, sin duda, justificada, pero no conviene ignorar los riesgos potenciales –incluso para la credibilidad de la ciencia– de esta precipitación inducida extramuros de la comunidad científica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Y por qué esta velocidad? Las presiones, externas e internas, son obvias. Las internas tienen que ver con el hecho de que, aunque buena parte de la financiación es pública, las patentes de explotación comercial son privadas. El capitalismo sindémico, que ha seleccionado siempre y sigue seleccionando qué enfermedades son curables y cuáles no en virtud de criterios puramente económicos, ha encontrado la más fabulosa oportunidad de negocio en un mercado literalmente global que convierte a 7.600 millones de seres humanos en potenciales clientes de sus productos. La misma lógica extractiva que se aplica a otros sectores –del petrolero al agroalimentario– se ha aplicado aquí para extraer fondos de los Estados y conocimientos de la comunidad científica. En cuanto a las presiones externas, cabe señalar dos orgánicamente asociadas: la de los gobiernos nacionales a los que ha tocado gestionar la pandemia y que –incluso por razones electorales– tienen que responder ante sus ciudadanos; y la de la población mundial, sobre todo la clase media occidental, a la que se prometió “seguridad total” y que, por eso mismo, temblorosa y levantisca, exige una solución inmediata y definitiva. Ni el capitalismo sindémico ni sus víctimas humanas –al menos en Occidente– pueden aceptar la idea de la muerte y la fragilidad. La paradoja es que, para satisfacer la demanda de inmortalidad individual, una vacuna insuficientemente testada puede aumentar, al contrario, la vulnerabilidad e inseguridad generales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La producción de vacunas remeda, pues, la del propio virus</strong>. Ahora bien, eso mismo ocurre en el ámbito de la distribución farmacéutica, donde la velocidad de la rivalidad empresarial impide la falta de colaboración; es decir, la universalización de los beneficios. Como recordaba Juan Elman en un reciente artículo “la gran mayoría de los países no tienen garantizadas las dosis necesarias para vacunar a su población”. Mientras que Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, la UE, Australia y Japón tienen ya aseguradas entre 4 y 8 dosis por persona, son muy pocos los países de renta media que llegan a una sola dosis (cuando se necesitan dos para la inmunización) y ninguno de los más pobres ha firmado acuerdo alguno para acceder a la vacuna. La propuesta inicial de India y Sudáfrica para liberar las patentes y suspender cualquier derecho intelectual sobre medicamentos o vacunas –al menos hasta que el 70% de la población mundial estuviera inmunizado– fue rechazada en la OMS por los países europeos, Estados Unidos, Canadá y Brasil. Por otro lado, el fondo Covax, supervisado por la propia Organización Mundial de la Salud y destinado a vacunar a poblaciones de bajos recursos, no ha sido apoyado por Estados Unidos y no recibe más que migajas de los países que acordaron su creación. Las vacunas, como vemos, reproducen, en lugar de interrumpir, el movimiento en bucle, articulado y sin salida, de la sindemia capitalista.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En definitiva, si el capitalismo es una sindemia, va a seguir produciendo sin parar virus y pandemias; y va a seguir produciendo, también sin parar, vacunas y medicamentos selectivos y mal distribuidos</strong>. Ese es el futuro y no es halagüeño para la humanidad. Pero si el capitalismo es una sindemia, entonces la política y la ciencia, hoy cautivas, deberían estar luchando para liberar a la humanidad y a ellas mismas del capitalismo. Eso sí sería bueno para todos.</p>
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